El sistema del perro agente - Capítulo 125
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
125: ¿Eres tú Larot?
125: ¿Eres tú Larot?
“¡Están ustedes también, chicas!” gritó Leila al ver a sus amigas Rachel y Ada acercarse.
Junto a ellas venían Eduard y Riota.
El zorro gigante, que había estado luchando con ferocidad, tomó repentinamente la forma de un niño con una máscara de zorro: era Benjamín.
Del lomo del zorro antes de su transformación bajó Floud, su compañero de equipo, quien se unió al grupo con una mirada alerta.
“Vaya, jefe, veo que tuvieron muchos problemas,” indicó Eduard mientras observaba la escena, señalando hacia donde Adía luchaba ferozmente contra Geros.
“Sí, pero aún no es tiempo de celebrar,” respondió Drake, sin quitar la vista del enfrentamiento entre la maga y el ser oscuro.
“¿Y cómo llegaron aquí, mi amigo?” preguntó Drake, dirigiéndose a Eduard.
“Bien, es una larga historia,” comenzó Eduard, pero Gat lo interrumpió abruptamente.
“¡Menos charla, más combate, ancianos!” exclamó Gat con su habitual impertinencia, ganándose una mirada fulminante de Drake.
“Mocoso del demonio, ya verás cuando lleguemos a la base,” murmuró Drake, aunque Gat solo le dedicó una sonrisa burlona.
En ese momento, la voz de Reia resonó en la mente de Podbe: “Misión completada.” “Bien, vengan a mí.
Mis 2000 puntos…
Ahora faltan 3000,” dijo Podbe con un tono medio triste, reflejando su frustración por no haber alcanzado el nivel deseado.
“No te preocupes, ya los podrás ganar si ayudamos a Adía,” intervino Aiden, entrando en el espacio mental compartido con Podbe a través del enlace telepático.
“Aiden, qué bueno que estés de regreso, amigo.
Veo que te curaste,” dijo Podbe con alegría.
“Sí, gracias a María,” respondió Aiden, sonriendo.
“Así que tu amiga es una maga curativa,” comentó Reia desde ese cuarto mental en el que todos parecían estar conectados.
“Bien, contigo a mi lado todo será más fácil y mejor,” afirmó Podbe con determinación.
“¡Sí!” gritó Aiden con entusiasmo.
Ya le iba a comentar sobre las dos medias lunas que tenía en la frente a Podbe.
“Luego conversamos, hay que ayudar,” indicó Podbe, y ambos asintieron antes de regresar al mundo real, dejando atrás el espacio mental.
Todos se reunieron rápidamente y corrieron hacia donde Adía seguía peleando contra Geros.
Justo en ese momento, una voz fría resonó por los parlantes: “Malditos.” Era Maos, cuyo rostro apareció en uno de los monitores cercanos.
“¿Creen que van a interrumpir la pelea del jefe?
No lo creo.” Antes de que pudieran intervenir en la batalla de Adía, alguien se paró frente a ellos, bloqueando su camino.
“¿Otra vez tú?” dijo Eduard al reconocer inmediatamente a Sir Larot, el caballero oscuro, parado ante ellos con su imponente armadura de obsidiana oscura que brillaba bajo la tenue luz.
“Veo que no es muy hablador ese sujeto, no como la última vez,” comentó Gat mientras se preparaba para atacar.
“Es verdad,” añadieron los niños.
“Antes hablaba de que acabaría con todos, y esa cosa incluso nos ayudó en algún momento.
Pensábamos que iba a cambiar, pero veo que no,” reflexionó Aiden, tratando de decir algo al caballero oscuro que permanecía inmóvil frente a ellos.
“Presiento que no es el mismo,” murmuró Podbe, viendo una alerta en su sistema que Reia leyó en voz alta dentro de su mente: “Peligro inminente.
Debes huir del lugar.” “¿Pero qué carajos fue eso?” exclamó Podbe, confundido.
“El sistema antes nos advirtió de cosas así, pero si lo pudimos vencer a veces… Creo que se equivoca,” dijo el can, intentando calmar su ansiedad.
Gat lanzó sus disparos característicos, pero ninguno impactó a Larot, quien detuvo cada proyectil con su espada con una precisión sobrenatural.
Sin darles tiempo de reaccionar, el caballero oscuro se desvaneció en el aire para reaparecer detrás de Gat.
Con una patada devastadora en el estómago, lo dejó sin aire y lo lanzó volando hacia una de las paredes cercanas, donde impactó con un estruendo ensordecedor.
“Es muy rápido,” murmuró Riota al observar cómo Larot se movía con una velocidad sobrehumana.
Sin embargo, el muchacho no dudó en lanzarse hacia él.
“Si lo toco, podré adquirir esa habilidad,” dijo decidido mientras corría para acercarse.
Pero antes de que pudiera rozar al caballero oscuro, Larot desenfundó la vaina de su espada y golpeó a Riota con fuerza en la espalda, dejándolo fuera de combate en un instante.
