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El sistema del perro agente - Capítulo 159

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159: Y Todo Se Hizo Luz 159: Y Todo Se Hizo Luz “¡Soy un dios todopoderoso!” La voz de Zeus resonó como un trueno, y su cuerpo irradió una luz cegadora que desgarró las sombras alrededor de Jake.

Las sombras que lo habían protegido hasta ese momento se disolvieron como humo bajo el sol.

Solo quedaron unos pequeños residuos de sombra adheridos a sus puños, pero incluso esos fragmentos parecían débiles, insuficientes para enfrentar el poder abrumador de Zeus.

“Tonto,” dijo Zeus con frialdad, su mirada cargada de superioridad.

“¿De verdad creíste que podrías derrotarme?

Desde el momento en que decidiste enfrentarme, ya habías perdido.” Su tono se suavizó brevemente, casi con un atisbo de admiración.

“Reconozco tu perseverancia y dedicación; tienes mi respeto.

Pero, lamentablemente, eso no será suficiente.” Zeus levantó la rodilla con una rapidez sobrehumana, apuntando directamente al estómago de Jake.

El joven reaccionó instintivamente, protegiéndose con los restos de sombra que aún cubrían sus manos.

Sin embargo, la fuerza del impacto fue devastadora.

La protección apenas amortiguó el golpe, que resonó como un martillazo contra su cuerpo.

Jake se dobló hacia adelante, sin aire, mientras Zeus lo agarraba del pecho con una mano firme.

El chico intentó respirar, pero su cuerpo no respondía.

La presión en su torso era insoportable, y sus ojos comenzaron a nublarse.

Zeus lo sostuvo frente a él, observándolo con una mezcla de desprecio y fascinación.

“Valiente hasta el final, niño.

Pero no eres rival para alguien como yo.

¿Qué te hizo pensar que podías enfrentar la luz con sombras?

Nadie puede igualarme ahora que soy perfecto.” “¡Suéltalo!” La orden del General resonó como un disparo en el aire.

Con movimientos rápidos y precisos, sacó una pistola de diseño único: una reliquia hecha con los mismos materiales avanzados que alguna vez guardó en el arsenal de la bóveda B-12.

Apuntó directamente a Zeus y disparó un rayo de energía tan potente que iluminó toda la escena.

Por un breve instante, Zeus perdió el agarre sobre Jake, quien cayó hacia atrás.

Leila no perdió tiempo.

Con un gesto fluido, utilizó su poder psíquico para atraer a Jake hacia ella, alejándolo del peligro.

Drake lo recibió en el aire y lo depositó suavemente en el suelo.

“¿Estás bien, Jake?” preguntó Drake, inclinándose sobre él.

Pero el muchacho no respondió.

Su mirada estaba perdida, su cuerpo paralizado por el shock causado por el golpe brutal de Zeus.

“Rápido, pídele a Eduard un poco de su brebaje,” indicó Drake con urgencia.

Leila asintió y corrió hacia Eduard, quien ya estaba preparado.

Con eficiencia, le entregó un frasco pequeño lleno de un líquido brillante y dorado.

Regresó junto a Jake y, con cuidado, intentaron hacerlo beber.

El brebaje bajó con dificultad, y por un momento pareció que el joven se atragantaría.

Pero luego, lentamente, comenzó a recuperar el color en su rostro.

Sus ojos parpadearon antes de cerrarse por completo.

“Está vivo,” anunció Drake después de comprobar su pulso.

“Menos mal,” suspiró Leila, limpiándose el sudor de la frente con el dorso de la mano.

Mientras tanto, Zeus observaba la escena con una sonrisa burlona.

“Vaya, general.

No huiste después de todo.

Pensé que eras un cobarde, pero veo que estás mejor gracias al brebaje mágico de Eduard.

Bueno, eso no importa.

Todos perecerán aquí de todas formas.” El General ajustó algo en su pistola.

Un contador numérico en el costado del arma comenzó a ascender lentamente, acompañado por un zumbido eléctrico que reverberó en el ambiente.

Los números llegaron al cien.

“Normalmente, con esta carga podría matar a cualquier ser superpoderoso,” murmuró el General, su voz cargada de determinación.

