El Reino Oscuro - Capítulo 20
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20: Secreto entre libros 20: Secreto entre libros *el siguiente capítulo contiene escenas gráficas no aptas para menores de edad* Cuando mi amiga desapareció durante el desayuno me sentí consternada pero Zora dijo que eso era algo normal, además Thedore estaba aquí conmigo, si ya sé quebo de llamarlo Fredo pero es que no me gusta aparte hay algo en Theodore me agrada mucho.
-Yue puedes permitirme hablar un momento con Zora por favor, me dijo Thedore.
-si está bien.
Me deslicé hacia tras en la mente de nuestro cuerpo y Zora tomo el control no obstante no soy ajena a su conversación.
*Zora* – hola cómo estás- le dije a Thedore extrañaba tanto hablar con él, me dolió mucho no poder despedirme antes de que mi cuerpo ya no fuera solo mío, él tomo mi mano y se levantó de su asiento y me dijo, – ¿Porque no caminas conmigo y hablamos un poco?
Me levanté y le seguí, pero solté su mano ya que ante los ojos del mundo no es Theodore es Fredo el imbecil más grande del mundo y por el que todo esto paso.
Caminamos en silencio por un gran rato atraves del cañon está parte se va haciendo más estrecha, pero su forma hace que el sonido vaya hacia abajo en lugar de expandirse, cuando llegamos a un lugar familiar Theodore se giro y puso sus manos en mi cintura, la mirada en sus ojos cafés era intensa contenía lagrimas pegó su frente a la mía y puso sus labios sobre los míos, no era algo nuevo entre nosotros pero este beso se sentía diferente, aunque no había nada más se sentía intenso, su boca se abrió más comenzando un camino ardiente sin retorno exploró mi boca y cuando nuestras lenguas chocaron sentí una corriente eléctrica por todo mi cuerpo, sus manos bajaron hasta mis muslos y los abrazó obligándome a levantar las piernas, yo rodeé su cuello con mis brazos, así nos besamos por un momento cuando libero su boca estaba llorando – tuve tanto miedo, creí que te había perdido para siempre, mi amor no me vuelvas asustar así.
Lo abracé más fuerte, yo nunca creí que las cosas pasarían así ahora entiendo porque mis visiones solo llegaban hasta el acantilado esperando a la señora oscura.
Yo también estaba llorando amaba ha este hombre y aunque siempre tuve claro su juramento de servicio y que nunca tendríamos una vida normal, yo iba a permanecer siempre a su lado, pero ahora todo era incierto.
El beso termino y nos sentamos en el piso a hablar, me comentó todo lo que ocurrió durante el viaje, lo que pasó con la princesa Star y como se convirtió en Fredo, también lo de la canción y hasta como nuestra señora convirtió a la gente en jabón, esto nos tomo todo el día y ya en el ocaso decidimos volver al palacio, nos separamos para ir cada uno a sus aposentos, ya era entrada la noche y yo no podía dormir necesitaba verlo, sabía perfectamente donde lo encontraría, me escubilli en la biblioteca y allí estaba él, cerré muy bien y moví una mesa para atorar a un más la puerta, yo llevaba al igual que en la mañana una bata blanca casi transparente, todo mi cuerpo se marcaba mis pezones erectos resaltaban a través de la tela, como iba descalza el no me vio hasta que estuve de frente, tenía un libro en el escritorio y yo me subí a este me senté sobre el libro y tome su cabeza para besarlo, lo bese con pasión moviendo mi lengua fervientemente y el correspondió a mi beso, cuando dejó mi boca trazo un camino de besos por mi cuello y clavícula, con sus manos recorrió mis hombros, se detuvo en mis senos y los apretó con ambas manos depósito besos en ellos y siguió bajando, levanto mi bata hasta que me encontré desnuda de piernas abiertas sentada sobre un gran libro antiguo.
Cuando estuve así el se alejó un poco para verme se relamio los labios y paso una mano por su cabello café, comenzó a depositar besos por mi abdomen hasta llegar a mí monte de venus, beso mi ingle teniendo cuidado de no rosar mis labios, con ambas manos los separó y soplo directamente en mi clítoris, fue una sensación que no puedo explicar solo me estremecí, para este punto yo ya había mojado el papel en el libro, entonces comenzó a lamer toda mis zona íntima haciendome jadear con fuerza, yo necesitaba más pero él solo metió su lengua estaba pegado a mi succionando con ímpetu de repente se detuvo movió mis piernas para que estuviera juntas, yo no me di cuenta cuando se desnudo, pero así mientras yo estaba sobre mi costado izquierdo el levanto mi pierna derecha y me penetro con su miembro, podía sentirlo hasta el fondo, una de sus manos recorrió desde mis senos hasta me trasero, besaba mi pierna que manejaba a voluntad y con la otra acariciaba mi clítoris.
– Zora, mi Zora tú nunca puedes dejarme, eres mía, mía para siempre.
Busco mi boca y yo levanté mi cabeza para besarlo, sus embestidas eran fuertes y constantes sentí mi piel erizarse y sabía que el final estaba cerca.
Entre jadeos escuchamos como alguien intentaba abrir la puerta así que hicimos silencio él no salió de mi en ningún momento.
Esperamos unos minutos y continuamos jadeando hasta que ambos llegamos al climax de nuestro encuentro.
-te amo- nos dijimos al unísono cuando la liberación de ambos nos alcanzó, yo no quería dejarlo ir y el no quería salir de mí, aunque ya había terminado, comencé a estimularlo apretándolo desde dentro, él comenzó a ponerse rígido aún dentro de mí y ya no estoy de costado, ahora él está sobre mi y mis piernas lo rodean lo que hace más fácil el movimiento de estimularlo desde dentro, así iniciamos de nuevo cuando estuvo otra vez erecto pero sin salir en ningún momento de mi, se sentó en la silla de escritorio y yo decidí montarlo, mis piernas no alcanzaban el piso así que apoye mis rodillas en los costados de la silla, comencé a cabalgarlo y se comió mis senos dejando mordidas y marcas de amor, beso mi cuello y sus manos descansaban en mis muslos, me daba de nalgadas y me preguntaba dime de quién eres, – tuya, siempre tuya.
Di mi nombre -yo soy tuya Theodore.
Y así pasamos la noche en un bucle de sexo desenfrenado.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Itz3l Su regalo es mi motivación de creación.
Deme más motivación
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