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El señor de los misterios - Capítulo 915

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Capítulo 915: 915 Otro “Yo” Capítulo 915: 915 Otro “Yo” Editor: Nyoi-Bo Studio Sin esperar la respuesta de Klein, Azik, quien miraba fijamente profundamente en el mausoleo, agregó: —Aún recuerdo mi resurrección después de mi primera muerte.

Estaba acostado en un pálido ataúd blanco y tras tambalear varias veces, me puse de pie.

Me sentía horrorizado, no tenía idea de lo que estaba sucediendo, ni sabía dónde estaba…

…Antes de que los clérigos recogieran mi cadáver para purificarme, escapé, tropezando en el camino como un fantasma errante.

Crucé praderas, aldeas y ciudades.

No podía recordar quién era ni de dónde venía…

Y sin importar a dónde fuera, escuchaba todo tipo de sollozos.

Cuando veía a sacerdotes presidiendo entierros en masa, sentía el dolor en cada rincón que observara…

…En una ocasión, rescaté a una dama noble, tras lo cual ingresé a su mansión.

Era una niña brillante y vivaz, y yo era como una bestia salvaje de la jungla.

En ese entonces era propenso a ser sensible, desconfiado, me humillaba a mí mismo, me asustaba con facilidad; y a menudo mostraba un lado frío, indiferente y cruel que no coincidía con la moral propia de un humano…

…En tanto, ella sentía mucha curiosidad por mí.

No importaba cuánto la evitara o qué cosas terribles hiciera, ella siempre se acercaba a mí, me contagiaba con su sonrisa.

Se valía de interesantes métodos para influir en mí, y sin darme cuenta, fui acostumbrándome a sus bromas y a su existencia…

Nos encontrábamos en secreto.

Ella estaba muy preocupada de que su padre no aceptara su matrimonio con un antiguo vagabundo y actual sirviente…

…Cada vez que veía su sonrisa melancólica, era como si volviera a tener la sensación de sangre corriendo por mis venas.

Eventualmente, le dije con gran resolución que me marchaba, pero que volvería con un título aristocrático y alianzas nupciales para casarme con ella…

Me uní al ejército, convirtiéndome en un caballero.

Mi única compañía era una lanza tres metros, con la cual cargué innumerables veces contra los enemigos.

Gracias al caos reinante durante la Cuarta Época en el Continente Norte, me convertí en un Barón y obtuve un feudo que podía llamar mío…

…Cumpliendo mi promesa, y con la carta de conferimiento del rey, mi emblema familiar, una medalla de caballero y un par de alianzas nupciales, me casé con mi novia.

A medida que detallaba su pasado, la expresión de Azik se volvió gradualmente gentil, como si estuviera recordando algo placentero.

Las comisuras de su boca se curvaron sin que él lo notara.

El corazón de Klein se agitó contento al escuchar todo eso, como si hubiera vuelto a encontrarse con el Sr.

Azik que conocía con familiaridad.

—¿Qué pasó después?

—preguntó Klein, guiando cuidadosamente la conversación.

Azik miró hacia adelante y dijo: —Luego…

luego, construimos un castillo en nuestro feudo.

Tuvimos un hijo.

Creció muy rápido, y me di cuenta de que crecería para ser alto y robusto…

Le gustaba el combate, a menudo corría mientras arrastraba una espada ancha, alegando que quería convertirse en caballero…

…Pensé que eso solo era una intención infantil que no persistiría.

Sin embargo, por más que se rompiera una pierna o se lastimara la cabeza, no abandonaba su entrenamiento.

Pensaba que yo no lo perdonaría si se escondía en su habitación cuidando de sus heridas.

Je, je, subestimaba a su padre.

Todos los espíritus del feudo estaban secretamente a mi servicio…

…Los años fueron pasando.

Recuperaba cada vez más mis recuerdos.

Mi esposa a menudo se quejaba de que el castillo estaba demasiado frío y oscuro, deseando ir a algún lugar con luz solar y calor.

Satisfice su pedido, pero poco después me di cuenta de que el castillo en realidad no la molestaba, sino que tenía miedo de los cambios que yo estaba experimentando, tenía miedo de mi creciente actitud fría al punto de que me consideraba un extraño…

…Aunque nunca me dijo ese tipo de cosas de frente, seguía pasando tiempo conmigo como siempre lo hacía.

Pasamos un tiempo hermoso junto al Mar del Sur, e incluso pensamos en tener un segundo hijo, pero desafortunadamente, no tuvimos éxito…

Solo cuando sentí que mi próxima muerte estaba cerca, volví al feudo, a mi castillo…

…Mi hijo, ese chico me dijo que deseaba ir a Backlund para convertirse en asistente de Vizcondes o Condes y comenzar así su carrera para convertirse en caballero…

Le pregunté por qué había tomado esa decisión cuando solo tenía alrededor de diez años.

Me dijo que yo era su ídolo y modelo a seguir.

Deseaba convertirse en un noble obteniendo el título de caballero como yo lo hice, sin la ayuda de sus padres…

…En aquel entonces, ya había recuperado la mayor parte de mis recuerdos.

Pero ante ese chico, siempre me sentí un tanto incómodo, como si no lo conociera del todo, lo cual me provocaba cierta incomodidad.

Pero cuando escuché su respuesta, realmente me llené de una alegría, satisfacción y orgullo indescriptibles.

Era mi hijo, y era completamente diferente a los niños que tuve estando en el Imperio Balam.

Klein sabía que el Sr.

Azik estaba hablando de su identidad como Barón Lamud I.

Y el hijo que lo hizo sentir orgulloso y satisfecho había sido muerto por envenenamiento a su mediana o avanzada edad.

Lo sepultaron en un ataúd, del cual Ince Zangwill se robó su cráneo.

La mirada de Azik se desvió por un momento, continuando: —Morí una vez más y me desperté algo mareado.

Abandoné instintivamente mi feudo, siguiendo mis planes previos para ir a otro lugar.

En cada encarnación tuve una vida diferente.

A veces, me encontraba con el amor más dulce; en otras recibía a la hija más adorable.

El amor, la impotencia y la satisfacción me dejaban desconcertado continuamente, entre sorprendido y atónito, una y otra vez a medida que recuperaba gradualmente mis recuerdos…

…Hubo una vez en que fingí ser un hijo.

Les di orgullo a mis padres, una vida hermosa, adorables nietos y nietas.

Pero cuando “me desperté” y me encontré con mi verdadero Yo, recordé que en mi encarnación anterior observé fríamente cómo su verdadero hijo murió en el campo de batalla, tras lo cual me apoderé de su identidad.

Por un lado, sentí dolor y culpa; pero, por otro lado, sentí que no era nada importante, algo trivial.

Mi corazón interno parecía disociarse en dos…

…En aquel entonces, tenía una máscara que me permitía transformarme en cualquiera, pero la perdí después de mi último despertar.

Podría ser algo que perdí deliberadamente…

Klein recordó la mención del Sr.

Azik de una hija a la cual le gustaba que le diera dulces.

Después de pensarlo por unos segundos, preguntó: —Creo que no es una disociación, sino que está luchando contra la locura…

Tras perder sus recuerdos pasados, usted siempre es amable y cálido cuando reinicia una nueva vida, albergando emociones ricas y plenas.

En su estado actual, probablemente reconozca esto con mayor claridad…

…Su verdadero yo bien podría ser ese, su esencia.

Y como Cónsul de Muerte, sufre los efectos de la inclinación latente a perder el control, algo propio de toda característica Beyonder.

Sufre la influencia provocada por un Beyonder alto nivel de la ruta de Muerte.

Llegué a escuchar que “Él” mismo ya se había vuelto loco tras la Guerra de los Cuatro Emperadores.

Las palabras de Klein no tenían gran sustento, porque solo conocía algunas de las encarnaciones de Azik: el Barón Lamud, el padre que cambió su forma de ser por una hija, cuando fingió ser un hijo y el cálido y amigable maestro de historia.

Su objetivo era establecer una suposición, una posibilidad de ayudar al Sr.

Azik a resistir la personalidad del Cónsul de Muerte que se consolidaba a medida que recuperaba sus recuerdos.

De esa forma, podría evaluar sus encarnaciones pasadas para obligarse a sí mismo a no ser muy frío y distante.

Y mientras hablaba, de repente tuvo una nueva idea.

Sin esperar a que Azik terminara de digerir lo que le dijo, se apresuró a preguntar: —Sr.

Azik, ¿Sabe algo acerca de un “ancla”?

Como protección, las deidades y los ángeles usan anclas para evitar caer en la inclinación a perder el control, algo inherente a toda característica Beyonder.

De esa forma, “Ellos” se defienden de la locura que podría corromperlos.

—Sí —contestó Azik, apartando su mirada mientras asentía.

Klein no estaba muy seguro de lo que decía, pero usó un tono bastante firme para agregar: —¡Quizás su capacidad de resucitar perdiendo la memoria, teniendo que vivir una nueva vida al principio siempre, es una especie de “ancla” que le permite resistir la locura y la inclinación a perder de control!

«No las abandones.

No las olvides.

¡Esas encarnaciones también eras tú!» Agregó Klein en su interior tras finalizar sus palabras.

—Una especie de ancla…

—repitió esa palabra mientras su mente parecía perdida.

Después de un período de tiempo desconocido, soltó un suspiro, añadiendo—: Esa podría ser una explicación.

Al menos, disminuye la intensidad de mi disociación mental y mis conflictos internos…

… Sin embargo, habiendo llegado tan lejos, debería adentrarme en el mausoleo de todas formas y ver qué se esconde allí.

¿Por qué me está convocando y qué me está haciendo morir y revivir, una y otra vez?

Perdiendo mis recuerdos durante el proceso para volver a encontrarlos con el paso del tiempo…

…Esto me ha preocupado por más de mil años.

Me ha preocupado en todas mis encarnaciones.

Y creo que puedo recibir una respuesta hoy.

La mirada en sus ojos se volvió más clara y su voz se tornó más gentil, aunque inspiraba una firmeza indescriptible.

Klein quería detenerlo, incluso llegó a abrir la boca, pero volvió a cerrarla.

Azik ajustó su sombrero de media copa.

Sin volver la cabeza, dijo con una sonrisa amable: —Recuerda cerrar los ojos.

Dicho eso, caminó hacia adelante, siguiendo las escaleras que llevaban a las profundidades del mausoleo.

La niebla negra flotante dejó de producir sonidos jadeantes.

Se dispersó lentamente a su alrededor, acentuando el objeto ilusorio que estaba escondido en la parte inferior.

¡Era una enorme serpiente emplumada que parecía ocupar una isla entera!

Tenía enormes escamas de color verde oscuro, casi negras.

De entre los huecos formados por sus escamas, salían plumas cubiertas de manchas amarillas aceitosas.

En cada pluma, había delgados e ilusorios tubos negros que se extendían hacia afuera.

La descomunal serpiente emplumada parecía alternar entre lo ilusorio y lo real, su forma real era difícil de describir.

Parecía ser una combinación de aspectos incomprensibles para los humanos.

En las cuencas de sus ojos ardían pálidas llamas blancas; ¡y su cara era la de un humano!

Su cara tenía piel bronceada y rasgos faciales suaves.

Debajo de su oreja derecha había un pequeño lunar negro.

¡Era otro Azik Eggers!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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