El sistema del perro agente - Capítulo 124
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124: Se Van Juntando 124: Se Van Juntando “Maldición, este sujeto no nos dejará pasar.
Ya solo faltan seis horas para que se cumpla el plazo del general,” murmuró Drake entre dientes mientras esquivaba los ataques implacables de Geros.
Adía, la maga, desplegó una barrera protectora para frenar los miles de tentáculos que emergían del gran ser oscuro, cuya forma cambiaba constantemente.
En ese momento, adoptó la apariencia de un caballero con armadura reluciente, aunque sus tentáculos seguían siendo tan amenazantes como antes.
Por su parte, Podbe utilizó su habilidad de endurecimiento para cubrir a Aiden con una capa de armadura improvisada, protegiéndolo mientras este permanecía en la espalda de Drake.
Leila, moviéndose con agilidad, corría junto a ellos buscando refugio detrás de los escombros.
“Vienen a mis aposentos y ya se van… ¿Aún no les he dado una calurosa bienvenida?” dijo Geros con una sonrisa maliciosa, lanzando rayos desde sus tentáculos que surcaban el aire como relámpagos.
Adía reaccionó rápidamente, creando pequeños escudos mágicos que desviaron los rayos con precisión.
“Vaya, vaya… Nada mal, pequeña Adía.
¿Ya no te acuerdas de quién te enseñó todo esto?” preguntó el ser oscuro con tono burlón, sus ojos brillando con intensidad.
“No puede ser… ¿Eres ‘GOL’?” dijo Adía, incrédula, mientras mantenía sus defensas activas.
“¡Ja, ja!
No solo yo.
También está conmigo el padre de Richard Laos, el profesor Eros,” respondió Geros con una risa siniestra.
“¿Cómo puede ser eso posible?” murmuró Adía, alterada, mientras transformaba sus escudos en espadas mágicas que lanzó directamente hacia Geros.
“Además, tengo algo que podría alegrarte o enfurecerte, dependiendo de tu perspectiva,” continuó Geros, ignorando los ataques.
“Pero prefiero no arruinar el misterio.
Es una larga historia, y ustedes no tienen mucho tiempo.” Con un movimiento rápido, volvió a atacar, lanzando sus tentáculos cargados con elementos diversos: electricidad, fuego, agua y tierra eran solo algunos de los poderes que desató.
“¡Maldición!
¿Cómo es posible que puedas hacer eso?” gritó Adía, intentando mantenerse firme frente al asalto.
“¿Crees que eres la única que puede controlar magia de diversas especialidades?
Sé que eres una en un millón.
Por lo general, las piedras otorgan un solo poder por sujeto, pero tú eres la excepción a esa regla.
Y bueno, yo también.
Solo porque eres una anomalía que debió haber muerto hace años eres algo especial, pero no te creas tan importante, muchacha.” “¡Ah!
Te estarás preguntando cómo lo logré, ¿verdad?
Bueno, yo lo obtuve de la piedra negra, que cumple el deseo del alma y otorga poder al que se mezcle con ella dando lo que uno quiere.” “Pero, ¿cómo la conseguiste?
¡Tú mismo dijiste que un guardián la custodiaba!” exclamó Adía, recordando de pronto que habían derrotado a Urion, el guardián en cuestión.
“Exacto, niña.
Gracias a ese sujeto que vencieron, ahora pude obtener lo que quería.
Es mío,” expreso Geros con una voz fría y autoritaria.
Adía con determinación se protegió y a los que estaban con ella, lanzando torbellinos mágicos hacia él.
“Eso no lo sabía,” murmuró Drake desde detrás de un muro, observando la escena con atención.
“Ahora tiene sentido por qué puede hacer eso.
No se me ocurrió antes,” reflexionó en voz baja.
“Entonces, esa es la razón por la que ella puede utilizar más de un elemento a la vez,” pensó Leila, analizando la situación mientras veía a Adía luchar con todas sus fuerzas.
“Espero que mi maga líder pueda, pero si la vence, estaremos perdidos.
Más aún si tenemos que enfrentarnos a ese ser,” concluyó Drake, mirando a Adía con preocupación mientras ella seguía defendiéndose contra los ataques incesantes de Geros.
Mientras la maga Adía y el ser oscuro Geros continuaban su enfrentamiento épico, el grupo sigo caminando por el área de las celdas, donde fueron recibidos por un grupo de controlados adicionales.
“Genial, más de esos sujetos,” murmuró Leila con frustración mientras evaluaba la situación.
“Maldición, no puedo pelear sin que le hagan daño a este niño,” indicó Drake, refiriéndose a Aiden, quien seguía protegido bajo su cuidado.
Podbe, decidido a ayudar, se colocó al frente y utilizó su ataque de Cabezazo de Fuego para noquear a los primeros controlados que se acercaban.
Eran cinco en total, pero con la ayuda de Leila, quien empleó sus poderes telequinéticos para lanzarlos contra las paredes, lograron despejar rápidamente el área.
De repente, una notificación resonó en la mente de Podbe: “Has alcanzado el nivel 14”.
Recibes 1 punto de habilidad.
“Próximo nivel, nivel 15: necesitará 5000 puntos de experiencia para subir,” anunció la voz del sistema, Reia, con su tono mecánico habitual.
“¿Qué?
¿5000 puntos?
Sistema, a veces eres cruel,” pensó Podbe con frustración mientras procesaba la información.
Antes de que pudiera seguir quejándose, otra notificación apareció: “Protege a tu ser querido de las hordas que vienen.
Ganancia: 2000 puntos y un regalo misterioso.
” “¿Qué quiso decir con eso, Reia?” preguntó Podbe mentalmente.
