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El señor de los misterios - Capítulo 922

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  4. Capítulo 922 - Capítulo 922 922 Hongos Y Pescado
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Capítulo 922: 922 Hongos Y Pescado Capítulo 922: 922 Hongos Y Pescado Editor: Nyoi-Bo Studio Al mirar las luces que brillaban tras la ventana principal, el encapuchado y enmascarado Alger estaba a punto de preguntar sobre los detalles de la operación cuando de repente vio una sombra surgir de la más absoluta oscuridad.

Se materializó como un joven larguirucho, pálido y enfermizo.

«Heath Sin-Sangre Doyle…» Alger rápidamente reconoció al hombre como el segundo oficial del Futuro.

Heath no lo miró, hablándole directamente a Cattleya: —Capitana, no notaron nada y prepararon una crema de champiñones con esos hongos.

Planean servir el pescado frito como el plato principal de esta noche.

—Excelente —dijo Cattleya quitándose sus pesadas gafas, para luego usar sus misteriosos ojos púrpura para mirar a través de las paredes del comedor de la casa vecina.

Heath Doyle guardó silencio e instantáneamente oscureció su cuerpo, regresando a las sombras.

No se sabía a dónde se había escabullido.

Tras escuchar la conversación anterior y sumado a lo que Madame Ermitaño mencionó con antelación, Alger consideró una idea aproximada sobre cuál sería elemento central de la operación de esta noche: ¡Hongos!

¡Hongos venenosos!

Aunque no sabía qué método estaba usando la Almirante de las Estrellas para bloquear la intuición espiritual de los Beyonders en el interior, de forma a que no pudieran distinguir los hongos normales de los venenosos, Alger creía que no había nada imposible en el misticismo.

Con un tono vacilante, preguntó: —¿Esto causará la muerte del Artesano Cielf?

Los Artesanos no afiliados eran bastante raros, por lo que Alger no deseaba perder a ese “amigo” si las circunstancias aún podían modificarse en su favor.

Para él, el mejor desenlace era encarcelar a este prójimo y convertirlo en un Artesano exclusivo tanto para él como para Madame Ermitaño.

—No —dijo Cattleya sacudiendo la cabeza con calma mientras explicaba —: Tras estudiar la información que proporcionaste y las observaciones de mi tripulación, nos centramos en un punto especial: a Cielf no le gustan los peces, incluso los odia.

Podría ser estar relacionado a que se le clavó una espina de pescado en la garganta cuando era joven.

Y fue por esa particularidad que Cattleya finalmente escogió la estrategia basada en los hongos.

Eso podría reducir efectivamente la fuerza efectiva del enemigo mientras simultáneamente minimizaba los riesgos para su equipo.

Los hongos criados en ambientes oscuros que devoraban carne y sangre y fueron los primeros en ser descartados por la Almirante de las Estrellas porque activarían la aguda percepción espiritual de algunos Beyonder, haciéndoles sentir que algo andaba mal.

Sería similar a enfrentar algo venenoso.

Además, los Beyonders que creían en la Luna Primordial tenían una comprensión bastante profunda de las hierbas, plantas y frutas.

Con solo apelar a su observación visual, probablemente podrían identificar hongos que representaban cierto peligro.

La única forma de engañarlos era que la comida fuera inofensiva.

Que la mutación ocurriera recién después del contacto con alguna otra cosa.

Considerando todo eso, ¡los hongos creados previamente por Frank eran perfectos!

Si no se cumplía la condición de mezclar pescado y agua, los hongos eran setas comunes.

No podían causar diarrea ni una muerte por envenenamiento.

Serían digeridos poco a poco, para terminar deshaciéndose en sus diferentes componentes antes de ser expulsados del cuerpo.

Y en esa fase post-digestión, agregar peces y agua ya era algo inútil.

Por ello, Cattleya hizo que Frank abandonara temporalmente sus demás experimentos para producir un lote de hongos.

También le prometió cazar un Obispo Rosa de la Orden Aurora.

—Odia el pescado…

—susurró Alger, sintiendo que no podía seguir el proceso de pensamiento de Madame Ermitaño.

Preguntó claramente si los hongos venenosos podrían causar la muerte del Artesano Cielf, pero la respuesta que recibió fue que el Artesano no moriría porque no le gustaba el pescado e incluso lo odiaba.

«¿Hay alguna conexión entre esos dos puntos?» Cuestionó Alger en su interior, perplejo, sin expresar su pregunta en voz alta.

Escogió permanecer en silencio, observando la situación para captar cualquier detalle.

Después de un rato, se escucharon gritos dentro de la casa, seguidos de dolorosos gruñidos y vómitos sonoros.

—Ahora.

Cattleya emitió una orden de una manera anormalmente breve.

Su figura se volvió transparente al instante, convirtiéndose en una escultura formada por innumerables estrellas.

La escultura se hizo añicos en un segundo, con las estrellas brillantes volando hacia la puerta de la casa para deslizarse por un hueco.

Cuando las estrellas se reagruparon dentro, la figura de Cattleya se materializó.

Entonces, escuchó vientos aulladores y sonidos de colisiones.

El marco de la puerta se sacudió antes de que esta se abriera.

Con una capucha y una máscara, Alger entró al edificio objetivo prácticamente detrás de la Almirante de las Estrellas.

Él desplazó su mirada y evaluó rápidamente la situación en el comedor.

El Artesano Cielf estaba apartado de la mesa, con una expresión de horror en el rostro.

En el suelo había dos hombres y una mujer que vomitando hongos sin parar.

En sus pechos, sus ropas estaban desgarradas por varios hongos sobresalientes.

Al sentir que alguien entraba, inconscientemente levantaron la vista, revelando racimos de esporas blancas en sus caras.

Bajo su máscara, la cara de Alger se torció involuntariamente.

Aunque tenía una vasta experiencia y suficiente conocimiento, a más de ser un Beyonder casi acostumbrado a ver escenas horribles, lo que presenciaba le provocó un gran un impacto visual y mental sorprendiéndolo profundamente.

Cattleya tenía cierta expectativa por los resultados del envenenamiento, pero nunca había esperado una vista tan espeluznante.

Tras sacudirse su conmoción, se llevó la mano derecha a la boca y sonó un silbato.

Cuerdas ilusorias emergieron del suelo y se enrollaron como serpientes alrededor de los tres creyentes de la Luna Primordial.

—¿Hay alguna manera de detener esto?

—dijo Cattleya dirigiéndose a la sombra en una esquina.

Después de unos segundos de silencio, se escuchó la voz de Heath Doyle: —Frank dijo que no pudo dar con un método para detener esta reacción en sus experimentos.

La única alternativa es la cremación.

«Cremación…» Las cejas de Cattleya se estremecieron levemente.

De inmediato, sacó algo de polvo de un bolsillo y lo arrojó.

El polvo parecía tener vida propia, ya que sus partículas aterrizaron con precisión sobre los tres creyentes primitivos y los hongos varios.

Silenciosamente, estallaron en llamas escarlatas y quemaron en silencio todo aquello con lo que entraron en contacto.

El Artesano Cielf quedó atónito al presenciar la mutación.

Al percatarse de que alguien había entrado, pensó resistirse utilizando un objeto místico, pero rápidamente reconoció que la intrusa era la Almirante de las Estrellas Cattleya.

Por lo tanto, se rindió sabiamente y se quedó parado en su lugar, esperando.

Sabía que su persona tenía un valor significativo.

Sin importar a dónde fuera, no lo asesinarían de inmediato.

Además, la Almirante de las Estrellas nunca tuvo infamia asociada a su nombre.

«Uno siempre debe prepararse para lo peor, solo tendré que unirme a los Piratas de las Estrellas…

Además, esta almirante pirata parece ser más hermosa que en los carteles de su recompensa.

Exuda un aire completamente diferente…» Cielf tiró de su collar de colmillos de lobo y forzó una sonrisa, esperando que la intrusa mencionara su propósito.

Cattleya lo miró, observando seriamente su apariencia.

Todo lo que pudo confirmar fue que él era un clásico ejemplo de alguien proveniente de Intis, sin poder encontrar ninguna similitud con la Reina Mística.

La almirante pirata pensó y dijo: —Un amigo me lo presentó con la esperanza de que crearas un objeto místico, pero luego descubrí que estabas con algunos creyentes de la Luna Primordial…

Los tres no son muy fuertes y no podrían haberte contenido en lo absoluto.

¿Por qué sigues aquí?

En esta operación, el hipotético principal enemigo de Cattleya en realidad era el mismo Artesano.

Eso se debía a que no podía matarlo ni controlarlo.

Además, llevaba varios elementos místicos bien combinados, lo que lo convertía en un poderoso enemigo.

