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El sistema del perro agente - Capítulo 14

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14: Es la primera?

14: Es la primera?

Se comenzaron a escuchar gritos de parte de Aiden, asustado por la forma en que lo miraba Adía.

Adía miró el reloj de la cocina: eran las tres de la tarde.

No tenemos mucho tiempo para comprar un traje, pero al menos podemos peinarte, dijo.

Agarró al muchacho, lo cargó y lo subió al segundo piso a toda velocidad.

Junto a ella iba Podbe.

Entraron a la habitación de Adía, del mismo tamaño que la del niño, pero pintada de verde claro.

Lo sentó en la silla y vio que el pelo del chico estaba un tanto descuidado.

Al notar la parte de atrás de la cabeza, por el cuello, notó una especie de tubo del mismo color que la piel del muchacho.

Lo jaló y salió, pudo ver que era como una cola grande de cabello.

Sorprendida, le preguntó al muchacho por qué escondía el resto de su cabellera, aunque un tanto ingenioso para hacer eso.

Aiden le respondió que en el orfanato en el que estaba no le permitían tener el cabello largo, y por eso ideó colocarse eso porque a él le gustaba tener el cabello largo; lo hacía sentir importante, como un personaje de un programa de televisión que veía.

Ya veo, dijo ella mientras retiraba ese tubo.

Al verlo, vio una cabellera frondosa y plateada, pero no muy bien cuidada.

Parecía un personaje de una comedia de terror, solo que en vez de ser castaño, era plateado.

Así que decidió llevarlo al lavadero, lavarle la extensa cabellera con agua y uno que otro champú y otros productos para que se viera mejor.

Una vez terminado el proceso de limpieza y secado del cabello, pasó de ser cabello duro a un tanto más sedoso.

El cabello de Aiden era largo, pasando un poco de los hombros.

Le dijo que mejor se le vería el cabello corto, pero que respetaba la decisión del niño, aunque le dijo que deberían hacer algunos arreglos.

En eso, ella sacó un estuche con unos instrumentos para cortar, cortó algunas puntas y costados del cabello, lo secó y le dio un sujetador de cabello nuevo porque el que traía estaba muy viejo.

Lo peinó y le echó gel.

Fueron al espejo que estaba en el baño y Aiden pudo notar la diferencia, teniendo un cabello más lacio.

Adía le dijo que no necesitaba esconder el resto de su cabello y él aceptó dejándolo por fuera.

Una vez terminado el escándalo y la nueva transformación de Aiden, o sea, un nuevo look, él le dijo: Gracias, pero no es una cita, solo la conocí hoy y me invitó a dar un paseo.

Es la chica más hermosa que jamás haya visto y me va a enseñar el centro de la ciudad.

La mujer lo vio y dijo: Eso suena como una cita para mí, pero no te hagas muchas ilusiones, niño.

Bueno, ahora debes dar una buena impresión en tu primera cita.

Mira, aquí tienes un poco de dinero, ah, y quédate con el cambio de lo que te mande.

El niño no sabía qué decir; nunca le habían regalado dinero ni se habían portado tan bien con él en todos los lugares adoptivos en los que estuvo ni en el orfanato.

No podía aceptarlo, y más de una persona que recién conoció.

Él era muy modesto y le daba pena.

Adía insistió mientras le echaba un poco de perfume.

A Podbe le comenzó a sonar el estómago, al igual que a ellos dos, y bueno, bajaron a almorzar.

Una vez terminado el almuerzo, Adía le dio una cápsula a Aiden.

Toma esta píldora, te ayudará a entender otros idiomas y poder hablarlos, es una receta mía.

El muchacho, un poco incrédulo, recordó que Elena le había dicho que la casa era rara y esas cosas, pero al final tomó la cápsula.

Le dio un abrazo de la nada a la señorita, a lo que ella también le correspondió, y procedió a encontrarse con Elena junto con su can, el cual no se separaba de él desde que se conocieron.

Vayan con cuidado y regresen temprano, les gritó cuando ellos iban saliendo.

A Adía se le ocurrió en el momento decir al chico que lleve flores, pero pensó que era demasiado.

Llegaron las cinco de la tarde a la tienda de mascotas.

El dueño comenzó a cerrar la tienda mientras Elena contaba el dinero de la caja, y el señor le dijo: Listo, terminamos, ya te puedes ir, niña.

Elena se fue al baño de la tienda, se quitó el delantal y el traje de la tienda y se cambió por una ropa más cómoda: jeans negros, una blusa azul con flores amarillas, chaqueta verde oscuro y unas botas negras.

Se arregló un poco el cabello y salió de la tienda a esperar a Aiden.

