El señor de los misterios - Capítulo 532
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Capítulo 532: Capítulo 532 — Lord “Caucásico” Capítulo 532: Capítulo 532 — Lord “Caucásico” Editor: Nyoi-Bo Studio Después de cambiar su rostro y salir a una de las dos calles principales, Klein se dirigió directamente hasta un buzón verde y sacó de su bolsillo una carta que había preparado hacía tiempo.
Se trataba de un “acta de defunción” que había falsificado como imitación de un documento oficial de la policía.
Debía ser enviado al sargento de la ciudad de Puerto Symeem.
Su contenido se refería a la muerte repentina del residente local, Wendt, en Bayam.
Al decidir hacer esa actuación, Klein había elaborado un plan para mantener las cosas en orden y no causar daños irreparables a la chica, Raine.
Su plan era usar el Talismán de Letargo para camuflar lo real de forma a que pareciera un sueño, de esa manera, si Raine no tenía amor alguno por Wendt, esperaba que ella rechazara directamente su confesión.
Por lo que cuando se enterara de la muerte de este, ella no sentiría ninguna culpa, a lo sumo algo de miedo.
En respuesta a eso, podría aliviarse efectivamente yendo a la iglesia para orar y confesarse.
Si a Raine también le gustaba Wendt y respondía a la confesión, entonces el sueño le daría a Klein la oportunidad de salir de la situación.
La notificación de la muerte de Wendt mataría definitivamente las expectativas de Raine, y no tendría un impacto demasiado negativo en su vida futura.
«Pero aún así, sigue siendo un poco cruel.
No importa el tipo de mujer que sea, enfrentarse a la situación de un hombre que se le confiesa en sus sueños después de su muerte va a ser definitivamente desgarrador.
No podrá recuperarse por mucho tiempo.» «Bueno…
Si yo no hubiera hecho nada, cuando eventualmente llegara la noticia sobre la muerte de Wendt, Raine se sentiría muy triste, aunque no fuera tan grave.
Sin embargo, ese nudo en su corazón nunca podría ser desatado, y quedaría atascada preguntándose por el resto de su vida si Wendt había salido en una aventura para realmente perseguir su futuro, o si simplemente la amaba…» «Esta no es una mala manera de terminar las cosas.
Una vez que haya superado su dolor, llevará consigo esa dulzura de haber sido amada de verdad una vez, mientras sigue llevando su vida futura.» «Sigh…
A pesar de todo, interferir forzosamente en las vidas de otros por medio de la actuación y tener un impacto en la vida de una persona inocente, por más que esté usando la excusa de cumplir un deseo; no es algo realmente considerado ni fácil de hacer.
Tal como dijo Roselle, cuanto más uno avanza en una ruta Beyonder, más retorcido y malvado uno se siente.
El método de actuación podría no ser un catalizador…
Todo lo que puedo hacer es tratar de minimizar sus efectos…» Después de enviar la carta, Klein exhaló, y con una cara nativa que no sobresalía en medio de la muchedumbre, caminó dirigiéndose a la única posada de la ciudad.
En el camino, pensó en su experiencia anterior, y concluyó que “disfrazarse de otra persona y obtener cierta retroalimentación al respecto” era probablemente una cláusula principal de los principios Sin Rostro, en segundo lugar, después de “puedes disfrazarte de cualquiera, pero en última instancia siempre serás tú mismo”.
«Si hubiera sido cualquier otro Sin Rostro, habrían bloqueado la información sobre la muerte de Wendt por el bien del papel y del personaje.
Habrían accedido a la confesión de Raine y habrían pasado uno o dos años en una relación con ella, casándose y teniendo hijos, y luego, para no estar atados por las diversas relaciones en esa identidad, recordarían quiénes eran originalmente para terminar marchándose con frialdad…
Si no hubiera habido ninguna exposición durante ese proceso, la poción habría digerida en su mayor parte…
¡pero realmente no puedo hacerlo!
¡Va completamente en contra de mi conciencia!
Sólo puedo tratar de continuar intentándolo…» Suspiró, inexplicablemente asustado.
Sacudió la cabeza y pensó en forma silenciosa y lamentable: «Los Beyonders no sólo tienen que luchar constantemente contra las amenazas y la locura, sino también contra todo tipo de malos pensamientos, así como contra la corrupción que lo derriba a uno y que puede hacer que caiga si no tiene cuidado…» «Aún así, al final del día, uno podría seguir siendo corrompido por el abismo, convirtiéndose en el monstruo del que siempre juró deshacerse.
Sigh…» Suprimiendo sus pensamientos, Klein entró a la posada y le dijo al jefe detrás del mostrador: —Una habitación ordinaria.
El jefe delgado levantó la vista y miró hacia arriba, diciendo: —Un certificado de identificación válido.
«¿Cómo puede una cara que se me acaba de ocurrir tener una identificación?» Klein sonrió de manera avergonzada.
—Olvidé traerla.
—Entonces no puedes quedarte aquí.
Esa es la regla de nuestra ciudad.
El jefe volvió a bajar su cabeza para continuar con el cálculo de sus ingresos y gastos del día.
Klein sacó una nota de soli y la deslizó sobre el mostrador como si nada hubiera pasado.
Los ojos del jefe se abrieron de repente.
—¡No, no, guárdala!
¡No quiero que me encierre el sargento!
Vete, vete, sucio bastardo sin prueba de tu identidad.
Klein fue expulsado de la posada conmocionado, incapaz de creer que la entidad omnipotente conocida como dinero acabara de perder su poder.
Tras unos segundos de silencio, giró en un callejón vacío, volviendo a convertirse en Gehrman Sparrow con sus rasgos faciales austeros.
Klein volvió a la posada, golpeó el mostrador y dijo en loenese con acento de Backlund: —Una habitación.
El jefe levantó la vista e inmediatamente soltó las cosas que tenía en su mano.
Luego se levantó y asintió con una sonrisa.
—Bien, está bien… ¿Necesita una habitación con vista al mar o algo más tranquilo?
Pasó a hablar un loenese torpe que tenía un acento espeso, parecido al de la tierra de las especias, sin ninguna mención sobre necesitar identificación.
«Este es un mundo pragmático…» Klein silenciosamente sonrió y respondió educadamente—: Algo tranquilo.
—Sí, sí, inmediatamente —respondió el jefe apresuradamente.
Luego llamó a un asistente, tomó las llaves y llevó personalmente a Klein al segundo piso.
—Señor, ¿cuántos días se quedará?
Son 1 soli y 5 peniques por noche.
—Sólo esta noche.
No soportaba el entusiasmo, así que respondió sucintamente.
En la Posada Viento Azul, la lujosa suite que compartía con Danitz costaba cinco soli por noche.
Sin duda, la habitación que había elegido el jefe estaba limpia y ordenada, y no había rastro de la humedad habitual en una posada del puerto.
Klein miró a su alrededor y asintió con satisfacción.
—Excelente.
—Es mi honor —dijo el jefe con obvio temor.
Klein bajó su equipaje, descansó un rato, luego se levantó y volvió a descender hasta la planta baja para preparar su cena.
Al lado del mostrador, las mesas estaban dispuestas de forma aleatoria a lo largo del primer piso.
Había una capa grasienta en la superficie de cada mesa, y una chimenea ardía en una esquina, emitiendo luz y calor.
El Archipiélago de Rorsted estaba ligeramente al Sur, y las temperaturas más bajas en invierno eran sólo de unos 10 °C.
Sin embargo, para los lugareños, eso era lo suficientemente frío como para que necesitaran una fogata para calentarse.
Klein encontró un asiento al azar y se sentó, ordenando una especialidad local de carne a la parrilla y sopa de champiñones con especias, siendo el plato principal el pan de papa.
Mientras esperaba, dirigió su mirada hacia los clientes que estaban dentro del restaurante.
Su mirada se posó instintivamente sobre una dama.
Esa dama tenía el cabello negro atado de forma simple y un par de ojos distintivos de color gris-verdoso.
Su apariencia era del tipo que uno no se hartaría fácilmente, y cuanto más la miraba, más intrigado estaba.
Obviamente no era nativa, pero llevaba una camisa de hombre y una chaqueta gruesa de color canela.
En su mano había un sombrero de ala redondeada con una pequeña hendidura en el medio.
Ese era uno de los conjuntos de aventureros más comunes en el mar.
En su mesa, los otros tres hombres vestían lo mismo, y claramente parecían haber estado expuestos a los elementos.
Klein nunca había ocultado su aprecio por las mujeres hermosas, pero su atención no se centraba en ella por su apariencia.
El mar tenía un fuerte sentimiento de discriminación contra las mujeres.
Las mujeres que podían alcanzar un cierto estatus entre aventureros y piratas eran o muy intrigantes, o muy poderosas, o ambas cosas.
¡Eran personas de las que había que ser precavido y cauteloso!
«Sus botas tienen algo de barro fresco…
¿Acaban de volver del bosque?
Je, je, realmente son aventureros…» Klein hizo un análisis preliminar basado en algunas pistas.
Si esos cuatro aventureros hubiesen llegado en ferry desde Bayam, incluso si previamente habían pisado aguas residuales o barro, los rastros ya se habrían secado.
Además, como en el pueblo no había llovido en los últimos dos días, en general, los caminos estaban bastante limpias con sólo algo de polvo.
Eliminando esas dos posibilidades, sólo se podía explicar que habían regresado de un viaje al bosque en las afueras de la ciudad.
Klein había oído que muchos aventureros se adentraban en los bosques primitivos de las islas coloniales en busca de templos o altares paganos abandonados y olvidados, que a menudo contenían oro y joyas de culto antiguo pero que luego fueron enterrados por diversas razones en un lugar que ya nadie conocía.
En los bares de las distintas islas, siempre había leyendas de que alguien había logrado hacer fortuna de la noche a la mañana en una aventura en algún bosque.
«Podría haber espíritus malignos en esos lugares…
Sería mejor cazar piratas, o por lo menos adquirir información relevante de antemano…» Apartó su mirada y se concentró en esperar por la comida.
Las siete Iglesias clasificaban a los diversos dioses en los que creían las religiones primitivas de las colonias como espíritus malignos, pero Klein creía que algunos de ellos eran espíritus naturales.
Después de un rato, se sirvió la especialidad de carne a la parrilla.
Había sido cortada en muchos trozos más pequeños y exhibida en un palo de madera.
La superficie estaba untada con una salsa marrón rojiza.
La fragancia era rica y el color seductor.
«Se parece un poco a los kebabs de mi vida anterior…
En Loen, por lo general se asan como grandes trozos de carne.
Sólo después de asar la carne, el chef la corta en rodajas…
El método utilizado aquí hace que los sabores penetren mejor la carne…» Cogió el palo de madera y mordió un trozo de carne.
Sintió que el jugo de la carne se desbordaba en su boca, había un toque de dulzura en la fragancia salada.
«¡Tal y como me gusta!» Asintió con satisfacción.
Klein disfrutó de la comida e incluso probó la “Gurney Sap”, una bebida especial, similar a una limonada con azúcar y leche.
Volvió a su habitación.
Como había estado cazando la noche anterior, no había dormido nada.
Se aseó temprano, apagó la chimenea y se metió a la cama.
Dormir demasiado temprano significaba un problema: se despertaba en medio de la noche para orinar.
El sueño de Klein fue interrumpido.
Abrió los ojos y lentamente acumuló el valor para levantar su frazada.
En medio de la noche, Symeem estaba a unos 8 o 9°C, y era suficiente para que se sintiera lo suficientemente fría.
Después de quedarse quieto un rato, estiró el brazo y retiró su frazada en silencio.
Contempló la nada misma durante unos segundos antes de volver a extender la mano y agarrar el Broche Solar de su mesita de noche.
Aunque sólo proporcionaba la sensación de un verano caluroso a nivel espiritual, y no producía ningún calor real, al menos podía engañarse a sí mismo haciéndose creer que no hacía frío.
Klein se levantó de la cama y se dirigió al baño.
Entrecerró los ojos para aliviar la presión en la parte inferior de su abdomen.
Cuando terminó, se subió los pantalones y estaba a punto de lavarse las manos cuando su percepción espiritual se activó.
Frunció un poco el ceño y miró hacia el respiradero del baño.
De repente, algo negro y resbaladizo cayó y quedó colgado allí.
¡Era una serpiente venenosa que extendía su lengua bífida!
Klein se asustó.
Abrió la boca y gritó: —¡Bang!
La serpiente fue acertada miserablemente, y se partió por la mitad.
«¿Qué pasó?» Klein la miró fijamente durante unos segundos.
Al no ver más movimiento, salió del baño y sacó una moneda de oro de su bolsillo.
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