Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El sistema del perro agente - Capítulo 134

  1. Inicio
  2. El sistema del perro agente
  3. Capítulo 134 - 134 Salvar Al Enemigo
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

134: Salvar Al Enemigo 134: Salvar Al Enemigo Adrián llegó al lugar con su característica rapidez, moviéndose como un torbellino mientras reunía todo lo electrónico y metálico que encontraba a su paso.

Con habilidad casi sobrehumana, comenzó a ensamblar dos máquinas improvisadas: una para monitorear las condiciones del cuerpo de Larot y otra para administrar la cura.

Sus manos se movían con precisión quirúrgica, ajustando cables y soldando componentes con pequeñas descargas de energía que emanaban de sus dedos.

Mientras tanto, dentro de la mente de Larot, la situación se volvía crítica.

“¡Son muchos!

¡Ya no resisto!” gritó Leila, cuyo campo telequinético comenzaba a desvanecerse.

Su respiración era entrecortada, y gotas de sudor caían por su frente mientras intentaba mantener el escudo protector alrededor de Lingo.

“¡Tranquila!

¡Ya voy!” respondió Aragón, lanzando ráfagas de AURA dorado contra las copias de Larot que seguían apareciendo sin cesar.

Cada vez que derrotaba a una, otra emergía de las sombras, como si estuvieran alimentadas por la misma oscuridad del lugar.

“¡Estas cosas son de nunca acabar!” gruñó el caballero marrón, su voz cargada de frustración mientras bloqueaba otro ataque con su brazo cubierto de energía.

En ese momento, Azulema llamó nuevamente a Adrián.

Su voz resonó con urgencia en su dispositivo de comunicación.

“Debes apurarte.

Veo que mi pequeña está a punto de quedarse sin energía.

Si no la salvas, no habrá cita,” dijo Azulema, utilizando su tono más persuasivo para presionarlo.

“¡Estoy trabajando lo más rápido que puedo, Azu!” respondió Adrián, usando el apodo cariñoso que solía molestar a Azulema.

“Bien, eso espero.

Apresúrate; no queda mucho tiempo,” replicó ella antes de cortar la conexión abruptamente.

Adrián suspiró, mirando hacia donde estaba la joven con los dos caballeros.

“¡Voy a perder la cita de mi vida, la que he esperado tanto tiempo con Azu!” murmuró para sí mismo, claramente nervioso.

“Necesito encontrar la forma.” Había inyectado la primera dosis de la cura, pero esta no había surtido efecto alguno.

Cuando duplicó la dosis, el virus solo fue neutralizado por un instante antes de regresar con más fuerza que nunca.

“¿Qué puedo hacer?” se preguntó, sintiendo cómo el peso de la responsabilidad aumentaba sobre sus hombros.

En ese momento, una voz familiar lo interrumpió.

“¡Señor!

Lo seguí rápidamente al ver que era usted, gracias a los nanobots de ubicación que me dio,” dijo Rafael, quien ya había llegado junto a Akira, Megumi y los demás.

“Estoy ocupado; no puedo atenderlos.

Si no me apresuro, no tendré mi cita,” murmuró Adrián, ignorando momentáneamente al grupo.

“¡Soy yo, señor!

¡Soy Rafael!” insistió el joven, acercándose con determinación.

“Rafael, estoy ocupado; no puedo atenderte,” respondió Adrián sin levantar la vista de su trabajo.

“¡Dijiste Rafael!

¡Qué bueno que estés aquí!

Necesito tu ayuda para resolver esto.

¡Apóyame, sí!” ordenó Adrián, su tono cambiando de frustrado a autoritario.

“¡Claro que sí!

¡Desde luego, señor!

¡Siempre a sus órdenes!” respondió Rafael con entusiasmo, aunque no pudo evitar notar la mirada burlona de Akira desde atrás.

“¡Sobón!” murmuró Akira lo suficientemente bajo como para que Rafael no lo escuchara directamente, pero los nanobots de monitoreo captaron el comentario.

“¿Qué dijiste, mocoso?” preguntó Rafael, girándose hacia Akira con una mirada fulminante.

“¡No, nada!” respondió Akira rápidamente, ocultándose detrás de Megumi, quien lo miró con una expresión de exasperación.

“¡Concéntrate, Rafael!” ordenó Adrián, sacudiendo la cabeza para despejar su mente de distracciones.

“Enseguida, jefe,” respondió Rafael, volviendo a centrarse en la tarea.

