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El sistema del perro agente - Capítulo 144

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144: Revelación Inesperada, Final Impactante 144: Revelación Inesperada, Final Impactante Aiden, dentro de Podbe en su forma de lobo galáctico, recorrió nuevamente el camino por el que había entrado la última vez.

Esta vez, sin embargo, sabía que Chad —la versión mental de su padre— era la única forma en que podría enfrentarlo cara a cara.

En la realidad, Chad estaba en coma, flotando en un tubo, inalcanzable bueno Nick ahora que ya sabía su nombre verdadero.

Comenzó a llamar, su voz resonando en los pasillos inundados: “¡Reia!

¡Chad!

¿Dónde están, chicos?”.

Sus pies chapoteaban en el agua mientras avanzaba, mojándose hasta los tobillos.

“Siempre será así cada vez que Podbe se transforme en su forma de lobo galáctico”, murmuró para sí mismo con frustración.

“Este lugar se convierte en un verdadero desastre, como un laberinto interminable”.

Mientras buscaba el centro de control de Podbe y trataba de encontrar a sus amigos, Aiden se topó con una pared que no había estado ahí antes.

Justo cuando se detuvo a observarla, vio pasar una nube en forma de mujer, similar a la que había visto en su mente durante su primera incursión en los portales.

Fue entonces cuando recordó: aquella vez tuvo que elegir entre dos caminos para activar su poder de portales.

La nube femenina giró hacia él y le hizo un gesto con la mano, invitándolo a seguirla.

Aiden comenzó a perseguirla, pero la nube se movía más rápido de lo que parecía posible.

“¡Espérame!”, gritó él, aunque ella solo respondió con risas etéreas que resonaron en el aire húmedo.

De pronto, atravesó una especie de pared invisible que Aiden no notó a tiempo, chocando contra ella con un fuerte golpe.

“¡Auch!” Se sobó la cabeza, frunciendo el ceño.

“¡Ups!

Mil perdones”, dijo la nube, materializándose parcialmente entre remolinos vaporosos.

“Pensé que podías atravesar objetos”.

Luego, abrió una puerta oculta ante él.

Aiden ingresó y descubrió que estaba en el centro de control, el mismo lugar donde había estado antes.

Pero esta vez, algo era diferente: dentro de unos tubos transparentes estaban Reia y Chad, suspendidos en un estado aparentemente inmóvil.

“¿Por qué están ellos así?”, preguntó Aiden a la nube, señalando a sus amigos.

La nube simplemente respondió con calma: “Eso debes averiguarlo tú mismo”.

Y antes de que pudiera hacer otra pregunta, se disipó en el aire como si nunca hubiera estado allí.

“Gracias por nada”, masculló Aiden, cruzándose de brazos.

Miró a Reia y Chad encerrados en los tubos, sintiéndose perdido.

“¿Y ahora qué hago?

¿Rompo los tubos?

No sé si sea seguro…”.

Justo cuando estas palabras salieron de sus labios, una voz grave resonó detrás de él: “Si haces eso, posiblemente los matas”.

Aiden giró rápidamente, asustado.

Frente a él estaba Podbe, ahora en su forma humana, o al menos en la forma que él creía tener cuando estaba en su mente.

“¡Tranquilo, soy yo!”, dijo Podbe, levantando las manos en señal de paz.

“¡Podbe!

¿Qué haces aquí?

Casi me provocas un paro cardíaco”, reprochó Aiden, llevándose una mano al pecho.

“Bien, bien, lo siento”, respondió Podbe con una sonrisa traviesa.

“¿Por qué estás en esta forma?

¿Y por qué ellos están así?”, preguntó Aiden, señalando a Reia y Chad.

Podbe hizo una pausa dramática antes de responder: “No tengo la respuesta a ninguna de esas preguntas”.

“¡Ah!

Claro, típico de ti”, resopló Aiden, rodando los ojos.

“Lo bueno es que Reia no está despierta, porque si no te daría un par de toques eléctricos”.

“Bueno, tampoco te emociones tanto”, replicó Podbe con una risita.

“Ahora me veo como tú, un chico normal…

bueno, al menos en mi mente”.

“Sí, pero tu mente está medio alterada o removida cuando te pones así”, señaló Aiden con sarcasmo.

“Eso es lo que puedo observar”, admitió Podbe encogiéndose de hombros.

Luego añadió: “Bueno, ¿y cómo los vamos a liberar de esto?

Dijiste que necesitabas hablar con Chad”.

“¡Aja!

Quieres hablar con Chad, ¿o en realidad quieres hablar con tu padre?”, preguntó Podbe, arqueando una ceja con picardía.

Aiden bajó la mirada, su voz temblorosa.

“Es lo mismo…

Tengo preguntas que hacerle.

