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El Renacimiento del Rey - Capítulo 30

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Capítulo 30: Lo Que Siempre Estuvo Ahí

La puerta oculta terminó de abrirse con un sonido suave, casi mecánico, como si aquel lugar hubiera pasado años esperando que alguien volviera a entrar. Selene fue la primera en cruzar el umbral. El resto la siguió inmediatamente, y Thane se encargó de cerrar la puerta detrás de ellos presionando el mismo panel oculto.

El interior del cuarto de archivos era más grande de lo que cualquiera esperaba.

No era una simple habitación con estanterías. Era prácticamente un archivo central. Filas largas de estantes metálicos recorrían el lugar en paralelo, formando corredores estrechos llenos de carpetas, cajas selladas, tubos de almacenamiento y pantallas antiguas incrustadas en algunas mesas de trabajo. En el techo, luces blancas iluminaban el lugar con una claridad clínica que hacía que todo pareciera demasiado ordenado para la cantidad de secretos que probablemente guardaba.

Kai fue el primero en romper el silencio.

—…Esto es mucho más grande de lo que pensé.

Amelia avanzó unos pasos, observando las etiquetas en los estantes.

—Aquí hay años de información… tal vez décadas.

Selene ya estaba revisando una de las primeras mesas. Tomó una carpeta delgada, la abrió rápidamente y comenzó a pasar páginas con rapidez, como si su mente estuviera clasificando todo al mismo tiempo.

—No vinimos a mirar —dijo sin levantar la vista—. Vinimos a encontrar algo útil.

Thane caminó hacia el pasillo central.

—Dividámonos, pero sin separarnos demasiado. Si alguien escucha algo raro, avisa.

Kai asintió.

—Diez minutos por sección y rotamos.

Aurelio no estaba ahí para dirigirlos, pero la forma en que se movían demostraba que todos recordaban exactamente lo que él había dicho.

Comenzaron a revisar.

Carpetas abiertas.

Cajas desplazadas.

Papeles extendidos sobre las mesas.

El sonido de hojas moviéndose empezó a llenar el cuarto.

Después de varios minutos, Selene habló.

—Oigan… miren esto.

Los demás se acercaron.

Ella giró el archivo hacia ellos.

—Prueba de Laberinto —leyó Kai en voz alta.

Amelia frunció el ceño.

—¿Otra?

Selene negó lentamente.

—No. Esta es anterior a la que nosotros vivimos.

Pasó una página.

Había diagramas del laberinto, rutas marcadas, estadísticas de supervivencia y notas escritas por investigadores.

Thane apoyó ambas manos sobre la mesa para leer mejor.

—Número inicial de participantes… cincuenta y dos.

Kai levantó las cejas.

—¿Cuántos sobrevivieron?

Selene bajó la mirada al final del informe.

—Cuatro.

Hubo un silencio breve.

Amelia sintió un nudo en el estómago.

—Entonces… lo que vivimos ni siquiera fue el peor escenario.

Kai soltó una risa corta, incómoda.

—Genial. Eso me hace sentir muchísimo mejor.

Selene cerró la carpeta.

—Esto confirma algo.

Thane la miró.

—¿Qué cosa?

—Que todo aquí está diseñado para empujar a los sujetos al límite. No buscan entrenamiento… buscan resultados extremos.

Kai volvió a los estantes.

—Pues sigamos buscando. Porque si este lugar guarda cosas así, también debe tener algo sobre cómo salir.

Pasaron más minutos revisando.

Amelia abrió una caja pequeña llena de tarjetas clasificadas.

—Aquí hay nombres.

Thane miró por encima de su hombro.

—¿Niños?

—No todos.

Ella sacó una tarjeta y leyó.

—Personal médico… supervisores… investigadores.

Selene giró desde otro estante.

—Eso puede servirnos.

Kai levantó la vista.

—¿Para qué?

Selene respondió con calma.

—Si sabemos quién trabaja aquí… podemos entender quién toma decisiones.

Thane asintió lentamente.

—Y quién podría ser un problema.

En otra mesa, Kai encontró una carpeta más gruesa.

—Eh… creo que esto es importante.

La colocó sobre la mesa.

Selene la abrió.

Dentro había planos.

No de pruebas.

Del complejo.

Pasillos.

Niveles.

Sectores restringidos.

Amelia abrió los ojos.

—Esto… esto es un mapa.

Thane se inclinó inmediatamente.

—¿Completo?

