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-El santo de cenizas- ignis - Capítulo 2

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2: Capitulo 2 – armas igneas 2: Capitulo 2 – armas igneas —Abigail Miller… —repitió el elfo—.

Bonito nombre —comentó Kurt con una sonrisa.

Pero antes de que Abigail pudiera responder, Kurt inclinó la cabeza hacia un lado: había esquivado una bala.

Miller y Jenny dieron un salto del susto ante el proyectil inesperado.

Todos dirigieron la mirada hacia su origen y vieron una enorme nube de polvo acercándose desde el desierto.

—Ay no… ¡me encontraron!

—exclamó Miller, visiblemente preocupada.

—¿Quiénes?

—preguntó Kurt, desconcertado.

—Un grupo de mercenarios que… no debería haber hecho enojar —dijo la chica, rebuscando algo dentro de su bolsa.

La nube de polvo se detuvo frente a ellos, revelando seis jeeps militares.

Del más grande descendió un sujeto alto, ligeramente musculoso, con una máscara de oso polar que le cubría completamente la cabeza.

Se colocó al frente de los mercenarios.

—Ejem… Señorita Miller, necesito que nos devuelva lo que robó.

De lo contrario, las consecuencias serán fatales —dijo el hombre de la máscara con un tono sorprendentemente elegante, muy distinto a su apariencia.

Kurt se puso entre él y Abigail.

—¿Quién eres y qué asunto tenés con esta chica?

—preguntó el elfo.

—¿Hmm?

¿Un intento de héroe?

En esta época… qué gracioso —respondió el enmascarado—.

Yo soy Polarbear, líder de este grupo armado.

¿Y usted, joven?

—añadió, haciendo una exagerada reverencia.

—Soy Kurt McDrufell.

Un tipo común que no va a dejar que un grupo de asesinos se la lleve —proclamó el pelirosa, con una mirada desafiante.

—Interesante… me gusta esa intensidad —dijo Polarbear, soltando una suave carcajada—.

Veamos si esa confianza se refleja en tu poder.

Con un chasquido de dedos, levantó una barrera mágica que ocultó la zona de la vista del resto de la carretera.

Los soldados descendieron de los jeeps con cuchillos en las manos, formando una línea frente a su jefe.

Kurt apagó su cigarrillo contra el suelo.

Saltó por encima de la barandilla que los separaba del camino y caminó decidido hacia los mercenarios.

—¡¿Qué estás haciendo?!

¡Son veinte contra uno!

¡Soy solo una desconocida que ni conocés!

¿Por qué hacés esto?

—gritó Abigail, desesperada.

No entendía por qué ese elfo que casi la mata minutos antes se estaba arriesgando así.

—Simple sentido común de un exaventurero —respondió Kurt, levantando un palo de escoba que había encontrado tirado—.

No puedo dejar que una inocente esté en peligro.

Además… sería una forma de compensarte por casi atropellarte.

Los mercenarios se rieron al ver que pensaba defenderse con un palo sacado de la basura.

Pero dejaron de reír cuando Kurt generó llamas de un intenso color rosa.

El palo se transformó en una lanza cuyo filo ardía con fuego rosado.

—¡Let’s dance!

—gritó Kurt y se lanzó a la carga.

Los mercenarios también rugieron y corrieron hacia él.

Kurt clavó la lanza en el suelo, usándola como apoyo para dar una patada a uno de ellos.

Esquivó una puñalada y respondió con una patada de hacha.

Sacó la lanza del suelo y golpeó a otro en la nuca.

Corrió hacia adelante, atravesó a dos soldados y arrojó los cuerpos a un costado antes de continuar su ofensiva.

Como un demonio salido del averno, Kurt atacaba sin piedad.

Su lanza se movía como una estrella fugaz, dejando una estela rosada a su paso.

Su experiencia era evidente.

Polarbear sonrió, intrigado por su habilidad.

—¿Dijiste que eras un exaventurero?

—comentó Polarbear, chasqueando los dedos nuevamente.

De uno de los jeeps salió un rugido ensordecedor.

Una figura gris se lanzó hacia los soldados heridos: un hombre con cabeza de puma, cuerpo humano cubierto de pelaje gris, garras afiladas y una cola que se movía de manera amenazante.

El hombre-puma enseñó los dientes, intentando intimidar a Kurt.

Pero el elfo ni se inmutó.

—Hace mucho que no veía a un beastfolk puma… —dijo Kurt, plantándose frente a él sin retroceder.

—Entonces será tu descubrimiento del día… antes de que te mate —respondió el beastfolk con una sonrisa.

Para sorpresa del puma, Kurt lanzó la lanza lejos, que volvió a ser solo un palo quemado.

Adoptó una pose de pelea.

El beastfolk lo imitó.

El puma atacó primero.

Kurt bloqueó el golpe y respondió con una patada a la cara, que el beastfolk alcanzó a cubrir, retrocediendo.

Kurt aprovechó y se deslizó bajo él, golpeando su mentón y siguiendo con una patada al estómago que lo hizo volar y estrellarse contra el capó de un jeep.

Aun así, el puma volvió a ponerse de pie.

Aprovechó su velocidad y apareció detrás del elfo, dándole una patada en la espalda.

Kurt cayó, pero mientras descendía lo atrapó con las piernas, lo derribó y le aplicó una llave al cuello.

El beastfolk resistió, golpeando la cara del elfo, pero Kurt no soltó hasta que finalmente cayó inconsciente por la falta de aire.

—Sorprendente —admitió Polarbear—.

Se nota que tus palabras eran ciertas.

Pero lamentablemente… tengo trabajo que hacer.

El enmascarado caminó hacia Abigail.

Ella trató de escapar metiéndose en el auto, pero Polarbear apareció frente a la puerta y la arrancó de cuajo con facilidad, sacándola a la fuerza.

—¡Mierda!

¡Me había olvidado de vos!

—gritó Kurt, lanzando una patada voladora hacia él.

Pero Polarbear lo detuvo con una sola mano.

Le torció el pie y lo estampó contra el suelo.

Luego tomó a Miller y la noqueó con un golpe certero en el cuello.

—Nos vemos más tarde, Kurt el Elfo~ —dijo Polarbear, levantándose un poco la máscara para mostrarle una sonrisa burlona.

Una mancha oscura como la noche apareció bajo Polarbear, los vehículos y los soldados, tragándoselos a todos.

En un instante, desaparecieron del valle.

La barrera mágica cayó, devolviendo la carretera a la normalidad.

— Continuará —

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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