El Regresor Que Decidió No Salvar Al Mundo - Capítulo 9
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- Capítulo 9 - 9 El Precio De La Raiz
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9: El Precio De La Raiz 9: El Precio De La Raiz Entiendo perfectamente.
El viento azotaba mi rostro con una violencia inusitada mientras saltaba de un edificio a otro, trazando una línea recta hacia el corazón de Songpa.
Ignoré el pitido constante de mi interfaz, que me advertía sobre el agotamiento crítico de mis reservas de maná.
Mis pulmones ardían, no por el esfuerzo físico, sino por el aire de Seúl, que se había vuelto denso, dulce y cargado de un polen fluorescente que adormecía los sentidos.
La visión de la Torre Lotte desde la distancia era una pesadilla arquitectónica.
Mi símbolo de soberanía, el pilar sobre el cual pensaba construir mi imperio, estaba siendo asfixiado.
Gigantescas lianas verdes, gruesas como troncos de robles centenarios, trepaban por la fachada de cristal, rompiendo los paneles reforzados con un sonido similar al de disparos de artillería.
La torre pulsaba con una luz rítmica y enferma; parecía que el edificio mismo hubiera desarrollado un sistema circulatorio biológico que drenaba el Nexo.
—¡Ha-Neul!
—rugí por el comunicador, pero solo recibí un siseo de estática mezclado con el inquietante sonido de hojas secas frotándose entre sí, como si miles de insectos estuvieran susurrando en mi oído.
Cuando aterricé en el helipuerto del piso 123, la presión de maná me obligó a doblar las rodillas.
El ático, que yo mismo había decorado con la frialdad de un centro de mando tecnológico, ahora era una selva prehistórica.
El Nexo de Maná, mi esfera de poder púrpura, estaba atrapado en una telaraña de raíces negras que succionaban su energía, transformando el poder puro del vacío en savia para alimentar un capullo de flores oscuras que crecía en el centro de la sala.
En medio de ese caos, Kim Ha-Neul estaba suspendida en el aire.
Las raíces se habían introducido bajo su piel a través de sus venas, dibujando un mapa de capilares verdes sobre su cuello y rostro.
Su cuerpo era un títere; sus extremidades colgaban flácidas mientras la biomasa la utilizaba como una antena biológica.
Sus ojos estaban abiertos de par en par, pero ya no había rastro de la Santa Caída; solo dos pozos de luz verde esmeralda que irradiaban una sabiduría antigua y cruel.
—Maestro…
—la voz de Seo-Yoon me llegó desde una esquina oscura.
Estaba atrapada hasta la cintura en una masa de madera petrificada que había brotado del suelo.
Su maná de hielo parpadeaba débilmente, luchando centímetro a centímetro para evitar que las raíces le perforaran el plexo solar—.
No pude…
detenerla.
El maná del norte…
simplemente…
la reclamó.
—Cállate y conserva tu energía, Seo-Yoon —ordené, desenvainando el cuchillo con mi mano derecha.
El metal vibraba, rechazando la atmósfera orgánica del lugar—.
Esto no es un ataque externo que podamos cortar.
Es una infección de alma.
Un “hackeo” biológico del Sistema.
> [¡ALERTA DE SISTEMA!] > Contaminación de Biomasa: 45% y ascendiendo.
> Estado del Nexo: En proceso de asimilación total.
> Nota: Si la infección llega al 100%, la zona de Seúl será borrada del mapa y reemplazada por el “Jardín del Dios Muerto”.
Caminé hacia Ha-Neul, cada paso era una batalla.
El suelo intentaba atrapar mis botas con zarcillos que brotaban instantáneamente.
Activé la Perversión de la Ley: Repulsión Total.
El espacio a mi alrededor vibró con una frecuencia chirriante, apartando las raíces por la fuerza bruta de mi voluntad.
—Pak Du-Sik, sé que tu consciencia está cabalgando sobre este maná —dije, mirando fijamente a la Santa—.
Usaste el residuo de tu muerte para saltar a mi subordinada.
Muy astuto para un General que decía despreciar los trucos de las Constelaciones.
La boca de Ha-Neul se abrió con un crujido de mandíbula seca.
La voz que salió no era humana; era una amalgama de miles de susurros forestales, como el viento pasando por un cementerio de árboles.
—Ella era el suelo perfecto, Kang-Han…
Una Santa que ya no cree en la luz es un campo fértil, una tierra negra lista para la verdadera creación.
No puedes cortarla sin matarla.
Somos uno solo ahora.
Si detienes mi corazón, el de ella dejará de latir para siempre.
Sentí una punzada de duda, pero la borré al instante.
En mis siete vidas anteriores, la compasión fue el cuchillo que mis enemigos usaron para degollarme.
Miré el capullo negro que devoraba mi Nexo y luego mi mano.
—En mis regresiones aprendí que todo tiene un precio —dije, levantando el Cáliz de la Calamidad, que ahora brillaba con una luz negra inestable—.
Y tú cometiste un error de cálculo fatal, Pak.
Creíste que me importaba su vida más que mi trono.
Pero en esta octava vida, yo no soy el salvador.
Soy el dueño.
Bebí el último resto de energía del cáliz, un líquido que sabía a metal y ceniza.
Canalicé mi habilidad Corte Dimensional, pero no la proyecté hacia el enemigo.
La enfoqué hacia dentro, hacia mi propio sistema circulatorio.
Mi sangre, cargada con el karma de siete muertes y el poder del Soberano, empezó a hervir.
—Habilidad Única: Transferencia de Traición.
Como Soberano de la Traición, mi poder no se limita a las personas; puedo traicionar las leyes del intercambio.
Usé mi propia sangre contaminada como cebo supremo.
La Semilla de la Discordia, que hasta ahora se alimentaba de la Santa, sintió una fuente de maná mucho más densa, más oscura y “sabrosa”: la de un Regresor.
Fue una agonía silenciosa.
Las raíces se soltaron de Ha-Neul con un sonido de succión repugnante.
La Santa cayó al suelo como una muñeca de trapo, pero el capullo negro giró su atención hacia mí.
Miles de espinas microscópicas perforaron mi brazo derecho, buscando mi núcleo de maná con una desesperación parásita.
—¡Maestro, qué estás haciendo!
¡Te va a devorar!
—gritó Seo-Yoon, logrando liberarse de su prisión de madera gracias a que la atención del bosque se había centrado en mí.
—¡Sella el Nexo ahora mismo!
—rugí, mientras sentía cómo la madera empezaba a crecer bajo mis costillas, reemplazando mis músculos por fibras vegetales—.
¡Seo-Yoon, congela mi brazo derecho hasta que no quede una sola célula viva!
¡Ha-Neul, si queda algo de ti ahí dentro, quema este bosque con cada gramo de tu luz corrupta!
Ha-Neul se levantó del suelo, temblando.
Sus ojos recuperaron un tinte violeta, pero sus mejillas estaban surcadas por lágrimas de una savia oscura.
Al ver a Han sacrificando su propia integridad física por el territorio que ambos habían construido —por ella—, algo en su psique fracturada se soldó con una furia nueva y aterradora.
—¡PURIFICACIÓN DEL ABISMO!
—el grito de la Santa Caída sacudió la torre entera.
Una explosión de luz violeta y fuego negro barrió el ático.
Las plantas del General Pak chillaron con un sonido casi humano mientras se convertían en ceniza fina.
Al mismo tiempo, Seo-Yoon lanzó una ráfaga de frío absoluto sobre mi hombro.
Sentí cómo el nitrógeno líquido de su magia congelaba mis venas.
El dolor fue una nota blanca y pura que anuló mi consciencia por unos segundos.
Mi brazo derecho se convirtió en un bloque de hielo negro y madera petrificada.
La semilla de Pak Du-Sik quedó atrapada allí, en un estado de estasis eterna, encarcelada en la carne de aquel que no podía ser asimilado.
◆ ◆ ◆ Diez minutos después, el ático volvía a estar sumido en un silencio sepulcral.
Las lianas de la fachada se habían marchitado, cayendo a las calles de Seúl como piel muerta.
El Nexo pulsaba con un tono púrpura débil, recuperándose lentamente del drenaje.
Ha-Neul estaba arrodillada a mis pies, sollozando con la cabeza gacha.
Seo-Yoon, con las manos temblando por el sobreesfuerzo mágico, me vendaba el hombro con telas empapadas en pociones de maná.
Mi brazo derecho era ahora un objeto extraño.
No sentía calor, ni frío, ni tacto; era un apéndice de madera negra y vetas de hielo que colgaba inerte.
—Lo siento…
Maestro…
todo fue por mi debilidad —susurró Ha-Neul, su voz rota por la culpa.
—Levanta la cabeza —dije, mi voz ronca y cargada de una fatiga ancestral—.
No pidas perdón por ser el tablero de una guerra divina.
Ahora llevas una parte de ese bosque en tu maná.
Eres más fuerte de lo que eras hace una hora.
Y yo…
bueno, yo acabo de obtener el único trofeo que el General Pak no quería darme: el control directo sobre la biomasa de la DMZ.
Miré mi brazo inerte.
A través de la capa de hielo negro, podía ver la Semilla de la Discordia latiendo muy lentamente, como un corazón en hibernación.
No la había destruido; la había hecho parte de mi equipo.
> [¡NOTIFICACIÓN DE SISTEMA!] > Condición Especial obtenida: Brazo del Soberano Marchito.
> Efecto: Permite manipular la biomasa corrupta, pero reduce la regeneración de salud natural en un 30%.
> Nivel de asimilación con el mundo: 90%.
> Nivel actual: 95.
—Este es el cierre del primer arco —murmuré para mí mismo, mirando por el ventanal roto hacia el horizonte de la ciudad—.
La Inquisición ha huido, la biomasa ha sido contenida y Seúl ya no es un “tutorial” de entrenamiento.
Es un reino.
Mi reino.
Sin embargo, el destino no me dio tiempo para celebrar.
El cielo empezó a cambiar de una manera que mis registros no preveían.
Las nubes púrpura del Sistema se disiparon, pero no revelaron el cielo azul de la Tierra, sino una red infinita de engranajes dorados gigantescos que cubrían toda la atmósfera terrestre, como si el planeta estuviera dentro de un reloj cósmico.
Las paredes que protegían a la humanidad del verdadero universo acababan de caer.
El “Tutorial” había terminado oficialmente.
[El Tutorial ha concluido con un éxito global del 3%.] [Iniciando Fase 2: El Juego de los Tronos Mundiales.] [Los portales internacionales están abiertos.
Las Constelaciones de Rango Divino han descendido.] De repente, una presión inmensa cayó sobre Seúl.
En medio de la plaza de la Torre Lotte, frente a los miles de supervivientes y nuevos reclutas, un pilar de luz blanca pura descendió del cielo, vaporizando el asfalto.
Cuando la luz se disipó, apareció un hombre que parecía sacado de una epopeya antigua.
Vestía una armadura de placas doradas que emitía un calor solar y una capa azul que parecía tejida con fragmentos de galaxias.
Sostenía una espada que irradiaba una presión sagrada superior a la de los tres Apóstoles de Incheon juntos.
—Soy Arthur, el Primer Campeón de la Constelación “Rey de los Héroes” —su voz no necesitó altavoces; resonó en la mente de cada ser humano en un radio de cien kilómetros—.
He cruzado los portales del servidor europeo para reclamar el Nexo de Seúl y ejecutar al criminal, regresor y anomalía conocido como Kang-Han.
Me levanté de mi asiento improvisado, apoyando mi mano izquierda en el trono de cristal.
A pesar del dolor de mi brazo muerto y el agotamiento de mi alma, una sonrisa cruel y genuina apareció en mi rostro.
—Parece que el mundo se ha vuelto mucho más grande de repente —dije, mirando a Seo-Yoon y Ha-Neul, quienes ya se ponían en guardia—.
Y mucho más divertido de conquistar.
[Nivel actual: 95] [Estado del Mundo: Fase 2 – Invasión de Campeones Globales] [Próximo Objetivo: El Duelo del Trono contra el Héroe de Europa]
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