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-El santo de cenizas- ignis - Capítulo 6

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Capítulo 6: capitulo 6 – mareas del pasado que regresan como llamas

(Nos remontamos a unos minutos atrás)

Aldrich tenía la respiración agitada. Sus manos y su hocico estaban cubiertos de sangre: la sangre de aquellos a quienes alguna vez había llamado hermanos. Sus piernas finalmente cedieron y se dejó caer contra la pared fría, resbalando lentamente hasta quedar sentado en el suelo. Un sollozo escapó de su garganta, luego otro, hasta que su cuerpo entero tembló, completamente vencido por el peso de las emociones.

Kurt se acercó al puma y se sentó a su lado con tranquilidad inquietante. Sacó un cigarrillo, lo encendió y dio una larga calada, exhalando el humo con parsimonia. Aldrich soltó un suspiro tembloroso y, sin fuerzas para resistirse, apoyó la cabeza en el hombro del elfo. Kurt no lo apartó; simplemente lo dejó estar.

—¿Por qué me siento así…? —murmuró Aldrich con la voz quebrada—. Ellos me traicionaron…

Cerró los ojos mientras las sombras que lo envolvían comenzaban a disiparse lentamente, regresando a la normalidad.

—Es culpa mezclada con nostalgia —respondió Kurt con tono sereno—. A pesar de todo lo que pasó, tu mente sigue aferrada a los recuerdos del pasado. Pero tranquilo… tarde o temprano se te va a pasar.

—Hizo una pausa y le tendió el cigarrillo—. ¿Fumás?

Aldrich levantó la cabeza del hombro de Kurt, dudoso.

—Siempre tuve curiosidad por probarlo…

Tomó el cigarrillo entre sus dedos y Kurt se lo encendió. Al darle la primera calada, el puma comenzó a toser con fuerza, sintiendo cómo el humo le quemaba los pulmones. Aun así, siguió fumando. El dolor era real, pero extrañamente… su mente se sentía un poco más tranquila.

Kurt se puso de pie y habló con crudeza.

—Ya sos un traidor para Polarbear —dijo—. Y acabás de descubrir que solo te usaron como una herramienta.

—Lo miró de reojo—. ¿Querés venganza? Entonces vení conmigo.

Las palabras de Kurt sacudieron a Aldrich. Su mente viajó al pasado: Polarbear rescatándolo entre las ruinas de su pueblo, ofreciéndole protección, convirtiéndose en una figura paterna. Pero esos recuerdos se mezclaron con las voces que había escuchado, con las verdades reveladas. Todo había sido una mentira.

Su corazón estaba destrozado… pero en su cabeza empezó a formarse una idea clara, ardiente.

Venganza por años de mentiras.

—¿A que no querés esto? —insistió Kurt, extendiéndole la mano—. Estás enojado, ¿no?

La mirada de Aldrich se oscureció. Su ceño se frunció con rabia. Sí, estaba enojado. Enojado consigo mismo por haber sido un idiota. Enojado por creer que ese lugar era su hogar. Enojado con Polarbear por haberlo manipulado toda su vida.

Apretó los dientes y tomó la mano de Kurt. El elfo sonrió y lo ayudó a ponerse de pie.

—

(Volvemos al tiempo actual)

Kurt comenzó a caminar lentamente hacia Sae-Kim. Su cola de huesos se movía como una serpiente viva, la guadaña en su punta oscilando de forma amenazante. Las articulaciones crujían con sonidos grotescos y antinaturales.

—¡Croc! ¡Croc! ¡Croc!

El silencio se apoderó del lugar. Nadie había visto jamás una magia como esa: Xevirs. Aquella cola, una columna vertebral expuesta y alargada, era tan aterradora como el ruido que producía.

Los soldados salieron de su estupor y se lanzaron hacia Kurt para proteger a su jefe. No llegaron lejos. La cola se movió con velocidad letal, cortándolos de un solo movimiento limpio. Kurt chasqueó los dedos y los cuerpos se redujeron a cenizas en un instante.

—Que tus lacayos no se metan —dijo Kurt mientras se tronaba los nudillos—. Esta pelea es entre vos y yo.

Sae-Kim, visiblemente asustado, atacó sin pensar, lanzándose con su lanza. El arma comenzó a derretirse por el calor antes de alcanzarlo, pero él ni siquiera lo notó, cegado por el miedo. Kurt lo tomó de la muñeca y comenzó a golpearlo con brutalidad despiadada. Mientras tanto, su cola seguía moviéndose, asesinando a cualquier soldado que intentara intervenir.

Sae-Kim logró zafarse y retrocedió. Su rostro estaba magullado y ensangrentado. Con esfuerzo, creó un estilete de hielo. Kurt sonrió. Deshizo su cola y, de su muñeca, emergió un hueso que se arrancó sin dudar, moldeándolo en un estilete propio.

—Tengo Xevirs —dijo con calma—, pero mi magia de nacimiento es el control de mis huesos.

Sae-Kim atacó de nuevo, de forma errática, desesperada. Kurt sabía que los enemigos más peligrosos eran los novatos: no temían por su propio cuerpo y atacaban sin pensar. Tal como esperaba, Sae-Kim atacaba sin técnica ni estrategia, consumido por el miedo y la ira.

Kurt se limitó a esquivar con elegancia, lo que solo hacía enfurecer más a su oponente.

—

Mientras tanto, Aldrich

Aldrich estaba frente a Polarbear. Sus ojos, oscurecidos por la magia, miraban por fin al hombre que le había mentido toda su vida. Al que creyó un padre. Al traidor.

—Veo que ya descubriste la verdad, Al… —dijo Polarbear, recorriéndolo con la mirada.

—Sí, señor Polarbear… —respondió el puma—. Años creyendo que me salvaste por bondad… cuando en realidad eras un mentiroso.

Sus manos se cerraron en puños, las venas marcándose en sus brazos.

Polarbear sonrió bajo la máscara. Todo había salido según lo planeado. La magia de sombras de Aldrich era poderosa.

—Decime, mocoso… ¿por qué creés que te traicionaría? —dijo apoyando una mano en su hombro—. Siempre fuiste mi favorito. Un hijo para mí. Nick puede confirmarlo.

Las palabras comenzaron a abrirse paso en la mente de Aldrich. La duda lo consumía. Pero entonces vio a Kurt luchando… y luego vio el rostro aterrorizado de Miller. Algo cambió dentro de él.

—No voy a caer otra vez, Polarbear —dijo, apartando su mano.

Antes de que pudiera reaccionar, Aldrich le dio un puñetazo brutal en el estómago, cargado de resentimiento. Polarbear retrocedió varios pasos.

—Vaya… no sos tan tonto como creía.

Un aura oscura envolvió a Aldrich. De su sombra surgió un clon perfecto. Ambos atacaron en sincronía. Polarbear esquivaba con habilidad, pero la presión aumentaba. Finalmente, un ataque combinado lo lanzó por los aires. La sombra reapareció debajo de él y lo pateó hacia arriba. Aldrich saltó y lo estrelló contra el suelo con una patada devastadora.

Polarbear respondió creando su propio clon, alejando a Aldrich de un golpe.

Ambos se reincorporaron. Los clones listos.

—Has mejorado más de lo que esperaba, Aldrich —dijo Polarbear con orgullo.

Ambos cargaron el uno contra el otro.

El manipulador contra el manipulado.

—Continuará—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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