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El sistema del perro agente - Capítulo 126

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  3. Capítulo 126 - 126 La Decisión de Aragón 1
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126: La Decisión de Aragón (1) 126: La Decisión de Aragón (1) Mientras Podbe le daba pelea a Sir Larot, Aiden intentaba abrir portales mágicos para encerrarlo o hacer que cayera en uno de ellos.

Sin embargo, Larot esquivaba cada uno de los portales con una agilidad sobrehumana, al muchacho aun le faltaba entrenamiento.

“¿Qué tal si pruebas con la puerta como esa que me mandaste con Urion?” sugirió el cachorro telepáticamente a través del enlace mental que compartía con Aiden.

Drake y Eduard aprovecharon un momento de distracción de Larot mientras este estaba ocupado con Podbe para intentar ayudar a Adía.

Sin embargo, Larot se movía tan rápido como un rayo, bloqueando sus avances y regresándolos al costado del can con un movimiento preciso.

“Pero, ¿qué tan rápido es?

Parece más fuerte que antes,” comentaron los niños, impresionados por la velocidad y destreza del caballero oscuro.

“Así parece,” respondió Eduard mientras se levantaba del suelo, sacudiendo el polvo de su ropa con gesto frustrado.

En ese momento, Larot lanzó un grito de molestia.

Podbe, gracias a su recuperación repentina de mana, lo estaba presionando con ataques más agresivos.

“Gracias, sistema, me ayudaste para variar,” pensó el can con alivio.

“Sí,” confirmó Reia dentro de su mente.

“Leíste bien: ‘Recupera toda tu mana en segundos’ como recompensa secreta por vencer a los controlados.” Esa ventaja le permitió a Podbe usar nuevamente sus técnicas más poderosas.

Primero lanzó un Cabezazo de fuego, pero Larot lo bloqueó con su espada sin esfuerzo.

Luego, utilizó su Aliento de rayo, seguido de un certero Corte de Garra Dorada.

Aunque parecía imposible penetrar la defensa del caballero oscuro, Podbe logró acelerar su propia velocidad con una finta estratégica, golpeando a Larot directamente en el abdomen.

“No te sabía esas mañas, Podbe,” lo elogió Aiden, sorprendido por la astucia del can.

El perro ladró orgulloso desde el campo de batalla, aunque mentalmente le respondió: “Aprendí algunos trucos durante todo este tiempo que estuvimos separados.” El golpe que recibió Larot pareció enfurecerlo aún más.

Su aura comenzó a expandirse, oscureciéndose, y su ira era palpable en todo el ambiente.

Mientras tanto, Aragón observaba a su discípulo desde la distancia.

La actitud silenciosa y la oscuridad creciente en el aura de Larot lo preocupaban profundamente.

En ese instante, imágenes del pasado invadieron su mente.

Recordó el día en que conoció a Zeus en aquella taberna.

Era un lugar humilde, lleno de murmullos y risas ahogadas, donde él trataba de ahogar sus penas en alcohol después de perder a su esposa e hijo no nacido en un atentado perpetrado por la familia rival.

Zeus, sentado frente a él, lo miró con una mezcla de compasión y determinación.

“Qué tonto eres por beber por una muerte y querer morirte, ahogando tus penas y sumiendo tus habilidades,” le dijo con calma.

“¿Y tú qué sabes de esto?

¿Acaso has perdido a alguien?” respondió Aragón, visiblemente afectado por el licor y el dolor.

Zeus lo miró fijamente antes de responder: “Algo similar.

Pero ella seguramente quería que siguieras adelante y demostraras todo tu potencial.” Aragón apretó los puños bajo la mesa.

Su esposa había sido asesinada junto con su hijo no nacido en un atentado orquestado por la familia rival, aunque no tenía pruebas concluyentes, tampoco tenía dudas.

Eran enemigos de larga data, siempre enfrentándose en una guerra interminable.

“Te propongo algo,” continuó Zeus, inclinándose hacia adelante.

“Puedo ayudarte a encontrar quién lo hizo.

Sabes bien quiénes son, pero puedo ayudarte a que paguen.

Tengo los medios y puedo demostrar que fueron ellos.” “¿Por qué debería creerte?

Su fortaleza es impenetrable.

Esos que profesan el KI oscuro han sido nuestros enemigos durante años.

He enfrentado a algunos, pero no tienen honor; siempre usan trucos y acabaron con casi todo mi clan.” “Bien, entonces usa sus mismas tácticas.

