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El sistema del perro agente - Capítulo 127

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127: La Decisión de Aragón (2) 127: La Decisión de Aragón (2) Una vez que Aragón se unió a las filas de Zeus, dedicó su tiempo a perfeccionar su arte del AURA utilizando los antiguos escritos de sus antepasados.

Un día, mientras entrenaba en un vasto pastizal bajo el cielo abierto, Zeus apareció acompañado de un joven delgado y aparentemente frágil.

Su cabello marrón largo cubría casi todo su rostro, dejando entrever solo uno de sus ojos azules.

Vestía una camisa blanca, un pantalón negro y zapatos marrones.

Su postura era tímida, como si intentara desaparecer entre las sombras.

“Hola, Aragón, amigo,” saludó Zeus con su habitual tono autoritario pero amistoso.

“Te traigo un estudiante.

Creo que es hora de que expandas tu arte del AURA iniciando con este niño.” Aragón observó al joven con curiosidad antes de preguntar: “¿Qué edad tienes?” El chico, visiblemente nervioso, no respondió de inmediato.

Zeus intervino, colocando una mano tranquilizadora sobre el hombro del muchacho.

“No te preocupes, él es medio tímido.

Además, perdió la memoria debido a un trauma.” Luego, en un susurro dirigido solo a Aragón, añadió: “Mataron a sus padres frente a él, por lo que puede tener episodios de pesadillas o recuerdos repentinos.

Es normal en estos casos.” Zeus empujó suavemente al joven hacia adelante, presentándolo formalmente.

“Este muchacho tiene quince años, y su nombre es Lingo.” Aragón asintió lentamente, comprendiendo la situación.

“Entiendo.” “Bien, quizá puedas entrenar conmigo, jovencito,” continuó Zeus, dirigiéndose al chico.

“Veo que tu aura es intensa, pero maleable.

Creo que pueden luchar juntos.

Él será tu maestro desde ahora, Lingo,” declaró Zeus con firmeza.

Luego, mirando al joven, añadió: “Te dejo en buenas manos para que te conviertas en un buen guerrero a mi servicio.

Espero resultados pronto.” “Sí, señor,” respondió Lingo con timidez, aunque su voz temblorosa revelaba su incertidumbre.

Zeus se retiró, dejando a maestro y discípulo solos.

Al principio, Lingo no se atrevía a acercarse a Aragón, y Aragón tampoco sabía cómo interactuar con él.

Era la primera vez en años que tenía un discípulo, y ambos parecían incómodos en su mutua presencia.

Sin embargo, con el paso del tiempo, Aragón comenzó a tomarle cariño al joven.

Lo veía como el hijo que nunca pudo tener, y no solo le enseñó técnicas del AURA, sino también valiosas lecciones de la vida.

En un momento particularmente emotivo, mientras el joven dormía después de una larga sesión de entrenamiento, murmuró en sueños: “Te amo, papá Aragón.” Esas palabras tocaron profundamente a Aragón, despertando en él sentimientos paternales que creía olvidados.

Desde entonces, decidió proteger y cuidar al muchacho como si fuera su propio hijo.

Lingo era increíblemente hábil y aprendía rápidamente las técnicas que Aragón le enseñaba.

Sin embargo, a veces experimentaba pesadillas o recuerdos fragmentados que hacían que su poder del AURA se descontrolara.

En esos momentos, Aragón estaba siempre a su lado, calmándolo y consolándolo, asegurándose de que el joven no sucumbiera a la oscuridad dentro de sí.

Un día, Zeus regresó para evaluar el progreso de Lingo.

Se sorprendió al ver cuánto había cambiado el chico tímido y frágil.

Ahora era alguien valeroso y fuerte, aunque aún le faltaba carácter.

Zeus sabía que, si quería convertirlo en su secuaz oscuro y asesino personal, necesitaba algo más drástico.

“Ven conmigo a la base,” ordenó Zeus, llevando a Lingo con el doctor Maos.

Tan pronto como ingresó, el joven fue adormecido y colocado en una máquina diseñada para realizar un lavado de cerebro.

El procedimiento buscaba eliminar cualquier rastro de voluntad propia, dejando a Lingo completamente obediente a Zeus.

Aragón no sabía nada de esto, ya que había sido enviado a cumplir una misión especial.

Cuando regresó, su discípulo ya no era el mismo.

La inocencia y el cariño que alguna vez brillaron en los ojos de Lingo habían sido reemplazados por una frialdad calculadora.

Aragón sintió una punzada de dolor desde lejos al presentir de que pasaba algo malo con respecto al chico, pero no podía saber que era.

Zeus había tomado lo que quedaba de Lingo y lo había moldeado según sus propios designios.

Cuando Aragón regresó, notó que el joven había cambiado ligeramente, aunque nada parecía fuera de lo común.

Lingo seguía hablándole como siempre y, más aún, lo trataba con el mismo respeto que un discípulo muestra hacia su maestro.

Sin embargo, algo en su mirada parecía diferente.

La dosis que le habían administrado era mínima, permitiéndole comunicarse y tomar decisiones por sí mismo, pero cuando estaba en presencia de Zeus, se convertía en una marioneta obediente sin capacidad para cuestionar sus órdenes.

Esto fue hecho intencionalmente para no levantar sospechas ante Aragón, aunque este tenía una sensación incómoda en el fondo de su mente.

“Algo te pasa, muchacho,” dijo Aragón mientras observaba a Lingo entrenar.

El joven, ahora más fuerte y confiado, respondió con una sonrisa forzada: “No, no te preocupes, todo está bien.

Solo estoy un poco nervioso por mi nueva posición en la mesa.” En ese momento, una reunión fue convocada.

Todos los miembros clave estaban sentados alrededor de una mesa imponente.

Al entrar, Aragón se colocó su casco, y el joven hizo lo mismo.

Desde un estrado, Zeus descendió hacia la mesa directiva con paso majestuoso.

“Es hora de la iniciación,” anunció Zeus, su voz resonando con autoridad.

“Desde hoy, joven Lingo, ya no te llamarás así.

Necesitas un nombre grande, uno que refleje las proezas que has realizado y las que aún realizarás.

Desde ahora, serás conocido como el Azote de la Oscuridad, la Sombra que Camina.

Serás Sir Larot.” Los demás en la mesa aplaudieron, incluyendo a Aragón, quien sintió un orgullo paternal al ver cómo su discípulo era reconocido como alguien destacado en la vida.

Regresamos al presente, donde Podbe y Sir Larot seguían enfrentándose.

Gracias a los portales que Aiden abría estratégicamente, el can lograba escapar de los ataques rápidos del caballero oscuro.

En un momento determinado, Podbe conectó otro golpe certero en el abdomen de Larot, provocando un sonido metálico de rotura en su armadura.

“¡Somos imparables, Podbe!” exclamó Aiden en el enlace mental que mantenían, lleno de entusiasmo.

Esto es malo otra vez este sujeto, pero no se mueve me inquieta se decía a si mismo Eduard que luego tomo valor y le grito: “¡Oye, tú!” gritó Eduard, dirigiéndose a Aragón, quien permanecía parado en la puerta, observando la escena con expresión pensativa.

“¿Qué haces aquí?

¿También nos vas a atacar?” Por lo visto, Aragón estaba inmerso en sus pensamientos, analizando la situación.

El líder de la unidad E intervino: “Por lo que veo, sientes que algo anda mal con tu amigo, ¿verdad?

También pienso que no es el mismo de aquella vez en la batalla contra Urion.” “¡Es que quizá algo le han hecho a ese sujeto!” gritó Eduard, frustrado.

Aragón meditó sobre estas palabras mientras observaba la pelea con preocupación creciente.

“Si algo le hubieran hecho…

ya nos habría atacado.

Aunque, en esa ocasión, nunca fuiste de los que atacan por la espalda.

Tienes honor,” reflexionó Eduard en voz alta.

“Sí, honor…

pero, ¿qué es ahora el honor?” murmuró Aragón, sumido en sus pensamientos.

En ese momento, Zeus, desde su posición, se dirigió a Maos: “Creo que le falta más disciplina y odio.” Acto seguido, Maos activó unos botones en su tablero, enviando señales directamente a Larot.

“¡Oh, no!

¿Qué pasó?” preguntó Aiden, alarmado al ver cómo Larot comenzaba a gritar como si estuviera poseído.

Larot escuchaba la voz fría de Maos resonando en su mente: “Haz todo lo que te digo.

Usa tu furia para destruirlos es una orden directa de tu dueño Zeus.” “¡Oh, no!

¡Prepárate!” gritó Eduard mientras lanzaba sus técnicas hacia donde estaba Larot.

Drake, por su parte, le gritó a Aiden: “¡Sal de ahí junto con Podbe!” Larot ya se acercaba, rodeado por un AURA siniestra que oscurecía el aire a su alrededor.

Su velocidad era ahora tan extrema que superaba la capacidad del ojo humano para seguirlo.

Justo cuando Aiden intentaba transportar a Podbe a otro lugar, el caballero oscuro golpeó al can con una fuerza devastadora.

“Menos 200 puntos de vida,” anunció el sistema dentro de la mente de Podbe.

“¿Usando mi habilidad de dureza recibí este daño?

¡Maldición!” pensó el can, frustrado por la brutalidad del ataque.

“¡Huyan!” gritó Drake al ver que Larot se dirigía hacia ellos con intenciones mortales.

El caballero oscuro desenvainó su espada, preparándose para acabar con la persona que se encontraba frente a él, listo para asestar un golpe letal al adolescente.

“¡No!” resonó la voz desesperada de Podbe en el enlace mental que compartía con Aiden.

“¡No te quiero perder otra vez!” Pero antes de que la espada pudiera alcanzar a Aiden, Aragón apareció de improviso, bloqueando el ataque y partiéndola en dos con su propia arma.

Con calma, pero firmeza, le dijo al chico: “Coge a tu perro y vete, niño.

Esto es un asunto entre maestro y discípulo.” “¿Qué pasa?

¿Por qué se puso en nuestra contra ese tonto?” preguntó Zeus, molesto, dirigiéndose a Maos.

“Acaba con ese tonto.

Ya no nos es útil, así como acabamos con su familia,” añadió con una risa malvada que helaba la sangre.

Maos envió inmediatamente la directiva al cerebro de Larot mediante el dispositivo que controlaba su voluntad.

“Larot, ¿cómo pude ser tan ciego y no darme cuenta de lo que te han hecho?” murmuró Aragón mientras observaba la distorsión en el AURA de su discípulo.

“Siento tu energía alterada, mi joven aprendiz.

Te voy a sacar de ese trance.” Pero antes de que pudiera continuar hablando, Larot lo golpeó con una fuerza sobrehumana, lanzándolo contra una pared cercana con un estruendo ensordecedor.

El caballero oscuro volvió a centrar su atención en Aiden y Podbe, decidido a eliminarlos.

“Te dije que yo soy tu oponente,” declaró Aragón, reapareciendo al lado de Larot y lanzándole un puñetazo cargado de un AURA amarilla brillante, que lo derribó al suelo.

“Vayan y ayuden a su amiga, la maga.

Yo me encargo de arreglar a mi discípulo,” ordenó Aragón, su tono dejando claro que no aceptaría objeciones.

Eduard asintió y corrió a recoger a los otros tres que habían sido noqueados, administrándoles su brebaje especial para reactivar sus energías.

En ese momento, el sistema de Podbe emitió una notificación que fue leída por Reia: “Has sobrevivido al combate.

Bonificación: 1000 puntos de experiencia.” “Vaya, al menos algo bueno,” comentó Podbe, aliviado.

“Ahora faltan 2000 puntos,” añadió Reia, recordándole cuánto le quedaba para alcanzar su próximo objetivo.

Mientras tanto, todos se dirigieron rápidamente a apoyar a Adía, quien seguía luchando ferozmente contra Geros.

Desde su posición oculta, Zeus observaba la escena con una sonrisa calculadora.

“Vaya, no pensé que uno de los míos diera problemas.

Pero no podrá con Larot.

Ese tonto es un sentimentalista y demasiado recto para entender cómo funciona realmente el poder,” reflexionó en voz alta.

Luego, con una mirada fría, murmuró: “Bien, que continúen.

Muy pronto empezaré con mi jugada.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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