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El sistema del perro agente - Capítulo 156

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  3. Capítulo 156 - 156 Entra Jake La Sombra
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156: Entra Jake La Sombra 156: Entra Jake La Sombra —¡No, Akira!

¡No!

—gritó Megumi desesperada mientras se defendía de los cangrejitos explosivos, lanzando rocas con todas sus fuerzas.

Finalmente, se escondió dentro de una estructura de tierra solidificada cuando ya no pudo resistir más los ataques.

Un estruendo ensordecedor resonó en el lugar, como si algo enorme hubiera impactado contra el suelo.

Megumi salió lentamente de su refugio improvisado, temiendo lo peor.

—Ay, no… Akira… —murmuró con angustia mientras miraba hacia donde estaba el niño, esperando ver lo inevitable.

Pero lo que vio la dejó boquiabierta.

Akira seguía en el mismo sitio, con los brazos sobre su cabeza, listo para recibir el golpe mortal… pero este nunca llegó.

Confundida, observó al crustáceo robótico, cuya gran tenaza había sido arrancada limpiamente.

En su lugar, una masa negra similar a la forma de la tenaza emergía de la sombra del robot, sosteniéndola como si fuera un trofeo.

—¿Qué fue eso?

—preguntó Megumi, acercándose rápidamente a Akira.

Destruyó los pequeños cangrejos que aún sujetaban las piernas del muchacho y lo ayudó a levantarse—.

¿Estás bien?

—Sí, creo que sí… —respondió Akira, visiblemente sorprendido de seguir con vida—.

Pensé que iba a morir… —añadió en voz baja, recordando cómo casi había perdido el control y casi se orinaba del susto.

Afortunadamente, logró contenerse y evitar un momento embarazoso.

—Fue un milagro —pensó Megumi en voz alta, todavía procesando lo que acababa de suceder.

—Pensé que iba a morir… —repitió Akira, sonriendo nerviosamente mientras se tocaba la cara.

De repente, una voz familiar resonó en el lugar: —Vaya, vaya… Aún les falta mucho entrenamiento, niños.

Ambos voltearon sorprendidos y vieron a un chico de cabello azul purpura envuelto en una masa negra muy fina, que parecía fluir a su alrededor como un manto vivo.

—¡Ah, eres tú, Jake!

—exclamó Akira, reconociéndolo de inmediato.

—Así es, amiguito —respondió Jake con una sonrisa confiada mientras avanzaba hacia ellos desde las sombras.

Megumi lo miró con curiosidad.

—¿Lo conoces?

—le preguntó a Akira.

—Sí, es un amigo… Y es de la unidad E —explicó el muchacho.

—¡Ah!

Ya veo —dijo Megumi, asintiendo con comprensión.

Jake, sin embargo, no perdió la oportunidad de bromear: —Vaya, veo que a todos les gusta hacer preguntas, pero nadie parece querer dar las gracias.

Akira y Megumi intercambiaron miradas antes de hablar simultáneamente: —¡Muchas gracias, Jake!

—Bueno, de nada —respondió él con una sonrisa arrogante, aunque claramente disfrutaba del reconocimiento.

—Esa cosa era casi irrompible, y tú con tu habilidad lograste destruir una de sus tenazas —comentó Akira, impresionado.

—Bueno, ya saben… Soy muy bueno —presumió Jake, halagándose a sí mismo sin pudor.

Megumi rodó los ojos, pero rápidamente volvió al tema principal.

—Bueno, si eres tan bueno, entonces sabrás que ese crustáceo tiene el interruptor en forma de botón dentro de su caparazón, lo introdujo dentro de este cuando quisimos destruir el aparato.

Debemos destruirlo, y solo así los robots que están amenazando al mundo se detendrán.

—Bien, déjenmelo a mí —dijo Jake con seguridad.

Se acercó al oído de Akira y le susurró burlonamente—: Menos mal que llegué a tiempo… Casi mojas tus pantalones, nene.

Como esa vez, ¿recuerdas?

Akira se puso rojo de vergüenza.

—¡Si no tienes que hacérmelo recordar!

—respondió con un tono irritado, aunque no pudo evitar sonreír.

Jake se alejó riendo suavemente, pero su expresión cambió rápidamente a una de concentración absoluta.

Con un movimiento elegante, invocó su habilidad de sombra y manipuló las tinieblas bajo el crustáceo gigante.

Las sombras cobraron vida, aferrándose a la otra tenaza del cangrejo como si fueran extensiones de sus propias manos.

Con un tirón preciso, arrancó la segunda tenaza limpiamente, dejando al robot desarmado y vulnerable.

Sin perder un segundo, Jake utilizó ambas tenazas sombra como herramientas improvisadas.

Las incrustó en la parte superior del caparazón del robot, forzándolas a abrirse paso a través del metal reforzado como si fuera un abrelatas.

Las chispas volaron mientras las tenazas cortaban la coraza, revelando poco a poco la fuente central que mantenía activo al monstruo mecánico.

El sonido metálico resonaba en el lugar, mezclándose con los ecos de los esfuerzos del robot por resistirse.

Finalmente, Jake logró exponer el dispositivo clave.

Con una sonrisa triunfal, murmuró: —Es hora de abrirse paso… —.

Con un último movimiento, el crustáceo se apagó por completo y cayó pesadamente al suelo.

—Se terminó —anunció Jake con satisfacción, cruzándose de brazos mientras observaba el cuerpo inerte del robot—.

Bueno, chicos, ahora es su turno de ser los héroes —les dijo con una sonrisa.

Megumi levantó una plataforma de tierra y tomó a Akira de la mano, quien aún estaba hablando con Jake.

—Bien, vamos —dijo ella, jalándolo suavemente.

El niño solo atinó a mover la cabeza, todavía algo avergonzado.

Mientras tanto, Jake los miró alejarse y gritó: —¡Vaya, niño picarón!

—pero su voz se perdió en la distancia.

Jake sonrió para sí mismo y murmuró: —Qué suerte tienes, enano… Llegaron a la parte superior del cangrejo gigante.

Con dos brazos de tierra, Megumi lo abrió como si fuera una cáscara frágil.

—Vaya, parece que es más frágil por dentro —comentó Megumi, observando el mecanismo expuesto.

Pero Akira estaba mudo, con la mirada perdida.

—¡Oye, Akira!

Usa tu pistola láser para dispararle a esa cosa.

Ya la encontré —indicó ella, señalando el dispositivo central.

Akira, movido solo por la inercia, atinó a disparar, pero falló completamente.

Megumi lo miró con el ceño fruncido.

—¿Qué te pasa?

—preguntó, acercándose para revisarlo.

Cuando lo tocó, notó algo extraño—.

¿Estás con fiebre?

—dijo al verlo colorado.

—No, nada de eso… Es solo que… —balbuceó Akira, pero antes de terminar, Jake apareció de repente, emergiendo de la sombra del muchacho.

El chico reaccionó rápidamente.

—No es nada, estoy bien —aseguró, volviendo a apuntar con su pistola láser.

Esta vez, logró destruir el dispositivo con un disparo certero.

Una pantalla rajada en el interior del crustáceo cobró vida, mostrando un contador de desactivación que avanzaba lentamente en porcentaje.

—Desactivación de los chips en progreso… —anunció una voz robótica desde la pantalla.

Una vez que llegó al 100%, la pantalla se apagó con un mensaje final: “Gracias.” Akira, ya más calmado tras ser tocado por Megumi (un detalle que no pasó desapercibido ni para él ni para nadie más), decidió romper el silencio.

—Vaya, ¿y cómo llegaste hasta aquí?

—preguntó, intentando recuperar su compostura.

—Ah, vine con un grupo de personas que venían buscando al científico Maos —respondió Jake con naturalidad.

—¿Nos estuviste espiando?

—intervino Akira, levantando una ceja.

—Bueno, tú sabes… Es confidencial —dijo Jake con una sonrisa traviesa.

—Sí, claro, siempre contigo todo es confidencial —replicó Akira, cruzándose de brazos.

—Entonces continuemos —interrumpió Megumi, cortando la conversación antes de que se desviara demasiado.

—Como les decía, de ahí destruimos las creaciones del científico y capturamos a Maos.

Tron también estuvo ahí; miren, ahí está, saliendo de las sombras —dijo Jake, señalando al robot que aún permanecía apagado.

—¡Ah, pobre Tron!

Quedaste todo maltrecho —comentó Akira con preocupación.

—Solo está en modo inactivo.

Nada grave, o bueno, eso es lo que dijo Jake —respondió Megumi, inspeccionando al robot.

—Puedes arreglarlo —indicó Jake, señalando los restos del cangrejo gigante—.

Normalmente le da mantenimiento mi jefe, pero creo que con estas partes puedo ayudarte a reactivarlo y hacerle una que otra mejora.

