El sistema del perro agente - Capítulo 157
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157: Sospecha, Sospechosa 157: Sospecha, Sospechosa Los demás equipos que escucharon las órdenes de Marie sobre apoyar a los civiles fueron los equipos que aún quedaban en pie, como el equipo I.
A pesar de las bajas sufridas, decidieron cumplir con su deber.
Sin embargo, tras la pérdida de su líder, Olaf, el ánimo del equipo estaba por los suelos.
Xen, quien controlaba el cuerpo de Eliot, tenía otros planes.
Sabía que la base había sido atacada por lo dicho por Marie en la comunicación y veía la oportunidad perfecta para recuperar el material robado.
Así que, usando la voz de Eliot dentro del cuero de este, habló: —Creo que lo mejor es regresar a la base.
Ya no podemos hacer mucho por nadie —dijo, intentando sonar convincente.
Anais, al escuchar esas palabras, sintió que algo dentro de ella se resquebrajaba.
Inspiró profundamente, tomando aire para calmarse antes de hablar.
Como la siguiente en la línea de mando tras la muerte de Olaf, sabía que no podía permitirse dudar.
No ahora.
Con firmeza, levantó la voz, dejando que su determinación resonara entre los presentes: —Estamos tristes porque perdimos a nuestro gran líder… pero ¿qué valor le podemos dar al sacrificio de Olaf si nos vamos a refugiar en la base como unos cobardes?
Él, si estuviera vivo, nos diría que fuéramos a combatir sin lugar a dudas.
Acabamos de enfrentarnos a los controlados… ¡y sobrevivimos!
A qué costo, lo sabemos bien.
Pero lo hicimos.
Aunque no los vencimos, seguimos en pie.
¿Qué nos hace pensar que no podremos con unos robots?
Su voz vibraba con una mezcla de dolor y convicción, cada palabra cargada de la fuerza que intentaba inculcar en su equipo.
Los miró uno por uno, asegurándose de que sus ojos transmitieran la misma resolución que sus palabras.
Eliot, o más bien Xen dentro de él, intentó interrumpir: —Pero estamos heridos… Sin embargo, Anais no dejó que terminara.
Su tono era ahora apasionado, lleno de convicción: —¡Lo sé!
Estamos heridos, cansados y destrozados… pero si podemos salvar vidas con eso, me conformo.
Además, pertenecemos a una gran unidad, la unidad “I”.
No podemos rendirnos.
Cris, emocionada por las palabras de Anais, comenzó a aplaudir.
Con determinación en sus ojos, exclamó: —¡Líder Anais de la unidad “I”, ¡estoy contigo!
Y por Olaf, lo haré sin dudarlo, él lo hubiera querido así.
Uno a uno, los miembros del equipo comenzaron a reaccionar.
Primero Miguel, luego Berta, Patricia y, finalmente, Travis, quien miró fijamente a Eliot antes de decir: —Lo haré… por nuestra nueva jefa y por Olaf.
Dentro de Eliot, Xen pensó con frustración: Los mataría a todos aquí y ahora, pero sería demasiado sospechoso.
Mi amo aún no me contacta… Les seguiré el juego un poco más.
Eliot, bajo el control de Xen, forzó una sonrisa y asintió: —Ya que… Por Olaf y por nuestra nueva líder, Anais.
Anais, satisfecha, asintió con firmeza: —Bien, ¿por dónde empezamos?
—Estamos en las costas de España, cerca del límite con Portugal.
Empecemos por esa ciudad a lo lejos que parece estar en llamas —indicó Anais, señalando hacia el horizonte.
Todos se prepararon para desembarcar.
Por suerte para ellos, la nave que Eliot encontró bueno la que le dio el otro Eliot no había sufrido el mismo destino que otras, convirtiéndose en un robot asesino.
Una vez en tierra, Patricia sacó unos binoculares para evaluar la situación.
—¡Miren!
—exclamó, señalando hacia adelante.
Dos personas corrían desesperadas, siendo perseguidas por lo que parecía una lavadora robótica y un horno microondas armados hasta los dientes.
Anais no dudó ni un segundo: —Creo que es hora de actuar.
Den la orden de disparar.
