El Regresor Que Decidió No Salvar Al Mundo - Capítulo 25
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- Capítulo 25 - 25 El Núcleo Del Silencio
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25: El Núcleo Del Silencio 25: El Núcleo Del Silencio La derrota es un filtro.
Para los débiles, es el final del camino; para los mediocres, es una lección de humildad.
Pero para un Regresor como Kang-Han, la derrota en el Palacio Imperial fue una poda necesaria.
Ryuji le había quitado la luz dorada de Arthur, el recurso que lo vinculaba a la lógica de los “Héroes del Sistema”, y al hacerlo, sin saberlo, había eliminado el último lastre de humanidad que impedía a Han convertirse en algo verdaderamente aterrador.
En el callejón de chatarra del distrito de Adachi, la lluvia ácida de Tokio golpeaba el cuerpo de Han.
Ya no era el Soberano que desfilaba con biomasa majestuosa.
Era una sombra herida, un parásito que respiraba con dificultad.
Pero en esa debilidad, Han encontró una nueva frecuencia: el silencio.
◇ ◇ ◇ [Distrito de Minato – Residencia de Alta Seguridad de Tanaka] Tanaka no era un guerrero, pero en el Japón de Ryuji, era más importante que cualquier samurái de primera línea.
Como Ministro de la Sincronización, Tanaka era el encargado de supervisar los algoritmos de la Red de Armonía.
Él era el hombre que decidía qué distritos recibían maná extra y quiénes eran marcados como “ruido innecesario” para ser desechados.
Su residencia era una fortaleza de cristal y acero, protegida por capas de escudos de frecuencia que desintegrarían a cualquier intruso que emitiera una firma de maná hostil.
Tanaka se sentía seguro.
Ryuji le había asegurado que el “intruso coreano” había sido neutralizado y que sus restos estaban siendo digeridos por los cimientos del palacio.
—Más sake —ordenó Tanaka, recostándose en su sillón de cuero sintético.
Sus guardaespaldas, dos Despertados de Rango A especializados en detección sensorial, permanecían como estatuas en las esquinas de la habitación.
De repente, uno de los guardaespaldas frunció el ceño.
—Señor, el sensor de presión atmosférica ha bajado dos puntos.
—Es la tormenta exterior, idiota —respondió Tanaka sin mirar—.
No interrumpas mi descanso.
Lo que el guardaespaldas no podía entender era que la presión no estaba bajando por el clima.
Estaba bajando porque el aire en la habitación estaba siendo consumido.
No hubo una explosión, no hubo un grito.
Simplemente, la luz de la lámpara sobre la mesa se volvió de un color gris ceniza antes de apagarse.
◇ ◇ ◇ En la oscuridad absoluta, Han no se movió como un luchador.
Se movió como un derrame de petróleo.
Tras perder el núcleo de Arthur, su biomasa había mutado.
Sin la energía divina para darle una forma sólida y brillante, el Alba Negra había regresado a su estado más puro: una masa de carbono y maná negativo que no reflejaba la luz, sino que la absorbía.
[Nueva Habilidad Pasiva: Existencia Nula] [Efecto:] Tu firma de maná es indetectable mientras no realices un ataque directo de Clase Destructiva.
Te conviertes en “ruido ambiental”.
Han apareció detrás del primer guardaespaldas.
No usó su brazo de ébano para golpearlo.
En su lugar, extendió un solo dedo, ahora delgado y pálido como el de un cadáver, y tocó la base del cráneo del guerrero.
[Técnica: Susurro de la Médula] El guardaespaldas no tuvo tiempo de reaccionar.
Su sistema nervioso fue “hackeado” por una micra de biomasa que viajó a través de su columna vertebral.
En un segundo, su corazón dejó de latir por orden directa de su propio cerebro.
El cuerpo cayó al suelo con un sonido sordo, tan suave como el de una alfombra siendo sacudida.
El segundo guardaespaldas desenvainó su espada, pero antes de que pudiera activar su habilidad de luz, sintió que sus pulmones se llenaban de algo frío y granulado.
El aire mismo se había convertido en esporas de biomasa silenciosa.