—Bueno, son buenas noticias —respondió Akira, visiblemente aliviado.

—Así que, como les seguía diciendo, después de eso había unos pasillos como túneles y llegué justo a tiempo para ayudarlos.

El resto ya es historia —concluyó Jake con una sonrisa autosuficiente.

Megumi, sin embargo, tenía otra pregunta en mente.

—¿Y las personas con las que viniste?

Jake hizo una pausa, como si acabara de recordar algo importante.

—¡Ah, sí!

Me había olvidado de ellos.

Creo que ya están por llegar —dijo, girando la cabeza hacia las cuatro salidas del lugar.

En ese momento, emergieron cuatro figuras: una chica desde un pasillo, otro muchacho y dos más desde otro lado.

Eran Michele, Choy, el profesor Kile y Philip.

—Vaya, aquí estabas —indicó Michele, todavía molesta con Jake por alguna razón implícita.

—¿Ellos no eran los que estaban arriba?

—preguntó Philip al profesor Kile.

—Sí, son ellos —confirmó este con un asentimiento.

—¡Ah!

Son ellos —dijo Akira, reconociéndolos—.

Creo que eran los que estaban con la periodista.

—Si te refieres a Melisa, sí —confirmó Choy.

—Decidimos venir para ayudar en algo.

Encontramos al doctor Maos y lo tenemos capturado en una especie de celda que hallamos en el camino —explicó el profesor Kile.

—Vaya, creo que el golpe que le diste con la sombra lo dejó profundamente dormido —comentó Philip con una risita.

—Creo que me pasé de la mano —admitió Jake, rascándose la nuca con aire culpable.

—Bueno, se lo merecía y muchas cosas más —intervino Melisa con frialdad.

—Creo que esa es su forma de agradecimiento —murmuró Choy en voz baja, aunque lo suficientemente alto para que todos lo escucharan.

—¡No pongas palabras en mi boca, Choy!

—exclamó Melisa, lanzándole una mirada fulminante.

—Lo siento —se disculpó Choy rápidamente, aunque en su interior estaba feliz.

Sabía que Melisa ya no estaba tan molesta con él porque, al menos, ahora le hablaba.

Y eso, para él, era una pequeña victoria.

—¿Y dónde está el interruptor de los robots locos?

—preguntó el profesor Kile con curiosidad, mientras también planeaba preguntar sobre el cangrejo robot gigante—.

¿Qué hace un niño en un lugar tan peligroso como este?

—Ya nos encargamos de ese tema —respondió Akira sin levantar la vista, concentrado en reparar a Tron.

Sus manos movían piezas minúsculas con precisión, demostrando que sabía exactamente lo que estaba haciendo.

El profesor observó al joven con admiración.

—Vaya, jovencito, sabes lo que estás haciendo con ese robot.

Parece algo sofisticado y difícil de reparar.

Akira detuvo su trabajo un momento y miró al profesor con una mezcla de orgullo y molestia.

—Claro, señor.

No soy solo un niño.

Soy un agente también, y sé cómo funcionan estas piezas —respondió, retomando su tarea con gestos rápidos y eficientes.

Finalmente, cerró el pecho de Tron y presionó un pequeño interruptor oculto donde solía estar su oreja.

Con un zumbido mecánico, el robot cobró vida.

Miró a su alrededor antes de centrarse en Akira.

—Hola, niño.

¿Qué haces aquí?

Este es un lugar peligroso —dijo Tron con tono preocupado—.

Además, ¿qué haces sin tu armadura?

Nunca andas sin ella.

Michele, escuchando esto, intervino: —Así que tú eras el que andaba en esa pequeña armadura… Pensé que si era un robot de verdad.

—Tan sobreprotector como siempre —comentó Akira con una sonrisa irónica—.

Sé que cuidas de los más pequeños como una niñera; está en tu protocolo.

Pero bueno, no importa.

Cuando lleguemos a la base, construiré una mejor armadura.

El profesor Kile, impresionado por las habilidades del muchacho, se acercó con una expresión de disculpa.

—Fascinante, niño.

No pensé que pudieras reparar a Tron.

Te pido disculpas por menospreciarte.

—Bueno, no importa —respondió Akira con un tono ligeramente soberbio, aunque no pudo evitar sonreír ante el reconocimiento.

Choy, mientras tanto, reflexionaba en silencio: ¿Son agentes desde pequeños?

El profesor pensaba lo mismo, pero decidió formular la pregunta en voz alta.

