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El sistema del perro agente - Capítulo 142

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142: Zeus El Todopoderoso 142: Zeus El Todopoderoso Todos estaban de acuerdo en que Drake debía enfrentarse a Milo.

Incluso Podbe y Aiden, quienes al principio mostraron cierta resistencia, se contuvieron tras las órdenes de Adía.

Era evidente que el más afectado en ese momento era Drake.

Milo había desenterrado todos sus fracasos, exponiendo ante todos, sus debilidades como padre, como líder de una organización y, sobre todo, como alguien que durante años creyó carecer de poderes.

“Dejen que se desahogue”, dijo Adía con calma, observando la escena con una mezcla de empatía y firmeza.

“Esto es algo entre hermanos”, añadió Ezequiel, cruzándose de brazos.

Su tono era serio, pero también denotaba un respeto tácito hacia lo que estaba ocurriendo.

Drake avanzó hacia Milo con paso decidido, su mirada ardiendo de furia.

“Bien, ven con todo, hermanito.

No podrás hacer nada contra mi super fuerza.

¿Quieres que te arranque el otro brazo para que estén parejos?

Por cierto, ¿quién te hizo ese diseño ridículo?”.

“Fue Maos”, respondió Drake, señalando hacia los monitores donde el científico permanecía observando.

“Ah, sí, ya me acordé”, interrumpió Maos con una sonrisa orgullosa desde su puesto en las computadoras.

“Pero ese modelo es viejo”.

“Sí, pero fue mejorado por mi científico en jefe, Adrián”, replicó Milo con arrogancia, como si eso justificara cualquier cosa.

Drake no perdió más tiempo.

Con el brazo derecho en forma de guante mecánico, lanzó un golpe directo hacia Milo, quien lo detuvo sin esfuerzo aparente.

“Típico de ti”, se burló Milo, soltando una carcajada fría.

“Quieres atacarme así…

¡Qué patético!

Era mentira eso de que tenías poderes.

¡Tontos sin poderes!” Pero antes de que Milo pudiera seguir burlándose, Drake saltó hacia atrás con agilidad sorprendente.

“Materialización”, exclamó.

En un instante, el brazo guante se transformó en un martillo gigantesco, con el que golpeó nuevamente a su hermano con una fuerza devastadora.

El impacto rajó el piso bajo ellos, levantando una nube de polvo.

“Nada mal”, admitió Milo, limpiándose un hilillo de sangre de la comisura de los labios con aire arrogante.

“Pero eso lo puede hacer cualquier máquina”.

Su tono era frío, cargado de desdén, mientras lanzaba una mirada desdeñosa hacia Akira.

“Incluso tus amigos de la unidad D, como Adrián, o ese tonto niño en ese traje robótico”.

Hizo una pausa, disfrutando del efecto de sus palabras, notando cómo Akira apretaba los puños con fuerza.

“Si ese es tu poder, pierdo mi tiempo.

Acabaré contigo ahora, empezando por sacarte ese brazo mecánico”.

“Ese solo fue el calentamiento, hermano”, respondió Drake con una sonrisa confiada.

“Solo quería medir tu fuerza.

Ahora toma esto”.

Levantó la mano que no era robótica y gritó nuevamente: “¡Materialización!”.

De la nada, un guerrero idéntico a Milo emergió frente a ellos, sólido y real.

Todos quedaron boquiabiertos.

“¿Qué es esto?

¿Una copia?”, preguntó Milo, desconcertado.

Azulema, que observaba desde lejos, no pudo evitar comentar con admiración: “Vaya, se la tenía bien guardada ese Drake.

Esto se parece a nuestra habilidad para crear cosas con la mente, pero hay una diferencia clave: nosotros solo podemos materializar objetos inertes, como un muro o herramientas simples.

Sin embargo, él…

él puede darle vida a lo que imagina.

Hace que sus creaciones sean completamente reales.

Es increíble”.

