El señor de los misterios - Capítulo 942
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Capítulo 942: 942 Maldición De La Deidad Capítulo 942: 942 Maldición De La Deidad Editor: Nyoi-Bo Studio Cuando la espiritualidad de Klein logró establecer contacto, los puntos de luz se expandieron de repente para formar una escena ante sus ojos.
Con su Capa de Sombra puesta, Danitz estaba rezando con la cabeza inclinada en una esquina de la plaza, conjurando el nombre honorífico de El Loco en Hermes Antiguo.
Gracias a eso, Klein pudo ver el área alrededor de la plaza y comenzó a buscar a Ince Zangwill.
A través de la niebla gris, todo lo que veía ahora era claramente diferente a lo que vio desde su hotel hace un momento.
En el centro de la plaza, una catedral incrustada de cadáveres había aparecido en algún momento.
Estaba oscuro adentro y no se percibía ningún signo de actividad en su interior.
Aprovechando esa oportunidad, Klein respondió la oración de Danitz: —Sal del área.
Busca un lugar apartado donde esconderte.
Hablando despacio y vestido con la tiara papal y la túnica oscura, Klein levantó la mano izquierda e iluminó las gemas azules en la punta de su cetro óseo.
Sonidos agudos y discordantes resonaron de inmediato sobre la Plaza del Renacimiento en el mundo real, desatándose una tormenta que arrasó el área.
Hizo que las personas que se recreaban allí, así como los peatones, corrieran rápidamente buscando refugiarse del viento.
Incluso Anderson, cuya expresión estaba helada, recuperó su habitual actitud despreocupada.
Sosteniendo su abdomen con una mano, salió del área peligrosa a gran velocidad.
En unos segundos, la Plaza del Renacimiento se tornó extremadamente silenciosa.
Incluso los peatones que se alejaron caminando lentamente en vez de correr experimentaron la sensación de volar un poco con el empuje del viento.
El área ya vacía se vio envuelta en un breve silencio.
Entonces, una llama apareció desde una de las ventanas de la catedral cadavérica.
La misma creció en tamaño y se volvió cada vez más cegadora.
En silencio, las ventanas de vidrio coloreado se hicieron añicos mientras haces de una cegadora luz blanca que bordeaba el azul arremetían como meteoros.
Los haces de luz convergieron en la materialización de Ince Zangwill, quien vestía una túnica de clérigo negra, con uno de sus ojos de color azul oscuro y el otro cubierto con vasos sanguíneos.
En el momento en que apareció este Vigilante Nocturno, no pudo evitar abrir la boca y mofarse de la pluma clásica en su mano: —Si un tonto como tú no escuchase mis sugerencias, ¿cómo podría suceder algo como esto?…
…Ni siquiera estoy seguro de a qué le tienes miedo.
Si me hubieras permitido rezarle al Señor, habría podido regresar en secreto a la Redención de Rosas y unir fuerzas con la ‘Serpiente’, nuestros preparativos nos habrían permitido establecer una trampa.
¡Hoy seremos nosotros los que cazaremos a Adam, y no al revés!
La pluma relativamente oscura y dañada voló de inmediatamente, escribiendo en un lugar vacío de la ropa de Ince Zangwill: “Debido a la ira causada por la vergüenza, Sauron Einhorn Medici echó la culpa de esta situación a la Pluma de Alzuhod, pero en verdad, fue ‘Él’ quien se detuvo a rezarle al Creador Verdadero.
Ya sea Sauron o Einhorn, ninguno de ellos confiaba en este dios malvado.” “¡Lo que acababa de suceder hizo que la disociación psicológica de este espíritu maligno empeorara!
Algo extremadamente razonable.
¡Ese es el diagnóstico del mejor y más profesional psiquiatra!” “Ince Zangwill” inmediatamente frunció el ceño, levantando la mano izquierda para presionarla contra su cabeza.
Su ojo azul oscuro recuperó súbitamente su brillo al mismo tiempo que su rostro de facciones esculpidas adoptaba una expresión en extremo severa.
En ese instante, tras escapar de la catedral cadavérica, ya no estaba frente a la plaza.
En cambio, había tramos de unas antiguas escaleras de piedra.
Estas conducían a la cima de una montaña imponente.
Erigida en la cúspide había una gran cruz con innumerables ángeles girando a su alrededor.
En un momento dado, un gran relámpago formado por rayos plateados atravesó el cielo nublado, golpeando a Ince Zangwill.
El extraño espacio sellado se agrietó.
La fuente y sus chorros de agua se reflejaron en su ojo azul oscuro.
La figura de Ince Zangwill desapareció de inmediato, dejando solo un espíritu borroso y transparente.
