El Regresor Que Decidió No Salvar Al Mundo - Capítulo 3
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- Capítulo 3 - 3 El Trono De Cristal Y Sangre
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3: El Trono De Cristal Y Sangre 3: El Trono De Cristal Y Sangre La Torre Lotte se alzaba sobre Seúl como un colmillo de plata perforando un cielo que ya no pertenecía a los hombres.
En mis siete vidas anteriores, este edificio había sido muchas cosas: un refugio, un cementerio, y finalmente, la sede del Gremio de la Justicia, donde aquellos que se hacían llamar “salvadores” dictaban leyes mientras el resto del mundo se pudría.
Detuve el camión frente a la entrada principal.
Los cristales reforzados de la planta baja estaban intactos, lo cual era una mala señal.
Significaba que alguien con suficiente poder o autoridad ya había tomado el control y estaba usando a los guardias para mantener fuera a la “chusma”.
—Seo-Yoon, Ha-Neul, bajen —ordené, apagando el motor.
El silencio que siguió fue denso, roto solo por el crepitar del motor caliente y los gritos distantes que aún resonaban en la ciudad.
Seo-Yoon bajó con una elegancia gélida.
Su piel, ahora casi del color de la porcelana, irradiaba un frío que congelaba el asfalto bajo sus botas.
Ha-Neul, la Santa Caída, salió con la mirada baja, apretando su báculo con nudillos blancos.
Ya no quedaba rastro de la chica que rezaba en la iglesia; ahora era una sombra de sí misma, vinculada a mi voluntad por un contrato que ni la muerte podría romper.
—Hay gente armada dentro —susurró Ha-Neul.
Su percepción de maná, ahora distorsionada por mi influencia, podía sentir las firmas de calor de los humanos—.
Son muchos.
Y están asustados.
—El miedo los hace peligrosos para otros, pero predecibles para mí —respondí, sacando mi libreta negra.
En la tercera regresión, el dueño de este edificio, el CEO del Grupo Lotte, intentó comprar su seguridad ofreciendo a sus empleadas a los primeros despertados de Rango S.
Fue un hombre despreciable que murió rodeado de oro.
En esta vida, ni siquiera llegará a ver el atardecer.
Caminamos hacia la entrada.
Dos guardias con rifles de asalto y uniformes tácticos salieron de detrás de las columnas de mármol.
No eran despertados de alto nivel, solo hombres con armas que creían que las reglas de ayer aún se aplicaban.
—¡Alto!
—gritó uno, apuntándome al pecho—.
Este es un refugio privado por orden del gobierno.
Identifíquense o dispararemos.
No me detuve.
No valía la pena gastar palabras con hombres muertos.
—Seo-Yoon, despeja el camino —dije con desdén.
La Reina de Hielo no dudó.
Extendió su mano derecha y el aire se contrajo.
Un estallido de lanzas de hielo emergió del suelo con la velocidad de una bala.
Los guardias no tuvieron tiempo ni de gritar; las lanzas atravesaron sus chalecos de kevlar y los clavaron contra las paredes de cristal de la torre.
El sonido del hielo rompiendo huesos fue seguido por el silencio del frío absoluto.
Entramos en el vestíbulo.
Era un espacio inmenso, decorado con obras de arte que ahora carecían de valor.
En el centro, un grupo de hombres trajeados y mujeres con joyas caras estaban rodeados por una docena de guardaespaldas.
En medio de ellos, un hombre de unos sesenta años, con un traje de sastre perfecto, me miraba con una mezcla de indignación y pavor.
Era el CEO, Park Jin-Chul.
—¿Quién diablos eres tú?
—rugió Jin-Chul, señalándome con un dedo tembloroso—.
¡He llamado al Ministerio de Defensa!
¡Te colgarán por lo que acabas de hacer en la entrada!
Caminé hacia él, mis botas dejando huellas de sangre y ceniza en la alfombra impecable.
—El Ministerio de Defensa está ocupado viendo cómo sus tanques son volcados por orcos de Rango C, Park —dije, deteniéndome a tres metros de él—.
