El señor de los misterios - Capítulo 952
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Capítulo 952: 952 Qué Mundo Tan Pequeño Capítulo 952: 952 Qué Mundo Tan Pequeño Editor: Nyoi-Bo Studio Danitz saltó asustado exclamando: —Lo siento, no vi nada…
Antes de que pudiera terminar su oración, ya había tirado del picaporte de la puerta hacia él.
*¡Bang!* La puerta se cerró, emitiendo un sonido que resonó por el pasillo.
En ese momento, Danitz finalmente notó su accionar.
«¿Qué hice?…
¿Qué está haciendo Anderson?» Se quitó instintivamente el guante de boxeo negro y pensó amargado con el ceño fruncido.
Finalmente, decidió regresar a su habitación, empacar su maleta y marcharse.
En cuanto a lo que Anderson estaba tratando de hacer, sintió que algo andaba mal a pesar de su curiosidad.
Pero no tenía planes de involucrarse en eso, no deseaba caer en una trampa.
«La Capitana dijo que debería mantener el miedo y el respeto hacia lo desconocido.
Entonces, debería distanciarme de esto…» Justo cuando Danitz se dio la vuelta, de repente escuchó que la puerta se deslizaba antes de ser abierta totalmente.
Anderson, cuyos botones en la parte inferior de su camisa no estaban abrochados, salió con un oscuro cuchillo sin filo.
Miró a Danitz con una expresión extraña: —¿No ibas a tratar de detenerme?
Danitz notó agudamente una oportunidad de burlarse de él, por lo que dijo entre risas: —Es tu libertad…
¡Si no dejas un testamento, seré rico!
Anderson se frotó las mejillas.
—¿No tienes curiosidad por lo que encontré?
Danitz lo miró con recelo y dijo: —Siento que estás tramando algo.
Anderson rio a carcajadas.
—Bueno, me capturaron hace algún tiempo y me encontré empapado en sangre extraña mezclada con todo tipo de ingredientes.
Esta preparación se filtró en mí por un período de tiempo prolongado hasta una extraña crisálida se formó dentro de mi cuerpo.
Ese proceso pretendía crear cierto efecto de atracción orientado a Beyonders de Alta Secuencia de la ruta del Cazador.
Mientras hablaba, señaló su abdomen.
Danitz se sorprendió y dijo: —Nunca he oído hablar de algo así…
Si fueras de otro sexo, habría imaginado que estás embarazada…
—hizo una pausa por un momento antes de preguntar—: Ese tipo extraño en la Plaza del Renacimiento fue atraído por el bebé, no, por la ‘crisálida’ en tu estómago?
Anderson asintió mientras Danitz hacía un gesto con las manos.
—¿Intentaste abrir tu abdomen para extraer la ‘crisálida’?
Anderson respondió con honestidad: —Sí, me preocupa cómo podría afectarme o si continuará atrayendo semidioses.
Tengo que hacer que cada segundo cuente para eliminar este problema latente.
Danitz pensó antes de preguntar una vez más, confundido: —Entonces, ¿por qué no lo intentas de verdad?…
¿Acaso olvidaste hacer un testamento y quieres que sea tu testigo?
Los músculos faciales de Anderson se contrajeron al reír: —Nada mal.
Ya debes estar completando la digestión de tu poción Provocador —luego suspiró, explicando—: Tras un cuidadoso análisis, creo que no hay una forma directa de extraerla.
De lo contrario, no me habrían empapado en sangre hasta que esos ingredientes se filtraran en mí.
Podrían haber abierto mi estómago y colocado la crisálida dentro para luego coserme —sin esperar la respuesta de Danitz, dijo pensativo—: ¿No tenías el método para contactar a Gehrman Sparrow?
Ha pasado por tanto y sabe bastante, así que me gustaría consultarle sobre cómo resolver este problema.
En los últimos meses, Danitz tuvo mucho miedo de que otros plantearan la cuestión de que él conociera a Gehrman Sparrow, por lo que inconscientemente respondió: —¡No!
¡No lo he visto desde que abandoné el Sueño Dorado!
Anderson curvó las esquinas de sus labios y dijo: —Cuando le escribías a Gehrman Sparrow, yo estaba a su lado y conocí a su mensajera.
La expresión de Danitz se congeló de inmediato.
Forzando una sonrisa tras unos segundos, acotó: —Entonces, ¿por qué no llamas directamente a su mensajera?
Anderson volvió a levantar la mano y se tocó la garganta, riéndose: —Te estoy diciendo que no conozco el ritual para convocar a su mensajera.
Danitz aún sospechaba que Anderson estaba tramando algo, y no estaba dispuesto a confirmar que se había estado comunicando repetidamente con Gehrman Sparrow.
Así que sugirió: —En realidad, siempre puedes buscar la ayuda de nuestra Capitana en ese tipo de asuntos.
Ella tiene mucho conocimiento y es buena investigando.
Conoce muchas técnicas secretas y también puede buscar ayuda en la Iglesia del Dios del Conocimiento y la Sabiduría.
Ella debería poder darte una solución para resolver la cuestión de la crisálida en tu estómago…
Ja, ja, si tienes vergüenza, puedo hablar con ella en tu nombre.
Justo cuando dijo eso, vio la cara de Anderson resplandecer.
