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El sistema del perro agente - Capítulo 100

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100: Evento Especial 100: Evento Especial Hola, chicos.

Llegamos al episodio número cien, y para celebrarlo les traigo una historia especial.

Espero que la disfruten.

Aiden, sumido en el aparato de creación de Metalux, comenzó a recordar sus momentos más felices, como estar junto a su amigo, a quien había conocido hacía poco pero que, por alguna razón inexplicable, sentía como un amigo del alma.

Por su parte, Podbe, acurrucado en un rincón de la cama de Rino, también pensaba en su compañero humano, Aiden.

De pronto, Aiden sintió cómo caía por un agujero oscuro.

Flotaba dentro de aquel vacío hasta que una fuerza invisible lo atrajo hacia abajo.

Al abrir los ojos, se encontró en un lugar desconocido.

Algo húmedo y cálido comenzó a lamerlo: era Podbe.

El muchacho lo llamó por su nombre y le dio un fuerte abrazo.

“¿Dónde estamos?” preguntó Aiden, confundido.

El canino movió la cola y ladeó la cabeza, señalando que él tampoco tenía idea.

En ese momento, en la mente de Podbe resonó la voz de Reia, que gritaba a través del vínculo telepático: “¡Oigan, tontos!

¿Ahora dónde me trajeron?”.

El espacio blanco que los rodeaba comenzó a desvanecerse, tiñéndose todo de oscuridad.

“¿Qué es este lugar?

No veo nada”, murmuró Aiden mientras buscaba a su perro.

Sacó un encendedor de su bolsillo, juntó unas hojas secas y algunos troncos que encontró cerca, y encendió una pequeña antorcha improvisada.

“¡Ahí estás, Podbe!

Mira, hay un camino.

Tenemos que seguirlo”.

Ambos avanzaron guiados por la luz temblorosa de la antorcha cuando, de repente, Aiden chocó contra algo.

“¡Auch!

¡Mi cabeza!” exclamaron dos voces al unísono.

“¿Quién anda ahí?” preguntó Aiden, alzando su antorcha.

La otra persona hizo lo mismo, y ambos se sorprendieron tanto que salieron corriendo en direcciones opuestas.

Pero unos metros después, escucharon un ladrido.

Regresaron sobre sus pasos y, finalmente, se vieron por primera vez.

El desconocido tenía la piel dorada, incluso su cabellera era rubia, y vestía ropajes verdes que parecían dignos de la realeza.

“¿Qué cosa eres?” preguntó Aiden, desconcertado.

“No soy una cosa.

Mi nombre es Paltio”, respondió el joven con tono ofendido.

“Y tú sí que eres raro, pareces pálido, y ese cabello plateado tuyo…” dijo Paltio, señalándolo.

“Perdón, es que nunca vi a alguien así.

Me llamo Aiden”, respondió el muchacho, extendiendo su mano.

“Mucho gusto, Aiden.

Yo no sé qué sea una ‘persona’.

Soy un aguacate humanoide”, explicó Paltio, y para demostrarlo, se sacó el botón de su ombligo, revelando una media semilla dorada en lugar de un ombligo común.

“Guau, nunca había visto a alguien con algo así, y menos de color dorado.

Los aguacates por lo general son verdes, y por dentro amarillos…

pero dorados, nunca”, comentó Aiden, impresionado.

“Igual yo nunca había visto a un chico de tez tan pálida”, añadió Paltio.

“Y eso que va contigo es mi amigo, un perro llamado Podbe”.

“¡Guau, guau!”, ladró el can.

“Interesante.

Qué bonita criatura”, dijo Paltio, admirando al perro.

De pronto, de su estómago emergió Golden, un ser que habitaba dentro de un espejo.

“¿Y bien, muchacho?”, preguntó Golden, mirando a Aiden.

Antes de que pudieran responder, Toco-Toco, un gato que salió del espejo, apareció frente a ellos.

“¡Oh, no!

¡Es un gato!”, exclamó Aiden, mientras Podbe salió corriendo tras él.

“¡Oigan, deténganse!

¡Dejen de pelear!”, gritaron ambos muchachos.

El gato lanzó sus garras, pero Podbe se protegió con su dureza.

“¡Basta ya!

¡Vengan cada uno a un lado!”, ordenó Aiden, sujetando a Podbe, mientras Paltio hacía lo mismo con Toco-Toco.

“Qué loco.

No sabía que los perros y los gatos fueran enemigos”, comentó Paltio.

“Ni lo digas.

La mayoría de las veces ha sido así, a menos que se críen juntos”, explicó Aiden.

“¿Sabes dónde estamos?”, preguntó el niño de doce años.

“La verdad, no.