Berta y Miguel abrieron fuego con sus rifles, coordinando sus disparos con precisión.
Las balas impactaron directamente en los chips de las máquinas, desactivándolas al instante.
—¡Bien hecho!
—gritó Cris, emocionado.
La pareja que huía se detuvo, visiblemente aliviada, y les gritó desde la distancia: —¡Muchas gracias!
Anais se acercó rápidamente y les indicó: —Refúgiense en un lugar alejado de la tecnología, como esta playa.
Es más seguro.
La pareja asintió y corrió hacia donde les indicó.
El equipo I, liderado ahora por Anais, se preparó para continuar su misión, con renovada determinación.
—¿Ves algo más, Patricia?
—preguntó Travis, cuya mirada seguía fija en Eliot con una desconfianza que crecía a cada minuto.
Desde su regreso de aquella misión en los bosques, el comportamiento de su amigo había cambiado drásticamente.
Además, conseguir una nave enemiga tan fácilmente levantaba demasiadas sospechas y preguntas que no dejaban de rondar su mente.
No podía quitárselo de la cabeza.
—No, no hay nada al frente —respondió Patricia tras unos segundos de observación con sus binoculares, ajustando el enfoque mientras barría el horizonte.
—Bien, entonces debemos adentrarnos más —interrumpió Anais con firmeza, cortando cualquier conversación secundaria y reafirmando su liderazgo con un tono que no admitía réplicas.
Todos comenzaron a caminar en dirección a la ciudad en llamas.
Travis, aprovechando un momento a solas con Eliot, se le acercó discretamente.
—¿Te sientes bien?
—le preguntó, examinándolo de cerca.
Eliot sonrió con naturalidad, aunque dentro de él, Xen estaba alerta ante cada palabra y gesto.
—Sí, estoy de lo más normal.
Más bien, discúlpame por ser el aguafiestas y no querer seguir con la misión antes sentí miedo y debilidad.
También me chocó lo del jefe, pero si hay que salvar vidas, hay que hacerlo —respondió, notando cómo Travis no dejaba de observarlo ni por un segundo.
Travis asintió lentamente, sin convencerse del todo.
—Tienes razón… También te debo una disculpa.
Ha de ser por todo lo que nos ha pasado, pero presentía que estabas muy distante.
Eliot colocó su mano adelante, extendiéndola para un apretón amistoso.
—Sí, quizá fueron todas las cosas que pasaron las que cambiaron un poco mi forma de ser.
Pero seguimos siendo amigos, ¿no?
—Sí —respondió Travis, aceptando el saludo.
Sin embargo, ambos sintieron algo extraño en ese gesto, como si fuera fingido, como si supieran que algo andaba mal.
Miguel apareció de repente, rompiendo el incómodo silencio.
—Bueno, ¿la parejita ya terminó de arreglar sus cosas?
—dijo con tono burlón, al ver que ambos se habían quedado rezagados.
—Sí, todo bien.
Solo estábamos aclarando unas cosas —respondió Eliot rápidamente, adelantándose para evitar más preguntas.
Cuando Eliot se alejó, Miguel se giró hacia Travis.
—¿Qué pasa contigo?
Te veo preocupado.
Travis bajó la voz, asegurándose de que nadie más escuchara.
—Hay algo que no me cuadra de Eliot.
Es como si fuera otra persona desde que volvió, y las cosas que han pasado últimamente no ayudan.
Miguel se encogió de hombros con despreocupación.
—Tranquilo, seguro está en sus días.
Ya verás que se le pasará lo dijo en tono de burla.
Pero Travis no estaba convencido.
—El Eliot que yo conozco nunca dejaría de realizar una misión, incluso ante la adversidad.
Miguel lo miró con una expresión más seria.
—Si gustas, le echaré un ojo por ti.
—Bien, pero debes tener cuidado —advirtió Travis antes de continuar caminando.
Dentro de Eliot, Xen reflexionaba fríamente sobre la situación.
Algo debe estar pasando con este tonto.
Debe de sospechar algo.
Será mejor que siga indagando en los pensamientos de Eliot para no revelar nada que me ponga en riesgo.
Tengo que recuperar ese objeto para el amo.
Xen sonrió internamente mientras analizaba sus opciones.