Intentó gritar, pero de su boca solo salió un polvo negro y fino.
Tanaka, paralizado por el terror, vio cómo una figura emergía de las sombras.
No era el monstruo gigante que había visto en las grabaciones de Fukuoka.
Era un hombre delgado, con el brazo derecho vendado en jirones de tela sucia y una mirada que parecía un pozo sin fondo.
—Tú…
deberías estar muerto —balbuceó Tanaka, dejando caer su copa de sake.
Han no respondió.
No hubo un monólogo de villano, ni una declaración de guerra, ni una amenaza de muerte.
No había cámaras grabando para la AGD, ni drones de noticias sobrevolando la mansión.
Este no era un acto político; era una amputación.
Han caminó hacia Tanaka con una calma glacial.
Cada paso que daba parecía borrar un poco más de la realidad de la habitación.
El sonido del tráfico exterior desapareció.
El zumbido del aire acondicionado se detuvo.
Era como si Han hubiera traído consigo un trozo del vacío absoluto que existía entre las dimensiones.
—Ryuji cree que la guerra se gana en los altares —dijo Han, y su voz era tan baja que Tanaka tuvo que inclinarse para oírlo—.
Él cree que si me quita el escenario, dejo de existir.
Han colocó su mano izquierda sobre el hombro de Tanaka.
El contacto no dolió, pero el ministro sintió que su alma se enfriaba, como si le hubieran inyectado nitrógeno líquido en las venas.
—Pero el escenario es para los actores —continuó Han—.
Yo no soy un actor.
Soy el guionista que decidió que tu personaje ya no es necesario para el tercer acto.
◇ ◇ ◇ Tanaka intentó activar su terminal de emergencia, un dispositivo implantado en su muñeca que enviaría una señal de auxilio directa al Shogun.
Sin embargo, cuando intentó mover su brazo, se dio cuenta de que su cuerpo ya no le pertenecía.
La biomasa de Han se había filtrado a través de los poros de su piel en el momento del contacto, envolviendo cada nervio, cada tendón y cada terminación sensorial.
Han no lo mató de inmediato.
En su lugar, utilizó el cuerpo de Tanaka como un puerto de acceso.
—Tu Red de Armonía es fascinante —murmuró Han, cerrando los ojos.
A través del sistema nervioso del ministro, Han pudo “ver” los flujos de datos que alimentaban a Tokio—.
Ryuji usa tu mente para filtrar el ruido.
Si tú mueres de forma ruidosa, el sistema detectará el fallo y se recalibrará.
Pero si simplemente dejas de enviar la señal correcta…
Han forzó su maná a través del cerebro de Tanaka.
Fue una tortura silenciosa.
El ministro no podía gritar, pero sus ojos se dilataron hasta que los capilares estallaron, tiñendo su esclera de un rojo intenso.
Han estaba absorbiendo los códigos de acceso, las frecuencias de encriptación y los secretos de la infraestructura de Ryuji directamente de las neuronas de su víctima.
[Proceso de Extracción de Datos: 40%…
70%…
100%] [Has obtenido: “Llaves del Administrador de Sincronización”.] Una vez que obtuvo lo que buscaba, Han simplemente retiró su mano.
Tanaka se desplomó en su sillón.
No había heridas externas, ni sangre derramada en el suelo de mármol.
Para cualquier médico forense, Tanaka simplemente habría muerto de un ataque alérgico fulminante o de una muerte súbita inexplicada.
Su corazón, sus pulmones y su cerebro se habían apagado al mismo tiempo, en una perfecta sincronía de inexistencia.
Han miró el cuerpo sin vida del hombre que controlaba el destino de millones de japoneses.
No sintió satisfacción, ni triunfo.
Solo una fría necesidad de continuar.
—Sin espectáculo —susurró Han a la habitación vacía—.
Sin aplausos.
◇ ◇ ◇ [Palacio Imperial – Minutos después] Ryuji estaba meditando cuando sintió un cambio en la Red de Armonía.
No fue una alerta roja, ni un apagón masivo como los de los días anteriores.
