EL SEÑOR DEL PECADO DIVINO - Capítulo 23
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Capítulo 23: El Choque de los Dos Soberanos
El Choque de los Dos Soberanos
El cubo permanecía suspendido en el centro del recinto como una estructura imposible: transparente, perfecto, delimitado por líneas de luz apenas perceptibles que trazaban sus aristas en el aire. Mil quinientos metros cuadrados de espacio sellado bajo una tecnología que, hasta hacía unos minutos, había rechazado cualquier contacto como si el propio aire lo defendiera.
Y entonces, sin previo aviso, Enryu avanzó.
No hubo preparación visible. No hubo concentración teatral ni gesto alguno que anunciara lo que iba a hacer. Simplemente caminó.
El primer paso fue firme, tranquilo, como el de alguien que atraviesa el umbral de su propia casa.
Su mano rozó la superficie.
No hubo rebote.
No hubo vibración.
No hubo oposición.
La estructura que antes expulsaba a cualquiera con una onda invisible que quebraba el equilibrio al menor roce… simplemente lo dejó pasar.
Enryu cruzó la barrera como si estuviera hecha de niebla.
El silencio que siguió fue más pesado que cualquier explosión.
En la sala de control todavía no habían activado el mecanismo. Hasta ese momento, tocar el cubo significaba ser rechazado por una fuerza inmediata, un impacto seco que empujaba hacia atrás con violencia controlada. Era imposible atravesarlo antes de su apertura oficial.
Pero él lo había hecho.
Elaryn giró el rostro lentamente hacia su abuelo. Sus ojos, normalmente firmes, ahora estaban abiertos en una mezcla de incredulidad y desorientación.
Ni siquiera él.
Ni siquiera uno de los emperadores más poderosos desde la fundación de la dinastía habría podido ignorar así el sistema de contención.
Su mirada regresó al cubo.
Enryu ya se encontraba dentro, de pie en el centro, inmóvil, como si el espacio le perteneciera desde antes de haber sido construido.
¿Quién va a pelear con ese monstruo?
El pensamiento atravesó su mente sin forma, sin intención de ser pronunciado.
Theron no dijo nada. Pero su expresión se endureció apenas un instante. Aquello no era un despliegue de fuerza bruta. Era algo distinto. Algo que nunca había visto.
Therion compartía la misma rigidez en el rostro. La incredulidad se mezclaba con una comprensión parcial de lo que implicaba ese gesto.
Mael soltó una breve carcajada que murió demasiado rápido.
No era burla.
Era tensión disfrazada.
Se pasó una mano por el cabello, exhaló con lentitud y tomó asiento.
“Esta pelea va a ser maravillosa.”
Lo dijo en voz baja, pero con una expectación que no lograba ocultar la inquietud que le recorría la espalda.
El líder designado, visiblemente perturbado, avanzó sin apartar la vista del cubo. Eligió sentarse junto a Mael. Desde allí podía observar la estructura completa, cada ángulo, cada posible movimiento dentro de ese espacio sellado.
Era el mejor punto de visión.
Lyra, en cambio, no mostró asombro alguno. Sus ojos curiosos recorrían la escena sin comprender la gravedad de lo ocurrido. Para ella, el cubo era solo una cosa brillante en medio del salón.
Uno a uno, todos tomaron asiento.
El murmullo inicial murió.
Solo quedaron de pie Elaryn, Theron y Daverion.
Daverion rompió el silencio con naturalidad.
“Cualquier escenario que desees colocar estará bien.”
Su tono era sereno, sin desafío, sin arrogancia.
Theron asintió lentamente. No respondió con palabras. Se giró y comenzó a dirigirse hacia la sala de mando, su capa deslizándose tras él con un movimiento contenido.
Cuando se cerraron las puertas tras su figura, el espacio se sintió más amplio.
Solo quedaban Elaryn y Daverion frente al cubo.
Elaryn observó cómo su abuelo desaparecía hacia el control superior. Luego miró a Daverion.
Lo estudió.
Tan joven.
Sin aura visible.
Sin presión.
Sin presencia dominante que aplastara el aire.
Y aun así…
Es él.
Él va a pelear contra ese monstruo.
Sus ojos se desplazaron hacia el interior del cubo, donde Enryu permanecía de pie, completamente inmóvil.
