El sistema del perro agente - Capítulo 135
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135: Tercera Media Luna 135: Tercera Media Luna Podbe y los demás estaban inmersos en una batalla cuerpo a cuerpo contra los androides que avanzaban como un enjambre implacable.
Cada golpe, cada corte de garra, derribaba a uno de los robots, pero por cada uno que caía, otros tres parecían surgir de las sombras.
La tensión era palpable, pero el pequeño can luchaba con una determinación feroz, su garra dorada brillando bajo la tenue luz del campo de batalla.
De repente, una alerta parpadeó en el sistema interno de Podbe.
Reia, quien estaba conectada mentalmente al sistema del cachorro, leyó rápidamente el mensaje: “Felicidades, has alcanzado el nivel 15.
Has adquirido un punto extra de habilidad.” “Bien, al menos ahora ya tenemos dos puntos adicionales, además de subir un nivel,” indicó Podbe a través del enlace mental que compartía con Aiden y Reia.
Su tono era calmado, pero había un ligero entusiasmo en su voz.
“Sí, Podbe está bien, pero vienen más…
¿Acaso tu sistema no te dijo algo más?” preguntó Aiden, preocupado mientras observaba cómo otro grupo de androides se acercaba rápidamente hacia ellos.
Antes de que Podbe pudiera responder, el sistema volvió a sonar.
Esta vez, Reia leyó un nuevo mensaje con un tono ligeramente burlón: “Te has encontrado rodeado por un enjambre de robots muy poderosos.
Sobrevive durante 5 minutos y se te otorgarán 5000 puntos para subir de nivel.
Si logras acabarlos, subirás dos niveles de inmediato.” “Vaya, este sistema a veces es medio raro,” comentó Podbe, sacudiendo ligeramente la cabeza como si intentara procesar toda la información que recibía.
“¿Espera?
¿Dos niveles más?
Eso sería increíble.” “Eso es genial, Podbe.
Dos niveles significarán un gran impulso para ti,” dijo Aiden con entusiasmo, mientras observaba atentamente al cachorro.
De pronto, algo llamó su atención.
“Oye, ¿no tenías dos medias lunas en la frente?
¿De dónde salió esa tercera en la parte izquierda?” “Otra más…” murmuró Reia, revisando los datos que tenía disponible.
“No tengo información sobre eso aún.
Es extraño…
parece ser algo inusual o algún cambio en su estructura interna.” “Bien, lo vemos más tarde, chicos.
¡Ahí vienen más enemigos!” interrumpió Podbe, girándose hacia el próximo grupo de androides que se aproximaba.
Sin embargo, antes de lanzarse nuevamente a la pelea, Aiden lo detuvo.
“¡Espera!
Tienes dos puntos de habilidad.
¡Debes usarlos, amigo!” le recordó el muchacho.
“Ah, sí…
¿Dónde debo colocarlos?
Sabes que siempre me dices qué hacer,” respondió Podbe con un leve tono juguetón, mirando a Aiden con expectativa.
“Quizá uno en vitalidad y el otro en intelecto,” sugirió Aiden después de pensarlo unos segundos.
“Bien, hagámoslo,” dijo Podbe, dirigiéndose a Reia.
Reia actualizó rápidamente las habilidades de Podbe.
La vitalidad aumentó a 6 puntos, mientras que el intelecto subió a 5 puntos.
El resultado fue inmediato: Vitalidad 6 más Intelecto 5: Los puntos de vida de Podbe aumentaron a 400, al igual que su mana.
“Mira, hay algo más.
Algunas de tus habilidades también han subido de nivel,” anunció Reia con emoción.
Podbe escuchó atentamente mientras ella enumeraba los cambios: Corte de garra dorada (Nivel 2): Ahora puede cortar estructuras más duras y puede usarse simultáneamente en todas las garras de una pata.
Costo: 50 de mana.Recuperación (Nivel 2): Puede restaurar tanto la vida como la mana de otra persona, aunque solo una vez al día.Aliento de rayo (Nivel 2): Un rayo más potente lanzado desde el hocico.
Costo: 50 de mana.
“Vaya, esto es increíble.
Estás mejorando día a día, mi cachorrito,” dijo Aiden con una sonrisa orgullosa, acariciando suavemente la cabeza de Podbe.
El pequeño can cerró los ojos por un momento, disfrutando del gesto.
“Parece que estamos listos para enfrentar a esos androides,” añadió Reia, su voz cargada de confianza.