Rápidamente respondió con un tono apresurado: —Muy bien, ¡hagamos eso!…
Ya empaqué mi maletas.
¿Cuándo nos marchamos de aquí?
—…
Danitz quedó aturdido por unos segundos, sintiendo que Anderson lo había engañado.
Regresó a su habitación, bebió el resto de cerveza que le quedaba y tiró varios artículos en su maleta, dejando afuera una hoja seca con patrones dorados.
Esa fue la ficha que Danitz usó para establecer contacto con el líder dominante del Estado Norte, el General Maysanchez.
Siguiendo las instrucciones de Gehrman Sparrow, dejó la hoja adentro de forma que la persona a cargo se encargara del resto.
*** En la habitación de la que Danitz salió, una vela se encendió repentinamente dando lugar a una floreciente llama escarlata de dos metros de altura.
En medio de las llamas, una figura salió.
Llevaba un sedoso sombrero de copa, traje formal negro y patillas blancas.
Lucía cautivante con sus profundos ojos azules y su porte maduro.
No era otro que Klein como Dwayne Dantès.
Después de recoger la hoja con patrones dorados, Klein salió del hotel, rodeó la Plaza del Renacimiento bloqueada al público y llegó a la región central de Cookawa, la Plaza Pluma Blanca.
La residencia de Maysanchez estaba allí, ubicada al lado de una catedral de Muerte que se extendía hacia abajo en varios subniveles.
Como caballero estándar de Loen, Dantès parecía un foráneo extraño al caminar por la ciudad.
Allí, los extranjeros eran una minoría, y la mayor parte de ellos eran vistos alrededor de las pocas embajadas principales ubicadas alrededor de la Plaza Regocijo.
Los otros lugares estaban llenos de locales de Balam en su gran mayoría.
De piel ligeramente marrón y cabellos negros y rizados.
Sus rasgos faciales eran suaves y, a los ojos de casi todos los habitantes del Continente Norte, las personas del mismo sexo tenían el mismo aspecto, exceptuando claro diferencias en altura y peso.
Esos lugareños, ya sean hombres o mujeres, disfrutaban enrollando hojas secas de tabaco para producir los reconocidos cigarrillos de Balam.
En su camino, Klein vio a varios residentes escupiendo humo a lo largo de las aceras de tanto en tanto.
Además, muchos de ellos colgaban una fruta conocida como Dalawa por sus cinturas.
Esa fruta era del tamaño de dos puños, con piel gruesa.
Después de abrirle un pequeño agujero y comer su pulpa interna, se usaba para almacenar agua, alcohol u otras bebidas.
Según las observaciones de Klein, la principal bebida era un Gwadar amarillo-anaranjado.
Era agrio con un toque de dulzura, bueno para calmar la sed y aliviar el calor.
También era genial para mantener a la gente despierta.
«No tuve oportunidad de probarlo antes…» Murmuró Klein al encontrarse con el guardia que vigilaba la residencia del general, al cual le indicó que estaba buscando a un hombre llamado Haggis.
Debido a su apariencia como un caballero de Loen, el guardia no se negó ni le dificultó su solicitud.
Hizo que una persona se dirigiera al interior de la residencia, volviendo con un hombre de unos treinta años.
Las características faciales y la piel del hombre eran las de un nativo de Balam estándar.
Sin embargo, su cabello negro y rizado estaba recogido y peinado hacia atrás como si estuviera tratando de imitar a miembros de la alta sociedad de otros países del Continente Norte.
Llevaba una camisa blanca y un chaleco negro, combinado con una corbata de moño formal.
Al ver a Dwayne Dantès, dijo en loenese estándar: —Buenas tardes, soy Haggis.
Mucho gusto.
Su acento era algo extraño, diferente al de cualquier ciudad en Loen.
Klein había vivido en la alta sociedad durante bastante tiempo, por lo que no estaba demasiado sorprendido.
Dijo con una sonrisa: —Buenas tardes, soy Dwayne Dantès.
Nunca esperé conocer a un caballero que sea tan bueno usando el acento de los nobles de Loen.
Haggis no pudo evitar sonreír y decir: —Muchos niños de cuna noble procedentes de Loen han venido a Balam Este y a Balam Oeste para buscar oportunidades.
Tuve la suerte de aprender de ellos.
—Oh, bien podría conocer algunos de ellos —acotó Klein sin prisa por hablar de negocios, en tanto comenzó a hablar con Haggis como un caballero.
Haggis sonrió: —Uno de mis amigos es el Coronel Alfred Hall, el segundo hijo de un conde.
«Hall…» Klein dejó escapar una risita suave.
—Una vez conocí al Conde Hall en una fiesta de caridad.
Es un verdadero noble…
Qué mundo tan pequeño.
Haggis asintió de acuerdo.
—Quizás este sea un plan del destino.
Desafortunadamente, Alfred fue transferido a Balam Este el año pasado.
No se explayó, ya que inmediatamente invitó a Dwayne Dantès a la residencia del general.
Al pasar por la puerta lateral, Klein de repente levantó la vista y miró las vidrieras incrustadas en la parte superior de la vivienda.
El cristal brillaba como un arcoíris bajo la luz del sol, como si varias miradas se concentraran en su superficie.
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