Este último fue alcanzado por el relámpago y se disipó instantáneamente.
Ese Vigilante Nocturno no tenía el lujo del tiempo para considerar qué otros peligros podrían estar acechándolo.
Aprovechó esta oportunidad para transformarse en una llama y escurrirse por una grieta para escapar de la gran descarga eléctrica.
Para él, sin importar las circunstancias, ¡nadie era más aterrador y difícil de enfrentar que el Hijo del Creador, el Rey de los Ángeles, Adán!
Al ver una llama elevándose desde la plaza, permitiendo a Ince Zangwill escapar de las restricciones del mundo ilusorio y regresar a su apariencia de cabello rubio oscuro y manos pálidas, Klein levantó la cabeza un poco y subconscientemente se sentó derecho.
Incontables escenas pasaron por su mente: Él con su corazón penetrado, el par de botas de cuero brillantes justo antes de su muerte anterior, Dunn Smith sonriéndole con un guiño de su ojo izquierdo y la Compañía de Seguridad la Espina Negra en ruinas.
Las comisuras de la boca de Klein se curvaron rápidamente hacia arriba, revelando una sonrisa cómica.
Luego murmuró profundamente en Hermes antiguo: —¡Desgracia!
El talismán gris-plateado en su mano derecha repentinamente estalló liberando una sombría luz negra.
Ese era un talismán del dominio de la Desgracia que Klein creó usando la sangre de la Serpiente de Mercurio Will Auceptin junto otros metales preciosos, mientras rezaba a la Diosa de la Nocheterna.
Era un regalo que había preparado para Ince Zangwill.
Era una flecha de venganza.
¡Era la maldición de una deidad!
Klein se puso de pie de inmediato, estiró los hombros y extendió el brazo derecho, fusionando la sombría luz negra con los pequeños poderes que podía agitar por encima de la niebla gris, lanzándolo todo en dirección a Ince Zangwill.
*** Justo cuando Ince Zangwill regresó a la Plaza del Renacimiento, vio aparecer un rayo negro oscuro de la nada.
Cubrió todo el cielo, haciendo que se encontrara en un ambiente extremadamente oscuro.
Semejante cambio ocurrió en tan solo un segundo antes de que todo se restableciera a la normalidad en un pestañeo.
Nada parecía raro, pero como Vigilante Nocturno que podía impregnar un cierto nivel de mala suerte en los demás, Ince Zangwill “olió” agudamente el aura del peligro.
Sin dudarlo, extendió su mano izquierda en un intento por usar el espíritu maligno dentro suyo, combinándolo con sus poderes de Portero para ingresar al mundo espiritual y huir.
Sin embargo, ninguna de las flores brillantes circundantes, ni la fuente de color blanco puro ni los oscuros azulejos negros tenían sus colores saturados, mucho menos superpuestos.
¡El Recorrido del Mundo Espiritual de Ince Zangwill había fallado!
El brillo en sus ojos se congeló mientras empezaba a entender la razón subyacente.
El espíritu maligno que lo poseía estaba teniendo una lucha interna; por lo tanto, no podría prestar sus poderes.
—¿Ves?
¡Nada de esto hubiera pasado si me hubieras escuchado!
—¡Una mierda!
¡Prefiero morir antes que creer en el Verdadero Creador!
—¿Qué sentido tiene decir todo esto?
¿Acaso no terminaste igual que nosotros, convertido en una poción por Alista Tudor?
—¿Entonces ninguno de ustedes está nervioso en lo absoluto?
¿No notaron que la maldición claramente estaba impregnada por el aura de una deidad?
La magnitud de ese poder fue enorme.
Nuestra condición actual no nos permitiría sobrevivir a algo así.
Ja, ja, sigan discutiendo, ¡sigan!
Esperaré a morir con todos ustedes.
*** Las venas en la frente de Ince Zangwill palpitaron mientras escuchaba esa discusión.
Estaba furioso de que Sauron Einhorn Medici se enfrentaran repentinamente a una lucha interna estando en un momento tan crítico.
No parecían darse cuenta del peligro que enfrentaban.
Como ex arzobispo, como Beyonder que había vigilado los artefactos sagrados de la Iglesia de la Nocheterna, Ince Zangwill no permitió que ira nublara su correcto juicio.
Instintivamente creía que el sombrío rayo negro estaba relacionado a la autoridad de la Diosa de la Nocheterna sobre la Desgracia.
Creía que el repentino desacuerdo entre Sauron Einhorn Medici claramente fue resultado de esta influencia.
De lo contrario, ¡debería ser imposible que el espíritu maligno del Ángel Rojo entre en una disputa interna ignorando la situación en la que se encontraban simplemente por la escritura de la Pluma de Alzuhod!
