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El Secreto de la Omega: La Luna Oculta del Cruel Rey Alfa - Capítulo 1

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  3. Capítulo 1 - 1 Capítulo 1 Cazado por el Alfa
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1: Capítulo 1: Cazado por el Alfa 1: Capítulo 1: Cazado por el Alfa ¡PLAS!

El sonido estalló en el gran salón como el disparo de un rifle.

Juliet se tambaleó hacia atrás cuando la palma del Alfa Walton impactó contra su mejilla con una fuerza brutal, un golpe que le giró la cabeza de cuajo.

Por un instante que se alargó como una eternidad, no vio más que un blanco resplandeciente.

El pulido suelo de mármol, liso y frío, se precipitó hacia ella mientras sus rodillas amenazaban con ceder por completo.

Apenas consiguió mantenerse en pie.

La sangre inundó su boca, espesa y con un regusto amargo a cobre.

La tragó por instinto, aterrorizada de que, si abría los labios, pudiera dejar escapar un sonido que le diera a él la satisfacción.

La agonía se extendió por su rostro como un reguero de pólvora.

Pero no lloró.

Nunca lloraba.

—¿Dónde coño está Sofia?

—bramó el Alfa Walton como un animal rabioso.

Sus ojos dorados ardían con una furia desquiciada.

—¡Contéstame, Juliet!

No pudo evitar estremecerse.

En su pecho, su loba Rosie se acurrucó sobre sí misma, temblando.

Un gemido quebrado resonó en el alma de Juliet, el sonido de una criatura demasiado destrozada para defenderse.

Se suponía que hoy era una celebración.

La gran unión.

El día en que la Manada Frostfang por fin aseguraría su supervivencia ofreciendo a Sofia Walton como pareja del Alfa más peligroso de América del Norte: Kaius Blair, de la Manada Blackwood.

Todo el mundo conocía su nombre.

Todo el mundo temblaba al oírlo mencionar.

El Alfa Blair no había construido su imperio con diplomacia, sino con sangre y terror.

Despiadado.

Estratégico.

Absolutamente intocable.

Un hombre que gobernaba tanto imperios corporativos como territorios de hombres lobo con la misma precisión.

Solo los rumores bastaban para que a los hombres lobo adultos les entraran sudores fríos.

Decían que su linaje era tan abrumadoramente dominante que literalmente drenaba la vida de los lobos más débiles hasta matarlos.

Que las hembras que no eran su pareja verdadera a menudo se consumían…

o morían gritando.

Y, según todos los indicios, aún no había encontrado a su pareja destinada.

Pero la sucesión de la manada dependía del linaje.

Había elegido a Sofia como su hembra reproductora; como hija de un Alfa, poseía la fuerza genética para sobrevivir a su brutal apareamiento y darle herederos poderosos.

Había pagado el rescate de un rey por una esposa sustituta.

Pero ahora, Sofia Walton se había esfumado.

Justo bajo la supuestamente atenta mirada de la Manada Frostfang.

—Yo…, no sé dónde está —dijo Juliet en voz baja, bajando la mirada en la postura sumisa que se esperaba de una Omega—.

No he visto a Sofia desde ayer.

Detrás del Alfa Walton, los guardias parecían querer fundirse con las paredes.

Uno de ellos se adelantó a regañadientes, carraspeando.

—Alfa…, según nuestros equipos de rastreo, Sofia abandonó el territorio anoche.

Estaba con Jasper Reed.

Su rastro de olor conduce directamente a la frontera este.

El nombre golpeó a Juliet como una bala de plata en el corazón.

Jasper.

Se le cortó la respiración.

Su pareja destinada.

El guerrero que una vez le susurró «para siempre» en el pelo cuando nadie miraba.

La única persona que la había mirado alguna vez como si valiera algo.

El Alfa Walton había acogido a Juliet cuando aún era una niña, un acto que la manada una vez alabó como un gesto de piedad.

Años después, esa piedad tuvo un precio.

Los Walton la utilizaban como un banco de sangre viviente, drenando su fuerza vital gota a gota para mantener a Sofia sana y fuerte.

Cada vez que se alimentaban de ella, la dejaban más fría y débil.

Sofia se hacía más fuerte día a día, mientras que Juliet aprendía a ocultar los mareos, los moratones, y cómo su loba se volvía más silenciosa cada vez que le arrebataban su fuerza.

Jasper había sido el único que se había dado cuenta.

Le llevaba comida a escondidas cuando estaba demasiado débil para cazar.

El que la sujetaba cuando le fallaban las piernas.

El que le apartaba el pelo empapado de sudor de su frente ardiente y susurraba: —Un día serás libre de este infierno.

Y ahora se había fugado con Sofia.

A Juliet se le encogió el estómago.

Retrocedió a trompicones, apoyando la palma de la mano en la pared para no desplomarse.

El Alfa Walton seguía gritando órdenes.

Los guardias se dispersaron como pájaros asustados, con el estruendo de sus botas resonando contra el mármol.

