El sistema del perro agente - Capítulo 110
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110: El Plan en Acción 110: El Plan en Acción Aragón incrementó su poder aural a una fracción mayor, y como si fuera una lámina incandescente, derritió el campo invisible que las chicas habían creado con tanto esfuerzo.
“Maldición, rompió nuestro campo…
Es muy fuerte ese tipo,” murmuró Rachel a Ada, cuya voz temblaba de frustración.
Ada, sin embargo, respondió con calma, sus ojos fijos en el enemigo mientras intentaban mantener la compostura.
El hombre avanzó implacable hacia ellos, con pasos pesados que resonaban en el aire como tambores de guerra.
“Bingo, caíste,” dijo Eduard con una sonrisa sutil, girándose hacia Floud.
“Es tu turno, niño.” Floud asintió con determinación.
Una de las esferas de su banda empezó a brilló de un color amarillo.
La electricidad comenzó a danzar a su alrededor, formando remolinos de truenos y relámpagos que se lanzaron hacia Aragón como una prisión eléctrica.
“Otra vez con jaulas,” comentó Aragón con desdén.
“No es igual a esa,” replicó Floud, moviendo sus manos con rapidez para intensificar los remolinos.
Pero Aragón no se detuvo.
Su aura emanó con una fuerza aún mayor que antes, concentrándose en la punta de su dedo índice.
Con un gesto preciso, como si abriera una cortina o como si pasara la página de un libro, partió el remolino eléctrico y salió de él con una calma escalofriante.
“Si vas a jugar, niño, esta es una batalla de adultos.
Será mejor que te prepares,” le dijo con una mirada penetrante.
Floud apretó los dientes, furioso por el tono condescendiente del hombre.
Sin pensarlo dos veces, combinó fuego y tierra en un rayo devastador que impactó contra Aragón, creando un cráter profundo en el suelo.
“¡Ups!
Creo que se me pasó la mano,” dijo el niño, mirando a Eduard con cara de perrito culpable.
“Es que me molestó lo que dijo, como si estuviera jugando cuando yo soy serio en una batalla.” “Claro, niño,” respondió Eduard con una sonrisa irónica, aunque su expresión cambió rápidamente.
“Pero esto no se ha acabado.” Del gran agujero emergió Aragón, cubierto por una mezcla de aura azul y roja que lo protegía mientras sacudía el polvo de su armadura.
“Te dije, niño, que no estés jugando.
Pelea en serio o tendré que darte una lección.” Floud, molesto, decidió usar todas sus cinco magias combinadas, aunque sabía que sería por poco tiempo.
Elevándose al cielo gracias a la magia del aire, sus cinco esferas brillaron intensamente: rojo (fuego), amarillo (electricidad), marrón (tierra), azul (agua) y blanco (aire).
Las unió en una esfera gigante en el centro de su pecho.
“Toma esto porque tú lo pediste: ¡COMBINE BEAM!” gritó, lanzando un rayo multicolor que iluminó el cielo como un espectáculo de luces.
La explosión fue monumental, dejando un cráter aún más grande que el anterior alzando una nube de hongo.
Floud cayó en picada, pero las chicas lo atraparon telequinéticamente antes de que se estrellara contra la arena.
“Estás bien, pequeñito,” preguntaron preocupadas, pero el niño estaba inconsciente, con los ojos girando como remolinos.
“No lo toquen, siempre se desmaya después de usar todo su poder combinado.
Lo que lo reanima es el dulce,” explicó Benjamín con una voz baja.
“¿Dijo qué?” preguntaron las chicas, confundidas.
“Dijo que necesitaremos toneladas de azúcar para reanimarlo,” respondió Riota, cruzándose de brazos.
“Ese niño sí que es fuerte, pero tonto.
Dejarlo inservible ante otro ataque es una imprudencia,” comentó Gat, fastidiado.
Cuando el polvo de la explosión se disipó, una silueta apareció caminando lentamente desde el epicentro.
“Si van a seguir con esos juegos tontos, acabaré con ustedes de una vez.
El mocoso se salvó de recibir su lección,” dijo Aragón, observando las rajaduras en sus hombreras y rodilleras.
“Vaya, no estuvo mal, niño.
Nada mal.
Aunque te falta más entrenamiento,” murmuró para sí mismo mientras regresaba hacia los demás.
Cuando la nube de polvo se disipó lentamente, una silueta emergió del epicentro, caminando con paso firme a través de los restos del cráter.
“Si van a seguir con esos jueguitos tontos, acabaré con ustedes de una vez,” declaró Aragón con frialdad, su voz resonando como un eco metálico bajo el casco.
“El mocoso se salvó de recibir su lección.” Observó las rajaduras en sus hombreras y rodilleras con una mezcla de irritación y admiración.
“Vaya, no estuvo mal, niño.
Nada mal.
Aunque te falta más entrenamiento,” murmuró para sí mismo mientras regresaba hacia donde estaban los demás.
“Gat, esto no se ha acabado,” indicó Eduard al ver al caballero acercarse a gran velocidad hacia su posición.
“Bien, Benjamín, es tu turno.
Haz algo grande para detenerlo.” Le dedicó una sonrisa confiada al chico de la máscara de zorro, quien asintió con determinación.
Luego, dirigiéndose a Riota, añadió: “Y tú, dale el golpe de gracia.” “¿Y yo?” preguntó Gat, levantando una ceja con aire desafiante.
“Tú y yo somos la última línea de defensa.
Prepárate y carga tu energía.” “Está bien, anciano, pero la mana no crece, así como así,” respondió Gat con sarcasmo, ajustándose el cabello verde mientras comenzaba a concentrar su poder.
El enemigo se acercaba a una velocidad sobrehumana, casi como un meteoro rasgando el aire.
“Ese no es humano,” pensó Benjamín, nervioso.
“Concéntrate,” le dijo Riota con firmeza, pero también con un tono que inspiraba esperanza.
Benjamín sintió cómo esas palabras encendían algo dentro de él.
“Tienes razón.
Debo poner de mi parte como lo hizo Floud, o incluso más,” se dijo a sí mismo mientras comenzaba a transformarse.
Sus huesos crujieron, su piel se cubrió de pelaje, y pronto se convirtió en un zorro gigantesco con una cola extraña que parecía una pata de araña.
El zorro corrió hacia Aragón, intentando morderlo y arañarlo, pero el hombre esquivó cada uno de sus ataques con habilidad.
Sin embargo, lo que no esperaba era que la cola del zorro lanzara una telaraña viscosa y resistente que lo atrapó contra el suelo como un insecto en una trampa.
En ese momento, Riota apareció y, usando la super fuerza que había adquirido, comenzó a golpear a Aragón repetidamente.
“¿Qué te parece esto?, ¿eh?” dijo el chico, confiado.
“No saben usar mejor sus poderes,” comentó Aragón, imperturbable.
Los golpes no parecían afectarlo en absoluto.
“Ay, verdad.
Son solo niños.
¿Cómo mandan a niños a la batalla?
Vayan con su jefe para que les cambie el pañal,” se burló.
“No somos tan pequeños.
Somos agentes,” replicó Riota, utilizando su agilidad para continuar atacándolo.
“Además, ustedes también usan niños para sus planes malévolos.” “Es verdad que usamos niños controlados, pero yo no los uso mucho.
Conmigo es suficiente.
Y eso de malévolos lo dudo.
El señor Zeus va a crear un gran mundo cuando tome el control,” respondió Aragón con frialdad.
“¿Y cuántas vidas se han perdido por eso?” intervino Benjamín en su forma animal, su voz gruesa resonando como un trueno.
“A veces se necesitan sacrificios para un mundo mejor.
Ya no estorben, niños, o les daré unas buenas nalgadas,” declaró Aragón, expulsando una gran cantidad de aura para liberarse de las redes.
Al hacerlo, desapareció por un segundo y reapareció detrás de Riota, cogiéndolo de una pierna y dándole contra el piso una y otra vez de izquierda a derecha noqueándolo.
“Calladito estás mejor, mocoso,” dijo con desdén.