O al menos déjame ayudarte.” “¿Por qué tanto interés en ayudarme?” preguntó Aragón, desconfiado.

“Porque he visto cómo peleas, y estoy reclutando a los mejores para formar un equipo que traiga un nuevo orden al mundo…

y luego la paz.

Quiero que cosas como lo que le pasó a tu esposa no vuelvan a ocurrir.

Te quiero sobrio, no sumido en el alcohol.

Acaso, ¿ese guerrero que vi en unas ocasiones se ha ido?” Dicho esto, Zeus mostró un video antiguo de Aragón en su apogeo, luchando con una ferocidad y habilidad que ahora parecían enterradas bajo años de dolor y alcohol.

“Ese es el antiguo yo,” indicó Aragón con una mezcla de nostalgia y amargura.

“Ya no profeso mi estilo del AURA.” Luego, mirando a Zeus con sarcasmo, añadió: “Pero bien, supongamos que me ayudas con esto…

Te seguiré toda mi vida sin contradecir nada.” “Ja, ja, eso me suena como un trato entonces,” respondió Zeus con una sonrisa calculadora mientras le quitaba el vaso de cerveza de las manos a Aragón.

Este último, visiblemente ebrio, balbuceó algo incomprensible antes de desplomarse sobre la mesa.

Cuando despertó, se encontró en un cuarto desconocido, vestido con su traje marrón habitual, el mismo que solía usar cuando formaba parte de su clan.

Al levantarse, notó que la puerta se abría lentamente.

Era Zeus, ahora luciendo un traje plateado ajustado.

Aunque parecía delgado, irradiaba una fuerza imponente.

Una joven llamada Lady entró detrás de él.

“Está listo todo, señor,” indicó ella, dirigiéndose a Zeus con respeto.

“Bien, vamos por ellos,” respondió Zeus con determinación.

Aragón y Zeus subieron a un helicóptero preparado para dirigirse al territorio enemigo, un lugar oculto en las áridas zonas del desierto de Nevada.

Mientras la nave despegaba, Aragón preguntó: “¿Solo nosotros dos?” “Con nosotros dos será suficiente,” respondió Zeus, mirándolo fijamente a los ojos.

“O acaso, ¿no te sientes capaz de acabar con el enemigo y consumar tu venganza?” “Bien, lo haré.

Quizá no vuelva, y tu trato quede en nada,” dijo Aragón con frialdad.

Pero Zeus solo soltó una carcajada burlona.

Al llegar, se encontraron frente a un palacio majestuoso escondido entre las dunas del desierto.

“Así que aquí estamos de nuevo por casa,” murmuró Aragón, apretando los puños mientras observaba el edificio.

“Esos desgraciados se hicieron con el lugar y levantaron un bonito edificio en la tumba de mis hermanos.

Lo pagarán caro.” Sus ojos comenzaron a tornarse rojos, reflejando su ira contenida.

Zeus, por su parte, mantenía una sonrisa enigmática, como si ocultara algo más detrás de esa expedición.

Saltaron del helicóptero utilizando unos dispositivos especiales que reducían la velocidad de descenso, permitiéndoles tocar el suelo con precisión y sin necesidad de paracaídas.

“Gracias, Lady,” indicó Zeus por la radio.

“Gracias, señor Zeus,” respondió ella desde el helicóptero, aunque su voz traicionaba un leve nerviosismo.

En realidad, estaba sonrojada al verlo actuar con tanta confianza.

“Bien, es hora de atacar,” anunció Zeus, preparándose para enfrentar a los enemigos.

Del palacio salieron varios sujetos vestidos con trajes purpuras.

En la espalda llevaban un logo que decía Bad-Ki, acompañado de un puño dentro de un círculo.

Diez de ellos se acercaron rápidamente, blandiendo espadas afiladas.

“Tontos,” murmuró Zeus mientras colocaba una especie de banda en su frente.

Instantáneamente, su traje plateado se transformó en una armadura completa con casco.

Con movimientos precisos, agarró a varios de los enemigos por el cuello, eliminándolos en cuestión de segundos.

Por otro lado, Aragón utilizó sus habilidades del AURA para derribar a los que se le acercaban.

Ambos luchaban hombro a hombro, enfrentándose a oleadas interminables de enemigos del Bad-Ki.

Sin embargo, pronto aparecieron otros sujetos armados, obligando a Zeus y Aragón a esconderse detrás de una columna para evitar ser alcanzados por las balas.

“¡Esos malditos tramposos!

¡Siempre jugando sucio!” exclamó Aragón, frustrado por la falta de honor en sus enemigos.

“Esto se está volviendo muy trillado y me aburre,” comentó Zeus con indiferencia.

Desde su muñeca activó algunos botones, y de repente, varios robots armados emergieron del suelo.

Comenzaron a disparar ráfagas de balas hacia los enemigos, iluminando el campo de batalla con destellos metálicos.

Robots y enemigos caían por igual, creando un caos controlado.

“A veces hay que darles en su propio terreno,” señaló Zeus, disfrutando de la estrategia tecnológica mientras veía cómo Aragón fruncía el ceño, molesto por el uso de androides en la batalla.

Al derrotar a todos los enemigos, avanzaron hasta llegar al piso más alto del palacio montados en una especie de plataforma robotizada.

Al entrar, Aragón, el caballero marrón, se encargó de acabar con los guardaespaldas del rey del Bad-Ki con movimientos rápidos y precisos.

Finalmente, frente a él quedó el líder del clan enemigo, quien lo miraba con desdén.

“Te pensé que te había extinguido junto con tu clan,” dijo el rey, su voz cargada de arrogancia.

Ambos hombres se lanzaron hacia adelante, chocando sus puños con fuerza brutal.

“¡Maldito!” gritó Aragón, su voz resonando con ira.

“Tú y tus soldados masacraron a mis amigos, a mi familia, a mi esposa y a mi hijo que no había nacido.

¡Lo vas a pagar!” “He matado a muchos y he mandado a matar a varios…

No recuerdo todos los rostros,” respondió el rey, empujando a Aragón con el poder oscuro del Ki maligno mientras este respondía con el poder de su AURA.

Las dos esencias colisionaban, creando una onda expansiva colosal que sacudió todo a su alrededor.

Mientras seguían peleando, Zeus se colocó en una esquina, observando la escena con una expresión calculadora.

Los choques de poder eran devastadores, iluminando la sala con destellos intermitentes de energía.

En un momento dado, Aragón recordó a su esposa cuando vio al rey burlarse de su dolor.

Su AURA comenzó a oscurecerse, adoptando un tono rojo intenso, más oscuro que la sangre, corrompido por la ira.

En un arrebato de furia, logró doblegar al rey, retorciéndole los brazos para asestar el golpe final.

Sin embargo, justo antes de hacerlo, una visión lo detuvo.

Una mujer hermosa apareció frente a él, irradiando calma y bondad.

Era su esposa.

“Aragón no era así,” le dijo ella con dulzura.

“No te dejes seducir por la ira.

Debes aprender a vivir sin odios, perdona.

No te conviertas en algo que luego te vayas a arrepentir.” Aragón, impactado por la revelación, soltó al rey, quien cayó adolorido al suelo.

Respirando profundamente, dijo: “Yo no mato a mujeres, mucho menos a embarazadas ni a niños.” El rey, jadeaba de dolor entonces Aragón respondió: “Y entonces, si no fui tu… ¿quién fue?” Antes de que pudiera terminar la frase, una bala impactó directamente en su cabeza, matándolo al instante.

Zeus bajó su arma tranquilamente mientras limpiaba el cañón.

“No seas blando con tus enemigos,” dijo Zeus con frialdad, mirando a Aragón.

Aragón quedó atónito, incapaz de procesar lo que acababa de suceder.

Si no fueron sus enemigos, entonces, ¿quién masacró a su familia?

La incertidumbre lo consumió, dejándolo con una herida emocional que nunca sanaría.

“Bien, te ayudé a terminar tu vendetta por tu familia,” continuó Zeus, acercándose lentamente.

“Ahora cumple con tu palabra y únete a mí.

Serás uno de mis líderes, no solo un soldado.

Juntos traeremos la paz a este mundo.” Aragón era un hombre de palabra.

No podía negarse después de haber hecho un trato, aunque ese trato ahora le supiera amargo.

Con un suspiro pesado, respondió: “Acepto, señor Zeus.” Sin embargo, en su interior, sabía que esa decisión lo cambiaría para siempre.

Dejó atrás no solo un palacio en ruinas, sino también una pregunta sin respuesta que lo perseguiría por el resto de su vida: ¿quién realmente asesinó a su familia?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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