—¿Desde qué edad son agentes?

¿Y cómo obtuvieron esos poderes?

Tron, quien ya estaba operativo de nuevo, respondió sin dudarlo: —Por la primera pregunta, hay chicos que empezaron desde los cinco años, aunque no salían al campo, solo entrenaban.

—¡Tron!

¿Por qué andas divulgando información confidencial?

—interrumpió Akira, frunciendo el ceño.

—No sé, así estoy desde que me golpearon los robots gorilas.

Quizá mi inteligencia artificial se ha visto afectada.

—respondió Tron, encogiéndose de hombros mecánicamente.

Cuando lleguemos a la base, que el jefe te haga un análisis dijo Akira seriamente.

—Pero recuerden que mi función principal es ayudar y dar información —añadió el robot, como si eso justificara su comportamiento.

—Sí, pero esa información es solo para los agentes —corrigió Jake con calma, lanzándole una mirada significativa a Tron.

—¡Ay!

Yo me quedé con las ganas de saber cómo obtuvieron sus poderes.

¡Yo también quería tenerlos!

—exclamó Choy, cruzándose de brazos con frustración.

Megumi, con su habitual franqueza, respondió directamente: —Eso es muy fácil: mediante una piedra de origen alienígena.

Pero no puedes obtener dichos poderes, puesto que, a tu edad, te convertirías en una cosa deforme.

Akira y Jake voltearon sorprendidos hacia Megumi.

—También se cortaron los chicotes por esos robots bomba, muchacha —indicó Jake, tratando de cambiar el rumbo de la conversación.

—¿Qué?

Pero eso no es nada confidencial.

Además, le digo la verdad: no podrá ser una persona con habilidades porque supera los 17 años.

Y, además, le evité el proceso doloroso que implica —añadió Megumi, encogiéndose de hombros como si fuera algo obvio.

Luego, tras una breve pausa, continuó—: Aunque algunos nacen con ellos, procedentes de algún familiar que ya los tuvo.

Es raro, pero sucede.

Supongo que depende de la genética o de algún tipo de conexión especial con las piedras alienígenas.

Su tono era casual, pero sus palabras dejaron a todos pensativos.

Choy, en particular, parecía procesar la información con una mezcla de asombro y resignación, mientras Michele alzaba una ceja, claramente intrigada.

—¿Entonces hay personas que simplemente… nacen con poderes?

¿Sin necesitar la piedra?

—preguntó Philip, rompiendo el silencio con curiosidad genuina.

Megumi asintió, aunque su expresión se volvió un poco más seria.

—Sí, pero es extremadamente raro.

La mayoría de los casos termina mal; sus cuerpos no siempre pueden manejar ese nivel de energía desde el nacimiento.

Los que sobreviven suelen ser increíblemente fuertes… o increíblemente inestables.

Por eso, la agencia monitorea a cualquiera con antecedentes familiares relacionados con habilidades especiales.

Jake, quien hasta ese momento había estado callado, intervino con un tono pensativo: —Supongo que eso explica algunas cosas… Como por qué ciertos agentes tienen habilidades más avanzadas que otros, incluso si fueron expuestos a la misma piedra.

Megumi lo miró de reojo y sonrió ligeramente.

—Exacto.

No todo es justo en este mundo, ¿sabes?

Algunos tienen ventajas naturales, pero eso no significa que los demás no puedan alcanzarlos con esfuerzo y entrenamiento.

Bueno eso es lo que nos decía Ramona porque la jefa Adía no paraba mucho en la base.

Choy bajó la cabeza, visiblemente decepcionado, mientras murmuraba para sí mismo: —Supongo que nunca tendré esa oportunidad… Choy bajó la cabeza, visiblemente decepcionado.

—Entiendo… —murmuró en voz baja, dejando escapar un suspiro triste.

—A todo esto, ¿cómo se llaman ustedes?

—preguntó el profesor Kile, rompiendo el silencio con su tono amable pero curioso—.

Yo me llamo Kile, y ellos son Michele… —dijo señalando a la joven piloto—, esa chica es una gran aviadora.

Ese es su amigo Choy, que no para de hablar, y este es mi pasante, Philip.

Akira, quien seguía algo molesto con Tron, respondió brevemente: —Ellos son Akira, ese niño como ya les dije, y ella es buscando en base Megumi.

—Gracias por presentarnos, Tron —dijo Akira con un tono irónico, lanzándole una mirada fulminante al robot.