Los niños que estaban cerca se asombraron aún más al oír la explicación de Azulema, cuyos ojos brillaban de admiración.

“Bien, acabaré con esa cosa”, declaró Milo, lanzándose hacia la copia con un rugido feroz.

Pero la réplica bloqueó su ataque con facilidad y le devolvió un derechazo brutal que lo envió varios metros hacia atrás.

“¿Qué se siente pelear contigo mismo?”, preguntó Drake con una sonrisa torcida.

“Nada mal”, respondió Milo, recuperándose rápidamente.

“Pero es extraño.

Tu habilidad materializa lo que tienes en mente y lo hace realidad”.

“De haber conocido esta habilidad antes, tal vez no habría perdido mi brazo”, reflexionó Drake, su voz cargada de una mezcla de arrepentimiento y determinación.

“Así que así es como me imaginas, hermanito”, reflexionó Milo, examinando a la copia con curiosidad.

“Muy fuerte, pero déjate de tonterías.

Voy a acabar con esa cosa”.

Milo comenzó a pelear con la copia de sí mismo, moviéndose a una velocidad impresionante.

Sin embargo, pronto notaron algo inquietante: la copia no era simplemente una ilusión o una proyección.

Sangraba, respiraba y luchaba con la misma ferocidad que Milo.

Era como si Drake hubiera creado un ser humano completamente funcional de la nada.

“Es como si hubiera creado un ser humano vivo”, murmuró Leila, observando con asombro cómo la copia bloqueaba cada golpe de Milo con precisión quirúrgica.

“Nada mal”, comentó Adía en voz baja, dirigiéndose a Drake.

Este se sonrojó ligeramente ante el halago, aunque intentó disimularlo con una mueca de concentración.

“Esta cosa iguala mi fuerza”, gruñó Milo, visiblemente frustrado.

“Pero no importa.

Entonces tendré que acabarla como he acabado con otros”.

Con un grito ensordecedor, activó su habilidad más poderosa: “¡Golpe de Furia!”.

Un destello de energía recorrió su brazo antes de lanzar un puñetazo devastador que atravesó el pecho de la copia.

Un líquido espeso, similar a la sangre, brotó de la herida mientras la copia colapsaba lentamente, desvaneciéndose en el aire como si nunca hubiera existido.

“¡Maldito!

Utilizó AURA”, gruñó Aragón con los dientes apretados.

Su voz era un eco de frustración mientras observaba cómo Milo se burlaba abiertamente de él y de Gabriel.

“Tengo mis trucos”, replicó Milo con sorna, disfrutando del momento.

Su sonrisa arrogante parecía grabada en su rostro, como si todo estuviera saliendo exactamente según lo planeado.

“Maldito… Lo tiene todo preparado”, murmuró Aragón, lanzando una mirada preocupada hacia Gabriel.

Su discípulo permanecía inmóvil, atrapado en un limbo mental, luchando por procesar la avalancha de revelaciones que Milo había soltado sin piedad minutos antes.

“Deja de estar jugando, hermano.

No me hagas reír”, dijo Drake, intentando recuperar el control de la situación.

Sus ojos ardían como brasas encendidas, y materializó un guante pesado en su mano derecha mientras su brazo mecánico se transformaba en un escudo imponente.

“Si ese es tu gran truco, entonces no podrás contra mí”, declaró Milo con desdén, una sonrisa arrogante curvando sus labios.

“He entrenado durante años con los mejores.

Creo que sería justo enfrentarme a todos los que están presentes…

¡y ni aun así me ganarían!” Su tono burlón resonó en la sala, cargado de suficiencia, mientras sus ojos recorrían a los presentes como si fueran meros insectos a los que podría aplastar sin esfuerzo.

Los golpes de Drake fueron rápidos y precisos, pero Milo los bloqueaba sin esfuerzo aparente.

“Te dije que, si eso es todo lo que tienes, hermanito, no me estorbes”.

Con un rugido, Milo activó un puño envuelto en AURA, destrozando el brazo mecánico de Drake con un solo impacto.