Kai negó con la cabeza.

—No del todo. Pero es más de lo que teníamos.

Selene pasó varias páginas.

—Aquí están las zonas de pruebas… dormitorios… áreas médicas…

Su dedo se detuvo en un punto específico.

—Y esto.

Kai miró.

—¿Qué es?

Selene leyó la etiqueta lentamente.

—Sector de Convergencia.

Nadie habló durante unos segundos.

Amelia fue la primera.

—No suena bien.

Thane cruzó los brazos.

—Nada en este lugar suena bien.

Kai miró alrededor del archivo otra vez.

—Entonces sigamos buscando.

Selene cerró el mapa con cuidado.

—Sí.

Su voz fue más baja.

—Porque si Aurelio tenía razón…

miró los estantes llenos de secretos.

—Aquí está la verdad de todo este lugar.

Y probablemente también la forma de destruirlo.

El archivo llevaba horas en silencio. El sonido constante de hojas moviéndose, cajones abriéndose y pasos cuidadosos entre los estantes se había vuelto casi automático. El tiempo pasaba más rápido de lo que pensaban, pero ninguno quería ser el primero en decir que estaban cansados.

Thane estaba revisando una sección más antigua del archivo. Las carpetas allí tenían polvo acumulado en los bordes, como si nadie las hubiera tocado en años. Pasó el dedo por una etiqueta desgastada hasta que algo llamó su atención.

—Oigan… vengan un momento —dijo en voz baja.

Los demás levantaron la mirada.

Selene se acercó primero.

—¿Qué encontraste?

Thane sacó una carpeta gruesa de color oscuro. Cuando la colocó sobre la mesa, una pequeña nube de polvo se levantó.

Kai arrugó la nariz.

—Eso definitivamente no lo revisan seguido.

Amelia observó la portada.

No tenía título claro, solo un código antiguo del CNE marcado con tinta casi borrada.

Selene abrió la carpeta con cuidado, como si temiera que las hojas se rompieran.

Las primeras páginas estaban llenas de anotaciones técnicas, diagramas del cuerpo humano y gráficos de energía áurica.

Kai se inclinó sobre la mesa.

—¿Qué es todo esto…?

Selene siguió pasando hojas hasta que encontró un encabezado más claro.

Sus ojos se detuvieron.

—Aquí… esto parece importante.

Leyó en voz alta.

—Proyecto… Génesis.

El nombre quedó flotando en el aire unos segundos.

Amelia sintió un escalofrío leve.

—Ese nombre no suena como algo pequeño.

Thane cruzó los brazos mientras observaba las páginas.

—Lee lo que dice.

Selene bajó la mirada nuevamente.

Entre los documentos había una frase escrita de forma distinta al resto, como si fuera una especie de lema.

—“Si los justos quisieran, podrían crear un mundo… el CNE crea a un hombre.”

Kai levantó las cejas lentamente.

—Eso suena… inquietante.

Selene continuó leyendo.

—Hablan de comprensión de la naturaleza humana… manipulación genética… adaptación áurica… compatibilidad simbólica…

Thane frunció el ceño.

—Eso no es solo investigación.

Amelia apoyó ambas manos en la mesa.

—Entonces, ¿qué es?

Selene pasó otra página con más cuidado.

Había diagramas del cuerpo humano con marcas en diferentes puntos energéticos.

—Aquí mencionan algo sobre crear un “recipiente estable”.

Kai miró a los demás.

—Espera… ¿están creando un cuerpo con habilidades… o están creando algo para que alguien más lo use?

El silencio volvió.

Thane fue el primero en responder.

—Esa es exactamente la pregunta correcta.

Amelia miró otra parte del documento.

—Aquí dice que el cuerpo debe cumplir ciertas características específicas.

Selene buscó la página siguiente.

Pero cuando la levantó, se detuvo.

—La hoja está arrancada.

Kai se inclinó más.

—¿En serio?

Selene mostró el borde rasgado.

—Sí. Aquí debería estar la lista completa.

Thane pensó en voz alta.

—Entonces alguien no quería que eso se leyera fácilmente.

Amelia siguió revisando el resto del archivo.

Más notas.

Más diagramas.

Más menciones a “compatibilidad”.

De repente Kai habló.

—Esperen… aquí mencionan algo sobre entidades.

Selene tomó la hoja.

—Déjame ver.

Leyó despacio.

—“El CNE no crea solo sujetos. Crea cuerpos aptos para recibir entidades superiores.”

El silencio que siguió fue más pesado que los anteriores.

Kai fue quien lo rompió.

—¿Entidades?

Amelia levantó la mirada.

—¿Como… algo que posea el cuerpo?

Thane pensó unos segundos.

—O algo que encarne en él.

Kai tragó saliva.

—¿La Directriz?

Nadie respondió de inmediato.

Pero la palabra ya estaba sobre la mesa.

Selene volvió a revisar el documento completo.

—Si esto es correcto… el proyecto no era solo mejorar humanos.

Amelia habló más despacio.

—Estaban creando contenedores.

Kai apoyó ambas manos en la mesa.

—Por eso secuestran niños.

Thane asintió lentamente.

—Los usan como base genética.

Selene agregó:

—Clonación… adaptación… experimentación hasta encontrar el cuerpo adecuado.

Amelia sintió un frío recorrerle la espalda.

—Entonces… todo este lugar existe para eso.

Kai miró nuevamente la carpeta.

—Para fabricar el recipiente perfecto.

Selene siguió pasando hojas.

Pero cada vez había menos.

Hasta que llegó al final.

Nada más.

Ni anexos.

Ni continuación.

Solo el borde vacío de donde faltaban documentos.

—Eso es todo —dijo finalmente.

Thane no parecía convencido.

—No. Eso es lo único que dejaron aquí.

Kai suspiró.

—Lo cual probablemente significa que lo importante está en otro lado.

Amelia miró nuevamente el nombre del archivo.

Proyecto Génesis.

Ahora el nombre tenía mucho más sentido.

Y mucho más peso.

Selene cerró la carpeta con cuidado.

—Si Aurelio estuviera aquí… querría ver esto primero.

Nadie dijo nada.

Porque todos estaban pensando lo mismo.

Si el Proyecto Génesis era real…

Entonces Aurelio probablemente ya estaba involucrado en él mucho más de lo que imaginaban.

La explosión no destruyó el complejo.

Pero sí lo sacudió.

Las paredes del laboratorio principal estaban diseñadas para soportar descargas áuricas, sobrecargas energéticas e incluso fallos experimentales. Aun así, el impacto había sido brutal. Paneles arrancados, cristales fracturados, cables colgando como venas abiertas.

Dentro de la sala blanca, el aire olía a metal quemado.

El sistema de iluminación principal había muerto.

Durante unos segundos todo quedó completamente oscuro.

Luego, una tras otra, se activaron las luces de emergencia.

Rojo.

Un rojo profundo que transformó la sala en algo más cercano a un quirófano de guerra que a un laboratorio científico.

Entre los restos de aparatos destruidos… alguien estaba de pie.

Aurelio.

Su respiración era lenta, pesada, pero estable. Fragmentos de cristal y piezas metálicas estaban esparcidas alrededor de sus pies. Parte de la camilla había sido arrancada del suelo.

A pocos metros, Roski se movió entre los escombros.

Había caído contra una consola lateral. Su bata estaba rasgada en un hombro y tenía polvo en el rostro. Parpadeó varias veces antes de entender qué estaba viendo.

Levantó la mirada.

Y se quedó helado.

Aurelio estaba de pie.

No inconsciente.

No destruido.

De pie.

Mirándose las manos como si estuviera comprobando que aún existían.

Roski murmuró, casi sin aire:

—No puede ser…

Se apoyó en una mesa volcada para levantarse.

—No… no es posible…

Sus ojos se abrieron más.

—No lo creo.

Aurelio levantó lentamente la cabeza.

Lo miró.

No dijo nada.

Pero algo en su mirada había cambiado.

Roski reaccionó de golpe.

Se incorporó completamente y salió de la sala casi tropezando con los restos del equipo.

En el pasillo exterior un guardia estaba tratando de levantarse, aún aturdido por la explosión.

—¡Activa el protocolo de emergencia! —ordenó Roski con voz tensa—. ¡Ahora!

El guardia asintió torpemente y corrió hacia un panel.

Sirenas bajas comenzaron a sonar en diferentes sectores del complejo.

Aurelio salió de la sala unos segundos después.

Sus pasos eran tranquilos.

Controlados.

Podía sentirlo.

El calor dentro de su cuerpo.

La energía moviéndose bajo la piel como un segundo pulso.

Y podía sentir algo más.

El rastro de Roski.

No era un olor.

No era un sonido.

Era su aura.

Y la siguió.

