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El Secreto de la Omega: La Luna Oculta del Cruel Rey Alfa - Capítulo 157

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157: Capítulo 157 Envidia profesional 157: Capítulo 157 Envidia profesional De los doscientos nombres en la lista de Benjamin, tres destacaban como las posibilidades más sólidas para ser el padre biológico de Elena.

Dos eran hombres de la época universitaria de Austin.

Ambos habían estudiado con el mismo profesor con el que ella había colaborado estrechamente.

A uno lo describían como tranquilo y de buenos modales.

Actualmente, ocupaba un puesto de profesor en la Universidad Médica de Nueva York.

En la universidad, él y Austin habían trabajado juntos en varios proyectos de investigación y pasaban mucho tiempo en los mismos círculos académicos.

El segundo era refinado, elegante y todo un misterio.

Ahora vivía en el extranjero, pero durante sus años universitarios, era conocido por sus modales encantadores y su sutil persistencia.

El tercer hombre era un excompañero que había participado con Austin en un programa comunitario dirigido por estudiantes.

La había cortejado abiertamente en aquel entonces y, aunque ella nunca lo aceptó, mantuvieron una relación amistosa.

Tras graduarse, se alistó en el ejército y, con el tiempo, desapareció de la vida pública.

La mirada de Kaius se posó en un nombre y allí se quedó.

David.

Recordó que Elena había mencionado a alguien llamado David.

Lo había llamado «de buen corazón».

Kaius apretó la mandíbula.

—Quiero informes completos sobre estos tres.

Hoy —dijo él, con voz tensa y baja.

—David está con la familia Reynolds —dijo Benjamin, mirando la lista.

—¿Reynolds?

—Un recuerdo se agitó en su mente.

Kaius recordaba vagamente que Ámber Reynolds había mencionado a un hermano que estudiaba medicina en Europa.

Así que era él.

—Desentierra todo lo que puedas —dijo Kaius, con el tono cada vez más sombrío—.

Que no se te escape nada.

—Entendido, Alfa —respondió Benjamin sin dudar.

Kaius pateó la esquina de su escritorio.

No se rompió, pero él sí sintió el golpe.

El escritorio permaneció en silencio.

Él no.

Cuanto más lo pensaba, más le quemaba por dentro.

Austin le estaba ocultando algo.

Tenía que saber quién era el padre de Elena.

Nadie le dice a una niña: «Tu padre es un hombre poderoso», a menos que sepa exactamente de quién está hablando.

«Entonces, ¿por qué mentirme?

¿Estaba protegiendo a ese hombre?

¿O creía que iría a por él?

Entonces, ¿por qué no se quedó con él?

¿Por qué criar a Elena sola?

O quizá el padre de Elena ya estuviera muerto.

Casi esperaba que ese fuera el caso».

Las preguntas lo atormentaban.

Kaius quería exigir la verdad.

Ahora mismo.

Pero conociendo a Austin, no se lo diría sin más.

Era demasiado lista.

Demasiado cuidadosa.

Demasiado exasperante.

—
En el despacho de al lado, Austin no era consciente de la tormenta que se gestaba al otro lado de la pared.

Estaba sentada tranquilamente en su escritorio, tecleando un mensaje a través de su cuenta de hacker segura.

La pantalla brillaba débilmente en la penumbra.

Sus dedos se movían con rapidez sobre el teclado.

«El Dr.

Luxe aparecerá pronto en la Universidad Médica de Nueva York», tecleó.

Un momento después, llegó la respuesta.

El icono de la calavera parpadeó una vez.

Luego apareció un mensaje:
«Si esta información se confirma, recibirás el pago completo».

Los labios de Austin se curvaron ligeramente, pero su mirada permaneció fría.

—
Ámber Reynolds había recibido un aviso previo sobre la inminente visita del Dr.

Luxe a la Universidad Médica de Nueva York.

Una vez que confirmó la fecha, se preparó como si fuera el día más importante de su carrera.

Llegó temprano, lista para destacar.

La noticia se había extendido rápidamente, como la pólvora por los mentideros de la Ivy League.

Todo el mundo en el campus estaba alborotado.

—El Dr.

Luxe viene a revisar el progreso de los nuevos ensayos farmacológicos y a ofrecer tutoría personal —le dijo un profesor a un grupo de estudiantes entusiastas.

—¿Creen que el Dr.

Luxe acepta aprendices?

—preguntó una joven, con los ojos llenos de esperanza—.

Ser simplemente un alumno de segunda generación sería un honor.

—He oído que el Dr.

Luxe tiene más de sesenta años —intervino otro—.

Cualquiera que haya creado cientos de medicamentos revolucionarios debe de tener esa… aura.

Ámber estuvo de acuerdo en silencio.

Convertirse en la protegida del Dr.

Luxe podría cambiarlo todo.

Sería el tipo de oportunidad que la gente pasa años persiguiendo.

Como entrar en el laboratorio de un premio Nobel.

Mientras la multitud mantenía la vista fija en la entrada principal, buscando a alguna figura importante y mayor con bata blanca, Austin se coló por un lado.

Nadie reparó en ella.

Sin séquito.

Sin revuelo.

Exactamente como ella lo prefería.

Pero Ámber la vio de inmediato.

Sus labios se torcieron en una mueca de desdén mientras se acercaba a ella con el chasquido de sus afilados tacones, y cada paso resonaba en el pasillo.

—¿Qué haces aquí?

—preguntó, con la voz cargada de desprecio—.

No me digas que de verdad crees que tienes alguna oportunidad con el Dr.

Luxe.

Austin no alteró el paso.

—Algo así.

Ámber soltó una risa fría.

—Por favor.

¿De verdad crees que alguien como tú tiene alguna posibilidad?

Aquí hay científicos de verdad.

Gente con credenciales y trabajos publicados.

No don nadies autodidactas.

—¿Y tú eres una de las aspirantes?

—preguntó Austin, aún tranquila.

Ámber levantó la barbilla.

—¿Quién no querría trabajar para el Dr.

Luxe?

Austin se encogió de hombros.

—He oído que el Dr.

Luxe no acepta a tontos.

—Y yo he oído que el buen doctor tampoco acepta a don nadies arrogantes.

La sonrisa de Ámber se desvaneció.

Austin le sostuvo la mirada, sin inmutarse.

—No sé a quién elegirá el Dr.

Luxe.

Pero estoy bastante segura de que no será a alguien como tú.

Ámber apretó la mandíbula.

—Escucha, Austin —espetó—, solo porque el Alfa Sherman se haya tragado el cuento que le has vendido no significa que este sea tu lugar.

Recorrió a Austin con la mirada lentamente, con un tono agudo y cortante.

—Sin título.

Sin formación de laboratorio.

Sin credenciales.

Solo un puñado de remedios de pueblo transmitidos por una aspirante a sanadora.

¿Y ahora crees que estás cualificada para codearte con científicos de verdad?

Las palabras de Ámber golpearon como acero frío.

Cada sílaba llevaba el peso de algo más profundo.

No se trataba solo del puesto en el laboratorio.

Se trataba de ser la elegida.

De convertirse en la alumna del Dr.

Luxe.

Austin había entrado en la Finca Blair y había llamado la atención.

Había conseguido la atención del Alfa Kaius sin siquiera intentarlo.

Y ahora, amenazaba con arrebatarle también esta oportunidad.

Las manos de Ámber se cerraron en puños a sus costados.

Necesitaba que el día de hoy saliera perfecto.

Tenía que demostrar que era la mejor candidata.

Porque Austin… Austin era demasiado tranquila.

Demasiado indescifrable.

Demasiado buena para hacer que la gente se fijara en ella.

Y Ámber odiaba eso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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