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El sistema del perro agente - Capítulo 102

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102: ¿Confianza?

102: ¿Confianza?

Marie observó a Dani y Gin mientras estos esperaban ansiosos en su oficina.

Su mente era un torbellino de preguntas: ¿Eran ellos los responsables de la fuga de información?

Aunque parecían haber cambiado desde que abandonaron Radar, Marie sabía que las apariencias podían engañar.

Decidió ser cautelosa.

No podía permitirse levantar sospechas antes de tiempo.

“Hola, muchachos”, dijo ella con tono amable pero firme, esbozando una sonrisa que no alcanzaba sus ojos.

Los dos ex científicos de Radar, vestidos con batas blancas de la agencia, respondieron con cortesía, aunque sus miradas revelaban curiosidad y cierta incomodidad.

“Han venido aquí porque les voy a hacer un examen sorpresa”, anunció Marie.

“¿Un examen?” preguntaron al unísono, intercambiando miradas de confusión.

“Sí, un examen.

Siempre se realiza a los nuevos ingresos una semana después de su iniciación.

Normalmente lo haría el jefe, pero como no está disponible, me corresponde a mí.” Explicó Marie con naturalidad, ocultando su verdadera intención detrás de una máscara profesional.

El ambiente se tensó ligeramente.

“Son tres pruebas muy sencillas”, continuó ella.

“La primera es un examen de opción múltiple sobre aspectos generales de la vida.

La segunda es similar a un polígrafo, y la tercera… bueno, esa es una sorpresa.

Comencemos.” Dani y Gin intercambiaron miradas nuevamente.

“Qué prueba tan rara”, murmuró Gin en voz baja.

“Ni en Radar nos hacían algo así.” Pero rápidamente adoptaron una actitud positiva.

“Bueno, la pasaremos con puntuación excelente”, dijo Dani con determinación.

“Ahora que somos parte de esta organización, hemos aprendido mucho.

Además, la señorita Becky ha sido muy buena con nosotros.” “Estoy de acuerdo contigo, Gin”, asintió Dani.

“Bien, hagámosla.” Marie le entregó una tableta a cada uno.

“Tienen una hora.

Empiecen.” Las preguntas eran deliberadamente ambiguas, diseñadas para poner a prueba su ética y lealtad.

Por ejemplo: En tu anterior trabajo, ¿qué hiciste para sobresalir?

a) Espiar a la competencia b) Robar los planes de algún compañero c) Acabar con la competencia “Qué extraño es este examen”, pensaron ambos mientras avanzaban por las preguntas.

Marie, sentada frente a ellos, los observaba atentamente.

“Faltan veinte minutos”, anunció sin levantar la vista de su propio monitor.

Al finalizar, Marie recogió las tabletas y analizó los resultados.

Para su frustración, ambos habían respondido de manera coherente y convincente.

“Maldición”, pensó.

“Quizá no sean ellos.” Prosiguió con la segunda prueba.

“Les colocaré estas máquinas en el cuerpo”, explicó mientras les ajustaba unas pecheras tecnológicas similares a sensores médicos.

“Respondan ‘verdadero’ o ‘falso’ a mis preguntas.” Una vez más, los resultados fueron claros: ambos decían la verdad.

Marie frunció el ceño.

“No puede ser que hayan pasado tan fácilmente.

Esto solo deja la tercera prueba.” La última prueba era la más desafiante.

“Estos son visores de realidad virtual creados por nuestro científico en jefe, Adrián”, explicó Marie.

“Con ellos verán su peor pesadilla.

Si logran superarla, pasarán la prueba.

De lo contrario, serán enviados a revaluación.” Gin tragó saliva nerviosamente.

“Maldición, no quiero volver a ser revaluado”, murmuró.

“Te entiendo”, coincidió Dani.

Ambos se colocaron los visores con manos temblorosas.

“En tres, dos, uno… ¡empecemos!” anunció Marie mientras activaba los simuladores.

Gin se encontró frente a un jefe autoritario que le exigía cumplir tareas imposibles, gritándole sin cesar.

Dani, por su parte, enfrentó a una versión implacable de su madre, quien lo regañaba duramente por no ser suficiente.