Si sigue así, puede que necesite darle de baja.
Y qué mejor oportunidad que en el campo de batalla.
Podría decir que uno de esos robots le disparó o algo así.
Sí, eso haré.
Una risa fría resonó en su mente mientras consideraba las posibilidades.
No puedo matar a todos porque sería algo inusual que solo yo regrese.
Lo verían como una coincidencia, como lo que pasó en el bosque.
Pero eliminar a uno… No hay problema.
Por fuera, Eliot continuaba caminando como si nada, mostrando una calma impecable mientras ocultaba los oscuros planes que se gestaban en su interior.
—¡Miren, ahí hay personas que necesitan nuestra ayuda!
—indicó Patricia al ver a través de los binoculares cómo más robots se acercaban hacia ellos.
—¡Todos, listos al ataque!
—ordenó Anais con firmeza, su voz cortando el aire como un látigo mientras ella y Cris abrían fuego contra los robots que avanzaban implacablemente.
Las balas trazaban líneas luminosas en el aire, impactando con precisión en los puntos débiles de las máquinas.
Miguel, posicionado estratégicamente en lo alto de una pequeña elevación, cubría a sus compañeros desde atrás con ráfagas precisas de su arma, actuando como todo un francotirador.
Cada disparo encontraba su objetivo, desactivando a los robots más peligrosos antes de que pudieran acercarse demasiado.
Su concentración era absoluta, con el ojo pegado a la mira telescópica, asegurándose de que nadie en su equipo quedara desprotegido.
—Berta, tú y Travis vayan por los civiles —indicó Anais, señalando hacia un grupo de personas atrapadas.
—¡Sí!
—respondieron ambos al unísono.
Pero entonces, algo inesperado ocurrió: Eliot se adelantó corriendo hacia las dos personas que estaban en el suelo, gritando: —¡Vengan por aquí!
Travis y Berta no tuvieron más opción que seguirlo y cubrirlo mientras él se adentraba en la zona peligrosa.
—¿Pero qué demonios…?
Hace rato quería irse a la base y ahora está corriendo como si nada para salvar a estas personas.
¿Estoy mal o es que realmente está volviendo a ser el mismo Eliot?
—pensó Travis, confundido ante el cambio repentino en su compañero.
—¡Ahí vienen más enemigos!
—gritó Miguel mientras cargaba su arma rápidamente, uniéndose al fuego cruzado junto a Patricia, quien también había entrado en acción.
Eliot, mientras tanto, ayudaba a levantar a los civiles heridos.
Se giró hacia Travis y le dijo: —¡Dame una mano, amigo!
Necesitamos sacar a estas personas del peligro.
Travis, sin pensarlo dos veces, lo ayudó a rescatar a más personas, llevándolas a un lugar seguro, lejos de los robots que aún intentaban atacar.
De la nada, un robot emergió de las sombras y se abalanzó sobre Travis, con unas garras afiladas como cuchillos que brillaban bajo la luz tenue.
El tiempo pareció detenerse mientras Travis gritaba en el suelo: —¡Eliot, ayuda!
Eliot dudó por un instante, paralizado.
En su interior, Xen aprovechó el momento para murmurar con frialdad: “Es mi oportunidad de acabarlo… Solo necesito fingir que fue una bala perdida tratando de acabar con el robot que se movía muy rápido.” Pero antes de que Xen pudiera actuar, una voz débil pero firme resonó dentro de Eliot.
Era él mismo, luchando por tomar el control, aunque fuera por unos segundos.
Con un esfuerzo sobrehumano, Eliot levantó su arma y disparó al robot justo a tiempo, salvando a Travis de ser atravesado por las garras letales.
Xen, furioso por la interferencia, aumentó su influencia dentro de Eliot, rugiendo: “¡Yo soy quien controla, tonto!” El cuerpo de Eliot se sacudió violentamente, como si una tormenta interna lo estuviera desgarrando.
Por unos momentos, quedó completamente inmóvil en el exterior, con una expresión vacía que desconcertó a los demás.
Acto seguido, Xen recuperó el control del cuerpo de Eliot y se acercó a Travis con una sonrisa calculada.
—¿Estás bien?