Estuve caminando con mi mayordomo y mis amigos, y luego caí por un hueco y aparecí aquí contigo”, respondió el chico de trece.

“Interesante.

A mí también me pasó algo similar”, dijo Aiden.

“¿Por qué vistes esa ropa?

¿Eres de la realeza?”, preguntó Aiden, señalando el atuendo elegante de Paltio.

“Claro que sí.

Él es un príncipe, el príncipe de Avocadolia”, intervino Golden, regresando al gato al espejo.

“Ah, por eso eres diferente a los demás y tienes ese tono dorado.

¡Vaya!

¡Tienes un espejo que habla!”, indicó el muchacho de pelo plateado.

“Sí, así es.

Aunque no me gusta presumir que soy de la realeza.

Este ser que ves salir de mí es Golden, un guardián colocado por su amo y nuestro creador para protegerme.

Ahora estoy en una misión: debo encontrar y armar nuevamente el cetro para liberar a mis padres y a mi pueblo del reino de las sombras”.

“Guau, eso es interesante, príncipe”, dijo Aiden.

“Yo bueno ando buscando a mis padres.

Soy huérfano o eso creía hasta hace poco.

Tengo un perro con poderes.

Tiene un sistema”.

“¿Un sistema?”, preguntó Paltio, intrigado.

“Sí, un sistema es algo que le da poderes mediante una inteligencia artificial”.

“¿Una inteligencia artificial?”, preguntó Paltio, sorprendido.

“Sí, algo así como tu amigo Golden, solo que en lugar de tener poderes y ser tu guardián, es el guía del perro.

Se llama Reia”, explicó Aiden.

“¿A quién llamas guía, niño?”, interrumpió Reia desde el subconsciente de Podbe.

“Veo que tienes a alguien más”, dijo Golden.

“Puedo hacer un enlace psíquico para que hablen ambos”.

“¿De veras?

Eso sería genial”, indicó Aiden.

Golden activó el enlace, y las voces de Podbe y Reia resonaron fuera del vínculo mental.

“Vaya, esto es fantástico.

No pensé que hubiera dos personas contigo”, dijo Paltio.

“Bueno, en realidad son la voz del perro y de Reia, la IA”, explicó Aiden.

“No pensé que fueras huérfano…

Bueno, y yo viviendo entre lujos y aquí quejándome de mis padres ausentes, aunque ahora están convertidos en jade por una magia oscura.

Los tengo, pero es como si no los tuviera”, reflexionó Paltio, con un tono de voz cargado de culpabilidad.

Sus ojos verdes se posaron en el suelo mientras procesaba las palabras de Aiden.

“Sí, bueno…

He tenido padres adoptivos, pero siempre regresaba al orfanato porque simplemente no encajaba”, respondió Aiden con calma, encogiéndose de hombros como si quisiera quitarle peso al asunto.

Sin embargo, su mirada plateada revelaba una profunda melancolía que ni siquiera la penumbra del lugar podía ocultar.

“Ya veo”, dijo Paltio en voz baja, dejando que el silencio se extendiera por unos segundos.

En su mente, imágenes de sus padres reales cruzaron fugazmente, recordándole cuánto los extrañaba a pesar de que últimamente apenas pasaban tiempo juntos.

“Tal vez doy por sentado lo que tengo”, pensó el príncipe, sintiendo cómo una mezcla de gratitud y añoranza comenzaba a crecer en su pecho.

“Ojalá algún día pueda volver a abrazarlos”, murmuró, más para sí mismo que para Aiden.

El chico de cabello plateado lo miró de reojo, captando la vulnerabilidad en su voz.

“No te preocupes, Paltio.

Cada uno tiene la oportunidad de un nuevo comienzo.

No importa hacia dónde te dirijas; si avanzas con amor y felicidad, siempre encontrarás un nuevo amanecer”, dijo Aiden, sonriendo con una serenidad que inspiraba confianza.

“¿Y eso qué es?” preguntó Paltio.

“Ah, es una frase que siempre decían las hermanas en el orfanato”, explicó Aiden, riendo un poco avergonzado.

Paltio lo observó con admiración.

A pesar de todo lo que había pasado y estar siendo preso por una organización que lo utiliza para crear personas con poderes, Aiden mantenía una actitud resiliente y optimista.

“Gracias, amigo.

Tal vez cuando volvamos a vernos, podamos ayudarnos mutuamente a recuperar lo que más queremos”, respondió el príncipe, extendiendo su mano con determinación.

Aiden asintió y estrechó su mano con firmeza.

Ambos sabían que, aunque sus mundos eran diferentes, compartían un deseo común: encontrar un lugar donde pertenecer.