No lo creo.
Regresó la mirada a Daverion.
No emanaba nada.
Ninguna sensación.
Nada que justificara enfrentarse a alguien capaz de atravesar una barrera diseñada para repeler incluso a los más poderosos.
Abrió la boca.
“Oye, t—”
No terminó.
Daverion dio un paso.
Uno solo.
El suelo bajo su pie apenas emitió un sonido.
Y al siguiente parpadeo, ya no estaba frente a ella.
Elaryn sintió un vacío en el campo de visión. Sus pupilas se dilataron mientras giraba el rostro, buscando.
¿Dónde…?
Sus ojos se fijaron en el cubo.
Ahí estaba.
Frente a la estructura transparente.
No había visto el trayecto. No había percibido el desplazamiento. Simplemente había dejado de estar a su lado.
Daverion extendió la mano.
Sus dedos tocaron la superficie.
Elaryn contuvo la respiración.
Esperaba el rebote.
El golpe invisible.
La onda que lo lanzaría hacia atrás.
No ocurrió nada.
La barrera no reaccionó.
No vibró.
No lo rechazó.
Sus dedos atravesaron la superficie como si esta no existiera.
La palma siguió.
El brazo.
Su figura avanzó un paso más.
Y cruzó.
Elaryn observó, incapaz de apartar la mirada, cómo Daverion atravesaba el cubo sin oposición alguna, igual que Enryu.
La estructura que debía contenerlo… lo aceptó.
Y por primera vez desde que el cubo fue instalado, dos personas estaban dentro sin que nadie lo hubiera activado.
En la sala de control, Theron permanecía de pie frente al panel principal. Sus manos descansaban sobre la superficie luminosa mientras observaba el cubo suspendido en el centro del recinto.
Sus ojos se cerraron un instante.
No iba a elegir un terreno neutral.
Si esa pelea iba a ocurrir, debía ocurrir en un lugar con estructura… con peso… con límites físicos que pusieran a prueba cada movimiento.
Sus dedos comenzaron a desplazarse sobre el panel.
Las líneas de luz dentro del cubo cambiaron.
El espacio vacío empezó a fragmentarse, como si la realidad dentro de la estructura estuviera siendo reescrita capa por capa.
Primero apareció el suelo.
Tablones anchos de madera oscura se extendieron desde el centro hacia los bordes, encajando entre sí con una precisión perfecta. No era madera común. La textura era densa, compacta, con vetas profundas que parecían contener metal en su interior. Madera forjada bajo presión espiritual, más dura que el acero templado, capaz de soportar impactos devastadores sin astillarse con facilidad.
Después, el espacio comenzó a elevarse.
Edificaciones surgieron alrededor del perímetro interior del cubo, formando un amplio patio central.
Era el interior de una secta.
La Secta Rompedora de Estrellas.
Las estructuras eran mayormente de madera reforzada, combinada en puntos estratégicos con vigas oscuras y placas internas ocultas que fortalecían su armazón. Columnas gruesas sostenían techos inclinados de varias capas, y las paredes mostraban grabados sobrios, austeros, como si la disciplina del lugar estuviera tallada en cada superficie.
El patio central era amplio, perfectamente cuadrado, dejando espacio suficiente para un combate sin restricciones inmediatas.
Alrededor, los edificios formaban un anillo casi cerrado.
Segundos pisos se proyectaban hacia el interior, con balcones largos y corredores elevados que ofrecían vista directa al centro. Barandillas de madera maciza recorrían cada pasillo superior, y puertas correderas permanecían cerradas, ocultando habitaciones interiores.
Todo estaba contenido.
Todo estaba delimitado.
Pero no era frágil.
Aquella madera especial había sido diseñada para resistir. No cedería ante un golpe común. Tendría que ser violentamente superada.
Desde la sala de control, Theron observó cómo la simulación terminaba de materializarse. El aire dentro del cubo adoptó una tonalidad más cálida, como si la luz atravesara papel de arroz invisible.
No había viento.
No había sonido.
Solo el amplio patio central, rodeado de construcciones listas para convertirse en víctimas del choque que estaba por comenzar.
Dentro del escenario, Enryu permanecía en el centro.
Daverion se encontraba a varios pasos de distancia.
Ambos de pie sobre el suelo de madera oscura.
Alrededor de ellos, los balcones del segundo nivel formaban una especie de anfiteatro silencioso.
Desde fuera del cubo, quienes observaban podían verlo todo.
Podían imaginar lo que ocurriría cuando un cuerpo fuera proyectado contra una columna.
Cuando una pared cediera.
Cuando una barandilla explotara en astillas.
Cuando un segundo piso se agrietara bajo el impacto de un cuerpo lanzado con precisión.
El patio no era solo un escenario.
Era una estructura destinada a ser destruida.
Y cada edificio alrededor sería testigo de cómo dos existencias que no deberían estar limitadas por nada… elegirían pelear únicamente con sus cuerpos.
Theron retiró lentamente las manos del panel.
El escenario estaba listo.
Dentro del cubo, la Secta Rompedora de Estrellas aguardaba en silencio.
Y en su centro… la distancia entre Daverion y Enryu aún no había sido rota.
Suspendidos.
Daverion y Enryu flotaban a varios metros del suelo mientras las últimas partículas de luz terminaban de disiparse bajo sus pies.
No había viento.
No había sonido.
Solo el crujido casi imperceptible de la madera asentándose.
Ambos descendieron al mismo tiempo.
No fue una caída.
Fue una decisión.
Sus cuerpos comenzaron a bajar con una lentitud controlada, como si la gravedad hubiera recuperado el derecho a tocarlos.
Las túnicas de Enryu apenas se movieron. Su figura descendía recta, estable, sin oscilación.
Daverion bajó con los brazos relajados a los costados, su mirada fija al frente, sin desviarse hacia los balcones ni hacia las estructuras que los rodeaban.
Las plantas de sus pies tocaron la madera.
El sonido fue seco.
Contenido.
Un leve golpe que resonó en la amplitud del patio y se perdió entre los corredores del segundo piso.
La madera especial no se hundió.
No crujió.
Soportó el peso con firmeza absoluta.
Enryu apoyó primero el talón, luego la planta completa. Ajustó mínimamente la posición de su pie derecho, probando la fricción del suelo. Sus dedos se flexionaron apenas dentro del calzado.
Daverion hizo lo mismo.
Un paso.
Luego otro más corto.
Separó ligeramente los pies, estableciendo base.
Ambos estaban ahora en el centro exacto del patio, rodeados por edificaciones silenciosas que aguardaban, intactas.
El espacio entre ellos no superaba los diez metros.
La madera oscura reflejaba la luz cálida que descendía desde lo alto.
Enryu no adoptó postura todavía.
No levantó los puños.
No tensó los hombros.
Solo habló.
“Dicen que tienes una raíz clara.”
Su voz fue estable, sin burla, sin elogio excesivo. Observaba a Daverion sin parpadear, midiendo cómo distribuía el peso sobre la madera.
“Para alguien como tú… alcanzar el cuarto puesto no es casualidad. Tu comprensión debe ser excepcional.”
Mientras hablaba, avanzó medio paso.
No para atacar.
Para ajustar la distancia.
El talón trasero apenas se deslizó. Su centro bajó unos centímetros. La cadera se alineó.
Estaba probando reacción.
Daverion no respondió con palabras.
Su respiración no cambió.
Pero su peso se desplazó levemente hacia la pierna adelantada. No mucho. Lo suficiente para poder entrar o salir en un instante.
No aceptó el elogio.
No lo rechazó.
Solo escuchó.
La madera bajo sus pies se sentía firme. Demasiado firme. No habría excusas si perdía equilibrio.
Enryu observó ese microajuste.
Entonces entendió algo.
No era arrogancia.
Era cálculo.
“Es envidiable.”
La última palabra cayó suave.
Pero su pie delantero giró apenas hacia dentro, cerrando ángulo.
Ahora sí estaban dentro de una distancia real.
Cinco metros.
Cuatro.
El aire entre ellos se volvió denso.
Daverion sintió la intención antes de verla.
No un ataque inmediato.
Una presión invisible.
Enryu no quería golpear primero sin leer.
Quería provocar una entrada.
Daverion bajó el mentón apenas. Su hombro izquierdo avanzó un centímetro. No era una amenaza. Era una invitación.
Ven.
La tensión no estaba en sus brazos.
Estaba en sus plantas.
