El Regresor Que Decidió No Salvar Al Mundo - Capítulo 5
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- Capítulo 5 - 5 El Sendero De La Niebla Y La Llave Prohibida
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5: El Sendero De La Niebla Y La Llave Prohibida 5: El Sendero De La Niebla Y La Llave Prohibida El silencio en el ático de la Torre Lotte era absoluto, interrumpido únicamente por el zumbido eléctrico del Nexo de Maná.
Sostenía la Llave del Tutorial entre mis dedos.
Era un objeto de geometría imposible, una pieza de cristal blanco que vibraba con la misma frecuencia que el Administrador que acababa de asesinar.
No era solo un trofeo; era un pase de acceso a las “zonas de mantenimiento” que el Sistema utilizaba para preparar los escenarios futuros.
—El aire en la base de la torre está cambiando, Maestro —dijo Seo-Yoon, entrando en la sala.
Llevaba una chaqueta de cuero negro sobre su uniforme, y su presencia enfriaba la habitación hasta el punto de que mi aliento formaba pequeñas nubes de vapor—.
Los gremios que aceptaron tus términos están trabajando en los perímetros, pero hay rumores de una coalición formándose en la frontera de Gyeonggi.
Creen que, sin el Sistema dictando las misiones, pueden marchar sobre Seúl y reclamar el Nexo.
—Que lo intenten —respondí sin mirarla—.
La ignorancia es el mayor pecado en este nuevo mundo.
Piensan que el Sistema es una bendición que han perdido, cuando en realidad es una correa que les han quitado.
Ahora los monstruos de Rango A y S ya no tienen restricciones geográficas.
Incheon es la prueba de ello.
Me levanté y guardé la llave en mi inventario.
—Prepara el vehículo blindado que confiscamos al Gremio del Tigre Blanco.
Nos vamos a Incheon.
—¿Incheon?
—Ha-Neul, que había estado sentada en silencio absoluto, levantó la vista.
Sus ojos, antes llenos de una luz cálida, ahora eran pozos de una indiferencia gélida—.
Según las últimas transmisiones de radio, Incheon ha sido declarada “Zona de Exterminio”.
Nadie ha salido de allí en las últimas doce horas.
Dicen que una niebla roja ha cubierto el puerto y que los gritos se escuchan a kilómetros.
—Exactamente —dije, caminando hacia el ascensor—.
En la sexta regresión, Incheon fue el lugar donde apareció el “Cofre del Soberano Marino”.
Un artefacto que permite controlar las corrientes de maná en el agua.
Pero en esta vida, el Sistema ha sellado la zona antes de tiempo para evitar que yo llegue a él.
Esa niebla no es un evento natural; es un cortafuegos.
◆ ◆ ◆ Salimos de Seúl bajo el amparo de la noche púrpura.
El vehículo blindado, una mole de acero reforzado con placas de maná, avanzaba por la autopista Gyeongin.
El paisaje era desolador: cientos de coches abandonados, esqueletos de metal que servían de nidos para los “Acechadores de Sombras”.
Seo-Yoon conducía con una precisión gélida, usando su habilidad para congelar los obstáculos en el camino y luego embestirlos, pulverizándolos sin perder velocidad.
En el asiento trasero, Ha-Neul mantenía una barrera de luz oscura alrededor del vehículo.
Su poder, ahora vinculado a mi “Soberanía de la Traición”, era más eficiente: consumía menos maná y causaba un efecto de pavor en cualquier monstruo que se acercara.
—Estamos llegando al límite de la zona segura —anunció Seo-Yoon.
Frente a nosotros, la autopista desaparecía bajo una pared de niebla roja tan densa que parecía sólida.
No era humo, era maná concentrado, una barrera diseñada por el Sistema para marcar el territorio como “Prohibido”.
[¡Alerta de Sistema!] [Has entrado en la Zona Prohibida: Puerto de Incheon.] [Tu título “Enemigo del Mundo” ha activado una respuesta hostil automática.] [Dificultad de la zona: Pesadilla.] —Detén el vehículo —ordené.
Bajé del blindado.