Después de las presentaciones, Paltio preguntó: “¿Y tú qué haces vestido con esa ropa que parece un camisón largo y además descalzo?”.

“Ah, esto es una bata clínica.

De momento me encuentro atrapado por los malos.

No sé cómo llegué aquí, pero al menos me siento libre”, respondió Aiden.

Paltio, el chico de trece años, sintió un poco de tristeza por el otro adolescente que le comento que lo utilizaban para un proyecto de crear humanos con poderes llamados Metalux.

“¿Qué te parece si te ayudo a encontrar la salida?”, propuso el príncipe.

“Eso sería genial, y yo también podría ayudarte con tu lucha.

Bueno, más bien mi perro”, respondió Aiden.

“Claro, eso me gustaría”, dijo Paltio.

Ambos se hicieron la misma pregunta: “¿Por qué fuimos enviados aquí?”.

“¿Qué te parece si seguimos ese camino?”, sugirió Aiden, iluminando el sendero con su antorcha.

“Sí, vamos”, dijeron ambos, comenzando a caminar juntos.

Mientras avanzaban, seguían conversando.

Los cinco —Paltio, Golden, Reia, Podbe y Aiden— formaban un grupo peculiar.

De pronto, el camino parecía llegar a su fin cuando escucharon pisadas que retumbaban en todo el lugar.

“¿Qué será eso?”, se preguntaban todos.

Ante ellos apareció una pata gigantesca, como la de un toro, seguida de unos cuernos.

Un monstruo del tamaño de un edificio de cuatro pisos se aproximaba.

Su apariencia era similar a la de un minotauro, excepto que su cola era como la de un lagarto y su brazo derecho era un cañón láser robótico.

La monstruosa criatura rugió, y el ambiente cambió de una oscuridad perpetua a una cueva iluminada.

“Como diría mi amiga Alita, ¡otra vez una cueva!”, indicó Paltio.

El monstruo disparó su arma láser, pero los chicos, pequeños y ágiles, lograron esquivar el ataque agachándose.

“¿Qué hacemos?”, preguntó Reia.

“No queda más que pelear”, respondió Aiden.

“Tienes razón.

Tendremos que combatirlo para salir de aquí”, dijo Paltio.

“Un arma láser…

eso estuvo cerca”, comentó Aiden.

“Nunca había visto un minotauro más que en la televisión”, añadió.

“Yo nunca había visto un artefacto como ese en su brazo”, dijo el príncipe.

“Bien, ve, Podbe.

¿Tú puedes?

¿Acaso esto es como ese anime donde eliges una criatura para pelear?”, dijo Reia sarcásticamente.

“Eh, no”, respondió Aiden.

“Ah, es como Avocadomon, un programa que veo.

¡No me lo pierdo!”, indicó Paltio.

“Yo también quiero intentarlo.

¡Te elijo, Toco-Toco!”, exclamó el príncipe, y el gato salió del espejo.

“Bien, chicos, no se peleen.

Necesitamos que trabajen juntos para vencer a esa amenaza”, dijeron los dos niños, mientras Reia y Golden secundaban la idea.

El gato y el perro se miraron fijamente y, aunque a regañadientes, decidieron colaborar.

Ambos se lanzaron al combate.

Podbe usó su dureza para protegerse.

“Hay algo nuevo en este ataque, Aiden”, dijo el muchacho al notar una especie de armadura que protegía al can.

El monstruo sacó un garrote de la espalda y lo lanzó hacia ellos.

El perro golpeó el gran tronco, que ni siquiera llegó al suelo gracias a la protección que llevaba.

“Bien, es mi turno”, dijo Toco-Toco, cortando el garrote a la mitad con sus garras.

“Qué fácil”, indicó el gato.

El animal furioso lanzó nuevamente su ataque, pero esta vez hacia abajo para aplastarlos a todos.

Un gran rayo destruyó el suelo, pero gracias a Aiden, todos pudieron escapar a tiempo porque creó un portal.

“Eso fue genial, viejo”, le dijo Paltio.

“Sí, es una habilidad que tengo”, respondió el muchacho de cabello plateado.

“Bien, si tú puedes hacer eso, es hora de mostrar lo mío y destruir a ese toro loco”, dijo el príncipe.

“Golden, bríndame tu poder”.

“¿A no me digas, chico?

¿Piensas ir con todo?

Bien, pero te daré lo suficiente para que no termines agotado”.

Golden compartió un poco de su poder con Paltio, quien brilló como una estrella y lanzó un rayo para contrarrestar el disparo láser del Minotauro robótico.

“Ahora, toma aumento el poder”, dijo Paltio, destruyendo el arma láser del monstruo.

El gran toro dio un grito de dolor, pero no se daba por vencido.

