El Renacimiento del Rey - Capítulo 19
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- Capítulo 19 - 19 Tras las máscaras
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19: Tras las máscaras 19: Tras las máscaras El quietud no siempre significa paz.
A veces es solo la pausa entre dos tormentas.
Aurelio caminaba con el corazón en carne viva.
Cada paso lo anclaba a un cuerpo ajeno.
Cada inhalación le recordaba que su alma aún no había terminado de regresar del abismo.
Miró sus manos.
Temblaban levemente, no por debilidad, sino por el recuerdo reciente de lo imposible.
Aún sentía los ecos de aquella voz que había hablado desde dentro, con sus palabras, pero sin compasión.
“Sus emociones me dan forma…” La frase aún lo taladraba por dentro.
Y lo que más lo hería…
era que era cierta.
Amelia caminaba a su lado, silenciosa pero no distante.
Él sentía su presencia como un faro discreto, como una promesa que no exigía nada, pero ofrecía todo.
—¿Estás bien?
—preguntó ella, con una voz que no rompía el ambiente, sino que lo acariciaba.
Él no respondió al instante.
Sus ojos buscaban en el entorno algo que le dijera que esto no era otra ilusión.
—No lo sé —admitió al fin—.
Me siento…
como si estuviera usando un cuerpo prestado.
Como si aún no soy yo.
O no del todo.
—No tienes que estar completo ahora —dijo tras unos segundos—.
Solo…
da un paso más.
Aurelio cerró los ojos y lo hizo.
—¿Crees que se detendrá aquí?
—preguntó de pronto Kai desde más adelante, sin volverse—.
Me refiero a…
esa cosa.
La Directriz.
¿Crees que ya nos dejó en paz?
Aurelio no respondió porque lo sentía.
Muy dentro.
La Directriz no se había ido.
Solo…
retrocedía.
Observaba.
Esperaba su momento.
—No —dijo finalmente—.
Aún respira en alguna parte.
Kai bufó por lo bajo.
Selene lo miró de reojo, como si ya supiera.
Y Thane no dijo nada, pero aferró con más fuerza su arma.
El grupo avanzó por un pasillo más estrecho.
El aire se había vuelto más denso, con un leve olor a óxido y humo antiguo, como si la piedra misma hubiera sangrado.
Aurelio se detuvo en seco.
—Algo no va bien —murmuró.
—¿Qué sientes?
—preguntó Amelia.
Él no respondió de inmediato.
En lugar de eso, caminó con cautela hacia la abertura que se vislumbraba más adelante.
Y entonces, lo vieron.
Una cámara abierta, con pilares caídos y grietas profundas, se extendía ante ellos como un anfiteatro sin orden.
Pero no era eso lo que paralizó sus pasos.
Eran los cuerpos.
Niños.
De no más de doce años.
Algunos más pequeños.
Tumbados en el suelo, dispersos como si la muerte hubiera barrido el lugar con violencia impredecible.
Rostros desencajados, algunos con quemaduras, otros con marcas de mordidas colosales o impactos contundentes.
—Otro cementerio —murmuró Kai con voz seca—.
Qué sorpresa.
Thane apretó los dientes, examinando las armas rotas esparcidas por el suelo.
—Intentaron defenderse.
Mira estas espadas…
están partidas desde la raíz.
Lo que fuera que los atacó tenía una fuerza descomunal.
Selene se agachó, extendiendo sus sombras para leer las auras residuales que aún flotaban como fantasmas en el aire.
—Más de treinta…
por el eco psíquico, parecían ser parte de un grupo unido.
Avanzaban juntos —sus sombras se retorcieron levemente—.
Sus últimas emociones…
terror puro.
Pero también…
desesperación de protegerse unos a otros.
—Y los destrozaron —añadió Kai, con voz baja.
Amelia se tapó la boca, no por el olor, sino por el dolor.
—¿Qué clase de monstruo hace esto…
a niños?
Aurelio se acercó a uno de los cuerpos.
Lo examinó sin tocarlo, solo con los ojos.
Luego se giró hacia otro, y otro más.
Las posiciones, las heridas…
todo le hablaba.
—No fue solo una bestia.
Esto fue una secuencia.
Un ataque en oleadas.
—¿Cómo lo sabes?
—preguntó Thane, levantando una espada rota para examinarla.
Aurelio señaló los rastros.
—Las marcas de colmillos aquí son de serpientes gigantes.
Pero estos otros…
fueron quemados.
Otros parecen…
aplastados.
Esto fue una emboscada múltiple.
Posiblemente serpientes primero…
luego otros animales…
luego algo más grande.
Selene asintió, sus sombras palpando la piedra fracturada.
—El suelo aquí está roto de forma radial.
Como si algo enorme hubiera pisado fuerte.
Repetidamente.
—¿El coloso?
—preguntó Kai.
—Podría ser.
Pero esto no fue caos —Aurelio volvió a observar los cuerpos—.
Fue…
limpieza.
Y entonces, escuchó.
Una respiración.
Agónica.
Apenas un hilo de sonido, como el último suspiro de una vela moribunda.
—…Hay alguien con vida.
Todos se giraron hacia él.
—¿Dónde?
—preguntó Thane, ya empuñando su arma.
—A unos diez metros.
Detrás de esa columna.
Bajo algo pesado.
Está sufriendo.
No queda mucho tiempo.
—¿Cómo lo sabes?
—dijo Kai, perplejo.
—Porque aprendí a escuchar lo que duele…
incluso cuando el mundo intenta callarlo.
Corrieron tras él.
Y allí estaba.
Un niño, no mayor que ellos.
Cabello negro, rostro cubierto de polvo y sangre seca.
Tenía el torso atrapado bajo una gran roca, posiblemente desprendida tras un ataque.
Su piel estaba fría, y su respiración, apenas perceptible.
Aurelio se arrodilló junto a él.
—Ey…
ey…
tranquilo.
Aquí estamos.
Vas a estar bien.
Dime tu nombre.
El niño abrió los ojos, pero solo un poco.
En ellos no había miedo.
Solo resignación.
—…Eilan —susurró con voz temblorosa.
Aurelio intentó levantar la roca, pero pesaba demasiado.
“Esto no fue un derrumbe natural…
fue proyectado…
como si algo lo arrojara.
Este chico fue atrapado en la explosión.” —Primero…
vinieron…
las serpientes…
largas…
muchas.
Las evadimos…
algunos murieron.
Pero luego…
Tosió sangre.
—…luego algo más…
más…
negro…
más…
hambriento.
—¿Lo viste?
—preguntó Aurelio, acercándose más.
—No…
no supe qué era.
No tenía forma…
solo devoraba la luz.
La…
succionaba.
Los ojos del niño se apagaban lentamente.
—¿Sabes su nombre?
El niño negó con la cabeza.
—No…
solo…
solo vi oscuridad.
Todo temblaba.
Todo…
terminó.
Y con un suspiro seco, su cuerpo se soltó.
Aurelio sostuvo su mano hasta el final.
Cuando los dedos se relajaron y cayeron al suelo como hojas marchitas, supo que era el último aliento de ese pequeño.
Se quedó en quietud, observando su rostro.
—…El devorador de luz —murmuró.
Los demás no dijeron nada.
Aurelio se puso de pie, la mano aún manchada por la sangre tibia del niño.
En su mente, una sola frase: “Fue antes de nosotros… se detuvo aquí.” Giró la cabeza, mirando la escena completa.
Un cementerio.
—No podemos quedarnos —dijo al fin, con voz baja—.
Ya nada se puede hacer por ellos.
—¿Y si vuelve?
—preguntó Selene.
—Entonces…
que nos encuentre preparados.
Dejaron atrás el cementerio de sueños, pero el eco de la muerte los siguió hasta que las flechas iluminadas sobre la piedra los guiaron hacia la zona del antiguo campamento.
O lo que quedaba de él.
Tienda rasgada.
Cuerdas sueltas.
Equipos desordenados.
Como si una presencia invisible lo hubiera deshecho con manos llenas de prisa.
—¡Marcus!
—gritó Kai, alzando la voz como una bala.
—¡Zara!
—añadió Thane, corriendo hacia el lado izquierdo del campamento.
Nada.
Ni un eco de vuelta.
Aurelio avanzó con el ceño fruncido.
Empujó la cortina de tela de la carpa principal.
El interior estaba revuelto…
pero los objetos personales de Marcus seguían allí.
Su grimorio de práctica, su cinturón de auras secundarias.
El colgante de Zara también, colgando de una lanza invertida.
—No se los llevaron por la fuerza —dijo Aurelio en voz baja—.
Pero no huyeron tampoco.
Estaban cómodos aquí…
no hay signos de lucha.
Thane examinó las armas abandonadas, notando que algunas estaban dispuestas con demasiado orden.
—Es como si hubieran dejado todo con cuidado.
Como si supieran que iban a volver…
pero algo cambió de plan.
—Entonces ¿por qué no están?
—preguntó Amelia, inquieta.
—Tal vez…
—empezó Selene, pero no terminó.
Fue entonces cuando ocurrió.
Un sonido profundo, como el corazón de la tierra quebrándose en sus propias venas.
Un estruendo suave, pero firme, que resonó desde lo más profundo del suelo.
Una runa dorada apareció sobre el cielo artificial del laberinto.
Y con ella, la frase: “PRUEBA COMPLETADA.
TIEMPO: 71:05:33” —¿Ya…?
—Kai bajó la cabeza, jadeando—.
Faltaba solo una hora…
A su alrededor, las paredes comenzaron a disolverse.
No con violencia, sino con un desvanecimiento ordenado, como una pintura que se borra con agua.
El laberinto se desvaneció, dando paso a un cielo de metal y estructuras flotantes.
Flechas de luz surgieron frente a ellos, apuntando hacia un corredor recién formado.
—La salida —dijo Selene.
—Vamos —ordenó Aurelio—.
Pero atentos.
Marcus y Zara…
no pueden haberse ido sin razón.
El grupo salió a la explanada exterior, un espacio rodeado por estructuras flotantes donde los demás niños que habían sobrevivido estaban reunidos.
Muchos sentados, jadeando, vendados, heridos.
Algunos lloraban.
Otros no hablaban.
Pero Marcus y Zara no estaban.
Aurelio los buscó con la mirada como si pudiera forzarlos a aparecer.
Y entonces, una voz.
—Mira quién sobrevivió…
Aurelio.
Zarek.
Con su sonrisa torcida y su grupo detrás, como sombras con hambre de venganza.
Se cruzaron con Aurelio como si fueran fantasmas pasándose en un pasillo angosto.
—Apenas parecía que te quedaba energía en el último encuentro…
pensé que ya estarías bajo tierra.
Pero mírate —hizo un gesto teatral—, respirando aún.
Qué decepción.
Aurelio lo observó sin inmutarse.
Ni una palabra.
Solo una mirada que cortaba.
Zarek se rió.
—¿No piensas decir nada?
¿Ni un “me alegra verte”?
Qué descortés…
Aunque supongo que estar poseído por entes cósmicos no ayuda con los modales.
Sus puños se cerraron hasta que los nudillos se volvieron blancos.
—Ya gasté suficientes palabras en ti —respondió Aurelio, sin girar el rostro—.
Y aún así no aprendiste nada.
Zarek apretó la mandíbula, pero no respondió.
Su grupo lo empujó hacia adelante.
—Esto no ha terminado, Aurelio.
Ni por asomo —murmuró mientras se alejaba.
Aurelio volvió su atención al entorno.
Sus ojos se movían con cálculo.
Pero entonces, algo…
algo lo detuvo.
Un perfume.
Jazmín.
Con una nota final de azufre.
Se giró, como por instinto.
Y lo vio.
No era una visión exacta, pero lo supo.
El andar.
El largo abrigo.
La insignia: un dragón devorando su propia cola.
La máscara lisa, sin rasgos.
El leve tic nervioso en la muñeca izquierda.
Su mente lo reconoció antes que su cuerpo.
Lo había grabado en el dolor.
Lo había memorizado en la oscuridad.
Era él.
El que lo había secuestrado.
Sus puños se cerraron hasta sangrar.
Una furia fría, contenida, le subió por la garganta como lava helada.
Aurelio dio un paso, rompiendo la formación de su grupo.
—¡Aurelio!
—gritó Amelia—.
¿Qué pasa?
Pero él no respondió.
Caminó firme, directo, atravesando el gentío hasta que solo una decena de metros lo separaba del hombre enmascarado, que avanzaba con tranquilidad hacia una compuerta metálica.
Los guardias lo esperaban.
Y cuando Aurelio intentó avanzar, cruzando el umbral invisible, una mano lo detuvo con fuerza.
—¿Hacia dónde crees que vas, niño?
—dijo uno de los soldados.
Otro lo sujetó del brazo.
—Zona restringida.
Vuelve con los demás.
Aurelio los miró como quien ve polvo.
Su mirada, afilada.
No dijo nada durante un segundo.
