El sistema del perro agente - Capítulo 139
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139: Zeus Y El Gran Secreto (1) 139: Zeus Y El Gran Secreto (1) —¡Es ese tipo!
—exclamó Elena con furia, sus ojos ardiendo como brasas—.
¡El que me engañó y provocó que mataran a mi padre!
¡Tú, maldito Zeus, ya verás!
Sin perder un segundo, lanzó una bola de fuego hacia él, pero esta se desvaneció en el aire antes de tocarlo, como si hubiera chocado contra una barrera invisible.
Aiden, junto con Podbe, avanzó con paso firme, su rostro contorsionado por la ira.
—¡Ya verás, Zeus!
—gruñó Aiden, mientras Podbe mostraba los colmillos, listo para atacar.
Pero Eduard intervino, colocando una mano sobre el hombro de Aiden.
—Paciencia, Aiden —dijo con calma, aunque su voz contenía una profunda tristeza—.
No estamos aquí solo por culpa de ese sujeto.
Yo he sufrido mucho por su causa…
Pero ahora es hora de terminar esto de una vez por todas indico el muchacho.
Dentro de la mente de Podbe, Reia también estaba furiosa.
Su energía vibraba con intensidad, alimentada por la rabia y el deseo de venganza.
—¡Esperen!
—interrumpió Adía, levantando su báculo con determinación—.
¡Yo también quiero una parte!
—¡Vamos a patearle el trasero!
—exclamaron los más jóvenes, sus voces cargadas de entusiasmo e impaciencia.
Drake, siempre sereno, intentó calmarlos.
—Paciencia… —comenzó a decir, pero fue interrumpido por un movimiento brusco.
Podbe, incapaz de contenerse más, se abalanzó sobre Zeus con un rugido feroz.
Sin embargo, antes de que pudiera alcanzarlo, Zeus extendió su mano y, con un simple manotazo, lanzó al animal de regreso hacia Aiden, quien apenas logró atraparlo.
—¡Vaya, ese maldito es fuerte!
—murmuró Aiden, ayudando a Podbe a ponerse de pie.
Mientras tanto, Aragón, junto con Lingo, preparaba su poder de AURA en sus manos, listos para atacar.
—Es tu hora, no hay donde escapar —declaró Aragón, su voz llena de confianza.
Zeus, sin embargo, permaneció impasible, observándolos con una sonrisa fría.
—Iba a decir lo mismo —respondió—.
Veo que ya están todos…
Y unos cuantos colados.
De pronto, del suelo emergieron máquinas que parecían sillas metálicas, rodeando a cada uno de los presentes.
Con un movimiento rápido, las sillas aprisionaron a todos, inmovilizándolos completamente.
—¡Yo puedo con esto!
—gritó Adrián, forcejeando con todas sus fuerzas.
Rafael secundó el esfuerzo, pero algo era diferente en el material de las sillas.
—No podrán con ellas —dijo Zeus con una risa burlona—.
Son sillas hechas de plástico mezclado con algo de materia orgánica.
No podrán moverse, tontos.
Aragón también intentó liberarse, pero algo lo mantenía firmemente atrapado.
Su frustración era evidente.
—¡Paciencia!
Ya llegará tu turno, ex aliado —dijo Zeus, su tono lleno de desprecio—.
¿Crees que no me preparé para enfrentarme a ustedes y su poder AURA?
Fui yo quien te buscó, quien te estudió desde antes, y también a los tuyos.
—¡Esperen!
¡Un momento!
—Una voz resonó desde arriba.
Azulema y su equipo cayeron del cielo, acompañados por Ezequiel, Mark, las tres chicas y Becky.
Sin embargo, antes de que pudieran reaccionar, fueron aprisionados por las mismas sillas que ya habían capturado al resto.
—Bien, esos son todos —anunció Zeus con una sonrisa endiablada, disfrutando del momento.