He venido por el Nexo de Maná que está en el ático.
Tienes diez segundos para darme la tarjeta de acceso del ascensor privado.
—¡Mátenlo!
—gritó el CEO a sus guardaespaldas.
Los hombres armados levantaron sus armas, pero antes de que pudieran apretar los gatillos, Ha-Neul dio un paso al frente.
Su báculo golpeó el suelo y una onda de luz violeta oscura barrió la sala.
No fue una curación.
Fue una Explosión de Neurotoxina Sagrada.
Los guardaespaldas cayeron de rodillas, soltando sus armas mientras sus ojos se llenaban de sangre.
El poder de la Santa Caída no mataba de inmediato; destruía el sistema nervioso, dejando a las víctimas en un estado de agonía consciente.
—Nueve segundos —dije, mirando mi reloj.
Park Jin-Chul se desplomó, orinándose en sus pantalones de mil dólares.
Sacó una tarjeta dorada de su bolsillo y la lanzó hacia mí como si fuera un amuleto contra el diablo.
La recogí del suelo.
—Gracias —le sonreí, una mueca que no llegaba a mis ojos—.
Seo-Yoon, asegúrate de que nadie salga de este vestíbulo.
El Nexo necesita un sacrificio inicial de maná para activarse, y estos “empleados de élite” servirán perfectamente.
—Entendido, Maestro —respondió Seo-Yoon.
Su voz era un susurro de ventisca.
Mientras subía al ascensor con Ha-Neul, escuché el sonido del vestíbulo convirtiéndose en un congelador gigante.
Los gritos de los ricos y poderosos se apagaron rápidamente bajo el peso del hielo eterno.
◆ ◆ ◆ El ascensor subía hacia el piso 123.
A través del cristal, podía ver Seúl ardiendo.
Las columnas de humo negro se elevaban desde todos los distritos, y las luces de la ciudad parpadeaban antes de morir definitivamente.
Era hermoso, de una manera retorcida.
El fin de una era de mentiras.
—¿Por qué me obligas a hacer esto?
—preguntó Ha-Neul en el silencio del ascensor.
Sus manos aún temblaban—.
Esas personas…
no tenían poderes.
Eran civiles.
—Eran parásitos, Ha-Neul —respondí, mirando mi reflejo en el metal pulido—.
En la séptima regresión, ese hombre que acabas de ver intentó negociar con los demonios entregando a los niños de los distritos pobres a cambio de su vida.
La “moralidad” de la que hablas es un disfraz que la gente usa cuando tiene el estómago lleno.
Yo solo les he quitado el disfraz.
—¿Y tú?
¿Qué eres tú?
—Yo soy el que recuerda —dije, y el ascensor se detuvo con un timbre suave—.
Soy el único que sabe que, si no tomo este Nexo ahora, mañana un “Héroe” vendrá, lo reclamará en nombre de la paz, y usará ese poder para enviarte a ti y a miles más a morir en una mazmorra para que él pueda subir de nivel.
Entre ser el mártir que muere por nada o el tirano que vive para verlo todo, la elección es obvia.
Las puertas se abrieron al ático.
El espacio era una cúpula de cristal con una vista de 360 grados de la catástrofe.
En el centro, flotaba una esfera de energía pura, pulsando con un ritmo constante.
Era el Nexo de Maná de Seúl, el punto de origen de todas las grietas dimensionales de la región.
Caminé hacia la esfera.
El aire aquí estaba tan saturado de energía que mi piel picaba.
—Ha-Neul, conéctate al Nexo.
Usa tu luz para estabilizar la frecuencia mientras yo inserto el Cáliz de la Calamidad.
Ella obedeció, sus instintos de Santa guiándola a pesar de su resistencia mental.
Extendió sus brazos y canales de luz pálida fluyeron desde ella hacia la esfera.
La torre entera empezó a vibrar.
Saqué el Cáliz de la Calamidad.
El objeto latía con un hambre insaciable.
Lo acerqué al núcleo de energía y, por un momento, el tiempo pareció detenerse.