“¡Vamos, Podbe, demuéstrales de qué estás hecho!” Con un rugido decidido, Podbe se lanzó hacia el enjambre de robots, sus garras doradas reluciendo con un brillo más intenso que nunca.
“A veces no sé si tanto uso que le dieron lo dejaron medio loco a Aiden por hablar con Podbe como si fuera una persona,” comentó Billy con una risa ligera, observando cómo Podbe luchaba contra los androides con una ferocidad renovada.
“No creo,” respondió María, sonriendo divertida.
“Recuerda que tiene un enlace mental con su perro…
o eso es lo que nos contaron.” Elena también encontró algo de gracia en el comentario y soltó una pequeña risita.
Sin embargo, todos se quedaron asombrados cuando vieron a Podbe abalanzarse sobre los robots con una fuerza que superaba cualquier expectativa.
Su hocico se alargó de manera sorprendente, como si fuera el de un alienígena, y con una sola mordedura destruyó a tres robots en un instante.
Los pedazos metálicos salieron volando en todas direcciones, resonando como campanas distorsionadas.
Tomen eso latas oxidadas, esa es mi mordedura de acero mejorada dijo el can en su mente.
“¡Eso es genial!” exclamaron varios de los presentes al unísono, observando cómo el pequeño can destrozaba a sus enemigos con habilidades mejoradas.
“Tiene tres medias lunas ahora,” observó Drake, inclinándose ligeramente hacia adelante para examinar mejor la frente de Podbe.
“Pero esta última está en el lado izquierdo, mirando hacia la derecha.
Eso no lo tenía antes.” “Quizá hay algo oculto en eso,” añadió Eduard pensativamente, mientras analizaba al cachorro.
“Me pregunto si le saldrá otra en el lado derecho.” “¡Oye, perrito!
¡Deja algunos de esos autómatas para nosotros, ¿quieres?!” gritó Riota, acompañado de Floud, quien ya estaba preparando sus habilidades para intervenir.
“Yo te voy a hacer compañía,” anunció Benjamín, transformándose en un perro gigantesco con una cola en forma de aleta de tiburón.
Su tamaño era impresionante, incluso cinco veces el tamaño de Podbe, pero su energía era igual de juguetona.
Todos parecían emocionados o ganando confianza al ver a Podbe combatir con tal destreza.
“Podbe, como siempre saltando a combatir al enemigo,” comentó Gat con una sonrisa burlona mientras lanzaba disparos de balas de energía desde sus dedos.
Sus ataques eran precisos y rápidos, derribando a varios robots con facilidad.
Por su parte, Rachel y Ada usaban barreras telequinéticas para chocar a los robots unos contra otros, creando una especie de caos controlado.
“¡Así ya no vamos a tener que pelear!” dijo Rachel con satisfacción mientras observaba cómo los androides se destruían entre sí.
Drake, quien apenas tocaba a algún robot, se mantenía estratégicamente alejado del combate directo.
Eduard, en cambio, utilizaba sus enormes brazos para proteger a los amigos de Aiden.
“Veo que ya estás mejor, María,” comentó Eduard con calma mientras bloqueaba un ataque dirigido hacia ella.
“Sí, señor Eduard,” respondió María con una sonrisa agradecida.
“Pero veo que tu brazo ha crecido desde la última vez,” observó ella, señalando el brazo que había perdido Eduard.
Billy y Elena también se sorprendieron ante el cambio.
“Es una larga historia, chicos.
Luego se las cuento cuando todo esto haya acabado,” dijo Eduard con una leve sonrisa antes de volver a concentrarse en la batalla.
Todos estaban dando lo mejor de sí para acabar con la horda de robots, pero, en lugar de disminuir, más unidades seguían llegando sin cesar.
Mientras tanto, Leila seguía protegiendo a Lingo con todas sus fuerzas, manteniendo un campo telequinético alrededor de ambos.
Aragón, cubierto por un halo dorado de AURA, luchaba incansablemente contra las copias de Larot que parecían multiplicarse sin fin.
“¡Vamos!
Puedo hacer esto todo el día,” declaró Aragón con una sonrisa confiada, aunque su respiración entrecortada revelaba su cansancio.
“¿En serio?
No puedes decir eso…
puede que esa frase esté patentada,” bromeó Leila con tono burlón, tratando de aligerar la tensión del momento.
“No lo creo, niña, pero aún puedo luchar,” replicó Aragón, aunque sus palabras no reflejaban del todo la verdad.
En su mente, sabía que su poder estaba decayendo.
