El Regresor Que Decidió No Salvar Al Mundo - Capítulo 8
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- Capítulo 8 - 8 El Eco Del Norte
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8: El Eco Del Norte 8: El Eco Del Norte El ruido no fue una explosión, sino un crujido.
Como si un continente entero estuviera siendo partido a la mitad por unas manos invisibles.
Desde el ático de la Torre Lotte, el sensor de maná del Nexo se volvió loco.
Las agujas holográficas giraban violentamente hacia el norte, marcando niveles de energía que superaban cualquier registro de mis vidas pasadas.
La “Zona Desmilitarizada” (DMZ), esa franja de tierra de nadie que separaba las dos Coreas, ya no era una barrera política.
Se había convertido en una Grieta Dimensional de Grado Cataclismo.
—Maestro, los radares de maná se han fundido —informó Seo-Yoon, entrando al ático con el rostro inexpresivo, aunque sus dedos jugueteaban con el mango de su estoque, una señal de nerviosismo que solo yo notaba—.
La barrera que Ha-Neul extendió sobre Seúl está vibrando.
Algo está empujando desde afuera.
—No está empujando —corregí, mirando el diario que el “Observador del Fin” me había entregado—.
Está reclamando su territorio.
Caminé hacia el ventanal norte.
A lo lejos, más allá de las colinas de Paju, el horizonte se había teñido de un verde enfermizo.
No era el púrpura del Sistema, sino un color orgánico, antiguo.
De repente, una notificación del Sistema apareció, pero esta vez no era blanca ni roja.
Era negra, con letras que goteaban como brea.
[¡ALERTA DE ERROR CRÍTICO!] [El “Seguro del Tutorial” ha sido eliminado prematuramente.] [Activando Plan de Contingencia: El Retorno de la Biomasa.] [Escenario Especial: “El Jardín del Dios Muerto” ha comenzado.] —¿El Jardín del Dios Muerto?
—murmuró Ha-Neul, que acababa de subir, con el rostro más pálido de lo habitual—.
Maestro, las plantas en la base de la torre…
están creciendo.
Me asomé por el balcón.
En menos de cinco minutos, las grietas del asfalto de Seúl estaban siendo invadidas por raíces negras y espinosas que se movían con la velocidad de serpientes.
Los edificios cercanos empezaban a ser asfixiados por una vegetación que devoraba el concreto.
Pero lo peor no era la flora.
Eran los gritos.
—Seo-Yoon, toma el mando del Gremio del Tigre Blanco.
Que usen lanzallamas y cualquier habilidad de fuego que tengan.
No dejen que esas raíces toquen los cimientos del Nexo —ordené—.
Ha-Neul, tú quédate aquí.
Si el Nexo es infectado por esa biomasa, Seúl se convertirá en el abono de este “Jardín”.
—¿Y tú, Maestro?
—preguntó Seo-Yoon.
—Voy a la frontera.
Necesito ver qué es lo que el Administrador estaba ocultando tan desesperadamente.
◆ ◆ ◆ Usé el Corte Dimensional para saltar distancias de kilómetros, moviéndome como un parpadeo a través de la península.
A medida que me acercaba a la DMZ, el aire se volvía denso y húmedo, con un olor a ozono y tierra podrida.
Al llegar a las colinas de Yeoncheon, me detuve.
Lo que vi me hizo apretar los dientes.
La frontera había desaparecido.
En su lugar, una montaña de carne y madera, del tamaño del Everest, se alzaba hacia las nubes.
Era un organismo vivo, una torre biológica que palpitaba con un corazón de maná puro.
De su base salían billones de zarcillos que se arrastraban hacia el sur, devorando todo a su paso: animales, monstruos y humanos por igual.
Y en la cima de esa montaña de biomasa, había alguien sentado.
No era un monstruo.
Era un hombre con un uniforme militar norcoreano, pero su piel estaba cubierta de cortezas de árbol y sus ojos eran dos pozos de luz verde.
A su lado, una espada de madera negra descansaba sobre sus rodillas.
—Has tardado en llegar, Regresor —dijo el hombre.
Su voz no venía del aire, sino del suelo bajo mis pies—.
El Administrador siempre dijo que serías tú quien rompería el sello.
—¿Quién eres?
—pregunté, cargando el Cáliz de la Calamidad.
Mi instinto me decía que este hombre estaba en un nivel que no debería existir en el segundo día del apocalipsis.
—En esta vida, me llamaban General Pak.
En las anteriores…
fui como tú.
Un hombre que intentó salvar algo y terminó siendo el abono de los dioses —se puso de pie, y la montaña de carne rugió en sintonía con él—.
Soy el guardián de la Semilla de la Discordia.
El Sistema me encerró aquí porque mi poder no puede ser controlado por las Constelaciones.
Pero ahora que has matado al carcelero, el Jardín debe expandirse.
[¡Análisis de Objetivo!] [Nombre: Pak Du-Sik (El Soberano del Bosque Negro)] [Clase: Guardián de la Biomasa (Rango Desconocido)] [Estado: Vinculado a la Tierra.] —No me importa tu historia, General —dije, desenvainando mi cuchillo—.
Estás en mi camino.
Tu “jardín” está amenazando mi fortaleza.
—Tu fortaleza es una tumba de cristal, Kang-Han —Pak levantó su espada de madera—.
El mundo no necesita tiranos de acero.
Necesita volver a ser absorbido por la naturaleza que los dioses abandonaron.
Si quieres detenerme, tendrás que cortar las raíces de este mundo.
Pak desapareció.
No fue velocidad; fue asimilación.
El suelo bajo mis pies estalló en mil espinas de madera endurecida por maná.
Salté, pero el aire mismo se volvió sólido.
Las hojas de los árboles cercanos se afilaron como cuchillas y volaron hacia mí en un torbellino verde.
—Perversión de la Ley: Vacío Térmico —rugí.
Creé un radio de frío absoluto a mi alrededor, congelando y pulverizando la biomasa antes de que me tocara.
Pero por cada raíz que destruía, diez más surgían del suelo.
Era como luchar contra el planeta mismo.
—¡Corte Dimensional: Ráfaga Continua!
—lancé decenas de cortes espaciales hacia la montaña de carne, intentando encontrar el núcleo.
La montaña sangró una savia negra y espesa, pero las heridas se cerraron al instante.
Pak reapareció a pocos metros, su espada de madera chocando contra mi cuchillo.
El impacto fue como si un tren de carga me hubiera golpeado.
Mi brazo se entumeció.
—Eres fuerte, Regresor.
Pero tu poder es de “Traición”.
Tú cortas lo que existe —dijo Pak, sus ojos brillando con un fanatismo verde—.
Mi poder es de “Creación”.
Yo soy lo que existe.
No puedes matar a la vida misma.
—No intento matar a la vida —respondí, retrocediendo y sacando el Cofre del Soberano Marino—.
Intento ahogarla.
Abrí el cofre de golpe.
No salió agua, sino el Hambre del Abismo.
Una presión negativa empezó a succionar la humedad de las plantas, las células de la biomasa y el maná del aire.
El bosque a nuestro alrededor empezó a marchitarse, volviéndose gris y quebradizo.
Pak retrocedió, su rostro mostrando por primera vez una grieta de preocupación.
—Ese objeto…
no debería estar en tus manos todavía —gruñó.
—Tus “debería” murieron cuando degollé al Administrador —dije, canalizando el maná del Cofre a través de mi cuerpo—.
¡Seo-Yoon, Ha-Neul!
¡Ahora!
◆ ◆ ◆ A kilómetros de distancia, en Seúl, mis subordinadas recibieron la señal a través del Nexo.
Ha-Neul, conectada a la antena de la Torre Lotte, envió una pulsación de luz corrupta a través de las corrientes de maná de la tierra.
Seo-Yoon, usando esa luz como guía, congeló las líneas de energía que alimentaban al bosque desde el sur.
El General Pak soltó un alarido de dolor.
La montaña de carne empezó a colapsar sobre sí misma al perder el suministro de energía de la capital.
—¡Traidores!
—rugió Pak—.
¡Están matando al único futuro que no depende de las Constelaciones!
—Prefiero un mundo bajo mi tiranía que un mundo convertido en abono para tus delirios —dije, apareciendo sobre él—.
Corte Dimensional: Ejecución del Soberano.
Mi cuchillo atravesó su cuello, pero no hubo sangre.
Hubo savia.
Su cuerpo se convirtió en madera petrificada mientras caía hacia el abismo de su propia montaña en ruinas.
Sin embargo, antes de desaparecer, Pak me agarró del brazo con una fuerza inhumana.
—Crees que has ganado…
—susurró, con una sonrisa de madera—.
Pero la Semilla de la Discordia ya ha sido plantada en Seúl.
Mientras tu Santa siga usando mi maná para proteger tu torre…
ella se convertirá en mi próximo brote.
Pak se desintegró en hojas secas.
[Has derrotado parcialmente al Soberano del Bosque Negro.] [Nivel actual: 92.] [¡ALERTA!] [Contaminación de biomasa detectada en el Nexo de Seúl: 15%.] Mi corazón dio un vuelco.
Miré hacia el sur.
El resplandor púrpura de la Torre Lotte ahora tenía un matiz verde parpadeante.
—Ese maldito infeliz…
—guardé mi equipo y empecé a correr de regreso.
Había detenido la invasión del norte, pero en mi arrogancia, había permitido que el “Plan de Contingencia” del Sistema entrara en mi propia casa a través de la persona que más necesitaba: mi Santa.
Si Ha-Neul se convertía en el recipiente de la Semilla, no solo perdería mi mejor herramienta; perdería el Nexo de Seúl.
Y en esta octava vida, no iba a permitir que nadie, ni dios ni planta, me robara lo que me pertenecía.
[Nivel actual: 92] [Estado de Ha-Neul: Infectada (Fase 1)] [Ubicación: Regresando a la Fortaleza del Tirano]
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