—Bueno, si ya acabaron con divulgar información, es momento de irnos —intervino Jake con urgencia, cruzándose de brazos mientras observaba a los demás.

—Hay que volver a subir —indicó Choy, arrastrando las palabras con desgana—.

Me da flojera volver por donde vinimos… Megumi, sin embargo, tenía otra idea.

—No necesariamente.

Puedo crear una plataforma de tierra e irnos por donde vine.

Soy una maga de tierra —explicó con orgullo, levantando una mano mientras empezaba a formar una estructura bajo sus pies.

—¿De verdad eres una maga de tierra?

¡Eso es genial!

Y hacer esa plataforma también lo es —exclamó Choy, impresionado por la habilidad de la joven.

En ese momento, el auricular resonó al otro lado con un tono apresurado: —¡Hola, agente sombra!

Jake se llevó el comunicador al oído, frunciendo ligeramente el ceño mientras respondía: —¿Quién es?

—Habla Nubia, la secretaria del general.

Algo pasa con el general; no me responde.

Por favor, ve y dale tu apoyo —dijo ella con urgencia.

Jake pregunto ¿Y la señora Hela?

—Está en reunión con los demás del grupo —respondió ella sin titubear.

Nubia suspiró aliviada, aunque su voz seguía cargada de preocupación: —El general me dio este comunicador en caso de alguna emergencia, y creo que esta es una.

No sé por qué puedo contactarte a ti específicamente, pero eso es bueno.

¿Estás cerca del general?

Jake hizo una breve pausa antes de responder, su tono tranquilo pero serio: —Bueno, en el mismo lugar, pero abajo.

Acabamos de desactivar a los robots psicóticos de Zeus.

¿Puedes revisar si todo está bien en el mundo?

Al otro lado de la línea, Nubia hizo una pausa audible, como si estuviera procesando la información.

Finalmente, su voz regresó, un poco más calmada pero aún tensa: —Sí, gracias.

Aquí los robots comenzaron a desactivarse.

Jake bajó lentamente el comunicador, su mirada perdida en algún punto lejano mientras murmuraba para sí mismo: —Ya veo… Entonces también ellos usaban esos chips… —Una leve sonrisa apareció en su rostro mientras conectaba las piezas en su mente—.

Eso es bueno.

Si allá se apagaron, en el mundo también deberían haberse detenido.

Megumi intervino con curiosidad, inclinando ligeramente la cabeza mientras miraba a Jake: —Oye, ¿cómo te puedes comunicar con alguien de afuera?

Acaso el aullido del lobo no destruyó tu comunicador.

Jake se ajustó el auricular, como si estuviera pensando en cómo explicarlo.

—Me imagino que debe ser porque estuve inmerso en las sombras —respondió, su tono tranquilo pero reflexivo.

Megumi asintió lentamente, procesando la información.

—Entiendo —dijo ella, antes de continuar con una pequeña sonrisa—.

Entonces…

¿Deseo comunicarme con alguien de la agencia también?

¿Podemos hacerlo desde aquí?

Jake negó con la cabeza, cruzándose de brazos mientras su expresión se volvía un poco más seria.

—Ya lo intenté, pero no contestan —respondió, dejando entrever cierta frustración en su tono.

—Vaya, subir con esa plataforma nos demoraría demasiado, y creo que arriba nos necesitan urgentemente eso es lo que presiento indico Jake.

—¿Y qué sugieres, genio?

—preguntó Michele con sarcasmo, cruzándose de brazos.

Jake sonrió confiado.

—Bueno, están todos cerca de mí, así que… vámonos.

—De pronto, las sombras bajo los pies de todos comenzaron a moverse, envolviéndolos lentamente hasta hundirlos por completo.

—¡¿Qué es esto?!

—gritaron todos los presentes, cerrando los ojos instintivamente mientras sentían cómo las tinieblas los rodeaban.

—Llegaremos rápido.

Me conectaré a la sombra de su amiga Melisa —explicó Jake, aunque no dejó que Choy ni Michele terminaran de protestar.

En un abrir y cerrar de ojos, el grupo apareció detrás de Melisa.

Jake fue el primero en abrir los ojos, pero lo que vio lo dejó paralizado.

—¡Oh, no!

Es peor de lo que imaginé… —susurró, su rostro pálido al ver la escena escalofriante frente a él.

Todos los que lo acompañaban abrieron los ojos poco después, y casi al unísono, sus caras reflejaron horror absoluto ante lo que estaba ocurriendo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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