Se dio la vuelta de inmediato, corriendo con todas sus fuerzas hacia otra salida de la Plaza del Renacimiento mientras intentaba comunicarse con otros espíritus.
Deseaba usar sus poderes para escapar; ¡sin embargo, no había un solo espíritu alrededor!
En ese momento, notó una figura en un rincón oculto de la plaza abierta.
Era un mestizo cuyos padres posiblemente provenían de Loen y Balam.
Tenía un rostro carnoso y ropa holgada.
En su cintura colgaba un estoque.
¡Era el Almirante Infierno Ludwell!
¡Una marioneta desprovista de casi cualquier pensamiento!
¡Después de lanzar el talismán de Maldición de la Deidad, Klein siguió su plan, regresó al mundo real y utilizó a sus dos marionetas!
Tras hacer que Enzo encontrara un rincón, sacó los artículos que preparó, organizó un ritual de otorgamiento y controló al Almirante Infierno para que caminara hacia un lugar apartado, listo para enfrentarse a Ince Zangwill.
Ese Almirante Infierno, cuya apariencia era completamente diferente a la original, levantó su mano derecha, permitiendo que su brazo y dedos se volvieran incorpóreos mientras se extendían hacia su objetivo.
¡Ese era un poder que tomaba prestado de la criatura del Inframundo en su interior para extraer los Cuerpos Espirituales de los demás de forma remota!
La pálida palma de Ludwell rápidamente se volvió blanca, y sobre Ince Zangwill, una figura incontrolable comenzó a flotar.
Sin embargo, Ince Zangwill había sido un Portero alguna vez.
Una ilusoria puerta de bronce impregnada de misterio se formó en sus ojos inmediatamente, permitiéndole retirarse con su Cuerpo Espiritual escapando con gran rapidez.
Con su nivel y fuerza, era poco probable que tuviera éxito tan fácilmente, pero por alguna razón, Ince Zangwill cometía errores una y otra vez hasta que casi permitió que el Almirante Infierno lo derrotara.
Por un breve momento, todo lo que pudo hacer fue defenderse como si la lucha se diera en un balancín.
En ese instante, dos figuras aparecieron de un momento a otro al lado de Ludwell.
Uno de ellos era Leonard, de cabello negro y ojos verdes, con un guante transparente en la mano; y la otra era Daly Simone, quien tenía sombra de ojos azul y rubor.
¡Llegaron en el momento perfecto, porque la mala suerte de un enemigo a menudo implicaba que uno era lo suficientemente afortunado!
Lo primero que vio Daly fue la figura que nunca podría olvidar.
Llamas de furia ardieron en sus ojos súbitamente.
Sin embargo, no se apresuró a atacar, limitándose a observar detenidamente su entorno primero.
Luego se ubicó detrás de Ludwell y extendió los brazos.
Una puerta de bronce llena de innumerables patrones extraños descendió inmediatamente y crujió al producirse una abertura.
Esa era una puerta que conducía al Inframundo.
¡Una puerta llena de encanto para todas las criaturas no muertas!
Una fuerza de succión indescriptible y aterradora salió de ese umbral, revelando una extraña figura sobre el cuerpo de Ince Zangwill hasta separarla por completo de él.
Dicha figura era la de un hombre translúcido con una armadura negra manchada de sangre.
Era joven y guapo con el cabello rojo.
Su rostro tenía signos terribles de descomposición, y en su entrecejo había una marca con forma de bandera.
Ese joven no se mostró muy sorprendido de haber sido separado de Ince Zangwill.
En cambio, se burló: —Realmente tenemos mala suerte hoy.
Ya hemos muerto juntos una vez, ¿Hay necesidad de volver a hacerlo en este momento?
¿Especialmente siendo controlados por ese debilucho?
—al decir eso una marca sangrienta apareció en su mejilla superior izquierda, abriéndose y cerrándose a intervalos —: Muy bien, limpiemos la basura circundante…
Antes de que terminara su oración, el hombre de la armadura negra manchada de sangre extendió una de sus manos y sacó de su cuerpo una espada ilusoria con oscuras manchas de óxido rojo.
Una aterradora fuerza supresora permitió que el espíritu maligno se liberara fácilmente de la extracción conjunta de Ludwell y Daly Simone.
Giró y se abalanzó hacia Ince Zangwil, intentando regresar al cuerpo del Vigilante Nocturno.
En ese momento, una voz ronca habló, resonando como si su lengua fuera de lija.
El Almirante Infierno Ludwell había conjurado en Hermes antiguo: —¡Destino!
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