En la manera en que ambos buscaban controlar el centro del otro sin moverse demasiado.
Nadie en los balcones respiraba.
Daverion se movió primero.
No fue impulso.
Fue decisión.
El pie delantero descendió con peso completo, no solo apoyando, sino clavándose. La madera especial resistió… y aun así se agrietó bajo la compresión brutal de su estructura alineada. La fuerza no venía del brazo. Venía del suelo, atravesaba la pierna, la cadera, la espalda y explotaba en el hombro.
El puño salió directo al rostro de Enryu.
No hubo advertencia.
Enryu ya estaba desplazando el centro cuando la trayectoria entró en su espacio. Giró el torso a la izquierda, pero no solo esquivó la cabeza: retiró el eje completo. Su talón trasero pivotó, su peso cayó en la pierna posterior, su columna se inclinó lo justo para que el golpe pasara rozando.
El puño cortó el aire con tal presión que la onda sacudió las barandillas del segundo nivel.
El cabello de Enryu se movió.
Pero no hubo impacto.
Daverion no retiró el brazo.
Su muñeca giró hacia adentro. El codo descendió, cargando el peso sobre la cadera. La trayectoria cambió en mitad del vacío. La mano abierta regresó desde la nada hacia la cabeza de Enryu.
No era un segundo ataque.
Era la continuación del primero.
Enryu reaccionó. Su brazo izquierdo salió en línea corta, buscando interceptar el antebrazo antes de que la palma cerrara el arco. No bloqueó con fuerza. Buscó el punto del codo, para romper alineación.
Tenía el ángulo.
Tenía la lectura.
Entonces sintió el retraso.
No era lentitud visible.
Era una fricción interna.
Sus músculos obedecían… pero con una fracción de segundo de atraso.
Por el borde de su visión vio la palma.
Una niebla gris casi imperceptible adherida a la piel.
Su mandíbula se tensó.
“Pereza”, murmuró Daverion.
La palma impactó el lateral del cráneo.
Enryu descendió el centro al instante, hundiendo caderas y doblando rodillas para no ser arrancado del suelo. Redirigió la mitad de la energía hacia la madera, empujando con la planta del pie en el mismo instante del impacto.
El suelo explotó en grietas radiales.
La energía restante lo lanzó de lado.
Su oído zumbó.
Su visión vibró un segundo.
Pisó fuerte antes de cruzar el límite del patio. El impacto subió por su tobillo hasta la rodilla. Sintió el hueso protestar.
Molestia.
No dolor incapacitante.
Pero real.
Volvió la mirada hacia Daverion.
No estaba.
La niebla seguía allí.
No debilitaba su fuerza.
Pero erosionaba su timing.
Eso lo irritó.
No externamente.
Por dentro.
Se dejó caer de rodillas sin buscarlo con la vista.
El golpe que descendía desde atrás pasó sobre su cabeza, cortando el aire donde había estado su cuello.
Desde el suelo extendió la pierna izquierda y giró la cadera completa. El barrido no buscaba solo derribar: buscaba cortar el eje, forzar a Daverion a cargar peso sobre una sola pierna.
Daverion lo vio.
Saltó lo mínimo necesario.
No alto.
Solo lo suficiente para que el talón pasara bajo él.
Aterrizó con una ligera pérdida de equilibrio.
Enryu ya estaba de frente.
Un puño salió desde el centro de su cuerpo, corto, pesado, alineado con su estructura. No fue rápido por velocidad bruta. Fue rápido porque no recorrió distancia innecesaria.
Daverion lo vio.
Más lento de lo normal.
Lo estaba midiendo.
En lugar de bloquearlo frontalmente, avanzó medio paso dentro de la trayectoria. Giró el torso, dejó que el golpe rozara su costado y atrapó el antebrazo.
No chocó.
Se pegó.
Su centro descendió más que el de Enryu. Tiró hacia atrás mientras rotaba la cadera. No fue fuerza contra fuerza.
Fue desequilibrio contra estructura.
Sintió el instante exacto en que el peso de Enryu pasó la línea de soporte.
Entonces lo lanzó.
El impacto contra el suelo sacudió el patio.
El segundo piso crujió.
El polvo se levantó.
Pero Enryu no quedó tendido.
