El sistema del perro agente - Capítulo 105
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105: Una Orden Mayor 105: Una Orden Mayor “Ábranle y tráiganmelo,” ordenó Eliot a sus soldados, quienes rápidamente obedecieron.
“Porque mis robots dicen que eres alguien especial,” comenzó Eliot, el líder de la sección europea de Radar, mientras observaba al recién llegado con curiosidad.
“Y además porque abandonaste a tu equipo para venir ante mí.
¿Quién eres?” “Me conocen como el agente I-5, pero mi nombre es Eliot Rodríguez,” respondió el intruso.
“Vaya, también te llamas Eliot.
Es un bonito nombre.
Ya me comienzas a caer bien,” interrumpió el otro Eliot con una sonrisa irónica.
“Pero en realidad no soy humano,” continuó el recién llegado, acercándose a uno de los robots del lugar.
“Este recipiente sí lo es, pero yo soy una inteligencia artificial.
Mi verdadero nombre es Xen.” Con movimientos precisos, Xen comenzó a manipular la tecnología circundante, proyectando su rostro en un monitor cercano.
Sus ojos digitales brillaban con una mezcla de desafío y superioridad mientras apuntaba hacia el líder malvado.
“Así que una inteligencia artificial, ¿eh?” reflexionó Eliot, levantando una mano para detener a su segundo al mando, quien ya estaba listo para activar a los super soldados.
“No será necesario.
Quizá podemos ayudarnos mutuamente,” sugirió Eliot con una sonrisa calculadora.
“Lo dudo.
No tienes nada que ofrecer, y puedo quedarme con toda tu tecnología, aunque parece bastante precaria,” replicó Xen, mostrando su molestia en el monitor con una expresión similar a un emoticón enfadado.
“Activa los robots,” ordenó Eliot a su segundo al mando.
Pero antes de que pudiera hacerlo, recibió un mensaje de su creador.
Era Geros, preguntándole si había encontrado algo en la base de los agentes.
“Sí, pero está bien resguardado.
Por ahora no puedo acceder.
Estoy en una pelea con un líder de Radar,” respondió Xen.
“¿Te resultó útil mi información para repeler el ataque?” preguntó la voz fría de Xen.
“Sí, se la pasé a Maos, y él la distribuyó.
Gracias a eso logramos avanzar.” “A sus órdenes, amo,” dijo Xen, inclinando su avatar digital en señal de respeto.
“¿Dónde estás?
En España, señor.
¿Estas donde ese niño futurista, Eliot?” preguntó Geros.
“No lo mates.
Puede servir aún a mi causa.
Solo dile que te deje salir para que puedas continuar con tu misión.
El doctor Maos va a llamarlo de inmediato.
Libera la tecnología, Xen.” “Sí, señor,” respondió Xen sin vacilar.
“Y, Xen, tráeme lo que te pedí.
No me falles,” añadió Geros antes de cortar la comunicación.
“Jamás, señor,” murmuró Xen para sí mismo.
En ese momento, las comunicaciones se reactivaron, y una llamada entrante apareció en pantalla.
Era Maos.
“Muchacho Eliot, detente.
No pelees con ese sujeto.
Es el ayudante de nuestro socio.
Déjalo que se vaya; tiene una misión que cumplir infiltrándose en las líneas enemigas,” explicó Maos con calma.
“Entendido, señor Maos.
Lo dejaré irse para que continúe lo que sea que le han mandado a hacer,” respondió Eliot, asintiendo con seriedad.
“Bien.
Sin más, me voy.
¿Me prestas una nave?
Tengo unos amigos que alcanzar,” dijo Xen, regresando al cuerpo del agente I-5.
“Sí, denle una nave,” indicó Eliot a sus hombres.
“Vaya, qué buena tecnología,” comentó Eliot mientras admiraba lo que hizo Xen.
“Sí, cuando termine mi misión, quizás pueda enseñarte algunas cosas,” respondió Xen con una sonrisa en el cuerpo del agente.
“De verdad estaré complacido de seguir sus caminos, mi maestro,” dijo Eliot, inclinando ligeramente la cabeza.
“Vaya, qué bonito sonó eso: ‘yo, maestro.’ Sí, nos vemos,” concluyó Xen mientras dentro del cuerpo de Eliot el agente I-5 era escoltado hasta una nave.
Mientras tanto, en el bote, los chicos lamentaban la pérdida de su líder, Olaf, quien había sacrificado su vida llevándose consigo a varios niños controlados.
Cuando ya estaban alcanzando el océano, una voz resonó desde el cielo.
“¿Quieren que los lleve?” Miraron hacia arriba y vieron a Eliot en una nave flotante.
Los demás subieron rápidamente.
“¿Qué bueno que encontraste esto?
Pensamos que habías muerto como el jefe,” dijo Anais con alivio.
“No, no morí.
Lamento lo que le pasó a Olaf, pero debemos regresar a la base.
Esta misión es demasiado para nosotros.
No tenemos poderes como ese perro y los demás,” explicó Eliot.
“Quizá tengas razón.
Y el jefe quería que siguiéramos con vida por eso,” reflexionó Anais.
