El señor de los misterios - Capítulo 493
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Capítulo 493: Capítulo 493 — Cacería Capítulo 493: Capítulo 493 — Cacería Editor: Nyoi-Bo Studio —Honorable Arrodes, mi segunda pregunta es: “¿Cómo escapó Sherlock Moriarty de las ruinas?” Eel estado anímico de Ikanser estaba mucho más relajado que antes.
La superficie del espejo plateado brilló, delineando rápidamente a Sherlock Moriarty apoyando su espalda contra la pared, con sus puños tensos y apretados.
Entonces, Ikanser Bernard y los diáconos y capitanes de la Maquinaria de Hivemind que lo rodeaban vieron la exagerada sonrisa del detective privado antes de darse la vuelta y empezar a correr con su arma desenfundada.
En ese momento, bajo la influencia de la escena frente a ellos, todos sintieron una inexplicable sensación de tristeza y emoción.
La imagen en el espejo cambió, revelando a Sherlock Moriarty empuñando su revólver mientras disparaba al altar a quemarropa.
La escena de esas balas desintegrándose hizo que todos los presentes se encontraran algo preocupados.
Entonces, Sherlock Moriarty arrojó una llave metálica, y el altar reveló signos de inestabilidad a causa de su corrupción.
Con una repentina explosión en el aire, el Sr.
A cayó al suelo y Sherlock Moriarty huyó patéticamente del edificio del templo.
En ese punto, la imagen cambió para tener el Río Tussock ligeramente turbio como fondo principal.
Sherlock Moriarty y el Sr.
A flotaban en el agua, mirando hacia el cielo donde no había nubes ni niebla.
Casi al instante, el Sr.
A.
se volvió transparente y desapareció, dejando solo a Sherlock Moriarty mirando a la nada asombrado.
—…¿Los refuerzos de la Iglesia de la Nocheterna?
—dijo Ikanser con el ceño fruncido—.
Desafortunadamente, no mencionó lo que apareció en su carta.
No tenemos forma de adivinarlo.
¿Estaba tratando de vender ese secreto a un buen precio, o simplemente se vio afectado por él y perdió algunos recuerdos relevantes?
Además, su experiencia relacionada a su escape de las ruinas subterráneas no revela nada sustancial.
Parece que las pistas correspondientes a ese caso se han ocultado simultáneamente…
Analizó la situación rápidamente, en oraciones procedimentales, y luego, sin ninguna carga psicológica muy grande, eligió responder con reciprocidad en lugar de arriesgarse.
«Arrodes no parece estar de humor para bromear hoy.
Puedo aprovecharlo al máximo…» Mientras se consolaba a sí mismo, Ikanser vio aparecer palabras sangrientas en la superficie del espejo.
Con un salto de su corazón, tuvo una mala premonición, sospechando que Arrodes ya se había recuperado volviendo a su “estado” habitual.
Las palabras sanguinolentas se movieron y rápidamente se convirtieron en una pregunta:”¿Quién fue la persona a la que le diste todo mientras hacía tu mejor esfuerzo para ganarte su favor, solo para terminar siendo abandonado?” Con su cabeza zumbando, la cara de Ikanser se drenó de todo su color solo para enrojecerse repentinamente.
La pregunta atravesó una profunda herida en él y lo dejó sin saber qué hacer.
«Si menciono quién es él, su reputación terminaría arruinada antes de esta noche…
Ya me he convertido en una especie de “leyenda” en cierto sentido…» Yragó su saliva con gran dificultad y dijo amargamente—: Elijo el castigo.
Un rayo descendió de inmediato.
Sin embargo, era diferente de antes.
Ya no era blanco-plateado y lucía teñido con un ligero verde.
Lo golpeó justo en la cabeza, haciendo que su cabello se erizara y destellara con el color del rayo.
Se sacudió violentamente como dados a punto de ser lanzados, cualquier hubiera pensado que había sido drogado con una droga alucinógena.
El arzobispo Horamick suspiró, cerró los ojos y murmuró para sí mismo: —¿Un Artefacto Sellado de Grado 0?
Cuando Ikanser se recuperó, miró a su alrededor y dijo: —Hay una pregunta más.
¿De dónde vino la llave que Sherlock Moriarty usó para destruir el ritual de descenso?…
¿Cuál de ustedes va a usar 2-111?
Todos los diáconos y capitanes de la Maquinaria de Hivemind se miraron entre sí.
Por un momento, nadie respondió.
