El Sistema de Niveles: Formas Infinitas cancela - Capítulo 5
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- Capítulo 5 - 5 Capítulo 4 Ni Peón ni Demonio El Orgullo del Humano
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5: Capítulo 4: Ni Peón ni Demonio: El Orgullo del Humano 5: Capítulo 4: Ni Peón ni Demonio: El Orgullo del Humano El aire en el puente parecía haberse congelado en el instante del impacto.
El puño de Issei, cargado con la densidad de la Vanguardia de Hierro, no solo golpeó la carne de Raynare; golpeó la realidad misma de un ser que se creía intocable.
El sonido fue sordo y pesado, como un mazo de demolición derribando un muro de piedra.
La onda de choque se expandió desde el punto de contacto, haciendo que las pocas farolas que quedaban en pie parpadearan violentamente.
Raynare salió despedida.
Sus alas negras, que antes se desplegaban con majestuosidad, se agitaron frenéticamente mientras ella rodaba por el aire como una muñeca de trapo antes de estrellarse contra el pavimento.
El asfalto se agrietó bajo su peso, y una nube de polvo y plumas negras se elevó en el lugar del impacto.
[¡Impacto Crítico Detectado!] [Cálculo de daño: 450% de la fuerza base aplicada.] [Has infligido daño severo a un ser de Clase Caída siendo un Humano Nivel 2.] [Recompensa Extra por Hazaña Imposible otorgada por el Sistema: +500 EXP.] Issei aterrizó pesadamente, sus rodillas crujiendo bajo la presión.
El vapor comenzaba a salir de sus poros; su temperatura corporal estaba subiendo a niveles peligrosos.
Su cuerpo humano estaba operando como un motor sobrealimentado que amenazaba con estallar.
Cada fibra de su ser gritaba de dolor, pero en su rostro no había arrepentimiento, solo una determinación feroz.
—¡Maldito…
maldito gusano rastrero!
—Raynare se puso en pie con dificultad.
Su rostro, antes hermoso y angelical, estaba ahora manchado de sangre y distorsionado por una furia ciega.
El odio en sus ojos era casi tangible, una fuerza oscura que parecía querer consumir a Issei—.
¡No voy a permitir que un simple mortal me ponga una mano encima!
¡Te voy a borrar de este mundo de tal forma que ni tus cenizas queden para el recuerdo!
Ella extendió sus manos hacia el cielo nocturno.
La luz púrpura comenzó a condensarse entre sus palmas con una intensidad aterradora.
En cuestión de segundos, creó una lanza de luz tres veces más grande que las anteriores, una estructura de energía sagrada que zumbaba con un sonido agudo y letal que hacía que los oídos de Issei sangraran.
El aire vibraba, y la presión era tan fuerte que el joven humano sintió que sus pulmones se colapsaban.
Issei intentó levantar sus brazos una vez más, pero sus músculos estaban bloqueados.
El sobreesfuerzo de la Vanguardia estaba pasando factura.
[Aviso Crítico: Estamina al 2%.] [Advertencia: La forma “Vanguardia de Hierro” se está disipando debido al agotamiento del portador.] [Tiempo restante de transformación: 3…
2…
1…] Justo cuando Raynare levantó la lanza para el golpe final, un círculo mágico de color rojo carmesí, inmenso y majestuoso, se manifestó en el centro del puente.
El emblema de un león rodeado de crestas elegantes brilló con una luz cegadora, y una presencia abrumadora, digna de la realeza, se apoderó del lugar.
El poder era tan masivo que incluso la lanza de luz de Raynare pareció perder brillo.
De las llamas carmesíes emergió Rias Gremory.
Su larga cabellera roja ondeaba al viento como si estuviera hecha de fuego puro.
Detrás de ella, con una sonrisa serena pero igualmente peligrosa, caminaba su subdirectora, Akeno Himejima.
—Ya es suficiente, Ángel Caído —sentenció Rias.
Su voz no era un grito, pero tenía la autoridad de una reina que dicta una sentencia de muerte—.
Estás en territorio bajo la protección de los Gremory.
No tienes derecho a cazar aquí, y mucho menos a un estudiante de mi academia.
Vete ahora, o haré que tu existencia sea solo un mal recuerdo.
Raynare, al reconocer a la heredera de uno de los clanes más poderosos del Inframundo, apretó los dientes hasta que sus encías sangraron.
Miró a Issei con un odio que prometía venganza, luego a Rias, y comprendió que sus posibilidades de victoria se habían esfumado por completo.
—¡Los Gremory…!
¡Maldición!
¡Esto no se quedará así, Issei Hyoudou!
—gritó Raynare antes de envolverse en sus alas y desaparecer en un torbellino de plumas negras y sombras.
El silencio volvió al puente, roto solo por el sonido del agua bajo la estructura.
Issei, finalmente liberado de la presión del sistema y de la adrenalina, cayó de rodillas.
El aura metálica de su cuerpo se desvaneció, dejando solo a un chico agotado y magullado.
Su respiración era errática, un silbido pesado en su pecho, y sus manos temblaban violentamente.