“No lo sé, pero si quieres descubrirlo, debes ganarles.
Antes te daba 1500 puntos por cada uno, ahora solo 2000 por defender,” respondió el Perro con incomodidad en la voz.
“Esta vez sí te pasaste, sistema,” murmuró Podbe mientras hacía uso de sus habilidades mejoradas para enfrentarse a los enemigos que seguían llegando.
El can luchaba con ferocidad, enfrentándose a chicos controlados que variaban en edad: niños, adolescentes e incluso jóvenes de hasta 17 años, todos dotados de poderes peligrosos.
“Son muchos,” indicó Billy desde atrás, observando cómo Podbe y Leila luchaban contra cientos de controlados que parecían no tener fin.
“No puedo quedarme sin hacer nada,” murmuró Drake.
Desabrochó el capullo donde transportaba a Aiden y lo dejó a cargo de Elena, Billy y María.
“Cuídenlo,” ordenó antes de lanzarse hacia un par de controlados que casi alcanzaban al grupo.
Por los parlantes, una voz fría resonó: “Traigan al muchacho.” Era Maos.
Los controlados seguían llegando en oleadas, rodeándolos lentamente.
El can peleaba con determinación, pero su mana comenzaba a agotarse.
“Ya casi me quedo en cero.
Solo tendré que usar mi fuerza y habilidades mejoradas,” decidió mientras derribaba a otro enemigo.
“Ya son demasiados,” indicó Drake, observando cómo estaban completamente rodeados.
Mientras tanto, Aiden seguía inconsciente en el suelo.
Sus amigos intentaban despertarlo con urgencia.
“Vamos, Aiden, despiértate,” insistieron Elena, Billy y María, sacudiéndolo suavemente.
“Vamos, Aiden, no te puedes rendir así,” añadieron, desesperados.
María, sin saber qué hacer, tocó accidentalmente el rostro de Aiden mientras pedía que reaccionara.
En ese instante, una cálida aura brillante emergió de sus manos y fluyó hacia el cuerpo de Aiden, como si algo mágico lo estuviera sanando.
Aiden abrió los ojos de golpe, con una expresión renovada, como si hubiera recuperado toda su salud y energía.
“¿Qué pasó?” preguntó, confundido.
“Creo que eres una maga curativa,” dijo Billy, señalando a María con asombro.
“¿Cómo sabes eso?” preguntó ella, sorprendida por lo que acababa de hacer.
“Bueno, eso lo aprendí de los cómics y libros que veo en línea cuando nos escabullimos con Aiden en el orfanato,” explicó Billy con una sonrisa.
“Qué bueno,” dijo María, aunque inmediatamente después se desmayó debido al esfuerzo.
“Genial, ahora tú también despertaste tus poderes,” comentó Billy, mirando a María con admiración.
“Creo que gastó toda su energía,” intervino Drake, observando a la joven inconsciente.
“Recién ha despertado sus poderes.
Necesitará más práctica si no quiere que la consuman.” “Así que tenemos una maga curativa…
Eso puede servir,” reflexionó Drake.
“Y una maga de fuego más…
Me pregunto qué tendrá el mocoso cuatro ojos llamado Billy,” añadió, embistiendo a un par de controlados que intentaban acercarse.
“Ustedes dos ya tienen sus habilidades, y yo nada,” protestó Billy, visiblemente celoso.
“¿Eres maga, María?” preguntó Aiden, sorprendido.
“Sí, no oíste,” respondió Billy, pero rápidamente cambió de tono al ver que más enemigos se acercaban.
“Pero este no es el momento.
Mira, vienen todos esos a atacarnos.” “Sí, ya veo.
Podbe y la chica que creo se llama Leila están haciendo su mayor esfuerzo por protegernos,” comentó Aiden, mirando hacia la batalla con preocupación.
“¡Oye, Aiden!” comenzó Elena, con voz temblorosa, intentando disculparse.
“Bueno, yo quería… decirte que lo siento.” Aiden la interrumpió con una sonrisa tranquila.
“Con todo lo que ha pasado, está bien.
Lo dejaré pasar por ahora.
Luego lo conversamos.
Aún no es un ‘sí’ certero, pero podemos hablar,” respondió él con calma, mostrando su disposición a resolver las cosas más adelante.
La chica solo se sonrojó un poco y asintió.
“Está bien,” murmuró, sintiendo cómo el peso de la culpa disminuía ligeramente.
“Qué bueno que Aiden está bien,” comentó Podbe mientras defendía su posición, lanzándose contra un par de controlados que intentaban acercarse al grupo.
“Sí, qué bueno,” resonó la voz de Reia en la mente del can, añadiendo un tono tranquilizador a la situación.
“Son muchos otra vez…
Nos están rodeando,” indicó Drake, observando cómo más controlados aparecían desde todas direcciones.
El grupo formó un círculo defensivo, enfrentándose a la amenaza inminente.
Incluso Podbe, quien ya había agotado su mana, permanecía firme, ladrando ferozmente a los enemigos que se acercaban.
En ese momento, una ráfaga de hielo emergió de la nada, atrapando a algunos de los controlados y congelándolos instantáneamente.
Luego, un zorro gigante con cola de lagarto apareció saltando entre los enemigos, lanzando a otros por los aires con movimientos ágiles y precisos.
Segundos después, disparos conocidos como balas de energía iluminaron el campo de batalla.
“¡Gat!” exclamaron los chicos al reconocer la técnica que usaba el joven que conocieron en Italia al momento de rescatar a Aiden.
“No solo él,” indicó Drake, observando cómo más figuras familiares se acercaban para ayudar.
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