Fue algo mucho más sutil: una fluctuación en la frecuencia de sincronización de los distritos centrales.
Era como si un instrumento en una orquesta milenaria hubiera empezado a tocar una nota ligeramente desafinada, casi imperceptible para el oído inexperto.
—¿Kento?
—llamó Ryuji.
El consejero entró rápidamente.
—¿Sí, Shogun?
—Verifica el estado del Ministro Tanaka.
Siento una irregularidad en su nodo de procesamiento.
Kento revisó su terminal.
—Señor, el sistema informa que el Ministro Tanaka está en su residencia, en estado de descanso profundo.
Sus signos vitales están dentro de los parámetros de “Sueño Fase 4”.
No hay ninguna anomalía reportada por los guardias ni por los escudos.
Ryuji frunció el ceño.
Se levantó y caminó hacia el balcón, mirando hacia el distrito de Minato.
La ciudad brillaba como siempre, un mar de neón y orden.
Pero en la boca del Shogun quedó un sabor amargo, el sabor de la ceniza.
—Manda a un equipo físico a su casa —ordenó Ryuji—.
Ahora.
—Pero señor, si activamos una inspección física sin causa, el mercado de maná podría entrar en pánico pensando que hay una purga interna…
—¡VE!
—rugió Ryuji, y su maná hizo que las ventanas del palacio vibraran.
Ryuji sabía que algo estaba mal.
Kang-Han no había muerto en el callejón.
Había evolucionado.
La trampa del palacio le había quitado sus “juguetes” divinos, pero al hacerlo, Ryuji había creado al asesino perfecto: uno que ya no necesitaba hacer ruido para destruir un imperio.
◇ ◇ ◇ Mientras tanto, en un edificio abandonado frente a la mansión de Tanaka, Han observaba cómo los vehículos de emergencia del Shogunato llegaban al lugar, con sus sirenas en silencio para no alarmar a la población.
A su lado, Ha-Neul se materializó desde las sombras.
Su cuerpo estaba remendado con trozos de metal y cables que Han había “integrado” en su estructura de madera durante su breve periodo de recuperación.
Ya no parecía una dríade; parecía un autómata orgánico de una pesadilla industrial.
—El primer nodo administrativo ha sido silenciado —dijo Ha-Neul.
Su voz sonaba metálica, carente de la suavidad de antes—.
Ryuji tardará al menos tres horas en darse cuenta de que la señal que recibe de Tanaka es una grabación en bucle de biomasa.
—Tres horas es mucho tiempo en una guerra de información —respondió Han.
Miró su brazo derecho.
Ya no intentaba regenerar la forma humana o el resplandor dorado de Arthur.
Ahora era una extremidad de grafito puro, capaz de dividirse en miles de filamentos microscópicos.
No era una herramienta de combate; era una herramienta de infiltración.
—El mundo cree que el Soberano ha caído —continuó Han—.
Las noticias en Seúl hablan de la estabilidad de Seo-Yoon, y las noticias en Washington hablan de mi posible muerte.
Que sigan creyendo eso.
Ryuji quiere gobernar un teatro de sombras.
Yo le voy a dar un teatro donde las sombras son las únicas que tienen permitido moverse.
Han no hizo ningún anuncio mundial.
No hubo transmisiones épicas en las pantallas de Times Square, ni mensajes amenazantes en las redes sociales del Sistema.
Simplemente dio media vuelta y se desvaneció en la niebla de la ciudad.
Esa noche, tres altos cargos más del Shogunato murieron en sus camas.
Sin resistencia, sin heridos colaterales, sin espectáculo.
Para cuando el sol salió sobre Tokio, el gobierno de Ryuji seguía funcionando en apariencia, pero el cerebro de la nación ya había sido sustituido por un parásito silencioso.
El apocalipsis no llegó con un estruendo.
Llegó con el suave clic de un interruptor apagándose en la oscuridad.
[Nivel actual: 101] [Humanidad restante: 25%] [Objetivos eliminados: 4/12 (Cúpula Administrativa)] [Estado del Plan: El Núcleo del Silencio está activo.]
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