Luego, con una patada poderosa, lanzó a su hermano volando hasta donde Adía observaba con expresión estoica.

“Vaya, ni para calentamiento me serviste, hermanito”, se burló Milo mientras Drake intentaba ponerse de pie, sangre goteando de su boca.

Eduard y Ezequiel corrieron a ayudarlo, cargándolo entre ambos.

“Tranquilo quizá si no tuviera ese poder podrías contra él, pero con el poder del AURA, él está en otro nivel”, susurró Eduard, tratando de calmar a Drake.

“Es nuestro turno”, dijo Aragón, dirigiéndose a Gabriel.

Pero este seguía paralizado, sumido en un estado de shock profundo.

“Bien, seré solo yo entonces”.

Sin vacilar, Aragón se lanzó hacia Milo, activando la segunda forma del AURA: TIFIDEZ.

Sus puños brillaron con una energía intensa, endureciéndose hasta parecer indestructibles.

Estaba listo para cortar a su enemigo con un solo golpe.

Sin embargo, Milo detuvo el ataque en seco, sujetando el puño de Aragón con una facilidad desconcertante.

“La segunda forma…

Nada mal”, comentó con desdén.

“Pero deberías haber usado la tercera”.

Antes de que Aragón pudiera reaccionar, Milo rugió: “¡NUBIA DRAGON RAGE!”.

Una explosión de energía envolvió a Aragón, quemando su interior como fuego líquido.

Fue lanzado violentamente contra un muro, dejando una marca profunda en la pared al colapsar.

“Si eras tan fuerte, ¿por qué no mostraste esas habilidades en la lucha contra Urion?”, preguntó Adía con frialdad, aprovechando el momento para intervenir.

“Porque no era divertido”, respondió Milo con una sonrisa torcida.

“Además, quería ver qué tan poderoso era un guardián”.

Adía lanzó sus cadenas, entrelazándolas con la magia de rocas de Megumi.

“¡Conmigo!”, gritó Adía, y las rocas y cadenas volaron hacia Milo a toda velocidad.

“¿Un montón de rocas y cadenas?

No pueden pararme”, declaró Milo, rompiendo las cadenas con un movimiento descuidado mientras sus puños destrozaban las rocas como si fueran vidrio.

“Así que eres fuerte.

¿Qué tal si me golpeas?” Mukio apareció frente a él, desafiante.

“Creo que eres resistente porque puedes soportar golpes y devolverlos con mayor intensidad.

Pero nunca has probado esto”.

Milo lanzó un puño impregnado de AURA, enviando a Mukio volando varios metros hacia atrás.

Sin embargo, Milo no se detuvo.

Se lanzó hacia Megumi, quien rápidamente levantó un muro de rocas para protegerse.

Pero el muro fue destruido en segundos, y Megumi cayó varios metros hacia atrás, golpeándose contra el suelo con un grito ahogado.

“¡Megumi!” Akira corrió hacia ella, lanzando rayos láser y misiles hacia Milo sin pensar demasiado en la estrategia.

“Nada mal, muchacho”, admitió Milo, esquivando los ataques con agilidad.

“Pero la próxima vez, apunta a la cabeza”.

Con un cabezazo devastador, envió a Akira volando por los aires.

“¿Quién sigue?” Milo sonrió con arrogancia, pero su expresión cambió cuando Adía creó una bola gigantesca de fuego que lo obligó a retroceder.

La explosión iluminó la sala, y Milo gruñó entre dientes: “Eso duele, maldita bruja”.

Antes de que pudiera recuperarse, sintió un golpe brutal en la cara que lo hizo tambalearse.

Adora estaba frente a él, sus ojos llenos de determinación.

“Tú y yo tenemos el mismo poder.

Veamos quién es más fuerte”, desafió ella, lanzando otro puñetazo directo.

“¡Ah!

Nada mal, muchacha.

Me agarraste con la guardia baja”, reconoció Milo, aunque su tono seguía siendo burlón.

“Pero no eres rival para mí”.

Cubriendo su cuerpo con AURA, embistió a Adora con una fuerza tremenda.

La chica salió disparada hacia una de las paredes, cayendo con un golpe seco.

“Tú eres la única que me puede hacer frente, bruja”, le dijo Milo a Adía, con una mezcla de desdén y respeto en su voz.

Sin embargo, antes de que pudiera continuar, un rayo lo golpeó con fuerza, haciéndolo retroceder varios pasos.

“Aliento de Rayo “, expreso Podbe, Milo mirando hacia donde Podbe estaba parado, sus ojos centelleando con determinación.

“Pensé que con ese golpe te quedarías a raya, perro, pero parece que quieres seguir peleando”.

“Podbe, ten cuidado”, gritaron los niños desde las sombras, preocupados por el pequeño can.

El perro les respondió con un ladrido decidido antes de lanzarse nuevamente contra el villano.

Esta vez, activó su habilidad de Dureza, cubriendo sus garras con el destello dorado del Corte de Garra Dorada.

Con un rugido feroz, se abalanzó sobre Milo, chocando directamente contra el puño envuelto en AURA.

Ambos poderes colisionaron con una explosión de energía, pero ninguno parecía ceder.

“Pero yo tengo otra mano, perro tonto”, declaró Milo con frialdad, lanzando al can volando con un golpe devastador.

“Menos 200 puntos de vida”, anunció Reia con urgencia.

“Maldición, ese ataque bajó la mitad de mi barra de vida, a pesar de tener Dureza activada”, gruñó Podbe mientras intentaba ponerse de pie.

Antes de que pudiera avanzar nuevamente, Aiden lo levantó con delicadeza, cargándolo entre sus brazos.

El chico lo volteó para mirarlo a los ojos y, en ese momento, notó algo inquietante: otra media luna brillaba en el costado derecho del perro, esta vez orientada hacia la izquierda.

“Otra más”, murmuró Aiden, sorprendido.

“¿Qué es esto?”, preguntó, su voz temblorosa mientras observaba al can.

“Debo ir, Aiden.

Al menos debo intentarlo”, insistió Podbe, señalando con la mirada cómo Milo estaba derrotando a todos uno por uno.

Los demás habían intentado enfrentarlo, pero cada uno terminaba golpeado o repelido sin piedad.

“Les dije que deberían venir todos a la vez”, se burló Milo mientras esquivaba hábilmente los ataques de espadas lanzados por Adía.

“Ya me están aburriendo”.

“Está bien, Podbe, ve…

pero con cuidado”, dijo Aiden finalmente, soltando al pequeño can con renuencia.

En ese instante, un mensaje emergió en el sistema: “No puedes ganarle.

Es un enemigo muy fuerte.

Debes huir”.

“¿Tan poderoso es?”, preguntó Podbe, escuchando cómo Reia le leía el mensaje en voz alta.

“Bueno, nos hemos enfrentado a otros que nos dijeron lo mismo o algo similar, y no nos rendimos”, replicó el can con decisión.

“Iré de nuevo”.

“Ten mucho cuidado, Podbe”, advirtieron tanto Reia como Aiden al unísono, sus voces llenas de preocupación.

Con renovada determinación, Podbe corrió hacia Milo una vez más.

Esta vez, utilizó su Cabezazo de Fuego, lanzándose directamente contra el villano.

El cuerpo de Milo comenzó a arder en llamas, pero rápidamente liberó su poder AURAL, extinguiendo las flamas con un movimiento de su mano.

“¿Eso es todo lo que tienes, pequeño can?” Milo lo agarró con fuerza, lanzándole un golpe brutal en el estómago antes de estamparlo contra el suelo con un estruendo ensordecedor.

“¡No, Podbe, no!”, gritó Aiden entre lágrimas, viendo cómo su compañero caía.

“Cero puntos de vida “, anunció Reia con voz triste y contenida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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