Ambos se retorcían en sus asientos, llorando silenciosamente mientras las visiones los consumían.

Marie monitoreaba las pantallas con atención.

Decidió intensificar la prueba.

“Si realmente están mintiendo, esto lo confirmará”, pensó mientras introducía un nuevo escenario: ahora, las versiones virtuales de sus figuras autoritarias les pedían traicionar a sus amigos a cambio de beneficios personales.

Pero ni Gin ni Dani cedieron.

Ambos permanecieron firmes, demostrando que su lealtad no tenía precio.

“Bien, terminamos”, dijo Marie finalmente, retirando los visores.

Ambos científicos estaban mareados y exhaustos.

“¿Pasamos la prueba?” preguntaron con voz temblorosa.

Marie los miró fijamente.

No tenía más opción que aceptar los resultados.

“Sí, pasaron.

Pero esto no termina aquí.

Habrá más pruebas en el futuro.” Ambos exhalaron aliviados y salieron de la oficina.

Marie se quedó sola, tocándose la barbilla pensativamente.

“Si no fueron ellos, ¿quién fue?” En la jungla, Podbe corría a toda velocidad, derribando a los jóvenes controlados con golpes precisos, pero no letales.

“Bien, ya llevo cinco”, informó al perro telepáticamente.

“Genial, ahora eres nivel 11”, respondió Reia.

“Recuerda que para subir de nivel necesitarás 2000 puntos.

Te sobran 500 para el siguiente nivel y has adquirido un punto para mejorar tus habilidades.” “Lo dejaré para después.

Aún quedan enemigos”, gruñó Podbe, concentrado en la pelea.

Rino y Lidia disparaban sus armas aturdidoras, cubriéndose mutuamente mientras Leila utilizaba su telequinesis para levantar objetos y bloquear ataques.

Adía, por su parte, invocaba enredaderas mágicas que atrapaban a los enemigos, mientras Drake coordinaba el grupo con eficiencia militar.

“Uno más…

y otro más”, murmuraba Podbe mientras avanzaba.

“Esto es demasiado fácil.” Drake intervino: “Deja un par, amigo.

Con ellos aprenderemos más sobre nuestros adversarios.” Finalmente, Adía usó su magia para atar a los últimos niños controlados.

“Supongo que no son tan fuertes porque aún son amateurs.

No conocen del todo sus poderes”, reflexionó en voz alta.

“Exacto”, coincidió Drake mientras retiraban las máscaras de los chicos inconscientes.

“Llévenlos donde Adrián”, ordenó.

Leila obedeció, moviendo a los capturados hacia donde el científico trabajaba en revertir el virus que los controlaba.

“Me imagino que enviarán más refuerzos”, comentó Drake.

“Tenemos que movernos rápido.” “Tron, adelántate y escanea la zona en busca de trampas”, ordenó Adrián.

El robot sobrevoló el área y detectó una sucursal de Radar cercana.

“Genial.

Es hora de hacerles una visita”, declaró Drake.

“Adía, Leila y tú, cachorro, vengan conmigo.

Ustedes, quédense aquí y cuiden a Adrián”, instruyó Drake a Lidia, Rino y otros cadetes.

En la sucursal de Australia, Irina Agos, líder de Oceanía, observaba los monitores con una expresión calculadora.

Sus dedos jugueteaban con un látigo plateado mientras evaluaba la situación.

“Ya se tardaron demasiado.

¿Qué está pasando?”, murmuró.

“Señora, nuestros soldados mejorados no han regresado”, informó un soldado entrando apresuradamente.

“Señorita”, corrigió Irina con frialdad.

“Aún soy joven.” “Perdón, señorita.

Destruimos un avión que sobrevolaba la zona, tal como nos indicó la fuente de información que nos pasó el doctor Maos.

Pero parece que algo salió de los restos y acabó con el primer pelotón.” Irina sonrió con malicia.

“Bien, era de esperarse.

Eran los más jóvenes.

Prepárense para el segundo grupo.

Y, como dijo Maos, aplicaré el doble de poder al control para que sean más mortíferos.” Agitó su látigo con elegancia.

“Como siempre digo: ‘Elegancia en la batalla, implacable en la victoria.'”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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