Corrió hacia ellos tratando de aplastarlos con sus pezuñas.

“¿Te encuentras bien, Paltio?”, preguntó Aiden al ver al chico dorado arrodillarse, cansado por el uso del poder de Golden.

“Creo que es suficiente, príncipe.

Si no, te vas a desmayar por el inmenso poder”, dijo Golden, y Golden retiró el poder.

Aiden ayudó a Paltio a levantarse.

“Estoy bien”, dijo el príncipe, tratando de hacerse el fuerte.

“Diste buena pelea, Paltio.

Es hora de que Podbe se encargue con ayuda de tu amigo gato”.

Toco-Toco y Podbe se miraron fijamente y luego observaron a la bestia con determinación.

Se lanzaron hacia ella.

El gato agrandó sus garras y las clavó en las patas del animal, haciendo que este cayera.

En el trayecto de la caída, el gato le dijo al perro: “Es tu turno”.

Podbe respondió a Reia: “Es hora de activar la nueva forma del ‘cabezazo de fuego'”.

El can corrió hacia el pecho del animal que iba cayendo y gritó: “¡Cabezazo de fuego!”.

De pronto, el gigantesco monstruo comenzó a incendiarse producto de la habilidad del perrito.

“Oye, Podbe, no conocía ese ataque de esa manera”, dijo Aiden.

“Sí, es que cuando no estuviste, pasaron muchas cosas”, respondió la IA.

“Guau, varias cosas me perdí.

Espero encontrarnos pronto”, dijo Aiden.

Una vez vencida la bestia, se abrió un portal de color blanco y negro, como una telaraña.

Una voz femenina les dijo: “Deben entrar para volver a sus mundos.

Apresúrense, porque el portal no estará abierto por mucho, y esa criatura volverá con una fuerza mayor”.

“¿De quién es esa voz?”, preguntó Paltio.

Golden no tenía respuesta.

“Creo saber quién es”, indicó Aiden.

“Tranquilos, si ella lo dice, debe ser seguro”.

“Bien, creo que debemos entrar por ahí”, dijo Paltio.

“Sí, eso creo”, respondió Aiden.

“Fue un gusto pelear a tu lado, aunque esto sea un sueño”, dijo Paltio.

“Lo mismo digo, pero para mí parece algo vivido”, respondieron ambos muchachos, dándose la mano.

“Si nos volvemos a ver, búscame en Avocadolia”, dijo el chico dorado mientras entraba junto a Toco-Toco, dándole un pulgar arriba con su pata a Podbe, como amigos.

“¿Y dónde queda eso?” se preguntó Aiden en voz baja, mirando a su alrededor con curiosidad mientras observaba el vacío que ahora los rodeaba.

Pero antes de que pudiera obtener una respuesta, Paltio ya había desaparecido, dejando tras de sí solo un leve destello dorado que parecía desvanecerse como un susurro en el aire.

El brillo titiló por unos instantes antes de perderse completamente en el portal, llevándose consigo cualquier rastro del príncipe aguacate.

Aiden se quedó inmóvil por un momento, procesando lo que acababa de suceder.

“Ni modo”, murmuró finalmente, encogiéndose de hombros, aunque una pequeña sonrisa melancólica asomaba en su rostro.

“Tendré que buscar la forma”, añadió con determinación, apretando ligeramente los puños mientras una chispa de resolución brillaba en sus ojos plateados.

“Bien, Podbe, es hora de separarnos.

Espero encontrarnos de nuevo pronto, mi amigo”, dijo Aiden, abrazando al can.

Ambos entraron al portal.

En la máquina del laboratorio donde estaba retenido Aiden, el chico esbozó unas palabras casi en un susurro: “Podbe”.

Su voz temblorosa resonó débilmente en la fría habitación mientras una lágrima solitaria rodaba por su mejilla, reflejando la luz tenue que parpadeaba desde los monitores cercanos.

La conexión que había sentido con su fiel compañero parecía ahora más lejana que nunca, pero también más profunda, como si el vínculo compartido hubiera dejado una marca indeleble en su corazón.

Paltio despertó y se encontró con sus amigos.

“¡Eh, volví!”, exclamó.

Sus amigos lo miraron y se rieron.

“Creo que el cansancio te hizo alucinar cosas”, dijeron.

Pero algo dentro de Paltio le decía que todo lo que había pasado era verdad o, tal vez, un presagio del futuro.

Con Aiden y Podbe, esperaba volver a verlos.

“No se pierdan mi nueva serie web llamada Paltio y los cinco reinos, ya disponible” REFLEXIONES DE LOS CREADORES Cocoelcool38 en español estara disponible en unos días paciencia 😀

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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