“Debo encontrar la cura, o no voy a tener mi cita,” murmuró Adrián, nervioso, mientras revisaba frenéticamente los datos en sus pantallas holográficas.

“¡Señor, está bien!

Solo apóyeme, muchacho; no tenemos mucho tiempo,” dijo Adrián, dirigiéndose a Rafael con urgencia.

“¡Sí, señor!” respondió Rafael, asintiendo con firmeza.

Los dos comenzaron a desensamblar todo lo que veían a su alrededor, incluso llevándose equipos del laboratorio gracias a la abertura que Tron había creado anteriormente.

“¡No, esto no es!

¡Esto tampoco!

¡No soluciona el problema!” exclamó Adrián, frustrado, mientras descartaba pieza tras pieza.

“¡Tron!

Sigue sondeando al individuo,” ordenó.

“¡Está bien, señor!” respondió el robot, analizando cuidadosamente a Larot.

“¡No, señor!

El virus se resiste a abandonarlo,” informó Tron después de unos momentos.

“¡Maldición!” exclamó Adrián, golpeando una mesa cercana con frustración.

Su ansiedad aumentó cuando Azulema volvió a llamarlo para recordarle que debía apresurarse o no habría cita.

Mientras tanto, Leila seguía combatiendo a las hordas de Larot.

Aunque estas copias no eran tan fuertes como el original, su persistencia las hacía extremadamente molestas.

Cada vez que eliminaba una, otra emergía de las sombras, obligándola a mantenerse en guardia constantemente.

“¡Cuidado!

¡Vienen más!” gritó Leila mientras lanzaba ráfagas telequinéticas contra los clones que avanzaban hacia ella.

Aragón, cubierto por un halo dorado de AURA, lanzó un destello explosivo que desintegró a varios de los clones cercanos.

Sin perder tiempo, se acercó rápidamente a Leila para formar una barrera protectora alrededor de ella y Lingo.

En el regazo de Leila, Lingo temblaba de miedo, aferrándose a sus ropas con desesperación.

“¡No me sueltes!

¡No me dejes, por favor!” suplicó, casi llorando.

“Tranquilo,” respondió Leila con voz calmada, aunque sus manos temblaban ligeramente.

“Aún me queda suficiente poder para protegernos.” “Muchachos, dense prisa,” pensó Leila en su interior.

Sabía que, si no llegaban a encontrar la cura pronto, el escudo telequinético podría colapsar en cualquier momento.

En el laboratorio improvisado, Adrián y Rafael trabajaban frenéticamente, ajustando fórmulas y mezclando sustancias en busca de una solución efectiva.

“¿Qué tal si probamos con esto, jefe?” sugirió Rafael, vertiendo un líquido brillante en la mezcla principal.

Mientras ellos experimentaban, ni siquiera notaron que estaban siendo observados desde las alturas.

Creg había enviado drones para monitorear la situación, capturando cada detalle del caos que se desarrollaba en el lugar.

“Estás grabando todo, ¿verdad?” preguntó Melisa a Greg, quien controlaba los drones desde su dispositivo portátil.

El profesor Kile, observando las imágenes en una pantalla holográfica, frunció el ceño.

“Ese no es…

¿Es el científico Ronald Borges?” Volvió a mirar con atención.

“Sí, es él.

O alguien muy parecido.” ¿Quién es ese?” preguntó Choy, señalando hacia la pantalla holográfica con genuina confusión.

Su ceño estaba ligeramente fruncido, como si intentara reconocer al hombre que aparecía en la imagen.

“¿Es alguien famoso?

“¡Famoso, muchacho!

¡Es extremadamente conocido!” exclamó el profesor con entusiasmo.

“Es un erudito, uno de los mejores en su campo de la tecnología y ciencia.

Desde que salieron sus informes, siempre quise conocerlo, pero siempre estaba ocupado con sus proyectos.

Ahora veo por qué.” “Si está con esos sujetos, debe ser parte de ellos.

Seguro tiene algún poder,” especuló Melisa, cruzándose de brazos.

“No saquemos conjeturas tan rápido,” interrumpió Michele, siempre cautelosa.

“Es cierto,” añadieron Philip e Ian al unísono.

“Pero ese sujeto…

No era el mismo caballero que portaba esa armadura oscura que peleó contra el Guardián Urion junto al perro,” dijo Greg, ajustando la imagen en su pantalla.

“El dron no capta muy bien la imagen,” comentó Greg, intentando enfocar mejor.

“Quizá sea momento de ingresar y ver la situación por nosotros mismos,” propuso Melisa, decidida.