Pero los sonidos se convirtieron en un lejano ruido blanco.

Juliet solo podía oír la sangre latiendo en sus oídos.

Sus manos temblaban violentamente mientras sacaba el teléfono.

No pensaba con claridad.

Solo necesitaba desesperadamente oír su voz.

Cada tono de llamada era como la cuenta atrás para su ejecución.

Contestó.

—¿Qué quieres?

Su voz era gélida.

Sin emociones.

Despojada de todo rastro de la calidez que ella tanto había atesorado.

—Jasper…

—susurró Juliet—.

Dicen que te has ido con Sofia.

Hubo una pausa que duró una eternidad.

Entonces él exhaló, lento y deliberado, como si ella no fuera más que una molesta interrupción.

—Escucha con mucha atención, Juliet —dijo él—.

Cualquier fantasía que creías que existía entre nosotros… estaba solo en tu cabeza.

Su corazón empezó a resquebrajarse.

—Eres una Omega.

Lo más bajo de la cadena alimenticia.

Sin poder.

Sin influencia —continuó él con frialdad clínica—.

Sofia es la hija de un Alfa.

Es poderosa.

Respetada.

Pertenece a alguien como yo.

Cada palabra era un golpe calculado, diseñado para destruirla.

—Ella es mi futuro —dijo Jasper—.

Tú solo eras…

conveniente.

Un cuerpo cálido para cuando estaba aburrido.

Juliet sintió que algo vital se hacía añicos en su pecho.

—Yo, Jasper Reed —dijo él con la solemnidad de un juez dictando sentencia—, te rechazo a ti, Juliet Austin, como mi pareja.

La agonía fue inmediata.

Catastrófica.

La desgarró como una motosierra, destrozando todo lo que la hacía sentirse completa.

Se dobló por la mitad, agarrándose el pecho como si pudiera mantener unido su corazón mientras se desintegraba.

Su respiración se convirtió en jadeos entrecortados y desesperados.

El mundo giraba violentamente.

Rosie aulló en su mente, un sonido de pura angustia que parecía no tener fin.

Pero Juliet no suplicó.

Preferiría morir antes.

Se enderezó a la fuerza, todo su cuerpo temblaba mientras hablaba.

—Yo, Juliet Austin —dijo con los dientes apretados—, acepto tu rechazo.

Cada palabra fue como tragar metal fundido.

El vínculo de pareja se rompió como una goma elástica estirada al máximo.

El silencio que siguió fue absolutamente ensordecedor.

En ese preciso instante, las puertas se abrieron de golpe.

La Luna Cara Walton irrumpió en el salón como una furia vengadora, su apariencia normalmente inmaculada finalmente resquebrajándose bajo la presión.

Tenía el pelo revuelto y su traje de diseño, arrugado por horas de caminar de un lado a otro presa del pánico.

Linda, la hermana menor de Sofia, la seguía de cerca, con el rostro congelado como si hubiera entrado en una pesadilla.

Cruel.

Sádica.

Siempre sonriendo con su mejor cara cuando Juliet más sangraba.

—¿Alguna puta noticia?

—gruñó Cara, con el pánico cortando su voz como cristales rotos—.

La delegación de Blackwood llega en veinte minutos.

¿Tenéis idea de lo que pasará si no entregamos una novia?

El Alfa Walton se pasó ambas manos por el pelo canoso.

—Blair lo considerará un insulto personal.

—Nos aniquilará —susurró Cara—.

Pedazo a maldito pedazo.

—¡Lo perderemos todo!

—chilló Linda como una banshee—.

¡Nuestros negocios, nuestro territorio, nuestras vidas!

¡Y todo porque Sofia no pudo mantener las piernas cerradas una puta noche!

Juliet permanecía inmóvil en un rincón, viéndolos desmoronarse por completo.

Una parte oscura y vengativa de ella lo encontró profundamente satisfactorio.

La habían tratado como a ganado durante años.

Les debía menos que nada.

—Alguien tiene que ocupar su lugar —dijo Cara de repente, su tono cambiando a uno peligrosamente calculador—.

El contrato solo especifica «una novia del linaje Walton».

No dice que tenga que ser Sofia específicamente.

La sala quedó en completo silencio.

Entonces la mirada de Linda se deslizó lentamente hacia Juliet.

Su sonrisa era depredadora.

Absolutamente cruel.

—¿Por qué no ella?

—dijo Linda con una falsa dulzura que le puso a Juliet la piel de gallina—.

Después de todo, nadie echará de menos a una Omega inútil.

La sangre de Juliet se convirtió en agua helada.

Iban a sacrificarla.

Como un cordero al matadero.

Rosie gruñó con un terror primario.

Juliet corrió.

No avanzó ni tres metros.

Una agonía estalló en la base de su cráneo.

El mundo se volvió negro.

Su último pensamiento no fue de pánico ni de rabia.

Fue una plegaria desesperada.

«Diosa Luna…, por favor.»

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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