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El Regresor Que Decidió No Salvar Al Mundo - Capítulo 26

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26: El Vacío De Poder 26: El Vacío De Poder La estabilidad de una nación no depende de sus muros, sino de la invisibilidad de sus procesos.

Un ciudadano no se pregunta de dónde viene el agua hasta que el grifo gotea sangre; no cuestiona la legitimidad de su gobernante hasta que el sistema que le garantiza el desayuno deja de reconocer su firma digital.

Ryuji había construido en Japón un reloj de precisión suiza, pero había olvidado que, cuanto más complejo es un mecanismo, más catastrófico es el fallo de una sola de sus piezas.

El Ministro Tanaka no era solo un funcionario.

Era el Nodo Maestro de Sincronización.

En la arquitectura de poder de Ryuji, Tanaka funcionaba como el procesador central que traducía la voluntad divina del Shogun en algoritmos digeribles para la burocracia, la economía y el control social.

Su muerte, ejecutada por Han en el silencio más absoluto, no fue el asesinato de un hombre; fue la extracción del sistema operativo de Japón.

◇ ◇ ◇ [Palacio Imperial – 04:00 AM] Ryuji permanecía de pie en el centro de la Sala del Nexo.

A su alrededor, decenas de técnicos de alto rango y generales de la Guardia del Sol trabajaban en un estado de histeria contenida.

Las pantallas holográficas, que normalmente mostraban flujos constantes de luz blanca, ahora parpadeaban con una tonalidad ámbar, el color de la advertencia sistémica.

—¡Informe!

—rugió Ryuji.

Su paciencia se había evaporado con el último informe de la mansión de Tanaka.

—Señor…

la autopsia preliminar no muestra rastro de maná externo —respondió el jefe de seguridad, arrodillado y temblando—.

Tanaka y sus guardias simplemente se…

apagaron.

Pero el verdadero problema es que, antes de morir, Tanaka parece haber ejecutado un comando de “Bloqueo de Emergencia” en los servidores de sincronización.

—¿Comando de bloqueo?

—Ryuji entrecerró los ojos—.

Tanaka nunca haría eso sin mi permiso.

—El Sistema no miente, Shogun —intervino Kento, el consejero, con voz quebrada—.

Los códigos de acceso del Ministerio de Sincronización han sido rotados y encriptados con una clave de 256 bits de maná negativo.

No podemos distribuir las raciones de maná a Shinjuku ni a Shibuya.

Tampoco podemos validar las transacciones comerciales.

El “pegamento” que mantenía la Armonía se ha disuelto.

Ryuji miró el mapa de la ciudad.

El caos que Han había sembrado días antes en la periferia era un juego de niños comparado con esto.

Sin Tanaka para filtrar los datos, el flujo de energía del Sistema estaba empezando a retroalimentarse de forma errática.

—El coreano no lo mató por venganza —susurró Ryuji, y una gota de sudor frío recorrió su nuca—.

Lo mató para obligarme a tomar el control directo.

Quiere que me exponga.

◇ ◇ ◇ [El Fracaso del Campeón] Ryuji sabía que solo había una forma de salvar a Japón del colapso total: él mismo debía sustituir a Tanaka.

Como Campeón, poseía la capacidad de sincronizarse con el Nexo Central de forma manual, pero eso requería que abandonara su estado de alerta física para sumergirse en una meditación profunda, dejando su cuerpo vulnerable.

—Despejen la sala —ordenó Ryuji—.

Voy a forzar la sincronización.

Si no restauro el orden en las próximas dos horas, la población entrará en un frenesí de privación de maná.

Ryuji se sentó en posición de loto frente al gran cristal del Nexo.

Cerró los ojos y proyectó su consciencia hacia los servidores de la ciudad.

Normalmente, entrar en la red era como deslizarse en un baño de luz cálida.

Sin embargo, lo que encontró fue un laberinto de espejos rotos y sombras viscosas.

Cada vez que Ryuji intentaba restablecer una conexión —por ejemplo, el suministro eléctrico de un hospital o la red de defensa de un distrito—, encontraba un “muro de traición”.

Eran pequeños fragmentos de la voluntad de Han, dejados atrás como virus informáticos en la mente colectiva de la infraestructura.

“¿De verdad crees que puedes arreglar lo que ya está podrido, Ryuji?”, una voz distorsionada pareció susurrar en el flujo de datos.

Ryuji gruñó, su maná blanco luchando contra la mancha negra.

—¡AUTORIDAD DEL SHOGUN: RECTIFICACIÓN DIVINA!

Una explosión de energía pura emanó del cuerpo de Ryuji, recorriendo los cables de la ciudad.

Durante un segundo, pareció que el orden volvía.