—Es hora de que conozcan el verdadero rostro de su verdugo —continuó, mientras se arrancaba el rostro como si fuera una máscara.
—¡Tú!
—gritaron Adía, Azulema, Drake, Eduard y Adrián al unísono, sus rostros llenos de asombro y horror.
—¿Lo conocen?
—preguntó Rafael, confundido.
—¡Sí, lo conocemos!
—respondió Adrián, su voz temblando de rabia—.
¡Ese maldito nos hizo perder a algunos compañeros en nuestras misiones!
—¡No solo eso!
—añadió Adía, apretando los dientes—.
¡Él fue quien le destrozó el brazo al jefe!
—Debe ser un sujeto muy fuerte —murmuró Adora, mirando a Drake con preocupación.
Todos voltearon hacia él, notando su expresión de amargura intensa.
—¿Qué le pasa?
—se preguntaban entre sí.
Zeus, disfrutando del momento, decidió intervenir.
—¿Por qué esa cara larga, Draki?
—dijo, pronunciando el apodo con sorna.
—¡Draki!
—repitieron los demás, sorprendidos.
Ante sus ojos, el hombre que creían ser Zeus comenzó a cambiar.
No solo su rostro, sino todo su cuerpo.
Se transformó en un hombre musculoso, con una cabellera entre blanca y dorada, y unos ojos verdes que brillaban con arrogancia.
Su traje blanco cambió a uno rojo carmesí, completando su nueva apariencia.
Eres tú Milo dijo Drake mirando al sujeto presente a él.
—Vaya, no me olvidaste, hermano —dijo Milo, dirigiéndose a Drake con una sonrisa torcida.
¡Hermano!
dijeron todos los presentes con una mezcla de confusión y sorpresa.
—¿Por qué haces esto?
—preguntó Adía, su voz cargada de frustración.
—¿Por qué?
—respondió Milo, riendo con desdén—.
Porque se me da la gana.
Además, tengo mis intereses.
Su voz resonó en todo el lugar, dejando claro su desprecio por cualquier objeción.
—Entonces, ¿estuviste sirviendo a este sujeto todo este tiempo?
—preguntó Aragón, señalando a Milo con la mirada.
—¿Y por qué te hacías llamar Zeus?
—insistió otro de los presentes.
—Milo…
Pensé que habías muerto en esas explosiones en la empresa de nuestro padre —dijo Drake, su voz llena de incredulidad y tensión.
Milo soltó una carcajada fría, sus ojos verdes brillando con malicia mientras respondía: —¿Nuestro padre?
Ese inútil…
Yo lo maté.
La declaración cayó como un rayo en medio de la sala.
Las palabras resonaron en cada rincón, cargadas de crueldad y desprecio.
Milo continuó, su tono relajado pero lleno de veneno: —En un arrebato de ira, fui a la oficina de nuestro padre a escondidas.
Lo vi allí, decrépito, consumido por los años y sus inútiles ideas de crear una liga de superhéroes para proteger la Tierra.
Pero él no veía más allá…
No como yo.
Un recuerdo surgió en su mente, vívido y cruel.
La escena se proyectó en el aire, como si fuera una película que todos podían ver.
Esa noche, Milo entró sigilosamente en la oficina de su padre.
El hombre mayor estaba sentado detrás de su escritorio, rodeado de papeles y planos.
Su rostro mostraba el peso de los años, pero también una débil esperanza en sus ojos.
—No lo creo, padre —dijo Milo, su voz cargada de sarcasmo—.
¿Proteger la Tierra?
¿Con superhéroes?
Antes de que su padre pudiera responder, una sombra emergió del armario.
Era Milo, quien sujetó al anciano desde atrás, inmovilizándolo con una fuerza sobrehumana.
Milo se acercó lentamente y le susurro: ¡Hola Padre!, su sonrisa ampliándose mientras miraba a su padre con desprecio.
—Tu tiempo ha llegado, padre.