[¡Notificación de Sistema Crítica!] [Has localizado el Corazón de la Región: Seúl.] [Iniciando proceso de reclamación…] [¡Advertencia!
Un jugador está intentando corromper el Nexo.] —No lo estoy intentando, lo estoy haciendo —gruñí, hundiendo el Cáliz en el centro de la esfera.
Una explosión de energía negra estalló desde el ático, extendiéndose por toda la torre y bajando hacia los cimientos.
El cristal de las ventanas se tiñó de un rojo oscuro, y las estructuras de acero crujieron mientras el Sistema reescribía las leyes de la zona.
[¡Éxito!] [El Nexo de Seúl ha sido reclamado.] [Nueva facción detectada: “Soberanía del Vacío”.] [La Torre Lotte ha evolucionado a la estructura: “Fortaleza del Tirano”.] [Efecto de Zona: Todos los enemigos de Kang-Han sufrirán una reducción del 50% en sus estadísticas dentro del radio de la ciudad.] Caí de rodillas, respirando con dificultad.
El poder que fluía a través de mí era embriagador, pero también destructivo.
Mi nivel saltó instantáneamente de 40 a 55.
[Has obtenido el título: “Dueño de la Capital”.] Miré a mi alrededor.
Ha-Neul estaba desmayada en el suelo, agotada por el esfuerzo.
Seo-Yoon entró al ático unos momentos después, con su ropa manchada de sangre congelada pero con una expresión de triunfo en su rostro.
—El vestíbulo ha sido asegurado, Maestro —dijo, arrodillándose ante mí—.
Los sacrificios han sido completados.
El Nexo está alimentado.
—Bien —me levanté, apoyándome en el pedestal del Nexo ahora oscuro—.
Seo-Yoon, usa el sistema de comunicación de la torre.
Envía un mensaje a todos los despertados de la ciudad.
—¿Qué mensaje, Maestro?
Miré hacia la ciudad en llamas.
Sabía que en algún lugar, otros “Héroes” estaban despertando, que las Constelaciones estaban buscando nuevos peones, y que el ejército de monstruos se estaba organizando.
—Diles que la era de los héroes ha terminado antes de empezar —dije, mi voz amplificada por el Nexo y resonando en los cielos de Seúl—.
Diles que este territorio pertenece a Kang-Han.
Cualquiera que desee sobrevivir, debe venir a la torre y jurar lealtad.
Cualquiera que hable de justicia o libertad…
será considerado una plaga y eliminado.
Cerré los ojos por un momento, sintiendo la conexión con cada rincón de la ciudad.
Podía sentir las vidas apagándose, el miedo fluyendo hacia mí como una marea.
En mis vidas anteriores, este sentimiento me habría horrorizado.
Ahora, era el único combustible que necesitaba.
—Octava vida —susurré para mí mismo—.
Esta vez, no habrá traición porque no habrá nadie con el poder suficiente para sostener un cuchillo detrás de mi espalda.
El Sistema volvió a emitir un sonido sordo, una notificación que solo yo podía ver.
[Las Constelaciones del Rango “Divino” han fijado su mirada en ti.] [La dificultad del mundo se ha ajustado a: “Infierno Sin Fin”.] —Traigan el infierno —dije, mirando a la primera estrella que aparecía en el cielo rojo—.
Yo ya he vivido en él durante siete eternidades.
Me senté en el suelo del ático, que ahora se sentía como un trono.
Tenía el Nexo, tenía a mi Reina de Hielo y a mi Santa Caída.
El tablero estaba listo.
El primer día del apocalipsis aún no terminaba, y yo ya era el dueño de la capital del mundo.
La oscuridad me envolvió, no como una amenaza, sino como un manto protector.
Por primera vez en todas mis regresiones, dormí con una sonrisa en el rostro, sabiendo que mañana, el mundo se despertaría en una pesadilla de la que yo era el arquitecto.
[Nivel actual: 55] [Estado de la Fortaleza: Activo (100%)] [Subordinados: 2] [Próximo objetivo: Cazar a los Administradores del Tutorial.]
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