En eso, llega el chico a la tienda buscando a Elena, pero ve que la tienda ya cerró.

Luego ve que una chica se le acerca y le dice: Hola, soy yo, Elena.

Te ves diferente, me gusta el cambio que te hiciste.

Aiden se queda todo tonto y sonrojado otra vez, le responde entre balbuceos: Tú también.

Ella le dice: No sabía que tenías tanto cabello, pero en ti se ve bien.

Veo que has venido con tu can.

Saludó al cachorro y le dijo a Aiden: Bueno, nos vamos, te mostraré el centro.

La chica lo tomó del hombro, eso hizo que Aiden estallara como un tomate.

Ella también se sonrojó un poco, luego le tomó la mano y comenzaron a caminar.

Reia, que veía la escena, decía: Ahí vamos de nuevo con este niño, y Podbe le decía: Pues, ¿qué podemos hacer?

Solo seguirlo.

¡Guau!, ¡Guau!.

Mientras caminaban, Elena le preguntó a Aiden qué era lo que quería ver primero: las tiendas, los lugares históricos, los museos (aunque yo creería que ya estarían cerrados por la hora), los restaurantes o simplemente pasear.

El chico solo atinaba a decirle que sí con la cabeza.

Al llegar al centro, de estar ruborizado pasó a sentirse emocionado, al igual que Podbe, porque era la primera vez que veían una ciudad.

Ellos siempre estaban prácticamente encerrados en su mundo: uno en un orfanato y el otro en la calle, en el mismo callejón de siempre.

Pudieron apreciar las luces, la muchedumbre, los carros y motos de diferentes formas y tamaños, scooters, bicicletas, un puente, los canales por donde pasaba el río que dividía algunas calles, y algunos restaurantes que servían comida afuera.

También había músicos que tocaban en la calle, todo muy pintoresco, lo que los asombraba.

Elena le preguntó si era la primera vez que veía una ciudad.

Después de ver tanta maravilla, Aiden por fin pudo despertar del trance y comenzó a hablar ya un poco más pausado con ella.

Le comentó que sí, que era la primera vez que veía una ciudad.

Entonces ella tuvo la idea de llevarlo a conocer varios sitios.

Estuvieron paseando entre tiendas y pasajes, y uno que otro lugar turístico mientras el sol se empezaba a ocultar.

Llegada la noche, los chicos sintieron un poco de hambre, pero vieron que algunos restaurantes eran un tanto caros.

Encontraron uno con precios accesibles, ya que Aiden le dijo que él iba a pagar, claro, con lo que le había dado Adía.

El local parecía decente.

Pasaron a sentarse en las mesas de afuera y vino el mozo, quien les trajo la carta del menú.

Los dos chicos comenzaron a ver y decidieron pedir una pizza grande con tocino, mucho queso, jamón y salame.

Llamaron al mozo y le indicaron que querían la opción número cuatro, que venía con bebidas.

Él los vio y les dijo que eran veinte euros, pensando que los chicos no podían pagar.

Sin embargo, Aiden le mostró el dinero y el empleado se fue llevando el pedido a la cocina, no sin antes decirles que demoraría de diez a quince minutos.

Mientras esperaban a que su comida estuviera lista, comenzaron a conversar.

Ya un tanto calmado, el muchacho escuchaba y respondía a lo que ella le decía.

Ella le comentó que vivía con su padre porque su madre los abandonó a ambos cuando Elena tenía cinco años, pero que a veces no alcanzaba para los gastos y por eso ella tenía que trabajar.

También le precisó que cuando fuera grande quería ser veterinaria.

Aiden le contó que él venía de un orfanato y que en realidad se había escapado.

En el camino encontró al perrito, así como a la señorita Adía, y es por eso que estamos aquí en una misión, lo último lo dijo en broma porque si no la chica pensaría que estaba loco.

Él le preguntó si esa bicicleta roja era suya, porque él nunca pudo tener una, además de que no sabía conducir.

Ella le respondió que no, que era del dueño, pero que si quisiera ella le podía enseñar mañana con la bicicleta que tienen en su casa, haciéndose así una promesa.

Mientras seguían hablando, en uno de los televisores se pudo divisar la caída de una nave y en otro, un tren descarrilado.

Luego de charlar amenamente, apareció el mozo con la comida.

Los dos comenzaron a comer y le daban algunos pedazos a Podbe, que estaba bajo la mesa.

Por suerte para ellos, el lugar era bueno con los animales y permitía que estuvieran dentro del local.

Reia le dijo a Podbe que el sistema le avisaba que ya había llegado al centro y que obtuvo los veinte puntos de experiencia, con lo cual llegó a nivel cuatro y le sobraban diez para el siguiente nivel.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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