*** El sonido del agua salpicando contra la bodega del barco parecía ser el único sonido que quedaba en el mundo.
El mar de noche era ruidoso y silencioso.
Klein se despertó de repente y abrió los ojos.
Vio el techo de madera cubierto con un velo lunar carmesí.
Su intuición espiritual le decía que algo estaba sucediendo afuera.
«¿Alguien está teniendo un encuentro?» Inclinó la cabeza para escuchar con mayor atención, siendo vagamente capaz de distinguir algunos sonidos no naturales.
Se sentó, se puso los guantes y el abrigo.
Sus ojos se oscurecieron mientras sacaba una moneda de oro, la lanzó y rápidamente realizó una adivinación.
Después de no recibir revelaciones de peligro, sacó el revólver debajo de la almohada y se lo guardó en el bolsillo.
Tras hacer los preparativos apropiados, abrió la puerta y salió de su camarote, siguiendo el sonido hasta la cubierta superior.
En ese momento, en el mar, lejos de la contaminación industrial, la luna carmesí colgaba silenciosamente allí, misteriosa y soñadora.
Después de evitar cuidadosamente a algunos miembros de la tripulación que patrullaban el lugar, Klein llegó al área donde había una conmoción.
Podía oler el leve aroma a sangre.
Con la ayuda de la luz de la luna, miró y vio al ex aventurero, Cleves, agachándose a un lado del barco y preparando algo.
Había tres personas escondidas en las sombras de la cabina a una docena de metros de ese caballero.
Una de ellas era la compañera de Cleves, la guardaespaldas del abrigo negro, y los otros dos eran los hijos de su empleador, una niña de catorce o quince años y un joven caballero de no más de diez años.
Los dos jóvenes vestían camisones gruesos de algodón y abrigos por encima de ellos.
Era obvio que habían salido apresurados.
Temblaban en medio del viento helado de la noche, pero aun así se acuclillaban llenos de energía y vigor, mirando a Cleves con sus ojos brillantes.
«¿Jugando a las escondidas?» Bromeó Klein por dentro.
Aumentó el volumen de sus pasos a propósito, haciendo que Cleves y los demás volvieran su mirada hacia él.
—Amigo, ¿qué pasó?
—recordó las expresiones de algunos cazarrecompensas que conocía en el Municipio Este.
Pero seguía manteniendo la identidad única, fría y aguda, de GehrmanSparrow.
Cleves respondió, imperturbable: —Un trabajo privado, una cacería que se produjo por accidente, pero que vale la pena continuar.
«¿Una cacería?» El interés de Klein se despertó repentinamente.
La razón por la que se había nombrado a sí mismo Gehrman era porque representaba al primer cazador de un juego que había jugado en su vida anterior, y se adaptaba a su idea de cazar en altamar.
Klein no tenía prisa por preguntar el motivo.
Usando su mano izquierda donde llevaba el Hambre Creciente, señaló la sombra a su lado con su dedo izquierdo: —¿Un trabajo privado?
¿Acostumbras a hacer trabajos privados frente a tu empleador?
Cleves, que estaba en cuclillas allí, miró al niño y a la niña y dijo, sin cambiar su tono: —Cecile no fue lo suficientemente cuidadosa y terminó despertando a Donna y Denton.
No tuvo más remedio que dejarlos seguirle.
La niña llamada Donna arrugó la nariz cuando escuchó su nombre mencionado.
Curiosamente levantó la vista y le preguntó a Klein: —Tío, ¿tú también eres un aventurero?
«¿Tío?
¡Incluso si soy mi versión terrestre, soy como mucho 10 años mayor que tú!» Klein dijo de manera divertida: —No, no puedes usar la palabra “también “.
Estrictamente hablando, soy el único aventurero aquí; ellos solo son guardaespaldas en este momento.
Se volvió hacia Cleves y dijo: —Oye, amigo, ¿qué presa encontraste?
Cleves miró las débiles aguas carmesí y dijo: —Un múrloc.
«¿Un múrloc?
¡Esa es una criatura Beyonder!
A pesar de que es del grado más bajo, aún es bastante difícil para la gente común lidiar con ellos.
Necesitarían al menos de cinco a seis personas y de cuatro a cinco lanzas para tener una oportunidad…
Sí, las escamas en el cuerpo de un múrloc son muy duras.
Los revólveres solo pueden causar un daño apenas superficial.