Como…

¿por qué me abandonó?”.

Podbe guardó silencio por un momento antes de responder: “Él ni siquiera sabía que existías ya no quedamos en eso, Aiden.

Recuerda lo que dijo tu otro abuelo, Zeus…

o Milo, o como quiera llamarse ahora”.

“Si, en eso tienes razón”, respondió Aiden con un suspiro frustrado, tratando de procesar las emociones que lo embargaban.

“Pero yo tengo su voz…

¿Por qué no me lo dices a mí?”, preguntó Podbe, mirando fijamente a Aiden.

“No es eso, Podbe”, replicó el chico rápidamente, cambiando de tema.

“Bueno, entonces, ¿cómo los despertamos?

¿Por qué no subes a la silla?

¿O le sigues teniendo miedo por todo lo que te pasó?”, bromeó Podbe entre risas, claramente disfrutando del momento.

“No, no es eso.

Creo que ya lo superé”, aseguró Aiden, aunque su tono dejaba entrever cierta inseguridad.

“Debe haber alguna forma de liberarlos”.

En ese instante, un botón emergió del suelo con una inscripción que decía: “Presione aquí”.

“¿Qué dices?

¿Lo presionamos, Aiden?” “Si no hay de otra…

aunque es extraño que haya aparecido de la nada.

Además, la nube estuvo por aquí”, comentó el muchacho, frunciendo el ceño con desconfianza.

“¿La nube?” Podbe arqueó una ceja, confundido.

“Eso sí que es extraño”, añadió el chico-perro.

Sin embargo, antes de que Aiden pudiera detenerlo, Podbe ya había apretado el botón, movido por su instinto perruno y su curiosidad innata.

“¡Espera, Podbe!” gritó Aiden, pero fue demasiado tarde.

En cuanto el botón fue presionado, las luces del lugar se encendieron de golpe, iluminando todo con un resplandor rojo intermitente.

Una alarma resonó estruendosamente por todo el espacio: “¡Peligro!

¡Peligro!

¡Se han desactivado los tubos de contención!”.

Ambos tubos se abrieron de golpe, y Reia y Chad cayeron al suelo con un golpe seco.

“¡Podbe!, ¡qué pasó!” exclamó Aiden, buscando una respuesta.

Pero Podbe no contestaba.

En lugar de palabras, solo escuchó ladridos.

“¡Podbe!

¿Te convertiste en perro en tu mente?

¿Y ahora qué pasa?” Reia y Chad comenzaron a moverse lentamente, recuperándose del impacto.

Saludaron a Aiden y Podbe con una mezcla de confusión y alivio.

“¿Qué pasó?” preguntó Reia mientras se levantaba, sacudiéndose el polvo imaginario de su ropa.

Aiden explicó rápidamente: “Estaban en esos tubos, pero cuando presionamos el botón, fueron retirados.

Y Podbe volvió a su forma perruna…

ahora solo emite sonidos, ya sabes, de perro”.

“Ya veo”, dijo Chad pensativamente, rascándose la barbilla.

“Quizá esta vez necesite estar dentro de este tubo para que vuelva a tener esa voz”.

“Me pregunto si será porque el cuerpo real de Chad está cerca”, reflexionó Reia en voz alta, mirando hacia las pantallas que mostraban datos crípticos.

“¡Chad!” gritó Aiden, lanzándose hacia el hombre y abrazándolo con fuerza.

“¡Vaya!

Y esto, ¿a qué se debe?” preguntó Chad, desconcertado, pero visiblemente conmovido por el gesto.

“Pues…

¿no recuerdas nada aún?” preguntó Aiden, separándose ligeramente para mirarlo a los ojos.

“De verdad no, niño.

Algunas cosas están confusas en mi mente”, admitió Chad, titubeando un poco antes de tomar fuerza en su voz.

“¿Por qué?

¿Quién soy yo para ti?” “Tu nombre verdadero no es Chad…

sino Nick”, dijo Aiden con voz temblorosa, como si pronunciarlo fuera una revelación que aún le costaba asimilar del todo.

“Bien…

y además tú eres…” Aiden se detuvo, las palabras atascadas en su garganta mientras luchaban por encontrar el valor de continuar.

Finalmente, respiró hondo y lo soltó: “Tú eres mi padre.

O bueno, una versión mental de él”.

“¿Mi nombre es Nick?

Bueno, definitivamente es mejor que Chad”, bromeó el hombre con una risa ligera, intentando aligerar el peso del momento.

Sin embargo, su expresión pronto se suavizó, adoptando un aire más serio.

“¿En serio soy tu padre?

¡Qué excelente noticia!” Su tono se llenó de genuina emoción mientras correspondía al abrazo de Aiden con entusiasmo sincero.

“Siempre quise tener un hijo”.