La niebla roja lamió mis botas, y sentí una presión inmediata en mi pecho, como si el aire estuviera intentando aplastar mis pulmones.
Saqué la Llave del Tutorial.
—Esta llave es el permiso de los administradores —murmuré, elevándola hacia la niebla—.
Y como yo maté al dueño, ahora yo dicto las reglas de entrada.
Inserté la llave en el aire vacío.
Un sonido metálico, como si un cerrojo del tamaño de una montaña se hubiera movido, resonó en toda la zona.
El espacio se rasgó, abriendo un túnel de claridad a través de la niebla roja.
—Avancen —dije, volviendo al interior del vehículo—.
Y prepárense.
Lo que hay dentro no son simples monstruos de tutorial.
◆ ◆ ◆ Incheon ya no era una ciudad; era un ecosistema alienígena.
El puerto estaba cubierto de una vegetación coralina que brillaba con una luz cian siniestra.
Los barcos de carga habían sido arrastrados tierra adentro, incrustados en los edificios como si un tsunami gigante los hubiera depositado allí.
Pero no había agua.
Solo el silencio y el olor a sal y putrefacción.
—Hay algo en los muelles —susurró Ha-Neul, apretando su báculo.
Su percepción de Santa Caída era más sensible a las presiones espirituales—.
Es…
enorme.
No es una firma de maná normal.
Es como si el mar mismo estuviera respirando bajo el asfalto.
—Es el “Kraken de Tierra”, un jefe de Rango S —expliqué, cargando mi cuchillo con energía oscura—.
En la historia original, este monstruo no debería aparecer hasta el segundo mes.
El Sistema lo ha invocado temprano para protegerme del Cofre.
—¿Vamos a matarlo?
—preguntó Seo-Yoon, y por primera vez detecté un destello de emoción en su voz: hambre de batalla.
—No —sonreí—.
Vamos a usarlo.
Llegamos al muelle principal.
Allí, flotando sobre un pedestal de coral negro, estaba el Cofre del Soberano Marino.
Emitía una pulsación azul que mantenía a raya la niebla roja a su alrededor.
Pero rodeando el pedestal, una masa de tentáculos de carne gris y ojos amarillentos se retorcía.
El Kraken de Tierra era una mole de cincuenta metros de alto, una pesadilla de carne y dientes que guardaba el tesoro.
[¡Evento de Jefe!] [Guardian del Cofre: Kraken de Tierra (Rango S – Mutado)] [Estado: Enfurecido por la presencia del “Enemigo del Mundo”.] El monstruo rugió, un sonido que vibró en la estructura misma de la realidad.
Un tentáculo, del tamaño de un edificio de tres pisos, cayó sobre nosotros con la intención de aplastarnos.
—¡Seo-Yoon, congela los puntos de apoyo!
¡Ha-Neul, sobrecarga sus ojos con luz corrupta!
—grité, saltando del vehículo.
Activé mi clase Soberano de la Traición.
En este nivel, no solo podía cortar el espacio; podía “traicionar” las leyes de la física que el Sistema imponía sobre los monstruos.
—Habilidad Pasiva: Perversión de la Ley.
El tentáculo que estaba a punto de golpearnos se desvió en el último milisegundo, como si el espacio mismo lo hubiera rechazado.
Seo-Yoon aprovechó la apertura.
Un camino de hielo negro subió por el tentáculo, congelando la carne del monstruo a una velocidad aterradora.
El Kraken soltó un alarido de agonía mientras sus miembros se volvían quebradizos.
Ha-Neul no se quedó atrás.
Levantó su báculo y una lluvia de saetas de color púrpura oscuro cayó sobre los cientos de ojos del Kraken.
Cada impacto causaba una explosión de agonía nerviosa.
La Santa Caída estaba haciendo lo que mejor sabía hacer: convertir la curación en una tortura infinita.
—¡Ahora es mi turno!
—rugí.
Usé el Corte Dimensional repetidamente, no para matar al monstruo, sino para cercenar los tendones que lo unían al suelo.
Mi objetivo no era el cadáver del Kraken, sino el acceso al Cofre.
Con un último impulso, aparecí sobre el pedestal.
El Cofre del Soberano Marino era una caja de metal antiguo, grabada con runas que hablaban de una época anterior al Sistema.
Al tocarlo, una notificación roja estalló en mi visión.
[¡Has reclamado un Ítem de Legado!] [El Cofre del Soberano Marino está vinculado a tu alma.] [Habilidad obtenida: Dominio de las Aguas del Abismo.] En ese instante, la niebla roja de Incheon empezó a ser succionada hacia el interior del cofre.
La presión que sentíamos desapareció, reemplazada por una calma absoluta.
El Kraken, privado de la energía que el Sistema le proporcionaba a través de la niebla, empezó a deshacerse en una masa de carne inerte.
—Se acabó —dije, aterrizando suavemente sobre el muelle ahora despejado.
◆ ◆ ◆ Pero la calma duró poco.
A lo lejos, en la entrada del puerto, tres figuras aparecieron.
No eran monstruos.
Eran humanos, pero su equipo era superior a cualquier cosa que los gremios de Seúl pudieran soñar.
Vestían túnicas blancas con bordados dorados y máscaras de porcelana que ocultaban sus rostros.
—Los Apóstoles del Orden —susurré, mis ojos estrechándose.
Eran los ejecutores directos de las Constelaciones de Rango Superior.
Seres que en otras vidas solo aparecían al final de la historia para “limpiar” los mundos que no cumplían con las expectativas.
Que estuvieran aquí ahora, en el segundo día, significaba que mi asesinato del Administrador había provocado un pánico total en los niveles superiores del Sistema.
—Kang-Han —dijo el que estaba en el centro.
Su voz era una armonía de miles de tonos—.
Tu existencia es un error de cálculo.
El tiempo ha sido corrompido por tu memoria, y el espacio por tu ambición.
Hemos venido a restaurar la narrativa original.
—¿La narrativa original?
—me eché a reír, una carcajada ronca que resonó en el puerto vacío—.
¿Se refieren a esa historia donde todos mis amigos mueren, el mundo se convierte en un desierto y yo termino sacrificándome por una humanidad que no vale nada?
Saqué mi cuchillo, que ahora brillaba con la luz azul del Cofre y la oscuridad del Cáliz.
—Llegan tarde.
Ya he quemado el libro de reglas y he matado al autor.
Si quieren mi vida, tendrán que arrebatársela al hombre que ya ha muerto siete veces y ha regresado por más.
Seo-Yoon y Ha-Neul se colocaron a mi lado.
La Reina de Hielo y la Santa Caída estaban listas.
No eran las heroínas que el mundo necesitaba, pero eran las guerreras que yo había forjado en el fuego de la traición.
—Maestro, sus niveles de maná son…
incalculables —advirtió Ha-Neul, sus manos brillando con una intensidad peligrosa.
—No importa —dije, mirando fijamente a los Apóstoles—.
Ellos son el pasado que intenta aferrarse.
Nosotros somos el futuro que el Sistema no pudo prever.
[¡Misión de Supervivencia Especial Activada!] [Objetivo: Derrotar a los Apóstoles del Orden.] [Recompensa: Fragmento de la Corona del Dios Muerto.] [Penalización por fracaso: Borrado total de la línea temporal.] —Prepárense —ordené, mientras el suelo bajo nosotros empezaba a agrietarse por la presión de los Apóstoles—.
Hoy vamos a demostrarles a las Constelaciones que incluso los dioses pueden sangrar si los apuñalas en el lugar correcto.
El puerto de Incheon se convirtió en el escenario de una batalla que no figuraba en ninguna profecía.
La expansión había comenzado, y el primer obstáculo no era un monstruo, sino la voluntad misma del universo intentando corregirme.
—Adelante —desafié, mientras las sombras de la Torre Lotte se extendían desde Seúl para cubrirnos—.
Intenten borrarme.
[Nivel actual: 70] [Estado del Equipo: Máximo Rendimiento] [Ubicación: Puerto de Incheon – Zona de Guerra Divina]
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