Las luces de los distritos centrales se encendieron, los terminales de comida se reiniciaron.

Ryuji soltó un suspiro de alivio, creyendo que su poder bruto era suficiente para aplastar la sutileza de Han.

Pero entonces, el sistema respondió de la peor manera posible.

Al intentar tomar el control total, Ryuji había caído en la trampa de diseño de Han.

El comando de bloqueo de Tanaka no era para impedir el acceso de Ryuji, sino para canalizar el inmenso poder del Campeón hacia puntos de presión específicos.

Al inyectar su energía divina en el sistema corrupto, Ryuji no lo arregló; lo sobrecargó.

En el distrito de Chuo, el banco de maná principal estalló, vaporizando tres bloques de oficinas.

En el metro, los sistemas de soporte vital se invirtieron, succionando el aire de los vagones en lugar de proveerlo.

Ryuji, conectado al Nexo, sintió el grito de agonía de miles de personas directamente en su cerebro.

—¡NO!

—Ryuji rompió la conexión, abriendo los ojos y escupiendo sangre.

Sus manos temblaban de forma incontrolable—.

Él…

él ha convertido mi propio poder en el arma que está destruyendo mi ciudad.

—¡Shogun!

—Kento entró corriendo—.

¡Los informes de víctimas están llegando de todas partes!

Los distritos que antes eran leales ahora están gritando que el Shogunato ha intentado asesinarlos con una sobrecarga intencionada.

El Campeón japonés, el hombre que creía poder domesticar al Soberano de la Traición, acababa de fracasar estrepitosamente.

Al intentar salvar el sistema, se había convertido ante los ojos de su pueblo en el verdugo.

El vacío de poder no solo era administrativo; ahora era moral.

◇ ◇ ◇ [Distrito de Shinjuku – El Callejón de los Desechos] Mientras tanto, en el corazón de la zona de guerra en que se había convertido Shinjuku, Kang-Han observaba el parpadeo errático de las luces de neón.

Estaba sentado en un trono improvisado hecho de cajas de suministros de la Guardia del Sol.

Su brazo derecho de grafito negro se extendía en cables delgados que se conectaban a un terminal de red pública.

No estaba herido.

Al contrario, al “comerse” la energía que Ryuji había desperdiciado en su intento fallido de sincronización, Han había recuperado parte de sus estadísticas.

—El orgullo es un combustible delicioso —murmuró Han.

Su rostro estaba parcialmente oculto por una máscara de biomasa, dándole la apariencia de un espectro—.

Ryuji cree que ser un Campeón significa ser el motor de la nación.

No entiende que un motor que intenta forzar una transmisión rota solo acaba por quemarse a sí mismo.

Ha-Neul, cuya forma física ahora era más parecida a una armadura viviente de madera y metal, se acercó a él.

—Los conflictos internos han estallado en seis distritos, Maestro.

Los gremios de mercenarios que antes servían a Ryuji ahora están asaltando los depósitos de maná.

Dicen que el Shogun ha perdido el favor de las Constelaciones.

—Es el momento perfecto —dijo Han, desconectándose del terminal—.

Ryuji está ocupado lamiéndose las heridas y tratando de contener el incendio que él mismo avivó.

Ya no puede vigilarme.

Han se puso en pie.

Su presencia ya no emitía esa aura pesada y abrumadora de antes.

Ahora era un vacío absoluto, una zona de silencio que caminaba.

—¿A dónde vamos, Maestro?

¿Al palacio para terminar el trabajo?

—No —Han sonrió, y sus dientes eran de un blanco antinatural en medio de su rostro oscuro—.

El palacio es un mausoleo.

Vamos a la Bolsa de Valores de Maná.

Ryuji cree que el poder es la espada y la política.

Yo sé que el poder en este sistema es la moneda.

Voy a comprar Japón con el dinero que Ryuji ha dejado de proteger.

◇ ◇ ◇ [Conflicto Interno: La Rebelión de los Samuráis] La caída de Tanaka y el fracaso de Ryuji provocaron lo que el Shogun siempre había temido: una fractura en su propia cúpula militar.

El General Akagi, comandante de la Guardia del Sol y un hombre que creía en la fuerza por encima de la “armonía” tecnológica, vio la debilidad de su señor.

—El Shogun se ha vuelto débil —declaró Akagi frente a sus tropas en el cuartel de Ueno—.

Ha dejado que un extranjero destruya nuestro tejido social desde las sombras y, cuando intentó arreglarlo, mató a su propio pueblo.

Japón no necesita un meditador; necesita un guerrero que limpie las calles de escoria y traidores.

Akagi no era un peón de Han, pero estaba actuando exactamente como Han predijo.