Y luego, con una voz grave, contenida, como el rugido de un volcán sellado, soltó: —Suéltame…
o juro que te haré recordar por qué el miedo aún existe.
El guardia retrocedió por reflejo.
Pero el otro no lo soltó.
Aurelio dejó de resistirse, solo giró el rostro hacia la compuerta, justo a tiempo para ver al hombre desaparecer tras ella.
“Otra vez…
se fue.” La frustración lo golpeó como una pared invisible.
No por miedo.
Sino por no haber visto su rostro.
Por no haber tenido aún su nombre.
—Aurelio —Amelia llegó corriendo, seguida de los demás—.
¿Qué pasó?
Te pusiste pálido de repente.
Él la miró, y por un instante, ella vio algo en sus ojos que no había visto antes.
No era ira.
No era dolor.
Era una promesa.
—Nada —mintió—.
Solo…
fantasmas del pasado.
Pero en su mente, ya lo había marcado.
Y cuando lo vuelva a encontrar…
no habrá máscaras que lo salven.
Epílogo El grupo permaneció unido en esa explanada de metal, rodeados de supervivientes heridos y voces que no sabían si celebrar o llorar.
Habían salido vivos del laberinto.
Pero algo había cambiado en cada uno de ellos.
Algo que los vincularía para siempre…
o los destruiría desde adentro.
En la distancia, observándolos desde las sombras de una torre de vigilancia, una figura enmascarada escribía en un cuaderno de cuero negro.
“Sujeto 001: Adaptación completa.
Simbiosis parcial con la entidad.
Recomendación: Fase 2.” Cerró el cuaderno.
Y desapareció entre las sombras, como si nunca hubiera estado allí.
Pero Aurelio sintió su mirada.
Y supo que esto…
apenas comenzaba.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Neimar_M Queridos lectores, llegar al capítulo 19 significa que han caminado junto a Aurelio y su grupo por un viaje oscuro y transformador.
Juntos atravesamos despertares sobrenaturales, torturas psicológicas, posesiones cósmicas y laberintos mortales.
Vimos a estos niños traumatizados convertirse en guerreros unidos por el dolor y la hermandad, forjando vínculos que trascienden la supervivencia.
Con este capítulo cerramos el Primer Arco: “El Despertar de las Sombras”.
Aurelio ha evolucionado de víctima a un enigma incluso para sí mismo; la Directriz ya no es un parásito, sino parte de su esencia.
Personajes como Amelia, Selene, Kai y Thane demostraron que su fuerza radica en la lealtad inquebrantable: son una familia forjada en la adversidad.
Y ese hombre enmascarado que secuestró a Aurelio…
su relevancia apenas comienza a develarse.
Lo vivido hasta ahora fue solo la introducción.
El Segundo Arco: “Las Cadenas del Destino” elevará las apuestas: poderes más letales, enemigos más inteligentes y dilemas morales que desafiarán la noción de bien y mal.
La desaparición de Marcus y Zara no es casualidad; es una pieza clave en el juego de sombras que se avecina.
El secuestrador enmascarado tiene planes que recontextualizarán semillas plantadas desde el Capítulo 1, y la Directriz no será la única entidad cósmica con interés en este mundo.
Me tomaré una breve pausa creativa para garantizar que el próximo arco mantenga la profundidad y calidad que merecen.
Durante este tiempo, puliré el worldbuilding, desarrollaré arcos complejos y diseñaré secuencias que los dejarán sin aliento (incluyendo destinos fatales para algunos personajes ).
Gracias infinitas por cada comentario, voto y minuto invertido en esta historia.
Su emoción ante las victorias de Aurelio, su dolor en sus torturas y su conexión con personajes como Kai o Selene alimentaron mi escritura.
Esta no es una historia sobre violencia, sino sobre hallar luz en la oscuridad más absoluta.
Al regresar, prometo ir all-in: cada capítulo importará, cada revelación reescribirá lo que creían saber.
Exploraremos los orígenes de las habilidades sobrenaturales, la organización tras los experimentos, el pasado oculto de Aurelio y batallas que harán el laberinto parecer un tutorial.
Los dejo con Aurelio en la explanada: puños ensangrentados, ojos prismáticos y una promesa de venganza contra el hombre que lo torturó.
Cuando volvamos a encontrarnos…
la cacería habrá comenzado.
Cuídense, y nos leemos pronto.
Neimar M.
PD:¡Compartan sus teorías!
Algunas podrían ser más certeras de lo que imaginan…
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