“Qué bien que pienses así”, respondió Aiden, sonriendo tímidamente.

“Siempre quise encajar en una familia…

Saber que estás vivo me da alegría.

Y espero que también podamos encontrar a mamá algún día”.

“Tu madre debe ser una mujer increíble para haber tenido a este hermoso muchacho”, dijo Chad con una sonrisa orgullosa, mirando a Aiden con cariño.

“Bueno…

nunca la conocí”, respondió el chico en voz baja, bajando la mirada.

“¡Chicos!” interrumpió Reia de repente, captando la atención de todos.

Su tono era urgente.

“No es momento para esto.

Debemos prepararnos”.

Todos dirigieron su mirada hacia las pantallas que parpadeaban con advertencias.

Un mensaje destacaba en letras rojas: “Peligro inminente.

Se detecta el crecimiento de una gran fuerza destructiva en camino”.

Momentos antes, en el exterior, en una zona alejada del grupo de Drake y compañia, se escuchó a Milo pronunciar con frialdad: “Es una orden”.

De inmediato, todos los cables que rodeaban a Geros comenzaron a transformarse en agujas afiladas.

Sin hacer ruido, estas empezaron a succionar la fuerza vital del ente, un proceso tan silencioso que pasó desapercibido para los demás…

hasta que Adora notó algo extraño.

“¿Qué le pasa a esa cosa?” señaló ella, observando cómo el cuerpo de Geros parecía evaporarse lentamente.

“Es cierto”, intervino Ezequiel, acercándose con preocupación.

“¿Por qué se está consumiendo su cuerpo?” “Creo que son esos cables que tiene puestos”, sugirió Adrián, frunciendo el ceño mientras analizaba la situación.

“Pero, ¿qué le están haciendo?” preguntó Eduard, visiblemente alarmado.

“Miren hacia dónde van esos cables”, indicó Aragón, regresando después del golpe que lo había enviado lejos.

Su voz era firme, aunque aún mostraba signos de dolor.

“Van hacia donde Podbe envió a Milo”, añadió, mirando a Drake, quien ya se encontraba más recuperado.

“Pero, ¿qué te estás haciendo, Milo?” gritó Adía, acercándose con varias espadas listas para atacar.

Su tono era una mezcla de furia y preocupación.

“Tontos”, respondió Milo con desdén, mientras agujas afiladas comenzaban a clavarse en su cuerpo, inyectando energía oscura en su sistema.

“Si no pudieron conmigo antes, ahora verán algo mucho más poderoso que ese pulgoso crecido”.

Su tono estaba cargado de arrogancia, y sus ojos brillaron con una mezcla de dolor y determinación mientras se refería directamente a la forma de lobo galáctico de Podbe.

Con un grito de dolor inmenso, Milo comenzó a absorber toda la fuente de poder de Geros.

La energía fluyó hacia él como un torrente incontrolable, envolviéndolo en un aura oscura y pulsante.

“He encontrado una manera de tener poder absoluto, y hoy se las pondré a prueba”, declaró Milo con una sonrisa siniestra.

“¡Detente, hermano!

¡No lo hagas!

¡Solo ríndete!” imploró Drake, avanzando hacia él con desesperación.

Aunque Milo se había convertido en un villano, seguía siendo su familia.

Drake no era alguien que guardara rencores tan fácilmente.

Pero Milo ignoró sus palabras.

Con un rugido final, su cuerpo fue envuelto por un capullo oscuro que comenzó a brillar con intensidad, como si algo monstruoso estuviera a punto de emerger.

De vuelta al momento de la alarma de peligro inminente: “Pero, ¡qué es eso!” exclamó Reia, mirando las pantallas que mostraban a Milo rompiendo el capullo que lo envolvía.

Sus ojos reflejaban una mezcla de asombro y temor ante el poder que estaba emergiendo.

Al escuchar la alarma de emergencia y peligro, y al notar que el Lobo Galáctico permanecía inmóvil, Chad —o más bien, la versión mental de Nick— tomó una decisión.

“Sí, debemos atender eso, niño…

digo, hijo”, dijo con firmeza, corrigiéndose a sí mismo mientras miraba a Aiden con determinación.

“Pero luego seguimos con los abrazos y esas cosas”.

“Pero…

¿y si esta es la última vez que te veo?

Tú en realidad te encuentras en coma”, respondió Aiden con voz temblorosa, señalando una de las pantallas que mostraba el tubo donde el verdadero Nick estaba conectado.

Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas mientras hablaba.

El tubo en el que Chad había estado anteriormente se iluminó repentinamente, como si estuviera esperando algo.

“Creo que por eso Podbe no habla”, comentó Reia pensativamente.

“Aunque eso es raro”, añadió, recordando que la última vez ambos podían comunicarse sin problemas a la misma vez.