Paso a paso.

Pasillo tras pasillo.

Roski caminaba rápido, casi corriendo, mirando varias veces hacia atrás mientras avanzaba por corredores que no formaban parte del recorrido normal del laboratorio.

Finalmente llegó a una puerta oculta detrás de un panel biométrico.

La abrió.

Entró.

Y la puerta volvió a cerrarse.

Segundos después…

Aurelio llegó.

La observó unos instantes.

Luego la abrió también.

Mientras tanto, en la sala de archivos…

El grupo seguía revisando documentos.

Habían pasado horas.

Montones de carpetas abiertas, mapas extendidos sobre la mesa, páginas arrancadas, informes técnicos.

Selene estaba revisando una sección diferente del archivo.

Más profunda.

Menos organizada.

Archivos que parecían no haber sido consultados en años.

Sacó una carpeta más gruesa que las demás.

—Oigan… —dijo en voz baja.

Kai levantó la cabeza.

—¿Qué pasa?

Selene abrió el archivo.

—Creo que encontré algo más.

Thane se acercó también.

Amelia seguía revisando mapas en otra mesa.

Kai miró dentro del documento.

Había listas.

Clasificaciones.

Códigos de sujetos.

—¿Qué es eso? —preguntó.

Selene pasó varias páginas.

—Casos…

Se detuvo.

—Casos exitosos… o sujetos que requieren mayor complejidad.

Kai frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

Selene siguió bajando con el dedo por la lista.

Entonces se detuvo completamente.

—Esperen…

Kai se inclinó.

—¿Qué?

Selene giró ligeramente el documento.

—Miren esto.

Kai leyó el nombre.

Se quedó inmóvil.

—Ese es… Aurelio.

Thane se acercó más.

En el archivo aparecía un registro detallado.

Imagen.

Datos físicos.

Compatibilidad.

Observaciones.

Kai habló más despacio.

—Aquí está todo sobre él…

Selene pasó la página siguiente.

Y apareció otra fotografía.

—…

Kai parpadeó.

—¿Ese no es…?

Selene levantó la mirada hacia Amelia.

—Ven a ver esto.

Amelia seguía concentrada en los mapas.

—Un segundo.

Kai habló ahora.

—El nombre de tu hermano es… Eryon Astor, ¿verdad?

Amelia se quedó quieta unos segundos.

Luego respondió sin mirarlos.

—Sí.

Su voz era más baja.

—Pero murió aquí.

Selene negó lentamente.

—Amelia… ven.

Algo en su tono hizo que Amelia caminara hacia la mesa.

Selene giró el archivo hacia ella.

—Mira esto.

Amelia se inclinó.

Leyó el nombre.

Luego la fotografía.

Luego el estado del sujeto.

Su expresión cambió lentamente.

—No…

Volvió a leer.

—No puede ser…

Kai habló con cautela.

—¿Es él?

Amelia respiró más rápido.

Sus ojos recorrían cada línea del documento.

Y entonces lo dijo.

—Mi hermano… está vivo.

El silencio en la sala se volvió absoluto.

En otro lugar del complejo…

Aurelio avanzó dentro de la habitación oculta.

Era un laboratorio diferente.

Más silencioso.

Más controlado.

Las luces eran bajas.

El sonido de maquinaria funcionando lentamente llenaba el espacio.

Entonces lo vio.

En el centro de la sala.

Un tanque vertical.

Dentro…

Un joven.

Sumergido en un líquido translúcido que pulsaba lentamente, como si tuviera vida propia.

El fluido se movía con un ritmo orgánico, parecido al latido de un corazón artificial.

Tubos recorrían el cuerpo del muchacho.

Pecho.

Espalda.

Cuello.

Dos conductos entraban por la nariz.

Otros se conectaban a las sienes.

Y a la base de la columna.

Cada respiración no era suya.

Era inducida.

Medida.

Controlada.

Aurelio se acercó lentamente.

Había una placa metálica en la base del tanque.

Nombre del sujeto.

Proyecto activo.

Leyó.

ERYON ASTOR.

Aurelio frunció ligeramente el ceño.

Ese nombre…

Le resultaba familiar.

Entonces lo recordó.

Amelia.

Su hermano.

Aurelio volvió a mirar al joven dentro del tanque.

—¿Está vivo…?

El silencio de la sala no respondió.

Pero las máquinas sí.

Porque el cuerpo dentro del tanque… todavía respiraba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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