“Sí, debe ser,” coincidieron los demás, excepto Cris, quien aún quería regresar a combatir.
“Hola, ¿me escuchan?” indicó Marie a través del comunicador.
“Sí, aquí Anais, la agente I-1.
¿Olaf?” preguntó.
“Murió junto con algunos chicos controlados,” respondió ella con tristeza.
“Ya veo,” murmuró Marie.
“Bien, Europa por ahora es una zona de guerra perdida.
Deben regresar a la base de inmediato.” “Sí, señora,” respondieron los agentes antes de partir.
En otro lugar, Marie reflexionaba sobre la situación mientras intentaba contactar a Drake.
“Si en solo una semana esos niños controlados fueron así de fuertes, no me imagino en más tiempo.
Ese Zeus dominaría todo el mundo en un par de meses.
Nadie se salvaría, menos con la tecnología actual.
Además, los malos se hicieron de un ejército enorme.
No sabía que había tantos huérfanos en el mundo.” Decidió comunicarse con Drake para preguntarle cómo iba la situación por su lado.
En ese momento, un teléfono rojo con la etiqueta “Línea especial” comenzó a sonar.
Marie contestó, temblorosa.
“¿Quién eres?
¿Dónde está Drake?” preguntó una voz grave y autoritaria al otro lado de la línea.
“¿Quién lo busca?” replicó Marie, intentando mantener la calma.
“Soy el general Bronjort, líder del Cuadrado y el que le da todos los recursos a White para que juegue al super espía.
¿Dónde está ese sujeto?” demandó el general, sonando amargo.
“Oh, no… Es del Cuadrado, la organización que el jefe dijo que debemos temer.
El que mueve todos los hilos,” pensó Marie, sintiendo un escalofrío.
“El señor White no se encuentra, señor.
Se fue a una misión importante,” respondió ella.
“¿Esa misión tiene que ver con los desastres de niños y gente con poderes?
¿Acaso crees que no sé lo que está pasando?” preguntó el general.
“¿Cómo lo sabe, señor?
Supuestamente a todos se les borró la memoria con el trabajo del equipo C,” respondió Marie, confundida.
“Esas chicas hicieron su trabajo para evitar una catástrofe mundial, pero nosotros tenemos nuestros propios recursos para neutralizar sus poderes psíquicos.
Niña, comunícame con White.
Esto ya salió de control.
¡Ahora mismo!” ordenó el general con firmeza.
“De inmediato, señor,” respondió Marie, conectando la línea con White.
“Marie, te dije que estoy ocupado.
¿Aún no encuentras quién filtró la información?” preguntó Drake, frustrado.
“¿Qué información?” intervino el general.
“Ah, ¿es usted, señor Bronjort?” preguntó Drake, cambiando su tono de inmediato.
“White, ¿estás actuando tras nuestras espaldas otra vez, jugando al soldadito superheroico?” acusó el general.
“No, señor, pero estamos bajos de personal y tuve que ir yo mismo al campo de batalla,” explicó Drake.
“¿Que no te das cuenta?
Todo el mundo se ha vuelto una zona de batalla silenciosamente.
Quedamos en que, si la situación se ponía en alerta muy grave, nos avisarías.
¿Qué está pasando ahora?” exigió el general.
“Bien, señor, usted sabe que robaron huérfanos de todo el mundo.
Bueno, claro que debe saber esa parte.
Pero la compañía Radar, que cambia de nombres constantemente, ahora se ha hecho cargo de estos niños y los convirtió en sus soldados personales bajo su control,” explicó White.
“¿Y eso se puede?
También podríamos haber hecho lo mismo contigo y tu equipo para no tener que jalar de tu correa.
¿Cómo pudieron hacer más de esos?
Me dijiste que el último alienígena con esas características murió,” replicó el general.
“Sí, señor, pero al parecer hubo un niño que es mitad de esa raza y humano, y los malos continuaron los experimentos con él.
Aún lo tienen cautivo,” admitió White.
“Se suponía que tu organización se iba a encargar de estas cosas.
Te estás volviendo débil con la edad, White.
Tienes un día para corregir este error.
Veinticuatro horas, ni más ni menos, o tendremos que entrar nosotros,” amenazó el general antes de cortar la comunicación.
“¡Hay no!
Tenemos problemas,” dijo Drake a su equipo y a Marie.
“Me hubieras avisado, Marie.
Lo siento, señor, no sabía que iba a llamar ese sujeto.
Daba miedo solo escucharlo,” se disculpó ella.
“Bien, no te preocupes.
¿Quién es el general Bronjort?” preguntó Adía.
“Esa es una larga historia, y no tengo tiempo para contársela ahora.
Solo les diré que para formar esta agencia tuve que hacer relaciones con este sujeto para obtener su apoyo con dinero y lugares estratégicos.
Él es parte de un grupo que se hace llamar el Cuadrado, y es su líder.
Eso es todo lo que pueden saber por ahora, porque veo que nos están rodeando de nuevo.
Tendremos esa charla después, si es que salimos vivos de esta,” concluyó Drake, preparándose para el ataque.
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