—preguntó, fingiendo preocupación.
Travis asintió, aún algo alterado, pero le respondió con gratitud: —Sí… gracias.
Aunque Travis no lo notó, la sonrisa de Eliot tenía un dejo de frialdad que no alcanzaba sus ojos.
Finalmente, lograron eliminar a todos los robots en esa zona.
Las personas que habían salvado se acercaron para agradecerles efusivamente.
—¡Muchas gracias!
No sabemos qué hubiera pasado si ustedes no llegaban a tiempo —dijeron, visiblemente emocionadas.
El equipo se preparaba para continuar hacia el siguiente poblado cuando Travis se acercó a Eliot.
—Te debo una disculpa por desconfiar de ti.
Pensé que eras otra persona, pero veo que solo necesitabas tiempo.
Sigues siendo tú mismo —dijo Travis, ofreciéndole una sonrisa sincera.
Internamente, Xen sonrió con frialdad dentro de Eliot.
—Sí, tienes razón, amigo —le dijo Eliot a Travis con una sonrisa aparentemente sincera, aunque dentro de él, Xen pensaba con desprecio: “Qué ingenuo eres… Y yo que casi te mato.” Una risa cínica resonó en su mente mientras continuaba reflexionando: “Creo que me lo saqué de encima con esa tonta maniobra de ayudar a los demás y salvarlo con ese robot que ‘apareció de la nada’.
Fingir heroísmo siempre funciona.
Ahora tengo su confianza nuevamente.” Xen disfrutaba de su propia astucia, saboreando cómo había logrado engañar a Travis y al equipo sin levantar sospechas.
Para él, cada acción era un movimiento estratégico en su juego más grande.
En ese momento, las personas jalaron a Eliot para darle las gracias y entregarle un pequeño regalo como muestra de gratitud, alejándolo momentáneamente de Travis.
Entonces, Miguel apareció detrás de Travis y le tocó la cabeza con una sonrisa burlona.
—Ya ves, te lo dije.
En cualquier momento iba a volver a ser el Eliot que conoces.
Te estabas preocupando de más —dijo Miguel con tono relajado.
—Creo que sí… Me volví paranoico.
Bueno, el líder Olaf me dijo que le echara un ojo, y eso me dio más razones para hacerlo cuando vi cómo se estaba comportando.
Pero veo que solo fue una fase y ya volvió a ganar confianza en sí mismo.
Está siendo el de antes —respondió Travis, rascándose la nuca con cierto nerviosismo.
—Un momento… ¿Olaf te dijo eso?
—preguntó Miguel, repentinamente serio.
—Sí, pero creo que su corazonada no era del todo acertada —indicó Travis, tratando de restarle importancia.
Miguel frunció el ceño y cruzó los brazos.
—No lo sé, amigo —dijo Miguel con una mirada penetrante, su voz cargada de gravedad mientras sostenía la mirada de Travis—.
Si el jefe te lo encomendó sus corazonadas siempre eran acertadas, entonces debe haber algo detrás de todo esto.
Es mejor estar en alerta.
Miguel dejó sus palabras resonar en el aire, asegurándose de que Travis entendiera que no compartía su tranquilidad.
Había algo en su tono, en la forma en que sus ojos se mantenían fijos, que transmitía más que una simple sugerencia: era una orden silenciosa para que volviera a estar alerta, para que no bajara la guardia tan fácilmente.
Travis asintió lentamente, sintiendo cómo el peso de las palabras de Miguel reavivaba sus dudas.
Tal vez tenía razón; tal vez confiar tan rápido había sido un error.
Anais llamó a todos con un gesto firme, reuniendo al equipo mientras evaluaba rápidamente la situación.
Con una mezcla de orgullo y determinación en su voz, les dijo: —Buen trabajo, equipo.
Ahora, vamos al siguiente lugar que tiene problemas.
Mientras hablaba, señaló hacia lo lejos, donde otra ciudad se perfilaba en el horizonte.
Desde esa distancia, podían ver columnas de humo elevándose hacia el cielo y destellos de luces intermitentes, signos claros de que allí también se libraba un enfrentamiento intenso.
El equipo, aunque exhausto, asintió con decisión, listo para continuar su misión.
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