El sistema del perro agente - Capítulo 132
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
132: En la Mente Del Enemigo 132: En la Mente Del Enemigo “¿Quién eres tú, niña?
¡Eh!” preguntó Aragón con un tono cortante, sus ojos entrecerrados, mientras observaba a la figura frente a él.
“¡Discúlpeme!” respondió la chica con una sonrisa nerviosa, alzando las manos en señal de paz.
“Pero por fin lo encuentro.
Estuve viajando por todos estos recuerdos dentro de su mente…
aunque, vaya, qué mente tan peculiar tiene usted.” “Responde: ¿quién eres?” insistió Aragón, su voz cargada de fastidio, pero también de curiosidad.
“Ah, mi nombre es Leila,” dijo ella rápidamente, como si temiera que él pudiera interrumpirla de nuevo.
“Soy parte del grupo con el que estaba peleando su pupilo, el caballero oscuro.
Él está bajo el control de alguien, igual que los demás controlados.” “¿Cómo hiciste eso, chica?” preguntó Aragón, su tono más suave ahora, mezcla de asombro y sospecha.
“Ah, ya me acuerdo.
Eres la chica psíquica,” murmuró él, recordando fragmentos de la batalla previa.
“¿Por qué te metiste en mi mente?” “¡Aproveché el momento en que ustedes dos chocaron fuerzas!” explicó Leila con entusiasmo, como si fuera algo obvio.
“Quería ingresar en sus mentes para evitar una tragedia y bueno conversar con ambos en especial con su pupilo.
Quizá podamos conversar con su conciencia y sacarlo del trance mientras mis amigos buscan la cura.
Ya verá, todo se arreglará.” Sonrió ampliamente, mostrando una mezcla de confianza juvenil y esperanza.
“Vaya, niña.
Espero que, por tu bien, logren curarlo,” replicó Aragón con frialdad.
“Además, soy tu enemigo.” “Sí, lo sé,” respondió Leila sin titubear.
“Pero yo siempre estoy dispuesta a ayudar, incluso a mis enemigos.” “Bien, ¿dónde estamos?” preguntó Aragón, mirando a su alrededor con desconfianza.
“Bueno, este es el medio mental,” explicó Leila, haciendo un gesto con las manos como si intentara abarcarlo todo.
“Es un enlace intermedio entre sus mentes.
Aún no soy muy diestra con esto; estoy en entrenamiento.
Me conecté a tiempo mientras Larot perdía el control y tú estabas dispuesto a morir por él.
Pareciera que lo conoces muy bien, como a un hijo.” “Oiga, y ¿qué pasó con tu historia luego de que saliste de ese castillo?” añadió Leila de repente, cambiando de tema con una curiosidad genuina.
“Esa historia fue muy buena, triste pero buena, como los libros que he leído.” “Si, niña, es como un hijo para mí,” admitió Aragón con un suspiro pesado.
“Pero no me hagas perder más tiempo.
Necesito encontrar a mi discípulo.
Quiero soluciones, no habladurías.” “Está bien, qué viejo más pesado,” balbuceó Leila en voz baja, aunque lo suficientemente alta para que Aragón lo escuchara.
Luego, poniendo cara de concentración, miró hacia un lado y dijo: “Por aquí.” De pronto, un camino se abrió frente a ellos, iluminado por una luz tenue.
Ambos avanzaron rápidamente.
Al llegar, todo estaba oscuro.
En el centro, una figura arrodillada lloraba en silencio, rodeada por sombras densas que parecían absorber cualquier rastro de luz.
“¿Quién es ese niño?” preguntó Leila, inclinándose ligeramente hacia adelante.
Aragón no respondió.
Corrió hacia el muchacho con urgencia, cayendo de rodillas frente a él.
“¡Lingo!
¡Regresaste!
¿Qué haces aquí?
¿Por qué estás así?
¿Está recordando su pasado, como yo?” preguntó Aragón, su voz cargada de preocupación.
“No, no lo sé,” admitió Leila.
“La verdad es que solo pude llegar hasta este sitio.
Cada vez que intentaba adentrarme más, todo se volvía oscuro y me repelía.
No sé qué pueda ser, pero necesitamos resolverlo pronto.
Mi habilidad tiene un tiempo límite.” “Entiendo,” murmuró Aragón, colocando una mano firme sobre el hombro del muchacho y levantándolo lentamente.
Lo obligó a mirarlo a los ojos, buscando traerlo de vuelta a la realidad.
El muchacho, Lingo, temblaba mientras murmuraba palabras entrecortadas.
“Hice que todos perdieran…
Perdí a todos…
A Aragón, al señor Zeus, en especial a él, que fue tan bueno conmigo…
Y a los demás.
Perdóname…
Continuaba diciendo.” “Es un trance muy fuerte,” dijo Aragón con calma, aunque sus ojos reflejaban preocupación.
“Por favor, muchacho, mírame.
No estoy muerto.
Soy yo, Aragón.” “¿Señor Aragón?
¿Es usted?” preguntó Lingo, su voz llena de incredulidad.
“Sí, Lingo, estoy aquí para rescatarte y que vuelvas a mi lado,” aseguró Aragón con firmeza.
“No es cierto.
Usted murió.
Eso es lo que él me dijo,” replicó Lingo, su voz temblorosa.
“Tranquilo, Lingo, o Sir Larot, como te bautizamos.
Dime, ¿quién es esa cosa que te atormenta?” preguntó Aragón, su voz suave pero exigente.
“Esa cosa…
Está en todas partes,” respondió el muchacho con un susurro temeroso, sus ojos llenos de terror.
De repente, las paredes oscuras comenzaron a vibrar, y de ellas emergieron cientos de arañas negras que se abalanzaron sobre Lingo como un enjambre voraz.
Lo cubrieron completamente, sus cuerpos diminutos pero numerosos formando una capa densa que parecía absorber su energía.
“¡Eso es nuevo!” exclamó Leila, observando horrorizada cómo las criaturas lo rodeaban.
“No dejaré que te toquen ni te sumerjan en ese odio y esa oscuridad, muchacho,” afirmó Aragón con firmeza.
Un halo dorado comenzó a emanar de su cuerpo, brillando intensamente como un sol naciente.
Era el poder del AURA, envolviendo tanto a él como al muchacho en una luz cálida y purificadora.
Las arañas retrocedieron, rechazadas por la energía resplandeciente.
Aragón colocó una mano protectora sobre el hombro de Lingo y le dijo con voz tranquilizadora: “Ya no te harán daño, muchacho.” Sin embargo, Lingo seguía llorando, sus lágrimas rodando por sus mejillas pálidas.
“No solo son esas…
La voz me atormenta,” murmuró con desesperación.
Una voz se escuchaba en las paredes que hacía eco donde se encontraban ellos.
Aragón expandió aún más su poder, limpiando la oscuridad que invadía el espacio mental.
Las sombras se disolvieron lentamente, revelando lo que antes eran paredes.
Ahora, en lugar de muros vacíos, apareció el rostro de Maos, el científico loco que había estado manipulando a Lingo.
Su expresión era fría e implacable, como si fuera parte de las mismas tinieblas que intentaba controlar.
“¡Tú, maldito científico loco!
¿Qué le hiciste a mi alumno?” gritó Aragón, su voz cargada de furia.
“Parece que no puede oírte,” indicó Leila, aunque su tono sugería que algo no cuadraba.
Sin embargo, para sorpresa de ambos, Maos respondió, su voz resonando como un eco distorsionado.
“Así que fuiste tú, niña, quien se metió en la mente de Larot y trajiste a un invitado.
Es por eso que todo se detuvo en el exterior,” dijo Maos, mirándolos con una sonrisa burlona.
“¿Por qué estás controlando a Lingo?” preguntó Aragón, apretando los puños con fuerza.
“Lingo pertenece al señor Zeus, y él es el único que puede hacer lo que le plazca con el muchacho,” replicó Maos, mofándose de ellos.
“No podrás liberar a este chico del control en el que está.
Ya ha sido expuesto a una gran cantidad de mi toxina a escala masiva.
No podrá volver a ser el mismo.
Morirá en cualquier momento.” Hizo una pausa, saboreando cada palabra antes de continuar.
“Ha aguantado más que los demás porque también es un Metalux de alto rango de poder, pero sigue siendo un simple juguete para el amo.
Bueno, me han dado un mejor regalo: quedarán encerrados en su mente para siempre.
No tendré que desperdiciar la vida de este muchacho y podré hacer todos los experimentos que me plazcan.” Antes de desvanecerse, Maos añadió con crueldad: “Ya que van a morir aquí, te diré un secreto sobre el amo.
Él mandó a matar a tu clan.” Y luego soltó una carcajada escalofriante.
“¿No?
Eso no es posible…
¿Cómo?
¿Por qué?” se preguntó Aragón, su mente luchando por procesar la información.
“¿Sabes por qué?” continuó Maos, disfrutando del dolor de Aragón.
“Él sabía que, si tenías una pérdida significativa, sería más fácil convencerte.
Además, siempre los vigiló a todos desde hace mucho tiempo.
Bueno, me tengo que ir.
Debo seguir con los planes de Zeus.
Qué lástima que no estarán para la siguiente etapa de su plan.” Con esas palabras, el rostro de Maos desapareció, dejando a Aragón sumido en una mezcla de rabia y desesperación.
“Maldito…
¿Cómo?
¿Zeus nos mintió?
Y lo peor es que yo le creí.
Formé parte de su compañía sin saber que estaba trabajando para el ser que ordenó asesinar a mi familia.
Esto no puede ser cierto…” murmuró, su voz quebrándose.
“¡Contrólese!” exclamó Leila, dándole una bofetada para traerlo de vuelta a la realidad.
“Lo que debemos hacer ahora es escapar de aquí y recuperar a su alumno.” En ese momento, Maos reapareció en las pantallas, su sonrisa siniestra más amplia que nunca.
“Ah, una cosa más: no estarán solos.
Adiós.” Al desaparecer, el espacio mental comenzó a llenarse de copias de Sir Larot, todas listas para atacar.
Saltaron hacia donde estaban Aragón, Leila y Lingo, moviéndose con una velocidad sobrehumana.
“¡Leila, cuida de Lingo!” ordenó Aragón, preparándose para el combate.
Sus puños se cubrieron de energía aural, brillando con un destello dorado.
“Espero que tus amigos encuentren la cura para Lingo.
Yo me encargo de esto.” Con un grito de determinación, Aragón lanzó el primer golpe, enfrentándose a las copias de su propio discípulo, mientras Leila protegía al muchacho tembloroso, rezando en silencio por que el tiempo no se les acabara.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com