El Secreto de la Omega: La Luna Oculta del Cruel Rey Alfa - Capítulo 108
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108: Capítulo 108: Imagen perfecta 108: Capítulo 108: Imagen perfecta Austin miró su móvil, incrédula.
La pantalla estaba llena de una docena de fotos de «Eliot».
Ni una sola se repetía.
En cada foto, Kaius estaba en una pose diferente, un ángulo diferente, con distintos grados de desnudez.
Algunas fotos lo mostraban sin camiseta, con sus ojos oscuros mirando hacia abajo, desprendiendo una peligrosa mezcla de frialdad y deseo.
En otras, miraba directamente a la cámara.
Su mirada era intensa.
Su mandíbula parecía lo bastante afilada como para cortar cristal.
Sus ojos parecían atravesar la pantalla y clavarse en ella.
Unas cuantas tomas lo mostraban con una camisa de dormir ancha, completamente desabotonada.
Colgaba suelta sobre su pecho, ocultando a duras penas sus abdominales esculpidos.
Gotas de agua se deslizaban por las crestas de sus músculos como si las hubieran colocado allí a propósito.
Todo parecía salvaje, crudo y deliberadamente primitivo.
Sus poses cambiaban con cada imagen.
Sentado.
De pie.
Como un modelo de Instagram que ni siquiera se esfuerza.
Cada ángulo parecía una provocación en toda regla.
En una foto, tenía una media sonrisa perezosa.
No del tipo amistoso.
Parecía anunciar problemas, pero de esos en los que te meterías a propósito.
En otra, tenía un cigarrillo entre los labios.
El humo se enroscaba alrededor de su rostro y hacía que sus rasgos parecieran más suaves.
Sus ojos miraban fijos a la cámara.
Eran penetrantes, firmes y salvajes de un modo que resultaba peligroso.
Luego estaba el perfil.
Su mandíbula era afilada, su nuez de Adán destacaba y las líneas de su cuello eran nítidas y fuertes.
¿La última foto?
De espaldas.
Una mano en el bolsillo.
Hombros anchos.
Cintura estrecha.
Piernas largas.
Y sí, hasta su trasero parecía haber sido esculpido por alguien que sabía que las mujeres estarían mirando.
Austin repasó cada foto y tuvo que detenerse a tragar saliva.
No era alguien a quien normalmente le importara el aspecto de los hombres.
Pero ¿esto?
Esto era diferente.
Kaius se veía injustamente atractivo.
Cada pose era perfecta.
Cada expresión daba justo en el clavo entre lo seductor y lo peligroso.
Ella no se alteraba fácilmente.
Simplemente no era lo suyo.
Pero ¿esos ojos?
Sí, la descolocaban.
No solo la miraban.
La observaban como si fuera la cena.
Entonces, la voz de Lucy interrumpió sus pensamientos.
Se inclinó sobre el hombro de Austin, con los ojos desorbitados mirando la pantalla.
—¡Madre del amor hermoso!
—jadeó—.
¿El Alfa Kaius con ese cuerpo?
Tía, parece un pecado andante.
Austin gimió y se cubrió la cara.
—O sea… ¿de dónde has sacado esto?
Esto no es una carpeta casual de fotos para provocar.
Esto es… una exposición de museo.
Lucy se abanicó dramáticamente.
—Necesito lamer la pantalla.
Sus chillidos fueron tan fuertes que los dos niños se acercaron, curiosos.
—Esa mirada —susurró Lucy, agarrándose el pecho—.
Esa sonrisita podría acabar con matrimonios.
—Entonces, ve y lánzate a sus brazos —masculló Austin.
Lucy sonrió de oreja a oreja.
—¿Bromeas?
Es tuyo.
Austin se quedó sin palabras.
Sus dedos flotaban sobre la pantalla mientras contemplaba la avalancha de fotos de Kaius sin camiseta.
Sonrojándose intensamente, cambió rápidamente de tema y ahuyentó a los niños.
Luego, escribió un mensaje: [Eliot, ¿te pidió él que enviaras esto?]