[Notificación: Has sobrevivido al Encuentro de Rango S.] [Cálculo de EXP…
Sincronizando con hazañas realizadas.] [Nivel 2 -> Nivel 5] [Has obtenido 10 Puntos de Atributo Libres.] [Efecto Secundario: “Regeneración Forzada de Nivel” activada.] Rias caminó hacia él con una elegancia que parecía fuera de este mundo.
Sus ojos azul verdoso estaban fijos en Issei con una mezcla de sorpresa, respeto y un interés casi obsesivo.
Se detuvo a pocos centímetros de él y, con un movimiento delicado, sacó una pieza de ajedrez de su bolsillo: un Peón rojo que vibraba con una energía mágica oscura pero reconfortante.
—Issei Hyoudou —dijo ella, arrodillándose frente a él para quedar a su altura.
Su voz era ahora suave, casi dulce—.
Has hecho algo que desafía toda lógica.
Ningún humano común habría sobrevivido a un ataque de un Ángel Caído, y mucho menos habría logrado herir a uno.
Pero tu cuerpo está al límite, Issei.
Tus heridas son internas y el esfuerzo te está matando por dentro…
déjame salvarte.
Issei levantó la vista con dificultad.
Su visión estaba borrosa, pero podía ver la pieza de ajedrez brillando entre los dedos de Rias.
Gracias a su Ojo del Sistema, una ventana de información apareció, revelando la verdad detrás del regalo.
[Objeto: Pieza de Peón Maligna (Demonio)] [Efecto: Transforma al portador en un Demonio Reencarnado.] [Ventajas: Fuerza sobrehumana, inmortalidad biológica, regeneración demoníaca.] [Coste: Renuncia total a la raza Humana.
Juramento de lealtad eterna a Rias Gremory (Maestra).] —Si acepto eso…
—Issei habló con una voz rasposa, cada palabra costándole un mundo—…
¿dejaré de ser un hombre?
¿Me convertiré en tu sirviente?
Rias sonrió, una sonrisa que pretendía ser tranquilizadora.
—Serás más que un hombre, Issei.
Serás parte de mi familia.
Serás mi Peón más preciado y vivirás una vida de poder que los humanos ni siquiera pueden soñar.
Issei cerró los ojos un segundo.
La oferta era tentadora.
El dolor en sus músculos era insoportable y la idea de ser inmortal y fuerte sonaba perfecta para sus sueños de harem.
Pero entonces, una palabra brilló en su mente, la palabra que daba nombre a su sistema: “Formas Infinitas”.
Si aceptaba ser un demonio, su evolución se vería limitada por las reglas del Inframundo.
Sería un subordinado, una pieza en el tablero de otra persona.
Con un esfuerzo que le arrancó un gemido de dolor, Issei extendió su mano temblorosa y, en lugar de tomar la pieza, puso su mano sobre la de Rias, empujándola suavemente hacia atrás.
—Gracias…
Presidenta —dijo Issei, mirándola directamente a los ojos con una chispa de orgullo que Rias nunca había visto en un humano—.
Realmente aprecio que vinieras.
Pero mi vida…
mi vida me pertenece solo a mí.
No voy a ser el sirviente de nadie, ni siquiera de una mujer tan hermosa como tú.
Si voy a ser fuerte, lo haré por mi propio camino.
Lo haré como humano.
Akeno, que observaba desde atrás con una sonrisa divertida, dejó escapar un jadeo de asombro genuino.
Nadie, en toda la historia de los Gremory, había rechazado a Rias cuando la alternativa era la muerte.
—Pero Issei, tus heridas…
si no te curo con mi poder o te reencarno, podrías no despertar mañana —insistió Rias, cuya expresión de seguridad se había roto por completo.
Estaba desconcertada.
—El sistema…
cuidará de mí —murmuró Issei.
En ese momento, la luz azul del Nivel 5 comenzó a rodearlo, cerrando los cortes superficiales y calmando el fuego en sus músculos—.
Yo…
yo solo necesito descansar.
Rias guardó la pieza de ajedrez lentamente, sin apartar la vista de él.
Sus ojos brillaban con una curiosidad insaciable, una fascinación que iba mucho más allá de lo que sentía por sus otros siervos.
—Es la primera vez que alguien me dice que no, Issei Hyoudou —susurró Rias, mientras se ponía de pie y se ajustaba el uniforme—.
Eres un humano extremadamente extraño…
y muy terco.
No te obligaré, pero esto no ha terminado.
Lo sobrenatural ya ha puesto sus ojos en ti, y el mundo no dejará de intentar devorarte.
—Que miren todo lo que quieran —Issei se puso de pie con dificultad, tambaleándose, pero manteniendo la espalda recta—.
Yo solo seguiré subiendo de nivel.
Hasta que nadie pueda decirme qué hacer.
Rias y Akeno lo vieron alejarse cojeando por el puente bajo la luz de la luna.
Ninguna de las dos dijo una palabra, pero ambas sabían que acababan de presenciar algo que cambiaría el equilibrio de fuerzas en Kuoh para siempre.
Issei Hyoudou no era un peón; era el primer jugador humano en un juego de dioses
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