“Bajemos a corroborarlo.

Además, si algo sale mal, ellos nos protegerán.” Sin esperar respuesta, Melisa aseguró una cuerda y comenzó a descender rápidamente.

Creg, siempre dispuesto a seguir su ritmo, la siguió de cerca.

Los demás intercambiaron miradas inciertas.

El profesor Kile, emocionado por la posibilidad de conocer a uno de sus ídolos, también decidió bajar.

“No puedo perder esta oportunidad,” murmuró para sí mismo.

Philip se unió al grupo, aunque con cierta reticencia.

“Si algo le pasa al profesor, me quedo sin recomendaciones o algo por el estilo,” murmuró.

Ian, después de unos segundos de duda, se encogió de hombros.

“Pues ya que.

He estado en peores lugares, aunque este está medio frío allá abajo.” Michele y Choy se miraron mutuamente.

Finalmente, Choy suspiró.

“Pues ni modo,” dijo antes de comenzar a descender.

Michele fue la última en bajar, aunque lo hizo con evidente nerviosismo.

“Bueno, solo espero salir ilesa,” murmuró varias veces mientras descendía lentamente.

En el laboratorio, una alarma repentina resonó en el aire.

“¡Intrusos detectados!

¡Activando protocolo Alfa!” anunció una voz robótica.

Maos apareció en una pantalla flotante, su expresión impasible.

“Veo que hay muchos que han llegado,” dijo, dirigiéndose a Zeus.

“Entonces, dales una bienvenida adecuada,” respondió Zeus con frialdad.

“Como ordene, señor,” replicó Maos antes de activar una serie de robots de combate adicionales.

Los recién llegados apenas tuvieron tiempo de prepararse cuando los robots comenzaron a moverse hacia ellos, listos para atacar.

Ya abajo, Melisa y su equipo se adentraron sigilosamente por el orificio que Tron había dejado tras perforar la pared.

El ambiente era tenso, cargado de una mezcla de curiosidad y alerta.

Sin embargo, la calma momentánea fue interrumpida abruptamente cuando una alarma estridente resonó por todo el lugar.

De repente, un ejército de robots emergió de las paredes, moviéndose con precisión mecánica hacia ellos.

Sus ojos brillaban con un destello rojo amenazante, y sus pasos metálicos resonaban como tambores de guerra.

“Es mejor que nos quedemos aquí,” dijo Creg, colocando una mano firme sobre el hombro de Melisa para detenerla.

Su tono era bajo pero urgente, como si temiera que incluso un susurro pudiera alertar a los robots.

Melisa asintió ligeramente, aunque su mirada seguía fija en los robots que avanzaban hacia el laboratorio improvisado donde Adrián y Rafael trabajaban frenéticamente.

Dentro del laboratorio, Rafael notó la aproximación de los intrusos y rápidamente tomó medidas.

“¡Protejan al señor Adrián!” ordenó a los demás, señalando a Akira con un gesto severo.

“Y tú, niño, haz tu mejor esfuerzo si quieres que el castigo por tu insolencia sea leve.” Akira tragó saliva, visiblemente nervioso, pero asintió con determinación forzada.

“Sí…

Como quieras,” murmuró, ajustando su postura defensiva.

Megumi, Amaya, Mukio y Adora se colocaron rápidamente en formación circular alrededor de Adrián y Rafael, formando una barrera humana (y en algunos casos, sobrehumana) para protegerlos de la inminente amenaza.

Megumi movió la tierra con su magia con un movimiento fluido, su expresión seria y concentrada.

“No dejaré que nadie pase,” dijo con firmeza, su voz cargada de confianza.

Amaya, por su parte, extendió sus brazos, y pequeños gusanos de goma comenzaron a materializarse entre sus manos.

“Si estos cacharros quieren pelea, van a tenerla,” murmuró con una sonrisa desafiante.

Mukio, siempre silencioso cuando se trata de pelear, simplemente cruzó los brazos frente a su pecho.

No necesitaba palabras para demostrar que estaba listo para enfrentar cualquier cosa.

Adora, enseño los puños listos para pelear.

“Es hora de destruir unas cuantas chatarras,” anunció, su voz tranquila pero firme.

Akira.

Cambio sus manos del traje robótico por una especie de cañones, apuntando hacia los robots que se acercaban.

“No voy a ser el primero en caer,” murmuró para sí mismo, tratando de convencerse de que podía hacerlo.

Los robots no tardaron en llegar al perímetro defensivo.