Ahora tomaré tu preciado lugar y haré que todos los que se burlaron de mí paguen.
Y no solo eso…
Me haré dueño de este mundo.
Maos entre mirando la escena, viendo a Milo aun sosteniendo al anciano, levantó la vista hacia Milo.
—Lo hizo, señor —dijo, tocándose los dedos con una risa burlona que helaba la sangre.
Milo asintió, su expresión triunfante.
—Desde hoy, tú eres mi confidente, Maos.
Me ayudarás a cumplir el gran sueño que tengo.
Miró un cuadro en la pared, donde se representaba a Zeus, el dios griego, lanzando un rayo devastador sobre la Tierra.
Inspirado por la imagen, declaró: —Como un rayo que baja, devastando y purificando este mundo…
Como el gran dios de la mitología griega, el gran Zeus, formaré este mundo a mi imagen.
A partir de ahora, me llamaré Zeus.
—¡Ah!
Es por eso que se bautizó como Zeus —murmuró Leila, bajando la voz para sí misma.
Milo continuó su relato, su tono arrogante y calculador.
—Gracias a la tecnología de Lady, pude cambiar mi apariencia, haciéndome pasar por otro hombre.
Moví todos los activos de nuestro padre en las sombras, creando desde cero compañías dedicadas a obtener el Metalux perfecto.
Trabajé con Eros y Gol, aunque ellos ni siquiera sabían para quién trabajaban.
No les tenía odio; de hecho, ellos me hicieron alguien poderoso, otorgándome superpoderes.
Se giró hacia Drake, su expresión llena de desdén.
—Pero tú, hermanito…
Tú no tienes nada.
Eres solo un pobre inútil sin poderes que no sabe cuidar de su familia.
O me equivoco, señora Adía.
—¿Señora Adía?
—repitieron todos, volteando hacia ella con asombro.
—Te casaste con Adía…
Claro —dijo Drake, intentando procesar la información.
—Pero lo nuestro no funcionó —interrumpió Adía rápidamente, su voz firme pero cargada de incomodidad.
Milo soltó una risa cruel, disfrutando del momento.
—Claro que no funcionó.
Tu tonto ego por buscar el poder que nunca se te entregó fue tu ruina, hermanito.
Además, nunca supiste cuidar de tus hijos.
—¿Hijos?
—repitió el grupo, incrédulo.
Milo sonrió, saboreando cada palabra.
—Claro.
¿Ya se te olvidó a tu primogénito?
Ustedes dos son tan ignorantes que pensaron que su hijo había muerto en esa misión a una de mis empresas.
Pero, para tu suerte, lo recuperé…
Como un premio adicional.
Su mirada se desvió hacia Eros, que yacía rendido en el suelo.
—Aparte de ver cómo Eros y Gol se mezclaban y se convertían en esa cosa…
El silencio se apoderó de la sala.
Todos procesaban la magnitud de las revelaciones, mientras Milo observaba con satisfacción, disfrutando del caos que había sembrado.
—Tu tonto hijo está en esta sala, Sir Larot…
o debería decir Lingo —dijo Milo, su voz cargada de desprecio mientras clavaba su mirada en el caballero oscuro—.
Aunque tu verdadero nombre es Gabriel, Gabriel West.
Tenías potencial, no como tú, hermanito.
Él sí tiene poderes, además de dominar esa técnica del AURA que tanto admiraba mi exlíder.
Milo giró su cabeza hacia Aragón, quien lo observaba con una mezcla de furia contenida y tristeza.
—Pero necesitaba adiestramiento.
Así que tomé a un chico miedoso y sin memoria, y lo convertí en mi brazo derecho…
Mi fiel soldado de las sombras.
Básicamente, me aproveché del estado en el que se encontraba mi propio sobrino.
Una sonrisa burlona se dibujó en su rostro mientras veía a Drake, quien parecía haber sido golpeado por un rayo.
—Entonces, eso lo hace tu sobrino al caballero de armadura oscura —intervino Riota, tratando de procesar la información.