Sin embargo y para su sorpresa, la operación no presentaba sorpresas por el momento.

Cielf dijo con una sonrisa: —Al principio habín creyentes fuertes en Bayam.

Usando fragancias florales y algunos polvos particulares, me infectaron con una dolencia extraña, haciéndome cada vez más débil.

Cattleya lo evaluó casualmente al responder: —Ya te has recuperado, ¿Por qué no aprovechas esta oportunidad para escapar?

Alger se quedó a un lado en silencio.

No dijo ninguna palabra, temeroso de que su voz pudiera traicionarlo y delatarlo.

El Artesano Cielf se rip entre dientes y contestó: —Estando bajo su control, me dijeron que mientras creyera en la Luna Primordial, podría usar ciertos rituales para tratar mi enfermedad crónica.

No pude resistir la tentación y lo intenté, y realmente tuve éxito.

Pude volver a sentir lo que significa ser un hombre otra vez…

Al terminar esa oración, se detuvo abruptamente, dándose cuenta de que había dicho demasiado al exponer su enfermedad secreta.

«¿Acaso sobrepasó sus propios límites cortejando mujeres?

¿Lo que a su vez provocó que fuera perdiendo lentamente sus habilidades en la cama?» Pensó Alger riendo por dentro.

Cielf levantó la vista y los miró.

Al ver que nadie se estaba burlando de él, tosió un poco y continuó: —No era algo que pudiera ser tratado con la medicina tradicional.

Realmente recuperé mi estado joven y viril.

Más tarde, tuve dos sueños protagonizados por una luna sangrienta y muy atractiva…

…Supuse que ya me había convertido en un creyente de la Luna Primordial; por lo tanto, no me atreví a escapar.

Cattleya y Alger intercambiaron miradas en silencio, sentenciándolo a muerte simultáneamente.

Mientras alguien realmente creyera en un dios malvado, en un diablo o en alguna otra existencia secreta; a menos que estuviera dispuesto a continuar manteniendo la fe para poco a poco ir volviéndose cada vez más loco, no había arrepentimiento.

Incluso si estuviera protegidos por facciones de Beyonders oficiales y no sufriera ningún problema por períodos prolongados, ¡Eventualmente podría terminar estrangulándose a sí mismo en sueños años más tarde!

Eso era algo casi insalvable, a menos que se ganaran el derecho de recibir las bendiciones de un Ángel Terrenal como el papa de una Iglesia importante, o si aceptaran estar aislados por ciertos Artefactos Sellados y vivir bajo tierra para siempre.

Por supuesto, en tales situaciones, también había muchos individuos que no guardaban cuidado algo y lograban vivir hasta una edad avanzada antes de morir naturalmente.

Sin embargo, la mayoría eran personas comunes, objetivos que dioses malvados, diablos y existencias ocultas ignoraban fácilmente.

En cuanto a Cielf, él era un Artesano muy útil.

Cattleya no volvió a mencionar a los creyentes de la Luna Primordial.

Para ella no era un gran problema si el Artesano creía en un dios malvado.

Mientras de vez en cuando pudiera comunicarse con él para llegar a un acuerdo de cooperación y no volverse loco, los demás aspectos no eran algo de lo que una pirata tuviera que preocuparse.

Ella cambió de tema y dijo: —¿Qué objetos místicos tienes ahora?

Elegiré algunos y te dejaré con el resto.

El Artisan Cielf no se sorprendió demasiado ante tal solicitud.

Ella era una pirata, no una mujer policía.

Perpetrar un atraco casual era extremadamente normal.

Incluso, que ella decidiera dejarle algunos artículos era algo que debería agradecerle sinceramente.

Ciertamente, con su nivel y los objetos que tenía encima, era posible que lograra escapar si se esforzaba al máximo, pero le faltaba el coraje.

—Bien —dijo Cielf sacando un par de lentes blanco-grisáceos del bolsillo en su pecho, explicando—: Gafas de Gárgola.

Si dos líneas de visión se interceptan, pueden hacer que el objetivo se entumezca como si estuviera petrificado.

Posee dos efectos negativos.

Primero, si uno las usa y se mira al espejo, también se entumecerá.

Segundo, el cuerpo de uno se volverá pesado, perdiendo cierta agilidad.

«¿No es ese el artículo que reservé?

Así que ya está hecho…» Mirando al Artesano, Alger no pudo evitar entrecerrar los ojos

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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