“¡Oh, no!
¡Riota!” gritó Benjamín, horrorizado al ver caer a su compañero.
Sin pensarlo dos veces, el niño se transformó nuevamente en un zorro gigante, pero esta vez su cola había adoptado la forma de tentáculos de pulpo, otorgándole un aspecto aún más imponente.
“¡Espera!, Benjamín, ¡no lo hagas!
Algo mal anda con ese sujeto,” le advirtió Eduard desde atrás, alzando la voz para intentar detenerlo.
Pero era demasiado tarde.
El chico, enfurecido por la derrota de su amigo, se lanzó hacia Larot con un rugido ensordecedor.
Larot, sin embargo, se movía como una gacela, esquivando cada uno de los ataques del zorro gigante con una facilidad casi insultante.
Incluso los tentáculos de pulpo que emergían de la cola del zorro no lograron alcanzarlo.
Con un movimiento preciso, el caballero oscuro extendió un dedo y golpeó la nuca del zorro con una fuerza sorprendente, dejándolo inconsciente en el acto.
“Vaya, van tres,” indicó Zeus desde lo alto, observando la escena en un monitor oculto.
Una sonrisa siniestra se dibujó en su rostro mientras reflexionaba sobre lo que estaba ocurriendo.
“Todo va de acuerdo al plan,” se dijo a sí mismo, frotándose las manos con anticipación.
“Las piezas del tablero ya están casi todas aquí.
Quería que fuera de otra forma, pero esta también me vendrá bien.” A pesar de que sus planes iniciales de conquistar el mundo con los controlados habían sido frustrados, Zeus no parecía preocupado.
“Aunque hayan arruinado mis primeros planes, tengo otro as bajo la manga,” murmuró con una risa malvada, relamiéndose los labios mientras contemplaba el caos que se desataba ante sus ojos.
Entrando a esta zona, Aragón observaba con preocupación creciente.
“Pero, ¿qué le pasa a mi discípulo?
Algo malo le han hecho…
No siento su aura igual que antes,” murmuró para sí, frunciendo el ceño mientras intentaba percibir más detalles.
“¿Qué le hiciste, Maos?
¿Y por qué lo permitiste, Zeus?” Su mente estaba dividida entre intervenir o no.
Se sentía utilizado, como una pieza más en el tablero de ajedrez de alguien más poderoso, y esa sensación lo consumía lentamente.
“Es fuerte,” comentó Eduard, mirando hacia donde Larot se movía con una agilidad inhumana.
“Si no fuera por él, yo no habría perdido mi brazo,” dijo, dirigiéndose a Drake.
“Así que ese que traes es una prótesis,” preguntó Drake, señalando el brazo de Eduard con curiosidad.
“No recuerdas que puedo regenerarme.
Bueno, mis células pueden hacerlo mediante una máquina que diseñé y que Adrián construyó, claro, con mis planos,” explicó Eduard con orgullo, aunque su tono se volvió reflexivo.
“Aún estaba en fase de prueba, pero al parecer funciona.
Quizá podamos hacerte crecer ese brazo y no tengas que usar ese guante tan largo que cubre todo tu brazo.” “Sí, puede ser, pero esto es una marca que me recordara de por vida lo que pasó hace tiempo con mi hermano,” dijo Drake, sumiéndose en un breve recuerdo de su pasado, con una expresión melancólica.
Mientras tanto, Geros, compartiendo comunicación por unos auriculares con Eros Laos, sonreía con malicia.
“Vaya, vaya, tan pronto lo enviaron.
Parece que va a haber una reunión muy, pero muy buena aquí.
Solo falta el tonto de tu hijo,” se dijo a sí mismo, disfrutando del caos que se desataba.
“¿A qué te refieres con eso?” preguntó Adía, tratando de mantenerse concentrada mientras lanzaba escudos mágicos para protegerse de los ataques de Geros.
“Todo a su tiempo, muchacha.
Todo a su tiempo,” respondió Geros con calma, lanzando otro torrente de energía oscura hacia ella.
“Ese va a acabar con todos nosotros si no actuamos rápido,” indicó Drake mientras trataba de seguirle el paso a Larot, quien lo atacaba sin descanso.
Las chicas del Escuadrón C usaban sus poderes telequinéticos para protegerlo, levantando barreras improvisadas que apenas lograban contener los golpes del caballero oscuro.
Eduard lanzó uno de sus ataques más potentes hacia Larot, pero este simplemente tomó su espada y desvió el impacto con una facilidad insultante.
“Imposible,” murmuró Eduard, sorprendido y frustrado.
“Pero sé que, si este utiliza el AURA como Aragón, es un oponente extremadamente peligroso.” “¡Tonterías!
Vamos a atacarlo,” indicó Podbe a Reia, preparándose para enfrentarse a Larot.
Con su habilidad de dureza activada, el can se armó de coraje.
“Contigo no necesito contenerme,” pensó para sí, avanzando decidido hacia el caballero oscuro.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com