—Sí, no se necesita ser un genio para entenderlo, tonto —respondió Gat, su tono lleno de sarcasmo.
Sir Larot, no Lingo, sino Gabriel, confundido, miró a ambos lados, alternando entre Drake y Adía.
—¿Tú eres mi padre?
¿Y tú mi madre?
—preguntó, su voz temblorosa, llena de incertidumbre.
Aragón, aún atado a la silla, intervino con un tono que mezclaba tristeza y alivio.
—Ya veo…
También fuiste engañado, muchacho —dijo, dirigiéndose a Gabriel—.
Pero ahora has encontrado a tus padres.
Su mirada se endureció al enfocarse en Milo.
—Estoy furioso por lo que hiciste, despiadado.
Incluso con tu propio sobrino.
Milo ignoró el comentario y continuó, disfrutando del caos que sus palabras causaban.
—O tu otro hijo, el que mandaste a robar este aparato que inició todo este viaje.
Y que ahora cayó en las patas de ese pulguiento animal.
Un tubo emergió del suelo, conteniendo al agente B-12 flotando en un líquido verde luminiscente que mantenía su cuerpo con vida.
El grupo observó con asombro y horror.
—Pero, ¿cómo es posible que lo tengas si lo teníamos en nuestra base?
—preguntó Drake, su voz teñida de terror.
—Tu segundo hijo salió más arrogante de lo que pensaba, igual que tú —continuó Milo, señalando a Drake con desdén—.
Sintió simpatía por una mujer externa a su círculo…
Una extraterrestre, así como tú sentiste algo por alguien que estuvo petrificada durante años.
Hizo una pausa, saboreando cada palabra.
—Mira cómo quedó el pobre.
Siempre quiso hacerse notar, ocultando todo detrás de una fachada perfecta.
Bien por fuera, pero por dentro…
Triste.
Miró a Adía con una sonrisa cruel.
—Qué lástima que solicitaste que Azulema borrara los recuerdos de este chico, llamado Nick.
Para no cargar con la pérdida, ¿verdad?
Pero ahora que ha recuperado sus memorias…
¿Lo sientes, hermanito?
La furia, la frustración…
Igual que cuando te arranqué el brazo por intentar enfrentarme.
Milo avanzó lentamente, su presencia imponente.
—Siente cómo me sentí yo…
Frustrado.
Ahora tengo a toda tu familia en mis manos, tal como nuestro padre me hizo sentir a mí.
Yo era el mayor, pero siempre fuiste su favorito.
Con o sin poderes, siempre fuiste el mimado, aunque más por nuestra madre, ambos te querían más, él a su modo, aunque no lo decía, pero me lo hacía saber con sus palabras.
Una sonrisa siniestra se extendió por su rostro.
—Y qué bueno que las cosas se dieron así.
El destino me está dando la razón y te está castigando.
Azulema, quien había estado escuchando en silencio, interrumpió: —El pequeño Nicky es el hijo del jefe.
—Eso lo convierte en Nicky West —añadió Leila, su voz llena de asombro.
Gabriel miró el tubo donde estaba Nick, él es mi hermano, tengo un hermano se preguntaba, su rostro reflejando desesperación y confusión.
Intentó recordar fragmentos de su pasado, pero las memorias seguían siendo borrosas, producto de la caída que sufrió años atrás junto a Eros y Gol.
Milo, disfrutando del momento, continuó su monólogo.
—Sé todo de ti, hermanito.
De tu agencia, de tus lugares secretos, de tus conexiones con el general Bronjort.
Por cierto, solo te quedan menos de dos horas para acabar con todo y llevarle a ese niño —dijo, señalando a Aiden con un gesto despectivo.
Luego, con una sonrisa torcida, añadió: —¡Ah!
Y, por cierto, ese mocoso de cabello plateado…
Me refiero a Aiden el huérfano.
Es ….
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