Al ver el tubo iluminado, Chad comprendió lo que debía hacer.

Aunque una parte de él deseaba quedarse un poco más para hablar con Aiden, sabía que no había tiempo que perder.

“Escucha, niño”, dijo Chad, poniendo una mano en el hombro de Aiden.

“Esto no es un adiós.

Solo es un ‘hasta luego’.

Prometo que volveremos a vernos”.

Aiden asintió lentamente, aunque las lágrimas seguían rodando por sus mejillas.

Sabía que Chad tenía razón, pero eso no hacía que fuera más fácil dejarlo ir.

Chad se dirigió hacia el tubo, deteniéndose un momento para mirar atrás.

“Gracias por todo, hijo”, dijo con una sonrisa sincera antes de entrar en el tubo, que se cerró tras él con un destello de luz.

“Entiendo”, dijo Aiden con calma, aunque una sombra de duda cruzó su rostro.

“Bueno, no sé si me llamo Chad…

pero de todo corazón sé que tu padre te querrá igual que yo espero que despierte de ese sueño.

Recuerda que soy una parte de él”.

Colocó una mano cálida en el hombro de Aiden y, con ternura paternal, le secó las lágrimas que rodaban por sus mejillas.

“Sécate esas lágrimas, muchacho.

Sé que lo podrás conocer en persona”.

Para sorpresa de Aiden, Chad se inclinó y le dio un beso en la cabeza, un gesto cargado de afecto y despedida.

“Es mejor que ingrese en ese tubo, como indica esa flecha, para que tu amigo Podbe pueda hablar”, añadió mientras caminaba hacia el tubo iluminado.

“¡No, espera!” gritó Aiden, su voz temblorosa por la tristeza que lo embargaba.

“Estoy bien, muchacho”, respondió Chad con una sonrisa tranquilizadora antes de entrar en el tubo.

La puerta se cerró tras él con un siseo suave, dejando a Aiden paralizado frente a la estructura ahora sellada.

“Tu nombre completo es Nick… Nick West”, murmuró Aiden finalmente, como si pronunciarlo fuera una forma de aferrarse a la verdad.

“Así que Nick West”, repitió el hombre desde dentro del tubo, sonriendo débilmente mientras una sustancia líquida comenzaba a llenar el compartimento, bañándolo lentamente hasta que sus ojos se cerraron y quedó sumido en un profundo sueño.

“Vaya, mi voz volvió y mi forma también”, anunció Podbe con alivio evidente, mirándose las manos humanas que había recuperado.

Sin embargo, su rostro mostraba inquietud.

“¿Pero por qué pasó esto?

¿Acaso serán esas marcas que traes en la frente?” preguntó Reia, señalando las media lunas en la frente de Podbe.

Las preguntas se acumulaban, pero las respuestas seguían siendo esquivas.

“No hay tiempo”, interrumpió Aiden abruptamente, su mirada fija en las pantallas que mostraban una figura emergiendo del capullo oscuro.

“Esa cosa que salió del capullo se acerca.

Podbe, a tu puesto”.

Cuando el capullo finalmente se rompió, lo que emergió fue algo que heló la sangre de todos los presentes.

Era una criatura humanoide, pero distorsionada más allá de cualquier comprensión humana.

Su rostro tenía cuatro ojos: dos de ellos eran humanos, mientras que otros dos, situados encima de estos, parecían pertenecer a algún tipo de insecto alienígena.

Llevaba un traje rojo ajustado que destacaba su musculatura grotesca, y sus piernas, cubiertas de un pelaje espeso y salvaje, recordaban las extremidades de una bestia.

Su altura era colosal, comparable a la forma del Lobo Galáctico en la que Podbe se había transformado momentos antes.

Con una rapidez inhumana, la criatura se lanzó directamente hacia donde estaba el lobo.

De su espalda emergieron tentáculos oscuros y electrificados que envolvieron las patas y el hocico de Podbe, inmovilizándolo completamente.

La mirada de la criatura irradiaba una maldad pura, como si cada fibra de su ser estuviera diseñada para sembrar caos y destrucción.

“Es tu fin”, gruñó con una voz gutural, casi sobrenatural, que resonó como un eco demoniaco.

De inmediato, la mitad de sus manos se transformaron en rayos brillantes, similares a los del mismísimo dios griego Zeus.

Con un movimiento devastador, lanzó esos rayos hacia el lobo, partiéndolo en dos con una explosión de energía que iluminó todo el campo de batalla.

“¡Podbe, Aiden, ¡no!” gritaron sus amigos al unísono, especialmente Adía y Drake, quienes acababan de descubrir la verdad sobre el vínculo que ellos tenían con Aiden.

Sus voces resonaron con una mezcla de desesperación y furia, incapaces de aceptar lo que acababan de presenciar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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