La “Traición” de Han no siempre era directa; a menudo consistía en crear las condiciones para que la ambición de otros hiciera el trabajo sucio.

Para el amanecer, Tokio estaba dividida.

El Palacio Imperial seguía bajo el control de los leales a Ryuji, pero los distritos industriales y los cuarteles militares del norte habían jurado lealtad a Akagi, quien prometía una “Purga de Purificación”.

El pegamento se había ido.

Los engranajes estaban chocando entre sí.

◇ ◇ ◇ [El Observatorio – Ryuji en el Límite] Ryuji miraba desde su balcón la ciudad en llamas.

Sus propios soldados estaban luchando entre sí en las calles.

Los gritos de “¡Abajo el Shogun traidor!” llegaban hasta sus oídos, amplificados por el viento.

—Todo esto…

—Ryuji apretó el puño sobre la barandilla de piedra, agrietándola—.

Todo esto por un solo hombre.

Kento entró, con el rostro ensangrentado.

—Señor, el General Akagi ha tomado el control de los procesadores de maná del norte.

Exige su abdicación para “salvar la nación”.

Ryuji no respondió de inmediato.

Desenvainó a Kusanagi.

La espada, que se suponía que era el símbolo de la protección de Japón, vibraba con una nota de desesperación.

—Kento —dijo Ryuji con una calma aterradora—.

¿Sabes por qué Han es tan peligroso?

—No, señor.

—Porque a él no le importa gobernar.

Él quiere que todo arda para ver quién sobrevive a las cenizas.

Yo intenté ser un arquitecto.

Pero en un mundo diseñado por el Sistema, el arquitecto es el primero en ser sacrificado cuando los planos cambian.

Ryuji se giró, y su aura blanca se había vuelto turbia, teñida de un gris tormentoso.

—Si Akagi quiere guerra, le daré guerra.

Si Han quiere cenizas, le daré un infierno.

Pero no perderé mi trono ante un general ambicioso y un fantasma coreano.

Activen el Protocolo Amaterasu.

—Pero señor…

—Kento retrocedió—, ese protocolo consume la fuerza vital de toda la población civil para alimentar los escudos del palacio.

¡Morirán miles de inocentes!

—Los inocentes ya están muertos —dijo Ryuji, sus ojos brillando con una luz maníaca—.

Solo que todavía no han dejado de caminar.

◇ ◇ ◇ [POV de Han – Entrada de la Bolsa de Valores] Han sintió la activación del Protocolo Amaterasu a kilómetros de distancia.

Sintió cómo la red de maná de la ciudad empezaba a succionar la energía de los ciudadanos, convirtiéndolos en meras baterías para el ego de Ryuji.

—Finalmente —dijo Han, mirando hacia el cielo, donde el sol empezaba a salir, pero con un brillo antinatural y amarillento—.

Ryuji ha dejado de ser un Campeón y se ha convertido en un tirano.

Han entró en el edificio de la Bolsa de Valores.

Los guardias ya no estaban; habían huido o se habían unido a la rebelión.

Los pasillos estaban llenos de papeles y terminales destrozados.

En el gran salón, el tablero de cotizaciones mostraba un valor de “CERO” para la mayoría de las empresas japonesas.

Han se acercó a la consola central, la que estaba conectada directamente a los mercados internacionales de maná.

Con su brazo de grafito, penetró la interfaz.

—Ryuji está matando a su gente para salvar su palacio —murmuró Han mientras sus dedos se transformaban en miles de hilos de datos—.

Eso significa que la soberanía de Japón está en oferta.

[Operación iniciada: Venta Corta de Nación] [Objetivo:] Utilizar el caos de la sobrecarga de Ryuji para transferir los activos de maná de Japón a la cuenta de la Torre Lotte en Corea.

Han no estaba matando a Ryuji con una espada.

Estaba vaciando sus bolsillos mientras el Shogun intentaba usar su fuerza vital para mantener una corona que ya no valía nada.

El vacío de poder se estaba llenando, pero no con un nuevo líder japonés, sino con una deuda impagable hacia el Soberano de la Traición.

En Seúl, Seo-Yoon vio cómo las pantallas de la Torre Lotte empezaban a recibir flujos masivos de energía y capital.

Una pequeña sonrisa, fría como el hielo del ártico, apareció en sus labios.

—El Maestro está cobrando sus intereses —dijo ella a su guardia—.

Preparen la flota de carga.

Vamos a Japón, pero no como invasores.

Vamos como “acreedores”.

[Nivel actual: 101] [Estado de Japón: Guerra Civil / Colapso Económico] [Humanidad de Han: 22%] [Estado de Ryuji: Cayendo en la Locura del Poder]

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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