“Pero contigo, no tengo otra opción.” Apuntó nuevamente y disparó.

Esta vez, el rayo fue diferente: más intenso, más crudo, como si las doce armas del arsenal de la bóveda B-12 hubieran sido condensadas en un solo proyectil.

El impacto fue cataclísmico.

Zeus gritó de dolor mientras su cuerpo se retorcía bajo la fuerza del ataque, su luz titilando como una estrella moribunda.

“¡Vaya, general!

¡Se la tenía escondida!” exclamó Drake en voz alta, aunque sus pensamientos eran muy distintos.

Este maldito general tiene un arma capaz de aniquilar a cualquiera.

Menos mal que todavía está de nuestro lado… por ahora.

Zeus se tambaleó, visiblemente debilitado.

El General dio un paso al frente, su postura imponente.

“Ja.

Con eso ya no te podrás mover.

Y esta vez, te tengo.” Una sonrisa satisfecha cruzó su rostro.

“Guardé lo mejor para mí, como siempre.

Ríndete, Zeus.

Es tu fin.” El grito de dolor de Zeus se desvaneció tan rápido como había comenzado, reemplazado por una risa escalofriante que resonó en el aire como un eco infernal.

La sonrisa burlona en su rostro se volvió más pronunciada mientras se ponía de pie con una facilidad insultante.

“¿Tonto?” Su voz era un susurro venenoso.

“Esa cosa ni siquiera me hizo cosquillas.

Solo fingí para ver sus rostros de satisfacción… y ahora, disfrutaré aún más sus expresiones de terror.” Con un simple movimiento de su dedo índice, lanzó un rayo invisible que impactó directamente en la pistola del General.

El arma explotó en un estallido de luz y energía, lanzando al veterano varios metros hacia atrás.

El humo flotaba en el aire como fantasmas derrotados.

Zeus miró a su alrededor con desdén, su presencia imponente paralizaba a todos.

“¿Alguien más quiere hacerse el héroe?” Nadie respondió.

Sus palabras eran una sentencia ineludible.

La fortaleza abrumadora de Zeus, combinada con la impotencia de sus adversarios ante su poder, los dejó petrificados.

Incluso el arma más avanzada no había logrado detenerlo.

¿Qué podían hacer ellos?

“Vaya,” dijo Zeus con tono burlón, caminando lentamente entre los supervivientes.

“Pensé que iban a resistirse un poco más, pero veo que ya han aceptado su destino.” Una sonrisa cruel cruzó su rostro.

“Bien, dejémonos de juegos.

Tengo cosas que hacer.

Es hora de que mueran.” Sus ojos brillaron con una intensidad sobrenatural mientras observaba a sus víctimas, cuyas miradas reflejaban tanto tensión como resignación.

Con un movimiento fluido, sacó un rayo gigantesco de su espalda, tan grande como su brazo.

La estática eléctrica que lo rodeaba crepitaba, distorsionando el aire a su alrededor.

Parecía desafiar la gravedad mientras flotaba en el aire, sosteniendo el rayo en su mano izquierda.

“¡Pobres tontos!

¡Perdedores!” gritó Zeus desde arriba, su voz retumbando como un trueno.

“Este es el fin.” Drake apretó los dientes y murmuró con urgencia: “Va a destruir el lugar.” El General, quien apenas se recuperaba de la explosión, respondió con pesar: “Es nuestro fin, muchacho.” Ezequiel se acercó a Adía, desesperado.

“¿No puedes hacer algo para detener esa cosa?” Adía negó con la cabeza, sus ojos llenos de frustración.

“Mi magia ni siquiera le hizo nada antes.

Además, él conoce mis habilidades…

Y ahora es mucho más poderoso después de absorber los poderes de Geros.

Creo que este es el final.” Billy, con lágrimas en los ojos, contempló el cuerpo inerte del Lobo Galáctico.

“No quiero morir tan joven…” murmuró, su voz temblorosa.

Elena, mirando el rayo que descendía lentamente, habló con un tono lleno de remordimiento.

“Lo siento, Aiden.

No pude pedirte perdón como debía ni reparar nuestra desastrosa cita.