Necesitan tener un rifle…» Klein levantó las cejas y preguntó—: ¿Qué planeas hacer?
¿Y cómo estás seguro de que es un múrloc?
Cleves señaló el borde del barco y dijo: —Aquí hay rastros de la mucosidad de su cuerpo.
Hace una o dos horas, trató de subir al barco para atacar a los pasajeros, pero la cubierta aún estaba llena de actividad y había muchos marineros y personal de tripulación.
Klein dio unos pasos hacia adelante y vio que había algunos rastros de una corrosión verde en el costado del barco.
Recordó la información con la que había entrado en contacto en la Ciudad de Tingen, y realmente coincidía con el contenido de los libros.
Preguntó con gran interés: —¿Por qué debe ser uno, y no un grupo?
Recordó que los múrlocs tendían a vivir juntos.
—Si se tratase de un grupo, destruirían directamente el casco del barco y dejarían que todos nos hundiéramos.
Además, el área alrededor de este canal y el mar circundante ya han sido limpiados de múrlocs.
La Iglesia de las Tormentas realmente disfruta cazándolos —explicó solemnemente Cleves.
«Eso es porque los múrlocs probablemente son uno de los ingredientes principales de la poción Marinero de 9a Secuencia…» Acarició el revólver en su bolsillo y preguntó con una sonrisa—: ¿Estás seguro?
Cleves no le respondió directamente y en su lugar abrió una bolsa de papel a su lado.
Dentro de la bolsa había algunos órganos de cerdo todavía manchados de sangre.
Esa era la fuente del olor que Klein notó.
—A todos los múrlocs les gusta este tipo de comida y no pueden resistirse a su atractivo.
Por supuesto, esos monstruos aman más los órganos humanos, por lo que, en muchas leyendas marítimas, se aconseja enfáticamente preparar algunos órganos porcinos o vacunos sobrantes de la cocina del barco, o bien órganos enlatados —dijo Cleves mientras rociaba algunos gránulos—.
Los gránulos de pimienta pueden hacer que los múrlocs sientan una emoción similar a la de fumar marihuana provocando que pierdan parte de su sentido del equilibrio.
Eso puede durar aproximadamente un minuto, y después de eso, los múrlocs quedan exhaustos después de que el alto estado de excitación finalmente disminuye.
Acto seguido sacó una pequeña caja de madera de su ropa y colocó la pasta verde oscuro en la punta de su tridente, de su daga y de su cuchillo corto.
—La crema de menta que es popular en el Puerto PritzHarbour es un edulcorante único para los humanos, pero a los ojos de los múrlocs, es una toxina sanguínea mortal… Además, tomé prestados dos rifles de los marineros.
Conseguí un acuerdo para que nadie viniera a esta área durante veinte minutos, gastando una considerable suma de dinero en ello.
Sin embargo, mientras pueda matar con éxito un múrloc, entonces seré capaz de cosechar diez, veinte o incluso treinta veces el costo.
«Como era de esperarse de un aventurero experimentado, es excepcionalmente consciente de las debilidades y problemas de su presa…
Al escucharlo hablar, siento que tienen la posibilidad de cazar con éxito al múrloc, incluso no siendo Beyonders…
Ante trampas y armas de fuego, los Beyonders de Baja Secuencia realmente no son mucho más fuertes que una persona promedio…
No es secreto que hay Beyonders de Baja Secuencia que mueren en guerras de pandillas…
Sin embargo, los múrlocs son criaturas que parecen usar armaduras de cuerpo completo.
No es fácil matarlos.
Pueden ser heridos, pero no es que no puedan escapar en lo absoluto…» Preguntó con curiosidad—: ¿No parece que ya has matado a un buen número de múrlocs?
—Comprender las características de los monstruos marinos comunes es un requisito previo para la supervivencia de un aventurero.
—Cleves no mostró la alegría de ser alabado mientras permanecía tranquilo y en silencio.
Mientras conversaban, la niña Donna y el niño Denton, se acuclillaron en las sombras y escuchaban con gusto.
Descubrían que todo eso era lo más interesante del mundo.
«Sí, también necesito repasar mis estudios en esta área…» Klein sonrió y dijo—: Así es.
No te molesto, ¿verdad?
Cleves atravesó una parte de los órganos en una barra y dijo con voz grave: —Si quieres participar, cuida a Donna y Denton para que Cecile no se distraiga.
—Seguro.
Klein, que quería mirar desde un costado, sonrió y estuvo de acuerdo.
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