—
Mientras tanto, en la Mansión Blair, Kaius estaba sentado en el borde del sofá, con los brazos cruzados y una expresión sombría.
Tenía el ceño fruncido y la mandíbula apretada.
Aún no podía creer que hubiera aceptado aquella locura.
Diez minutos antes, a Leo se le había ocurrido un nuevo plan.
Quería hacerle algunas fotos sexis a Kaius y enviárselas a Austin.
Dijo que ella las había pedido.
Y, de alguna manera… Kaius le había seguido la corriente.
Debía de haber perdido el maldito juicio.
El severo Alfa había refunfuñado, protestado y puesto los ojos en blanco, pero al final, había dejado que «Eliot» le hiciera las fotos.
Incluso había tolerado que Elena actuara como una pequeña asesora de moda, dándole órdenes sobre cómo posar.
Había sido humillante.
En el fondo, le gustaba la idea de que pudiera gustarle a Austin.
De que quizá ella quisiera las fotos.
Ella siempre lo ignoraba, pero ¿y si en realidad no lo decía en serio?
Odiaba lo feliz que le hacía ese pensamiento.
Incluso ahora, con los brazos cruzados y un cigarrillo entre los dedos, no podía ocultar la leve sonrisita que asomaba en la comisura de sus labios.
—Mamá respondió a tus fotos —anunció «Eliot», sonriendo como un gato que acaba de lamer la nata.
Kaius mantuvo una expresión neutral y soltó un bajo «Mmm».
Kaius podía parecer tranquilo, pero se moría por saberlo.
—¿Qué dijo?
—Dijo que tu cuerpo es del montón —dijo «Eliot» alegremente—.
No tan bueno como el del Tío David.
Kaius giró la cabeza bruscamente.
Se miró el torso.
Tableta de ocho abdominales.
Una línea V perfecta.
Hombros anchos.
Ni un gramo de grasa en ninguna parte.
¿Del montón?
Nadie había usado jamás esa palabra para describirlo.
—Espera, ¿quién demonios es David?
Elena abrió la boca para responder, pero «Eliot» la interrumpió rápidamente.
—Por lo que dice Mamá, David es súper guapo.
Cuerpazo.
Relajado.
Súper majo.
Vaya… un encanto de hombre.
Kaius bufó.
—¿Un encanto?
¿Desde cuándo las mujeres se enamoran de los chicos buenos?
«Eliot» lo miró mal.
—A Mamá, obviamente, no le gustan los chicos malos.
Tienes muy mal genio y siempre te estás metiendo en peleas.
Eso no le va mucho.
Kaius frunció el ceño.
—No siempre me estoy metiendo en peleas.
—Hizo una pausa—.
¿Ninguna de las fotos le impresionó?
Intentó sonar indiferente, pero su voz lo traicionó.
Había estado allí plantado, sin camiseta, dejando que una niña de seis años dirigiera sus ángulos.
¿Para qué?
Si a Austin no le gustaba ni una sola de las fotos, eso básicamente significaba que no se sentía atraída por él en absoluto.
El pensamiento lo golpeó como un puñetazo en el estómago.
«Eliot» por fin le dio un respiro.
—Bueno… sí dijo que tus abdominales estaban bastante bien —dijo—.
Y que tu línea V es… bastante sexi.
Austin no había dicho nada de eso.
Leo se lo estaba inventando sobre la marcha.
Rápidamente le envió otro mensaje:
[Mamá, ¿ni una sola foto te ha llamado la atención?
¡No finjas que no pasarías las manos por esa tableta de ocho!
¿No te dan ganas de gritar?]
Austin miró su móvil como si se hubiera vuelto loco.
¿Desde cuándo «Eliot» había empezado a hablar… exactamente igual que Leo?
Ella respondió:
[No.]
«Eliot»:
[Mamá, deja de mentir.
Casi puedo verte sonrojar a través de la pantalla.]
Austin:
[He dicho que NO.]
«Eliot»:
[¡Mamá!
Solo dale un poco de ánimo.
¡Ten un poco de piedad!]
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