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El sistema del perro agente - Capítulo 108

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  3. Capítulo 108 - 108 Espada y Fuego
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108: Espada y Fuego 108: Espada y Fuego Ray seguía combatiendo con cada chico controlado que aparecía frente a él, sus movimientos fluidos y precisos como los de un samurái entrenado durante años.

Ramona, por su parte, creaba jaulas de fuego que ardían con una intensidad casi hipnótica, conteniendo a los jóvenes que avanzaban hacia ellos.

“¿Cuántos niños huérfanos hay en este mundo?” murmuró ella entre dientes, su voz cargada de frustración mientras contenía a los chicos controlados con un movimiento elegante de sus manos.

“No lo sé,” respondió Ray sin detenerse, bloqueando un ataque con su espada y desarmándolo con un golpe certero en el brazo.

“Pero los estoy dejando fuera de combate con la parte no letal de mi arma.” Su tono era calmado, pero había un rastro de tristeza en su voz.

Sabía que estos jóvenes no eran más que marionetas de una fuerza mayor.

Mientras tanto, Margaret intentaba despertar a los cadetes que se habían desmayado producto de unas esporas que lanzo uno de los controlados hacia ellos.

Miraba la batalla a su alrededor, cubriéndose detrás de cualquier objeto que encontrara a su paso.

De pronto, más chicos emergieron, esta vez en modo asesino por lo que se veía en su modo más mortífero de ataque.

Entre ellos, un sujeto con una espada larga y afilada surgió de las sombras, dirigiéndose directamente hacia Ray.

Las chicas reaccionaron al instante, enfrentándose a los nuevos oponentes para proteger a los reclutas, mientras Ramona concentraba su poder en bloquear a aquellos que poseían habilidades mágicas.

El sujeto se detuvo frente a Ray, y sus espadas chocaron con un sonido metálico que resonó en el aire.

“Veo que eres un experto espadachín,” dijo el agente B-1, su tono sereno pero firme.

Sin embargo, antes de que pudiera continuar guardo su espada y a su oponente se le rompió el sombrero metálico que llevaba, revelando una cabellera dorada que brillaba bajo la luz tenue.

El contrincante retrocedió unos pasos, quitándose los lentes para mostrar un misterioso tono rojo en el centro de sus ojos.

“Nada mal,” comentó con una sonrisa arrogante.

“Pensé que estabas completamente ciego, como decían los reportes.

Pero veo que no.” Hizo una pausa dramática antes de presentarse: “Mi nombre es Jeti Finn, líder de Radar en esta parte del mundo.

Debí ir con todo desde el principio.

Ahora veo que eres fuerte, no debí subestimarte.” Se sacó la túnica, revelando un traje azul con franjas blancas, y se colocó un gorro de lana negro sobre su cabeza.

“Mi nombre es Ray,” respondió el agente B-1, su tono imperturbable.

“Aunque normalmente nos guiamos por códigos, soy el agente B-1.” “Bien, no importa, Ray,” replicó Jeti con una sonrisa burlona.

“Como siempre digo: ‘Entre las sombras y la luz, encuentro mi propio camino.'” Antes de que Ray pudiera responder, Jeti desapareció, reapareciendo detrás de él con una velocidad impresionante.

Sin embargo, Ray bloqueó el ataque con facilidad, su expresión impasible.

“Nadie ha podido seguirme el paso ni bloquear mis ataques antes,” dijo Jeti, su tono nervioso ahora evidente.

“Pero voy a encontrar la forma de acabarte,” añadió mientras volvía a desvanecerse.

“Es inútil, Jeti,” declaró Ray con calma, su voz resonando como un eco en el campo de batalla.

“No tienes formación; todo lo haces por arranque de ira.

Puedo sentirlo solo con ver tus movimientos.” Jeti apareció en el aire, gritando: “¡No me subestimes, viejo tonto!” Se lanzó hacia Ray como un remolino, su espada cortando el aire con un silbido agudo.

Ray suspiró, moviéndose a un costado con una gracia sorprendente.

Jeti cayó al suelo, su espada hecha añicos por la potencia de su propio ataque.

“¿Cómo puedes moverte tan rápido, maldito anciano?” gritó Jeti, levantándose con dificultad mientras una gota de sangre resbalaba por su frente.

“Por lo general, ese ataque acaba con mis enemigos, y yo resultó ileso.

¿Cómo pudiste tú…?” “Es muy simple, muchacho,” interrumpió Ray, su tono paciente pero firme.

“Eres como uno de mis estudiantes: obstinado y tonto, lanzándote a pelear sin estrategia ni análisis previo.” En algún lugar lejano, Gat estornudó.

“Seguro alguien está hablando de mí,” murmuró para sí mismo.

De regreso en China, Jeti se levantó lentamente, limpiándose la sangre de la mejilla con el dorso de la mano.

Una sonrisa macabra cruzó su rostro mientras pensaba: Como siempre dice mi madre: “Haz todo para ganar, sin importar lo que sea.” Tiró lo que quedaba de su espada y sacó otra de detrás de su espalda.

“Veamos si puedes con esto,” desafió a Ray, quien desapareció nuevamente.

Un momento después, Jeti reapareció cerca de Ray, presionando unos botones en su muñeca.

Cuatro figuras controladas emergieron de las sombras, sujetando cadenas que atraparon las manos y piernas de Ray.

“Ahora sí morirás,” anunció Jeti triunfalmente mientras se acercaba al cuello de Ray con su espada.

“Ay, muchacho,” murmuró Ray con una sonrisa tranquila.

“Si tan solo hubieras hecho caso a mis palabras…” Recitó unas palabras en voz baja: “RA-Y-TOK.” De pronto, una energía violeta comenzó a emanar de su espada, destrozando las cadenas que lo retenían.