Pensé que tendría otra oportunidad.” María, con una sonrisa triste, añadió: “Lo siento, Aiden.

Me hubiera gustado enseñarte a andar en bicicleta, pero creo que ya no será posible.” Los otros dos chicos la miraron sorprendidas.

“¿No sabía?” preguntaron al unísono.

“Sí, pero era un pequeño secreto,” admitió María encogiéndose de hombros.

“Pero ahora que vamos a morir…

ya fue.” Billy sollozó aún más fuerte mientras recordaba al perrito Podbe.

“Pobre Podbe también…

Tuvo su momento y se reencontró con Aiden al final.” Los tres chicos se abrazaron, llorando silenciosamente.

Drake miró a Adía, quien respondió con una mirada amable pero cargada de resignación.

Sus ojos reflejaban una mezcla de tristeza y aceptación, como si ya hubiera hecho las paces con lo inevitable.

Todos intercambiaron miradas llenas de emociones encontradas: miedo, tristeza, arrepentimiento.

Incluso Riota y Benjamín, quienes siempre habían sido amigos cercanos, se abrazaron en un gesto de solidaridad silenciosa.

Gat colocó su mano sobre la cabeza de Riota, acariciándolo suavemente, como si quisiera brindarle un último gesto de cariño antes del final.

Choy rompió el silencio con un susurro apenas audible, su voz temblorosa por el peso de la situación.

“Ahora sí… este va a ser nuestro fin.” Michele asintió lentamente, su rostro pálido y sus palabras cargadas de resignación.

“Creo que sí.

Si ni siquiera los agentes con poderes pueden detenerlo, estamos completamente perdidos, además de bloquear la ruta de escape.” Melisa levantó la vista hacia el rayo incandescente que descendía inexorablemente, como si fuera un sol en caída libre.

“¿No hay nadie que nos salve?” preguntó, aunque en el fondo sabía que la respuesta era obvia.

Ian y Creg le tocaron el hombro al mismo tiempo, en un gesto de apoyo silencioso pero firme, prometiendo estar con ella hasta el último momento.

El profesor Kile y Philip compartieron un breve pero significativo momento.

“Fue un gusto trabajar para usted, señor,” dijo Philip con solemnidad, su voz llena de respeto y gratitud.

El profesor sonrió débilmente, sus ojos cansados pero tranquilos.

El Mayor Mike intentó incorporarse del suelo, tambaleándose y dejando rastros de sangre en su camino.

Su respiración era entrecortada, pero aun así logró hablar con voz ronca: “Fue un honor servir bajo su liderazgo, general.” Un hilo de sangre escapaba de la comisura de sus labios, brillando bajo la luz sobrenatural que inundaba el lugar.

Becky se acercó corriendo hacia Adrián, su jefe, con una última esperanza desesperada brillando en sus ojos.

“¿No podemos hacer algo, señor?” Adrián simplemente le tocó la cabeza con ternura, su gesto cargado de compasión, pero también de aceptación.

Sabía que no había escapatoria.

“Así nos movamos, esa cosa destruirá medio continente,” murmuró Adrián mientras activaba un dispositivo en su muñeca.

Una pantalla holográfica apareció frente a él, mostrando mediciones alarmantes de la magnitud del rayo que Zeus estaba a punto de lanzar.

Los números eran escalofriantes, confirmando lo que todos ya sospechaban: estaban ante una fuerza destructora sin precedentes.

Zeus flotaba cerca del hoyo por donde había bajado el General y los demás, su figura irradiaba un poder absoluto que parecía desafiar las leyes de la naturaleza.

Miró hacia abajo con desprecio, sus ojos brillando como brasas ardientes.

“Adiós,” dijo con frialdad, su tono cargado de desdén.

“Salúdame a tu nieto y a nuestro padre en el infierno, Draki.” El rayo en su mano se cargó con una energía devastadora, brillando como un sol artificial que iluminaba todo a su alrededor.

Con un movimiento elegante y calculado, lo lanzó hacia el suelo.

El impacto fue cataclísmico.

El estruendo resonó como mil truenos al unísono, sacudiendo el aire y la tierra.

Todo se iluminó de blanco, una luz tan intensa que parecía consumir incluso el tiempo y el espacio.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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