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El sistema del perro agente - Capítulo 120

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120: ¿Pan Comido?

120: ¿Pan Comido?

Mientras eran arrastrados a través de los túneles subterráneos por A-4, los cinco comenzaron a discutir animadamente, pero esta vez compartiendo sus nombres reales y habilidades.

Era un momento extraño, como si la tensión de la misión se hubiera disipado momentáneamente para dar paso a una conversación más personal.

E-4, cuyo verdadero nombre era Amaya Foody, reveló que su habilidad consistía en crear objetos dulces de proporciones gigantescas o diminutas, según su voluntad.

Sus creaciones no solo podían cobrar vida, sino que también servían como herramientas versátiles: desde proteger a otros hasta ralentizar el tiempo o descomponer objetos entre otras cosas, dependiendo del color del líquido gelatinoso.

“Como ese osito gigante que usé antes,” explicó con una sonrisa traviesa.

“Puede detener ataques o incluso aislar a los enemigos.” El musculoso y desvergonzado Mukio Samemoto el agente B-3, por su parte, describió su habilidad con orgullo.

“Cuando algo me toca, mi cuerpo se vuelve resistente a eso.

Además, puedo acumular energía y liberarla en forma de ondas de choque.” Su actitud despreocupada contrastaba con la seriedad de sus palabras, como si estuviera acostumbrado a ser admirado.

D-4, el pequeño robot, reveló su identidad con cierta timidez.

“Mi nombre es Akira Patrission,” murmuró con voz metálica.

“Tengo diez años, igual que mi jefe Adrián.

Puedo comunicarme con máquinas y tecnología, y este traje robótico no solo me protege, sino que también es un homenaje a un personaje de videojuego que me encanta.” Aunque casi nunca mostraba su rostro, admitió que tenía pecas, ojos verdes brillantes y cabello naranja.

“Me siento más cómodo dentro del traje,” confesó.

“Es como si me diera…

no sé, aires de grandeza.” Eso ultimo lo dijo para sí mismo.

La agente E-4, Megumi Zakegumi, era una experta en magia de tierra.

Su control sobre el elemento era impresionante, y su habilidad para manipular el terreno les permitía moverse rápidamente bajo tierra.

Finalmente, Adora Mayret o la agente B-2, quien no pudo evitar presumir, declaró: “Y bueno, yo soy la más hermosa, bonita e inteligente de todos estos tontos.

También soy la más fuerte y ágil.” “¡Oigan, no digan tonterías como que eres la más bonita y nosotros somos tontos!” protestaron los demás al unísono, provocando una nueva ronda de burlas y bromas.

La discusión continuó hasta que finalmente llegaron a su destino.

“¿Por qué nos detenemos, Megumi?” preguntó Akira, inclinándose hacia adelante con curiosidad.

“Detrás de esta pared de tierra está la base del enemigo,” respondió ella con calma.

“No me gusta estar aquí abajo,” comentó Mukio, mirando a su alrededor con incomodidad.

“Sufro de un poquito de claustrofobia.” “Entiendo,” dijo Megumi comprensivamente.

“Puedo elevar este lugar solo para ti, llorón, pero primero ponte algo de ropa decente.

Este desvergonzado anda como boxeador o luchador o eso es lo que dice, pero se ve muy inapropiado de tu parte.” “¿Qué tiene de malo mi ropa?” replicó Mukio defensivamente.

“Soy como un boxeador o un luchador.

No hay nada de malo en ello.” Miró a Akira en busca de apoyo, pero el niño robot se quedó en silencio por un momento antes de responder: “En realidad, creo que deberías ponerte algo.

Así causa menos distracciones.” “No, además así siento lo que toco y me hago resistente a lo que me impacta,” argumentó Mukio con firmeza.

“Deja de ser tonto,” intervino Adora con un bufido.

“Igual puedes hacer eso tocando cosas o dejando que algo te toque.

Ponte algo decente.

No puedes andar desnudo por ahí como un pervertido.” “¿Qué tal esto?” sugirió Amaya, creando un conjunto hecho de mazapán.

El material dulce brillaba bajo la luz tenue del túnel.

“Ni loco voy a usar eso,” respondió Mukio con asco.

“Bien, entonces usa esto,” indicó Megumi, formando un traje ligero pero resistente hecho de rocas y piedras.

El material parecía tejido cuidadosamente, como si fuera una prenda hecha a medida.

“Está bien, pero si subimos rápido,” gruñó Mukio, colocándose el traje con reticencia.

“Este lugar me está matando.

Me siento muy encerrado.” “Demasiado ajustado,” murmuró mientras se ajustaba el polo de rocas que marcaba cada músculo de su pecho.

“Sí, pero resistirá,” aseguró Megumi.

“Sujétense, vamos para arriba.” Con un movimiento fluido, la plataforma de tierra comenzó a ascender, llevándolos hacia la superficie.

Cuando emergieron, Mukio inhaló profundamente, como si estuviera saboreando el aire fresco.

“¡Ah!

¡Aire puro!

¡Espacio amplio!” exclamó, besando el suelo con dramatismo.

“Bien, ahora falta lo importante,” indicó Adora, señalando hacia el horizonte.

“Sube la base enemiga.” Megumi cerró los ojos y extendió sus manos hacia el suelo.

Lentamente, comenzó a alzar una estructura metálica imponente que emergía de la tierra como un titán dormido.

En la entrada, se podía observar claramente el logo de Radar.

A lo lejos, el coche con Melisa y los demás se detuvo abruptamente al ver el edificio emerger del suelo.

“Bien, allá debe estar la acción,” murmuró Melisa, observando la escena con determinación.

“Y también debe haber algo que nos pueda regresar al aeropuerto.” “Bien, ve para allá, Ian,” ordenó Michele desde el asiento del copiloto, cruzándose de brazos con fastidio.

El edificio emergió del suelo como si fuera arrancado con fuerza bruta, dejando a Eliot, el líder de Radar de Europa, asombrado pero furioso.

Sus ojos se estrecharon al ver cómo aquella muchacha había logrado tal hazaña.

“¡Maldita!

¿Cómo te atreves?

¿Y dónde están mis soldados controlados que envié?” gritó, su voz resonando con autoridad.

“Señor, fueron vencidos,” respondió uno de sus subordinados, tratando de mantener la calma.

“¿Cómo que vencidos?

¡Nadie puede derrotar a mis controlados!” exclamó Eliot, incrédulo.

Luego, una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro.

“Ah, ya veo.

Seguro fueron estos sujetos, quienes también deben tener poderes.

Bien, no iré con rodeos.

¡Activaré a toda mi fuerza de controlados al máximo poder!

¡Modo asesino otra vez!” Con un movimiento rápido, presionó una perilla y luego un botón en un control remoto.

“Creo que lo molestaste al sacarlo del suelo como si fuera una zanahoria,” comentó Mukio con una risa burlona, mirando a Megumi.

“¿Por qué dices eso?” preguntó ella, confundida.

“Por esto,” intervino Amaya, señalando hacia el horizonte.

Un centenar de figuras oscuras emergieron de las sombras, avanzando con determinación letal.

“¡Bah!

Si son como los anteriores, esto será pan comido,” declaró Adora con arrogancia, cruzándose de brazos.

Sin embargo, apenas terminó de hablar, recibió un golpe devastador que la lanzó volando por los cielos.

“¡Adora!, ¡qué pasó!” gritó Mukio, observando cómo su compañera desaparecía entre los edificios.

“Parece que estos sí van a ser un problema,” murmuró Akira con su voz metálica, evaluando la situación.

“Bien, es hora de pelear.” El niño robot adoptó una posición defensiva, listo para atacar.

En lo alto, Adora se levantó de un tejado, escupiendo sangre mientras limpiaba su labio partido.

“Ese bastardo…

¿cómo se atreve a dañar mi hermoso rostro?” gruñó, furiosa.

“Soy fuerte, pero no soy resistente como Mukio.

Debo tener más cuidado y no dejarme llevar.

Bueno, tendré que noquear a un par de esos antes de ir por el líder.” Con renovada determinación, comenzó a correr hacia donde estaban sus compañeros.

Megumi, por su parte, se protegía detrás de una roca que había moldeado en forma de escudo.

Los ataques de agua lanzados por los sujetos controlados llegaban en forma de taladros afilados, intentando perforar su defensa.

Amaya, sin embargo, no se quedó atrás.

Con una sonrisa traviesa, comenzó a crear un ejército de muñecos de jengibre que, al ser destruidos, explotaban en pequeñas detonaciones.

“Son muñecos kamikazes,” explicó Mukio, observando cómo los enemigos eran sorprendidos por las explosiones.

“Loca, ¿qué tienes en mente mandar muñequitos tiernos a explotar, Amaya?” La chica simplemente le devolvió un gesto risueño, disfrutando del caos que había creado.

“Maldición, es difícil no dañarlos y acabar con ellos,” murmuró Akira mientras lanzaba sus brazos robóticos como misiles contra los enemigos.

Los sujetos controlados respondieron con descargas eléctricas que venían de todas direcciones, obligándolo a esquivarlas con dificultad.

Decidió elevarse por los cielos usando sus botas como propulsores y lanzó pequeños insectos mecánicos desde su espalda, dirigidos hacia los enemigos.

“Con esto ya deberían estar fuera de combate,” pensó, satisfecho.

Pero su victoria fue efímera.

Desde las sombras, uno de los sujetos controlados que podía volar apareció de repente, agarrándolo por detrás y llevándolo en picada hacia el suelo.

El impacto fue brutal.

Un crujido fuerte resonó cuando Akira cayó, su visor roto y su traje robótico dañado.

“¡Auch!

Eso me dolió,” murmuró el chico mientras las nanomáquinas integradas en su traje comenzaban a reparar los daños automáticamente.

“No puedo usar cosas letales.

Bien, aquí tienen.” Sacó unos yoyos modificados y los movió a gran velocidad, golpeando a cualquiera que se pusiera en su camino.

“¡Vaya, con esto ya tienen!” exclamó, orgulloso de su estrategia.

Sin embargo, no notó que el chico volador venía de nuevo a por él.

Antes de que pudiera reaccionar, una figura ágil apareció frente a él.

Era Adora, quien interceptó al enemigo con un golpe certero.

“Ya te tengo, chico pájaro,” dijo con una sonrisa arrogante.

“Presumida,” murmuró Akira, aunque no pudo evitar sentir algo de gratitud.

“¡Vengan a por mí!” gritó Mukio con una risa desafiante mientras dejaba que los ataques de sus enemigos impactaran contra su cuerpo musculoso.

Cada golpe parecía fortalecerlo más, como si estuviera absorbiendo su energía.

“Bien, creo que ya fue suficiente,” murmuró finalmente, chocando sus puños con fuerza.

Una onda expansiva surgió de su cuerpo, derribando a todos los enemigos cercanos y dejándolos inconscientes en el suelo.

“¡Uh!

Se rompió la camisa que me hizo Megumi,” comentó, mirando los restos desgarrados de la prenda hecha de rocas.

“Pero no importa.

Así somos los luchadores,” añadió con una sonrisa arrogante mientras flexionaba sus pectorales y bíceps, disfrutando del espectáculo de su propia resistencia.

“Pero, ¡qué pervertido!” exclamó Adora mientras lanzaba una patada giratoria que noqueaba a un par de enemigos más.

Su agilidad era impresionante, pero su comentario arrancó una carcajada entre los demás.

“Esto no se acaba,” murmuró Megumi, concentrándose en crear una prisión de piedras que emergió del suelo para atrapar a los sujetos controlados.

Los enemigos quedaron encerrados en una jaula sólida, incapaces de moverse.

“Amaya, tu turno,” dijo, señalando hacia la estructura.

La joven asintió y extendió sus manos, invocando una masa gelatinosa que llenó la jaula.

La sustancia viscosa comenzó a ralentizar los movimientos de los prisioneros hasta que quedaron completamente inmóviles.

“Esto fue solo un calentamiento,” declaró Mukio, aun admirando sus músculos con orgullo.

En lo alto del edificio, Eliot observaba la escena con una mezcla de asombro y frustración.

“¿Qué son esos sujetos?

¡Han acabado fácilmente con mis controlados en modo asesino!” gruñó, apretando los puños con furia.

“Señor, no creo que sus controlados fueran rivales para ellos,” comentó su segundo al mando con cautela, intentando no enfurecer más a su líder.

“¡Ah, no!

Entonces usaré mi último recurso, el que reservé para casos de emergencia,” anunció Eliot con una sonrisa maliciosa.

“Aunque le di un poco de ayuda extra.” Con un gesto dramático, el edificio se abrió en dos, revelando una figura colosal que emergía lentamente.

Era un gigante musculoso, aunque su juventud era evidente bajo la armadura blindada que cubría su cuerpo.

Su presencia imponente dominó el campo de batalla.

“Les presento mi arma superior,” declaró Eliot con voz triunfal.

“El futuro no espera, y yo tampoco”.

A este lo llamo…

¡El Super controlado!

El gigante dio un paso adelante, su armadura resonando como truenos contra el suelo.

“¡Ve por ellos!” ordenó Eliot, señalando a los intrusos.

El Super controlado avanzó con pasos pesados, cada uno haciendo temblar el suelo bajo sus pies.

Su mirada vacía pero intimidante estaba fija en los héroes, quienes intercambiaron miradas rápidas, evaluando la situación.

“Bien, parece que esto se va a poner interesante,” murmuró Akira, ajustando su visor recién reparado.

“No me digas,” respondió Adora con sarcasmo, aunque sus ojos brillaban con emoción.

“Es hora de ver de qué estamos hechos.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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