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El sistema del perro agente - Capítulo 107

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107: A Dos Frentes 107: A Dos Frentes El sol ardía sobre el desierto como un ojo implacable, devorando todo a su paso.

El calor era tan intenso que las ondas de aire caliente distorsionaban el paisaje, haciendo que cada forma pareciera un espejismo tembloroso.

Gat, con su camisa ya fuera de lugar, dejó al descubierto un torso esculpido por horas de entrenamiento físico.

Las venas sobresalían en sus brazos, tensas como cuerdas bajo el brillo abrasador del sol.

“Ya vencimos a dos unidades y los capturamos,” anunció con confianza, aunque su voz estaba teñida de cansancio.

“Estos tipos no son un reto.” Las chicas ni siquiera parpadearon ante su exhibición de músculos, pero los niños lo miraron con admiración infantil.

“¡Vaya, estás como esos de la tele que hacen muchas pesas!” exclamó uno de ellos, señalándolo con entusiasmo.

Riota, siempre mordaz, no pudo resistirse: “Sí, al menos lo que te falta de cerebro lo tienes en músculos.” Sus palabras provocaron risas entre el grupo, y Gat frunció el ceño, fingiendo molestia.

“Ja, ja, muy chistosito,” respondió, aunque sabía que Riota tenía razón.

Estaba a punto de darle un jalón de orejas cuando algo llamó su atención.

Algo se acercaba.

Al principio, pensaron que sus ojos le jugaban una mala pasada debido al incandescente sol.

Pero no era una ilusión.

Era un monstruo mecánico, una bestia híbrida con patas de escorpión y un cañón láser en lugar de aguijón.

“¡Cuidado!” gritó Eduard, lanzándose hacia adelante para empujar a Riota y Benjamín fuera de peligro.

Floud, en cambio, se encogió como una lagartija, desapareciendo momentáneamente de la vista.

“Un alacrán cargando un rayo… ¡Qué loco!” murmuró Floud desde su escondite.

“No es así, niños,” intervino Eduard con calma.

“Si se fijan bien, hay alguien que se transforma en ese animal gigante, como tú, Floud.

Eso se llama copiar.” El comentario hizo que Floud frunciera el ceño.

“¿No es justo?

Yo soy el único que puede hacer eso…” Las dos mujeres del grupo intercambiaron una mirada divertida.

“Pero qué bonito te ves,” dijeron al unísono, provocando que Floud retrocediera avergonzado.

“No se me acerquen,” protestó, refugiándose detrás de Eduard.

“¿Y el otro anciano?

¿Qué es?” preguntó Gat, señalando al hombre que controlaba al alacrán.

“Es alguien como los del equipo de Adrián.

Uno que puede fusionarse con máquinas y armar cosas a voluntad,” explicó Eduard, justo antes de que el alacrán disparara otro rayo.

“¡Cuidado!” gritó de nuevo, y todos se agacharon instintivamente.

De repente, la tierra bajo sus pies tembló.

Una enredadera gigante emergió del suelo, llevando consigo a un chico que parecía hecho de plantas.

Su piel era de un verde vibrante, y sus ojos, blancos como el mármol, irradiaban una serenidad inquietante.

Con un movimiento delicado de su dedo índice, liberó esporas que flotaron en el aire como motas doradas.

Cada inhalación ralentizaba sus movimientos, casi paralizándolos.

El alacrán avanzaba inexorablemente, cada paso resonando como un trueno en el vasto desierto.

Eduard y su equipo luchaban contra el peso invisible que las esporas imponían sobre sus cuerpos.

Sin embargo, Benjamín rompió el hechizo al transformarse en una tortuga gigante.

Su caparazón brilló bajo el sol mientras desviaba el rayo láser con un movimiento preciso.

“¡Al parecer, no le afectaron las esporas!” gritó Gat, cuyos disparos de energía salían de sus dedos en cámara lenta debido al efecto de las esporas.

Uno a uno, los disparos impactaron en el blanco, aunque con un retardo prolongado.

Cuando finalmente alcanzaron las esporas, el efecto paralizante se disipó.

Rachel y Ada, furiosas por la humillación, usaron su telequinesis para arrancar el cañón láser del alacrán y lanzarlo al aire.

Floud aprovechó el momento para usar el poder eléctrico que había copiado, dejando fuera de combate tanto al animal como al joven que lo controlaba.

El cinturón diagonal que cruzaba su torso brilló con intensidad, cambiando de color según la habilidad que activaba.

Cinco bolas diferentes giraban en su superficie, representando los poderes que podía copiar simultáneamente.

Eduard terminó el trabajo con sus puños poderosos, derribando al enemigo con precisión quirúrgica.

“Terminamos aquí,” anunció, dirigiéndose a los cadetes.

“Ustedes quédense a vigilarlos.” El grupo avanzó hasta llegar a la puerta del edificio, una estructura futurista que parecía un platillo volador montado en una resortera.

En la parte más alta, un hombre saltó al vacío, levantando una nube de polvo al aterrizar.

Su postura era imponente, como la de un superhéroe de cómic, pero su mirada helada transmitía una determinación abrumadora.

“Ese tipo no era el que estuvo con Zeus ese día,” indicó Gat, señalando al recién llegado.

“Sí, lo es,” respondió Eduard con calma.

“Yo me encargo,” dijo Gat, impaciente.

“¡No seas impulsivo!

Presiento algo fuerte de su lado,” advirtió Eduard, pero Gat ya se había lanzado hacia el hombre.

En un abrir y cerrar de ojos, el desconocido derribó a Gat y se colocó sobre él, ejerciendo una presión insoportable.

“Qué impaciencia la de los jóvenes de ahora,” comentó con sorna.

“No respetan a sus mayores.” “Me disculpo,” intervino Eduard diplomáticamente.

“Soy Eduard.” “Yo soy Aragón, líder de Radar en América.” Gat intentó levantarse, pero una fuerza invisible lo mantenía clavado al suelo.

“Oigan, déjenlo,” protestó Riota, viendo cómo Gat era humillado.

“¿Tú también serás insolente, niño?” replicó Aragón, clavando su mirada en Riota, quien tragó saliva y bajó la cabeza.

“¿Qué me estás haciendo?

¡Sal de encima, maldito viejo!” gritó Gat, furioso.

“Solo te apliqué una pequeñísima porción de mi ‘aura’.” “¿Aura?” preguntó Eduard, intrigado.

“La conoces,” afirmó Aragón.

“Solo sé que se usaba antiguamente como fuente de poder que se genera de todo lo que nos rodea.” “Si quieres simplificarlo así, está bien.

Pero es algo más,” explicó Aragón.

“¿A qué se debe su visita, intrusos?” “Venimos por Aiden.

¿Lo conoces?” preguntó Eduard.

“Tal vez sí, tal vez no.

Pero no les diré su ubicación a menos que me derroten.” Aragón se retiró de encima de Gat y lo pateó hacia los demás.

“Quieres decir que, si te derrotamos, nos llevarás con él,” concluyó Eduard.

“Exacto.

Si logran hacerlo, yo mismo lo llevaré.

No necesito a estos niños controlados para pelear, pero dejaré que armen un plan y peleen todos juntos contra mí, si así lo desean.” “Maldito Aragón,” masculló Gat, levantándose con dificultad.

“Quieto,” ordenó Eduard, bloqueando su camino.

“Iremos todos juntos.

No te diste cuenta de su presencia.

Es demasiado poderoso para ti.” “Les daré cinco minutos,” interrumpió Aragón.

Todos se reunieron en un círculo, buscando la manera de enfrentar al titán frente a ellos.

Mientras tanto, en Egipto, Azulema y su equipo llegaban a la base de Radar cuando fueron atacados por un grupo de chicos controlados.

Algunos lanzaron cohetes adheridos a sus brazos, mientras otros manipulaban máquinas con habilidades similares a las de la Unidad D.

Azulema desarmó los misiles con su telequinesis, evitando explosiones innecesarias.

“Qué tontos,” murmuró, aunque su tono no ocultaba cierta preocupación.

Mark recogió a los enemigos derrotados y los colocó en una jaula creada por Becky.

“Cuiden a los nuevos huéspedes,” ordenó ella a los cadetes.

Un estruendo resonó a lo lejos.

Un hombre robusto apareció, armado con una misilera en el hombro.

“Vaya, vaya, es hora de que empiece el show,” declaró, enviando a sus soldados controlados al ataque.

Azulema intentó usar su telequinesis, pero algo bloqueaba su poder.

Diez figuras emergieron de las sombras, todas utilizando habilidades similares a las suyas.

“Serán más, pero yo tengo más experiencia,” se dijo a sí misma.

Antes de que pudiera actuar, una especie de tela de araña la atrapó, jalándola hacia el suelo.

“¡Jefa!” gritó Mark, viendo cómo Azulema desaparecía bajo tierra.

“Bien, será hora de entrar,” dijo Ezequiel, preparándose para enfrentar al enemigo, mientras las tres chicas que lo acompañaban luchaban contra los diez sujetos que compartían sus habilidades.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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