“Espero que tus amigos se apuren, Leila.
No sé cuánto más pueda aguantar,” pensó para sí mismo, apretando los dientes mientras lanzaba otro ataque.
Desde el laboratorio, Tron notificó a Adrián sobre la situación.
“Señor, los signos vitales de Leila y este sujeto vestido de armadura marrón están decreciendo.” “Estabilízalos, Tron.
No ves que estoy ocupado con esto,” respondió Adrián sin levantar la vista de su trabajo.
“Además, te di esa herramienta para que cures a la gente en caso de no contar con magos o curadores.” “Bien, señor,” replicó Tron antes de colocar sus manos sobre los cuerpos de Leila y Aragón.
Una luz suave comenzó a irradiar de sus palmas, infundiendo una gran fuerza en ambos.
“¿Qué es esto que siento?” preguntó Aragón, sorprendido al sentir cómo su energía regresaba.
“Igual yo,” añadió Leila, notando cómo su mana se recuperaba rápidamente.
“Parece que alguien nos está curando.
Porque recupero mi mana…
Igual yo recupero mi fuerza.” “Lo que sea que estén haciendo, está bien para ganar más tiempo,” dijo Aragón con renovada determinación.
Aumentó el poder de su AURA y lanzó una serie de bolas de energía que se hicieron invisibles en el aire, golpeando a varios enemigos a la vez.
Leila, por su parte, fortaleció su barrera telequinética, creando una nueva protección más resistente alrededor de Lingo.
“Bien, esto debería darnos un poco más de tiempo,” murmuró, sintiendo cómo su confianza regresaba junto con su energía.
“¡Muchachos, gracias por lo que sea que estén haciendo y darnos más tiempo!” gritó Leila con emoción, su voz resonando entre los destellos dorados del AURA de Aragón y los ecos de las explosiones a su alrededor.
“No cantes victoria, niña.
Aún siguen viniendo más,” respondió Aragón con seriedad, aunque sus palabras no lograron ocultar completamente el cansancio que comenzaba a filtrarse en su tono.
“No bajes la guardia.” “Sí,” replicó Leila rápidamente, enderezándose y fortaleciendo aún más su campo telequinético.
Sabía que cualquier descuido podría costarles caro.
Entre tanto, en el laboratorio improvisado, Adrián seguía trabajando frenéticamente, mezclando compuestos y ajustando fórmulas con una urgencia que hacía temblar sus manos.
Rafael estaba a su lado, probando una y otra vez diferentes combinaciones, pero ninguna parecía funcionar.
“Señor, esta no es,” dijo Rafael, descartando otro frasco con frustración.
“Esta tampoco…
¿Qué tal esta?” preguntó Adrián, su tono impaciente mientras vertía un líquido brillante en la mezcla principal.
Pero antes de que pudiera terminar, negó con la cabeza.
“No, tampoco.” “Señor,” interrumpió Rafael nuevamente, señalando un compuesto diferente.
“Creo que, si pone esta cosa, puede que sea la indicada.” Rafael colocó el compuesto en la fórmula original, observando cómo la máquina analizaba la mezcla.
Después de unos segundos, una luz verde parpadeó en la pantalla, acompañada de un mensaje claro: “Solución repelente correcta.” “¡Bien!
¡Eres un genio!” exclamó Adrián, golpeando ligeramente el hombro de Rafael con entusiasmo.
“Gracias, señor.
Para mí es todo un honor viniendo de usted,” respondió Rafael con una sonrisa orgullosa, aunque su expresión rápidamente volvió a la seriedad al recordar la situación crítica.
“Ahora probémoslo.
Espero que surta efecto,” dijo Adrián, colocando la solución en una especie de jeringa especializada.
Con cuidado, inyectó el compuesto en el brazo de Larot, quien seguía inconsciente bajo el monitoreo constante de Tron.
“Crucemos los dedos,” murmuró Megumi desde su posición, lanzando una roca gigante hacia un grupo de robots que intentaban acercarse.
Su magia de tierra brillaba con intensidad mientras mantenía a raya a los enemigos.
“La ciencia no es suerte,” comentó Rafael con seriedad, aunque incluso él parecía contener la respiración mientras esperaba los resultados.
Adrián, por su parte, estaba visiblemente nervioso.
Sus ojos estaban fijos en los monitores, buscando cualquier cambio en las lecturas cerebrales de Larot.
“Vamos…
funciona, por favor,” murmuró para sí mismo, apretando los puños con anticipación.
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