Con movimientos coordinados, comenzaron a lanzar ataques láser y proyectiles desde sus extremidades mecánicas.

“¡Aquí vienen!” gritó Megumi, bloqueando con un trozo grande de tierra antes de lanzárselo hacia el primer robot con un grito de batalla.

Amaya lanzó sus gusanos de goma, que explotó al impactar contra un grupo de robots, enviándolos al suelo en pedazos metálicos.

Sin embargo, más unidades emergieron de las sombras para reemplazarlos.

Mukio, sin decir una palabra, dejo que los robots le dispararan y golpearan, para luego usar la energía acumulada para derribar a varios robots de un solo golpe.

Su poder era impresionante.

Adora ajustó sus puños para poder destruir a los robots, pequeñas grietas comenzaban a aparecer en la superficie de estos.

“No sé cuánto tiempo para esto aumentare la fuerza,” admitió, su voz mostrando una pizca de molestia.

Desde el centro del círculo, Adrián seguía trabajando sin descanso, ignorando el caos a su alrededor.

“¡Rafael, necesito cinco minutos más!” gritó, ajustando una válvula en su máquina improvisada.

“¡Cinco minutos es todo lo que tenemos, jefe!” respondió Rafael, lanzando un dispositivo explosivo hacia un grupo de robots que intentaban rodearlos.

La explosión iluminó brevemente el área, pero más máquinas seguían llegando.

Akira, sintiendo la presión, finalmente disparó su arma hacia uno de los robots más cercanos.

El proyectil impactó directamente en su cabeza, desactivándolo instantáneamente.

“¡Lo logré!” exclamó, sorprendido de sí mismo.

Sin embargo, su alegría fue breve cuando tres robots más tomaron el lugar del que acababa de derrotar.

“¡Concéntrate, niño!” le gritó Rafael mientras se protegía de algunos ataques de los enemigos.

“¡No te distraigas!” Akira apretó los dientes con fuerza, sus manos temblorosas pero firmes alrededor de su pistola tecnológica.

Disparaba repetidamente hacia los robots que avanzaban, cada proyectil impactando con precisión en sus objetivos.

Aunque no era ni el más fuerte ni el más experimentado del grupo, su determinación comenzaba a brillar a través de su nerviosismo.

Cada vez que uno de los robots caía, sentía un pequeño destello de confianza crecer dentro de él.

“¡No voy a ser el punto débil aquí!” se dijo a sí mismo, aunque su voz apenas era un murmullo entre los sonidos metálicos de la batalla.

En ese momento, Megumi, la maga de tierra intervino con una elegancia letal.

Con un movimiento fluido, extendió ambas manos hacia el suelo y canalizó su poder mágico.

Grandes rocas emergieron del terreno como si tuvieran vida propia, flotando brevemente en el aire antes de ser lanzadas como proyectiles veloces.

Las piedras destrozaron a varios robots en cuestión de segundos, enviando fragmentos metálicos en todas direcciones con un estruendo ensordecedor.

“¡Ustedes sigan trabajando!” gritó Megumi hacia Rafael y Adrián, su voz firme y autoritaria mientras mantenía su postura defensiva.

Su conexión con la tierra era evidente; cada gesto suyo parecía resonar con el entorno, como si la misma naturaleza respondiera a su voluntad.

Akira, inspirado por la valentía de Megumi, tomó aún más valor.

Sacó varias armas adicionales de su traje, revelando una pequeña pero impresionante colección de dispositivos improvisados.

“Es verdad, son máquinas…

¡No tendré piedad con ellas!” exclamó, su tono ahora cargado de confianza renovada.

Rafael, siempre atento a la protección de Adrián, levantó un muro de metal frente a ellos utilizando su habilidad para manipular materiales.

El escudo brilló momentáneamente bajo las luces parpadeantes del laboratorio, bloqueando un ataque láser que habría impactado directamente en el equipo científico.

Megumi, complementando el esfuerzo de Rafael, invocó otro muro, esta vez hecho completamente de tierra compacta.

El suelo tembló ligeramente cuando grandes bloques emergieron de la superficie, formando una barrera sólida que cubría cualquier brecha en la defensa.

Los robots que intentaron avanzar fueron detenidos abruptamente, incapaces de atravesar la resistencia natural del terreno.

“Nuevamente, los cinco se colocaron alrededor del equipo científico.” “¡Es hora de acabar con estas tontas máquinas!” exclamó Adora, su voz resonando con una mezcla de determinación y entusiasmo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo