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El sistema del perro agente - Capítulo 128

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128: Maestro vs Alumno (1) 128: Maestro vs Alumno (1) La pelea entre Larot y Aragón, maestro contra discípulo, estalló con una ferocidad que sacudió el aire mismo.

Golpes cargados de AURA cruzaban el espacio como relámpagos silenciosos, despedazando las jaulas que colgaban inertes en el lugar.

El eco metálico de las cadenas rotas resonaba en el ambiente, mezclándose con el rugido de sus respiraciones agitadas.

Ninguno cedía; la fuerza era abrumadora, tangible, como una tormenta contenida a punto de desbordarse.

Aragón intentaba hacer entrar en razón a su discípulo, pero Larot atacaba sin piedad, dominado por un control externo que lo convertía en una marioneta de voluntad ajena.

“¿Crees que pueda ganarle?” preguntó Leila a Eduard, mientras observaba la escena con el corazón en la garganta.

Su voz temblaba, apenas más audible que el estruendo de la batalla.

“No parece estar en sí mismo,” respondió Eduard, ajustando su postura defensiva.

“Si no lo detiene él, los próximos seremos nosotros.” Hizo una pausa, mirando hacia Adía, quien luchaba ferozmente contra Geros.

“Pero primero ayudemos a Adía.

No puede contenerlo sola.” Leila asintió, aunque su mente se perdía en las imágenes que veía: dos figuras destrozando todo a su paso, dejando un rastro de caos y destrucción.

La mano firme de Ada tiró de ella, sacándola de sus pensamientos.

“¡Hola, tierra llamando a Leila!” exclamó Ada con tono burlón, pero preocupación en los ojos.

“Concéntrate, niña,” añadió Rachel desde atrás, su voz tensa mientras observaba cómo Adía luchaba por mantener a raya al imponente Geros.

En el centro de la batalla, Aragón se interponía una y otra vez entre Larot y los demás, protegiéndolos con su cuerpo.

“¡Larot, despierta!

Tienes que hacerlo.

¿Qué te hicieron?

Vuelve a ser el muchacho que conocí y entrené,” suplicaba el caballero marrón, su voz cargada de dolor y determinación.

Pero Larot solo veía oscuridad.

En su mente, un niño indefenso estaba arrodillado frente a una figura gigante y siniestra, cuyos rasgos parecían hechos de sombras vivientes.

“Debes hacer todo lo que te diga, o condenarás a todos…

incluso a tu mentor,” decía la voz, mostrándole visiones falsas: cadáveres de amigos, compañeros y, finalmente, Aragón mismo, bañado en sangre.

“No, no puede ser…

eso no,” gemía el joven, cayendo de rodillas y cubriéndose el rostro con las manos.

“Haré lo que sea necesario para salvarlos,” murmuraba, su voz quebrada por el terror.

“Bien, entonces haz todo lo que te ordene, muchacho,” continuó la voz, ahora con un tono aún más inquietante.

“Acaba con esos demonios y con este usurpador que dice ser tu mentor.

Si los vences a todos, podrás ser libre.” Las palabras se clavaron en la mente de Larot como dagas, alimentando su confusión y desesperación.

“Lo haré,” respondió con decisión forzada, levantándose lentamente.

“Usaré toda mi fuerza para acabar con ellos.” Aragón, viendo el cambio en los ojos de su discípulo, sintió un escalofrío recorrer su espalda.

Sabía que algo oscuro estaba manipulando a Larot, algo que había estado allí mucho antes de aquel día.

“¿Qué te hicieron, muchacho?

Voy a averiguarlo,” se prometió a sí mismo, parándose firme frente a Larot.

“No voy a rendirme contigo.

Nunca debí dejarte solo.

Fue mi error, pero ahora estoy aquí para corregirlo.” El caballero marrón se preparó para el siguiente ataque, sabiendo que no solo estaba enfrentando a su discípulo, sino también a las sombras que lo consumían desde dentro.

Fuera del cuerpo de Larot comenzó a formarse un halo de AURA, oscuro e intenso, que emanaba un resplandor carmesí tan profundo que parecía tragarse la luz misma.

Era un color más oscuro que la sangre, más denso que las sombras.

Sus manos se impregnaron de esa energía oscura mientras su voz resonaba con una frialdad inhumana: “Segunda forma del AURA: TIFIDEZ.” La segunda forma del aura era devastadora.

Todo lo que tocaba se transformaba en algo duro como el diamante, capaz de cortar el metal más resistente con la precisión de una espada invisible.

Sin vacilar, Larot lanzó el ataque contra su mentor.

Aragón, reaccionando con rapidez, entrelazó sus brazos frente a su pecho formando una “X”.

El impacto fue brutal.

Aunque logró protegerse, las paredes y el suelo a su alrededor quedaron ahuecados, como si una fuerza invisible hubiera desgarrado el espacio mismo.

“¿Qué fue eso?” murmuró Leila, sintiendo cómo el remezón sacudía el aire a su alrededor.

Su cuerpo temblaba ligeramente, pero su mente estaba nublada por pensamientos confusos.

“No lo sé,” respondió María, mirando hacia Rachel y Ada, quienes habían levantado una barrera improvisada con escombros para protegerlos.

“Si no hubieran hecho eso, estaríamos muertos.” “Vayamos a ayudar a Adía,” dijeron ambas chicas al unísono, tratando de despertar a Leila de su ensimismamiento.

Pero justo en ese momento, las paredes comenzaron a deformarse.

De ellas emergieron tubos metálicos que rápidamente tomaron forma de robots humanoides, similares a los que había enfrentado Podbe en la academia.

“¿Qué son estos?

Se parecen a los que había en la academia,” indicó Drake, ajustándose las correas de su equipo mientras observaba cómo los nuevos enemigos comenzaban a rodearlos.

Eran cincuenta, tal vez más.

Algunos se colocaron frente a ellos, creando una barrera impenetrable, mientras otros se posicionaban estratégicamente para bloquear como si fuera un muro de metal cualquier intento de interferir en la batalla entre Aragón y Larot al igual que de Adía contra Geros.

“¿Qué es esto?” preguntó Eduard, su voz tensa mientras evaluaba la situación.

“Parece que nos han bloqueado.

No podemos ni avanzar ni retroceder,” añadió Drake, apretando los puños.

Gat, quien ya se recuperaba del golpe que le había dado Larot, intervino con determinación: “Bueno, no queda de otra.

Creo que debemos enfrentarlos si queremos pasar.” Junto a él, Benjamín, Riota y Floud también se preparaban, ajustando sus armas y concentrándose en la tarea que tenían por delante.

En el sistema de Podbe, una alerta resonó clara y precisa: “Atención.

Tienes enemigos muy fuertes delante de ti.

Actúa con cuidado.

Si logras vencer a cinco, obtendrás 2000 puntos.” Que leyó Reia.

“¡Justo lo que necesito para subir de nivel!” exclamó Podbe, preparándose para la batalla.

“Bien, prepárense a luchar,” indicó a través de su enlace con Aiden.

“¡Sí, a pelear!” respondieron Ada y Rachel al unísono, girando hacia donde había estado Leila momentos antes.

Pero al voltear, ella ya no estaba.

“¿Dónde está Leila?” se preguntaron ambas, buscándola con la mirada.

Las pantallas holográficas que los robots habían desplegado impedían la visibilidad, creando un laberinto de luces y sombras que dificultaba cualquier rastro de la joven.

“Me pregunto dónde se fue…

Estaba aquí hace un momento,” dijo Ada, preocupada.

“No hay tiempo,” respondió Rachel cuando uno de los robots lanzó un ataque directo hacia ellas.

Mientras tanto, en el campo de batalla, Larot seguía atacando sin piedad, su voz distorsionada por el traje que lo envolvía en un manto de oscuridad.

“Debo proteger a Zeus y a mis compañeros,” decía, aunque cada palabra parecía arrancada de algún lugar profundo y roto dentro de él.

Aragón, resistiendo otro embate, gritó con desesperación: “¡Soy yo, Aragón!

¡Despierta, muchacho!

¡Confía en mí!” Pero Larot no escuchaba.

Sus ojos estaban vidriosos, perdidos en un abismo de confusión y odio fabricado dentro del casco.

“No eres tú…

¡Eres un impostor!

¡No me dejaré engañar!

¡Te acabaré, maldito!” rugió Larot, y de sus brazos brotaron flamas de dragón, negras y carmesí, que se lanzaron hacia Aragón como si quisieran consumirlo vivo.

El cuerpo del caballero marrón se envolvió en esa energía oscura, que lo quemaba desde adentro, pero aun así mantenía su posición, resistiendo el dolor con una determinación férrea.

“¡Con eso bastará, maldito engendro!

Ya no harás de las tuyas,” decía Larot, su voz distorsionada por la ira mientras las flamas oscuras carmesí seguían envolviendo a Aragón.

Parecía que el caballero marrón estaba perdido, consumido por el poder devastador del ataque.

Sin embargo, justo cuando las llamas parecían alcanzar su punto máximo, estas comenzaron a cambiar de color, transformándose en un azul intenso y vibrante.

Las flamas se evaporaron lentamente, dejando ver a Aragón con su armadura maltrecha: las hombreras rotas, las coderas desgastadas y el pecho agrietado como si hubiera resistido el embate de mil tormentas.

“Nada mal, joven pupilo,” dijo Aragón, su tono tranquilo pero cargado de autoridad mientras apagaba la llama azul que aún danzaba en sus manos.

“Bien hecho por usar la tercera forma del AURA: el Dragón de Nubia, o mejor conocida como NUBIA DRAGON RAGE.

Es una técnica desgarradora, habría terminado conmigo al instante si no fuera por mi experiencia.” Una leve sonrisa cruzó su rostro, aunque su mirada permaneció firme.

“Pero no soy cualquiera.

Yo te enseñé estas técnicas, mocoso,” añadió con un tono ligeramente molesto, quitándose el casco, que se deshizo en polvo en cuanto lo tocó.

Larot frunció el ceño, visiblemente sorprendido por la resistencia de su mentor que en realidad veía como un demonio.

“Creo que me confié un poco,” murmuró Aragón, su expresión endureciéndose mientras evaluaba la situación.

“Vaya, parece que tendré que hacerte entrar en razón por las malas.” Su voz ahora era fría, casi cortante, mientras concentraba su energía.

De sus manos surgió un ataque similar al de Larot, pero esta vez las flamas eran doradas, cubiertas por un brillo azul que parecía arder con la intensidad de un fuego celestial.

El dragón formado por la energía lanzó un rugido silencioso antes de abalanzarse sobre Larot, destrozando la mitad de su armadura en un abrir y cerrar de ojos.

El casco de Larot cayó al suelo, revelando uno de sus ojos, brillando con un rojo carmesí que irradiaba furia pura.

“Vaya, parece que los ataques simples no te dañan,” comentó Aragón, su tono sarcástico pero calculado.

“Si es así como quieres jugar, maldito enemigo de mi señor Zeus, entonces así será.” La voz de Larot estaba completamente distorsionada, como si algo dentro de él estuviera luchando por tomar el control.

“También me pondré serio para acabarte de una vez por todas.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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