“¡No, Riota!” gritó Benjamín, lanzándose hacia Aragón con furia.
Pero el hombre lo esquivó fácilmente, lanzándolo por los aires.
Mientras tanto, Riota, aunque herido, logró recuperarse lo suficiente para girar sobre sí mismo y golpear con las piernas las piernas de Aragón.
“Vaya, parece que eres resistente, niño, pero no lo suficiente.
Te voy a dar una lección para que aprendas,” dijo Aragón, señalando a Eduard y Gat en la distancia.
“Me interesa más pelear con esos dos de allá.” Agarró a Riota de la pierna y lo lanzó de un lado a otro contra el suelo, generando grandes levantamientos de arena con cada impacto.
“Viejo, debemos ir.
El muchacho no resistirá por mucho,” dijo Gat a Eduard, su voz tensa mientras observaba cómo Aragón lanzaba a Riota como un muñeco de trapo.
“Concéntrate, Gat.
Ellos saben lo que hacen y se están ciñendo al plan.
Son agentes, aunque jóvenes,” respondió Eduard con calma, aunque sus ojos reflejaban preocupación.
Riota, magullado, pero aún consciente, utilizó la telequinesis que había adquirido de las chicas para crear un objeto afilado y lanzarlo directamente contra el casco de Aragón.
El impacto resonó como un trueno metálico, partiéndolo en dos.
“Vaya, parece que los cascos no los hacen como antes,” comentó el chico con una sonrisa forzada, aunque su respiración era entrecortada.
“¡Ah!
Eso debe ser por el poder del enano mágico.
No debí subestimarlo,” pensó Aragón, frunciendo el ceño.
“Ni tampoco a estos.
De todas formas, pertenecen a una agencia de agentes.
Bueno, los trataré como adultos entonces.” Al revelarse su rostro, Aragón mostró una expresión desafiante que paralizó a Riota por un instante.
Lo levantó del suelo sujetándolo de la pierna y, esta vez elevándolo en el aire, anunció: “Primera forma del aura: ¡RAELO!” Una luz brillante corrió por su brazo como un relámpago, concentrándose en su puño.
Con un golpe devastador, lanzó a Riota por los aires como un proyectil, enviándolo a estrellarse junto a los demás.
Rachel corrió hacia él, su corazón latiendo con fuerza.
Ada permaneció cuidando a Floud, quien aún estaba inconsciente.
“¿Estás bien?” preguntó Rachel, arrodillándose junto a Riota.
Pero el chico estaba inconsciente, su cuerpo inmóvil sobre la arena.
Afortunadamente, la habilidad de dureza que había copiado previamente lo había salvado de morir en ese instante.
“Aún respira,” murmuró Rachel, aunque su rostro reflejaba un miedo palpable.
Benjamín, ahora transformado en un murciélago, escuchó las palabras de Rachel y sintió una furia ardiente recorrer su cuerpo.
Voló hacia Aragón a toda velocidad, decidido a vengar a su amigo.
“Ese chico se salvó del ataque gracias a que copió algún poder,” pensó Aragón mientras cargaba su técnica nuevamente.
“Creo que con RAELO los acabaré de inmediato.
Es un ataque que concentra una cantidad precisa de mi aura y forma una onda de poder inmensa.
Cuando choca contra algo, causa un destello como una bomba.” Se colocó en posición, materializando su energía en los brazos, listo para lanzar otro ataque.
Benjamín llegó donde estaba Aragón desde el cielo, convencido de que lo tomaría por sorpresa.
Transformándose en una especie de águila con un pico afilado como un pez espada, se lanzó hacia él con ferocidad.
Sin embargo, Aragón lo vio venir con su aura.
“Craso error, niño,” dijo con desdén, lanzando su técnica hacia arriba.
Un destello cegador envolvió a Benjamín, quien, enceguecido por la ira y el impulso de venganza, no pudo esquivarlo.
Su figura desapareció en el resplandor.
“¡No!” gritaron todos al unísono, incluso Gat desde su posición, sus voces llenas de desesperación y horror.
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