El poder se expandió rápidamente, formando un viento color violeta que repelió a sus oponentes y dejó a Jeti malherido en el suelo.

“Pero, ¿cómo es posible?” balbuceó Jeti, incrédulo.

“¿Cómo me derrotaste a mí y a todos estos en su máximo poder?” “Pues verás, Jeti,” explicó Ray con calma, “te falta mucha experiencia.

Las cosas no se hacen así, con trampas, sino con esfuerzo y dedicación.

Este es un poco de mi poder: el ‘RA-Y-TOK.’ Es como un manto violeta que me protege y repele al enemigo.” “Pero, ¿cómo puedes hacer eso si no puedes ver?” preguntó Jeti, jadeando mientras luchaba por mantenerse consciente.

“No necesito ver para saber el color de las cosas,” respondió Ray con una sonrisa suave.

“Nací ciego, odiaba serlo, pero desde que fui puesto en ese programa a corta edad, aprendí a percibir las cosas de otra manera.

Veo las personas y los colores en mi mente, como si fuera una televisión.

Por eso, cuando te vi, supe que no ibas a poder conmigo.

Solo lanzabas ataques al azar; te falta práctica pensé que eras un buen espadachín pero la verdad no.

Quizá, si te reivindicas, pueda enseñarte un par de cosas.” “Maldito…

Yo…

¡Yo te venceré algún día!

¡Me vengaré!” gritó Jeti antes de desmayarse por completo.

Mientras tanto, las demás chicas seguían luchando contra los chicos controlados en su versión asesina.

Los movimientos de los oponentes eran rápidos y letales, pero las agentes no cedían terreno.

De pronto, una voz resonó entre los escombros: “Es hora de poner fin a esto.” Era Ramona, que emergió cubierta en llamas, su figura envuelta en un aura ardiente que iluminaba el campo de batalla.

“¡Ay, no!

Ahí viene otro berrinche de ella,” murmuró Brea con una sonrisa irónica, conocedora del temperamento explosivo de su compañera.

“Oigan, ustedes y sus chicas, pónganlos en posición,” ordenó Ramona con tono autoritario, señalando a los enemigos restantes.

“Podrán.” “¿Y también quieres una soda?” respondió Brea con sarcasmo, cruzándose de brazos.

Margaret, por su parte, frunció el ceño.

“¿Quién se cree esta para dar órdenes?” “Por ahora, solo hagan lo que dice,” intervino Brea, tratando de calmar las aguas.

“Bien, chicas, a sus puestos,” ordenó Margaret, aunque su tono reflejaba cierta irritación.

Las agentes formaron un cubo mental invisible alrededor de los sujetos controlados, dejando una pequeña abertura estratégica para que Ramona pudiera actuar.

Los enemigos intentaban escapar, pero era como si unas paredes invisibles les impidieran moverse más allá de su prisión efímera.

“Bien,” dijo Ramona mientras se elevaba en el aire, sus llamas crepitando con intensidad.

“Date prisa,” le apremió Margaret desde abajo.

Ramona levantó las manos, formando un arco de fuego que brillaba con un resplandor etéreo.

Con un movimiento preciso, lanzó una flecha de fuego hacia el pequeño orificio que habían dejado abierto, gritando: “¡LEFIRE!” El fuego ingresó en el cubo telequinético, propagándose por todas partes.

Las llamas danzaban como serpientes furiosas, consumiendo todo a su paso.

“¡Oigan, era dejarlos inconscientes, no rostizarlos!” protestó Margaret, su voz mezcla de frustración y preocupación.

“Tranquila, jefa, no están muertos,” aseguraron Marta y Sheila casi al unísono, revisando los pulsos de los caídos telepáticamente.

“Solo están fuera de combate.” “Ya pueden dejar de hacer ese truco,” indicó Ramona mientras las llamas comenzaban a disiparse.

Su traje aún humeaba ligeramente, pero su expresión era de calma absoluta.

“Solo usé una fracción de mi poder,” añadió con una sonrisa satisfecha mientras descendía al suelo.

Al bajar, Margaret no pudo contenerse más.

“¿Quién te crees para tomar el mando?

¡No eres la líder aquí!” exclamó, enfrentándose a Ramona cara a cara.

“Ah, claro, porque tú lo haces tan bien,” replicó Ramona con una sonrisa burlona, provocando aún más a Margaret.

“Creo que poner tantos números uno en la misma misión fue una pésima idea,” comentó Brea mientras se acercaba para intervenir, pero antes de que pudiera decir algo más, una voz calmada interrumpió la discusión.

“Bien, chicas, no peleen,” dijo Ray, apareciendo con Jeti inconsciente en su brazo derecho y a los cuatro controlados sujetos con una cadena.

“Parece que ya terminamos nuestra misión aquí.” “¿Cómo lo sabes si aún hay más bases en Asia?” preguntó Sheila, mirándolo con curiosidad.

“Sí, pero como ya cayó su jefe,” respondió Ray, señalando a Jeti, “los otros deben ser más fáciles o inexpertos.

Quizá podamos interrogarlo de camino a su base mientras pedimos una nave.” Su tono era práctico, como si estuviera planeando una simple excursión.

“De acuerdo, yo me encargo de escarbar en su mente,” dijo Margaret, acercándose a Jeti con determinación.

En otro frente de batalla, Ezequiel se enfrentaba al temible líder de África, Aldos Etron.

Este último bajó su misilera con un movimiento elegante y se lanzó directamente hacia Ezequiel, decidido a resolver el enfrentamiento cuerpo a cuerpo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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