En el rebote comprimió el abdomen, flexionó una rodilla y giró sobre el hombro. El suelo lo devolvió con la misma energía que lo había recibido.
Se puso de pie antes de que Daverion cerrara distancia.
Daverion lo notó.
Cálculo interno.
Más resistente de lo previsto.
Enryu movió la mano.
No fue un gesto dramático.
Fue un empuje desde el centro.
El aire se comprimió y los fragmentos de madera alrededor salieron disparados hacia Daverion como una pared irregular.
Daverion cubrió la línea central y se desplazó a la derecha.
Enryu ya había leído ese patrón.
Lo esperaba allí.
El puño salió.
Impactó las costillas.
Daverion absorbió girando el torso, pero el golpe le arrancó el aire. Un ardor se expandió bajo la caja torácica. Sintió un hilo caliente recorrerle el costado.
Dolor real.
Respondió con rodilla al abdomen.
Enryu cerró cadera, desvió con el muslo y atrapó el brazo que seguía la secuencia. Presionó la articulación del hombro buscando forzar hiperextensión.
Daverion soltó antes de que el ligamento cediera.
Se separaron medio paso.
Volvieron a entrar.
Cadera contra cadera.
Antebrazo contra clavícula.
Uno empujaba buscando quebrar postura.
El otro hundía centro para no ceder.
Cada vez que uno perdía alineación, el otro castigaba.
No había intercambio limpio.
Había lucha constante por el eje.
Enryu empezó a sentir la niebla como un peso irritante. No lo debilitaba… pero le robaba precisión. Cada corrección requería más ajuste.
Su respiración se volvió más audible.
Daverion lo notó.
Estaba contando.
No golpes.
Errores.
Una fracción de segundo tarde.
Un ángulo corregido de más.
Una presión excesiva para compensar.
Enryu fue elevado por una patada que entró bajo su caja torácica cuando su centro quedó alto un instante. Su cuerpo se levantó varios metros.
Cayó de espalda.
El suelo cedió formando un hueco.
El impacto le arrancó un gemido involuntario.
Rodó antes de que Daverion descendiera sobre él.
En otra secuencia, fue Daverion quien fue atrapado. Enryu cerró distancia, abrazó el torso y rotó el peso usando la cadera como punto de palanca. Daverion fue lanzado contra una barandilla.
La madera especial resistió.
Pero se astilló.
Un dolor punzante recorrió la espalda de Daverion.
Ambos respiraban más fuerte ahora.
El sudor comenzaba a mezclarse con el polvo.
El suelo estaba lleno de grietas.
Columnas fracturadas.
Las ondas de choque hacían vibrar el cubo entero.
El sonido de los golpes llenaba el recinto.
Algunos impactos generaban ondas que atravesaban la estructura y hacían temblar ligeramente el salón exterior.
En los asientos, muchos ya no podían seguirlos.
La pantalla sobre el cubo mostraba la pelea con retraso mínimo, ampliando cada choque, cada giro, cada caída.
Elaryn se cubría la boca con ambas manos.
No podía comprender cómo alguien más joven que ella podía moverse así… romper así… resistir así.
Therion no apartaba la mirada.
“Esto es asombroso.”
Theron, en la sala de control, observaba con el ceño fruncido.
Si esto era solo físico… no quería imaginar lo demás.
Mael permanecía inclinado hacia adelante, los codos sobre las rodillas, sin parpadear.
El líder designado tragó saliva, recordando el conflicto que había tenido con Daverion.
Lyra animaba en voz baja, sin entender del todo la magnitud.
Dentro del patio, Daverion bloqueó un golpe de codo con el antebrazo. El impacto le adormeció los dedos.
Usó el contacto para empujar y crear espacio.
Se separaron unos metros.
Ambos con el pecho subiendo y bajando más rápido.
La niebla seguía allí.
Enryu la odiaba.
No por debilidad.
Por interferencia.
Daverion lo observó.
Lo había medido suficiente.
“Deja de contenerte.”
Su voz fue más baja.
Más fría.
“No necesito que juegues conmigo.”
Sus ojos no mostraban emoción.
“Muéstrame esa arte marcial que dicen que no pertenece a este mundo.”
El aire entre ellos se tensó.
No era invitación.
Era desafío directo.
Y esta vez, ninguno de los dos pensaba retroceder.
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