Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El sistema del perro agente - Capítulo 13

  1. Inicio
  2. El sistema del perro agente
  3. Capítulo 13 - 13 Aventuras en El Supermercado
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

13: Aventuras en El Supermercado 13: Aventuras en El Supermercado El can le dijo a Aiden que ahora que se había calmado, qué había sido eso.

Aquella chica lo había hecho sentir diferente.

Reia se cuestionó si acaso los géneros opuestos se atraían.

Si era así, por qué no había sentido lo mismo con la señorita Adía.

Aiden respondió, un tanto exaltado, que no lo sabía.

Sentía, como dicen, mariposas en el estómago por Elena.

Pero Adía era una señora mayor, o al menos eso creía.

Además, la veía como una amiga que les había ayudado.

Reia continuó diciendo que tenía razón y que debían seguir con las compras que les había encargado la señorita para luego dirigirse al centro.

Qué suerte que lo mencionaba, porque estaban frente a ese supermercado, que ya estaba cerrado.

Un letrero anunciaba que se habían mudado a un par de cuadras de allí.

Sin perder tiempo, ambos se pusieron en marcha.

Mientras tanto, Elena, que se encontraba junto al mostrador, notó que había dinero olvidado sobre él.

Le comentó al dueño de la tienda, quien respondió que probablemente ese muchacho se había olvidado el vuelto.

Ella sugirió que debían entregárselo, ya que no creía que estuviera muy lejos.

El señor, viendo que era un día de poca clientela, le dio permiso.

“Toma la bicicleta de atrás y devuélvele su cambio”, dijo.

“Qué chico más olvidadizo”, comentó el dueño, negando con la cabeza.

Elena tomó la bicicleta roja que estaba en la parte trasera del local, una bicicleta vintage con una canastilla delantera y una parrilla trasera para cargar objetos pesados.

Se subió y comenzó a pedalear, pensando que seguramente se había ido por la derecha.

Por su parte, Aiden y Podbe llegaron al nuevo local del supermercado, ubicado en una amplia avenida.

Al ingresar, vieron que no era una pequeña tienda, sino un establecimiento grande con doce anaqueles.

Sin embargo, antes de dar un paso, el vigilante de la entrada les indicó que los animales no podían pasar, señalando un cartel con la prohibición.

Aiden miró a Podbe y le preguntó: “¿Ahora qué hacemos, muchacho?

No puedo dejarte solo aquí afuera”.

En ese momento, Reia intervino: “No importa que Podbe se quede afuera mientras tú terminas las compras.

Si necesitas ayuda, puedes avisarme.

También puedo escuchar lo que dices gracias a la conexión que tengo con el sistema, pero no en un área muy grande, así que no te alejes demasiado, Aiden”.

El niño asintió, aunque seguía preocupado por dejar al perro solo.

Después de varias miradas hacia atrás desde las puertas automáticas, escuchó la voz de Reia, un tanto molesta: “Apúrate, niño”.

Sin más, ingresó completamente, tomando un carrito para comenzar con las compras.

Aiden revisó la lista y comenzó a recorrer los pasillos.

En cada uno, un empleado le ofrecía muestras gratis de productos variados.

Algunos le gustaban, otros no.

Finalmente, después de pasar por los doce pasillos, completó la lista que Adía le había dado.

El lugar estaba algo lleno, y tuvo que esperar en la fila detrás de quince personas.

Mientras tanto, Elena seguía pedaleando hasta que llegó al antiguo supermercado.

Una corazonada le dijo que quizá el chico estuviera en la nueva sede.

Para buena o mala suerte de Aiden, el cajero era rápido y pronto le tocó el turno.

Cuando el cajero le indicó que el total era de cincuenta euros, Aiden metió las manos en los bolsillos, pero su expresión cambió de inmediato de alegría a desesperación.

El cajero lo examinó con la mirada, aumentando su nerviosismo.

Justo en ese momento, Elena llegó al supermercado, vio a Podbe en la entrada y lo llamó: “Hola, amiguito, ¿dónde está tu amo?”.

Le rascó detrás de la oreja y supuso que estaría adentro.

“Ten, te dejo mi bicicleta, cuídala”, murmuró para sí misma.

Esperaba no llegar tarde.

Corrió dentro del local y buscó al chico.

Cuando lo vio en las cajas, se acercó rápidamente.

“Tome”, le dijo al cajero, salvando a Aiden justo cuando este estaba a punto de llamar a seguridad.

El chico cogió los paquetes y el recibo, disculpándose con una mezcla de vergüenza y alivio, mientras Elena lo jalaba de la mano hacia la salida.

Afuera, ella le dijo: “Esto es todo tu vuelto.

Lo dejaste en la tienda.

Creí que lo recordabas, pero al final lo olvidaste”.

Podbe le dio una pequeña patadita en la pierna para que reaccionara.

Una vez recuperado, Aiden le agradeció con timidez y tartamudeó su nombre: “Soy Aiden”.

Ella sonrió y respondió: “Mucho gusto”.

Elena retomó las preguntas que le había hecho en la tienda de mascotas, como de dónde venía y otros detalles triviales.

Reia y Podbe le dijeron que resistiera y que compartiera algo de sí mismo, tal vez así podrían verse más tarde.

Aiden explicó que se estaba quedando con la señorita Adía, además de mencionar que acababa de llegar.

“Ah, en la casa rara”, expresó ella.

“Bueno, no sé si sea rara, pero me quedo con la señorita Adía”, respondió Aiden.

Elena admitió que no conocía a los dueños de esa casa, pero añadió que le parecía gracioso y que le caía bien.

“¿Qué te parece si, al terminar mi turno, nos vemos?

Puedo enseñarte el lugar”, propuso.

Aiden, ganando algo de valor, respondió con un entusiasta “¡Claro que sí!”.

“Bien, veámonos a las cinco de la tarde en la tienda de mascotas, ¿te parece?”, le dijo ella.

Aiden asintió con la cabeza.

Elena tomó su bicicleta y se despidió: “Hasta más tarde entonces”.

De regreso, Aiden pensó para sí mismo: “Y ahora, ¿qué hago?”.

Reia, burlona, respondió que podían escucharlo desde un kilómetro de distancia sin necesidad de que hablara.

Podbe sugirió que debían volver a la “casa rara” de Adía, haciendo referencia a lo dicho por Elena.

“No sé por qué ella dijo eso, será mejor investigar un poco, ¿no lo creen?”, comentó Reia, siempre práctica.

“Por ahora, debemos regresar con las cosas”.

Aiden traía cuatro bolsas pesadas y le entregó una a Podbe para que la llevara en el hocico.

En ese momento, una notificación indicó que habían cumplido con la misión.

Reia, asombrada, dijo: “Ya veo.

Creo que Podbe, al no poder entrar al supermercado, no pudo aprobar la misión hasta que le diste una de las bolsas.

Qué interesante, seguiré investigando esos detalles”.

Son ochenta y cinco puntos de experiencia.

Luego apareció otra notificación: “Entrega lo comprado a Adía para recibir tu recompensa de cinco puntos de experiencia”.

Podbe comentó: “Este sistema a veces hace cosas raras, pero me gustan las cosas fáciles”.

El niño y el perro regresaron a casa y entregaron las compras.

Los dos dragones los analizaron como antes y abrieron la puerta.

Adía saludó a Aiden y le preguntó cómo les había ido.

Luego añadió: “Se me olvidó preguntarte si hablas italiano”.

Aiden respondió que poco, pero que se las había arreglado gracias a una chica que también hablaba su idioma.

Adía notó algo diferente en su mirada y lo provocó: “¿Estás enamorado o algo, pequeño don Juan?”.

Aiden se sonrojó y negó rápidamente.

Adía insistió: “Seguro ya te invitaron a salir o tú a ella”.

Aiden admitió que ella lo había invitado.

Adía, riendo, comentó: “Lo sabía, tienes una cita.

Y es tu primera cita, además.

Eres un suertudo, yo ni un resfriado consigo”.

Adía le dijo que debía prepararse un poco.

“Deja las cosas en la cocina y veremos qué magia puedo hacer contigo, quizá un cambio de peinado”.

Lo miró con una expresión traviesa, lo que hizo que Aiden se pusiera nervioso, incapaz de articular palabra.

Mientras tanto, Reia le dijo a Podbe: “Ganamos cinco puntos más, ahora tenemos noventa puntos de experiencia.

Nos falta poco para llegar al cien y subir al nivel cuatro”.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo