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El sistema del perro agente - Capítulo 170

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  3. Capítulo 170 - 170 Lagos Sumergido
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170: Lagos Sumergido 170: Lagos Sumergido En lo que quedaba del edificio, el miedo flotaba como una neblina densa, envolviendo a todos los que permanecían allí.

Sus respiraciones entrecortadas se mezclaban con el crujido de los escombros bajo sus pies.

Frente a ellos, una figura oscura emergió de entre las sombras.

Vestida completamente de negro, con una capucha que ocultaba su rostro y un objeto largo y afilado en su mano, parecía sacada de las historias más antiguas sobre la muerte.

El aire vibró con el eco de susurros asustados.

Algunos cerraron los ojos, convencidos de que la parca había venido personalmente por ellos.

Pero entonces, una voz rompió el silencio.

—¿Qué les pasa?

No soy quien creen que soy —dijo la figura encapuchada mientras avanzaba hacia ellos con pasos cautelosos.

Cuando cruzó un rayo de luz que se filtraba por los restos del techo, todos pudieron verla mejor.

Lo que habían confundido con una guadaña no era más que un báculo adornado con listones largos y oscuros, cuyos bordes brillaban sutilmente al moverse.

El brillo metálico danzaba en las sombras, creando ilusiones fugaces que alimentaban aún más el temor.

—Tranquilos, ya pasó.

Soy la agente A-11 del equipo de agentes especiales, y he venido a salvarlos —anunció la figura antes de levantarse la capucha.

Lo que vieron fue una máscara de esqueleto, tan realista que algunos gritaron y otros simplemente se desplomaron inconscientes.

En ese momento, otra voz femenina resonó desde arriba.

—¡Oye!

¿Tienes que asustar así a los civiles?

Desde el cielo descendió otra figura, esta vez vestida con un traje de seda verde que ondeaba con elegancia al compás del viento.

Sus botas relucían bajo la luz tenue, y su cabello morado, trenzado con puntas doradas, capturaba destellos imposibles.

Sus ojos caramelo brillaban con intensidad, contrastando con su piel clara.

La recién llegada aterrizó con gracia frente a la multitud, cruzándose de brazos.

—Espera… ¿por qué no estás usando una máscara en público?

Se supone que debemos mantener nuestras identidades ocultas —reclamó la encapuchada, ahora revelada como A-11.

La chica de cabello morado sonrió con picardía, señalando un pequeño dispositivo en su cuello.

—No importa.

Con este accesorio que me dieron, tú y los demás agentes pueden verme tal como soy, pero para el resto, tengo otro rostro.

¿No es genial?

—explicó B-4, de apenas 20 años, con un tono juguetón.

A-11 suspiró, resignada.

—Si tú lo dices… B-4 le lanzó una pegatina similar.

—Toma, úsala.

Así podrás quitarte esa máscara sin problemas.

Con algo de reticencia, A-11 se colocó la pegatina en el cuello y retiró la máscara de esqueleto.

Debajo, apareció una joven de unos 16 años, de cabello negro corto con puntas verdes y ojos azul oscuro que reflejaban una mezcla de seriedad y curiosidad juvenil.

—Ya ves, te ves bien.

Y para ellos, luces como otra persona cualquiera —comentó B-4, mostrándole un pequeño espejo.

A-11 observó su reflejo y, efectivamente, vio a alguien diferente.

Una sonrisa casi imperceptible asomó en sus labios.

—Está bien… Ahora, ¿cómo sacamos a estas personas de aquí?

—preguntó, mirando a su compañera.

B-4 asintió y extendió las manos hacia los civiles.

Uno a uno, comenzaron a elevarse del suelo como globos inflados, sus cuerpos adquiriendo una ligereza irreal.

Luego, una enorme mano metálica surgió del cielo, envolviéndolos con delicadeza y asegurándolos antes de transportarlos a un lugar seguro.

Mientras tanto, una tercera voz masculina interrumpió la escena.

—Vaya, señoritas.

Están reunidas aquí… Y no veo a tu novio, B-4 —dijo el recién llegado, con un tono ligeramente burlón.

—¡Ah, cállate, Patrick!

Le respondió B-4.

Sabes que estamos encubiertos.

Deberías llamarme D-3 —respondió Patrick, molesto, mientras ajustaba su armadura verde oscuro.

Su rostro, marcado por facciones fuertes pero juveniles, combinaba con sus ojos verdes oscuros y cabello del mismo tono.

B-4 río.

—Bueno, ya no hay gente aquí.

Los llevaste a otro lugar, ¿verdad, Dove?

—Sí, mejor dejemos los números y letras de lado.

Me cansé de todo ese numerito —dijo Dove, sonriendo ampliamente.

—Tienes razón —coincidió Hela, mirándola de reojo con una expresión algo divertida.

—Dejen el numerito para después; es tiempo de pelear.

No voy a hacer todo solo —indicó otra voz.

Desde las sombras emergió un sujeto vestido como un policía, con un uniforme azul impecable.

Era Tommy, cuyo código de agnete era B-7.

Su tono era firme pero cargado de sarcasmo mientras ajustaba el mondadientes entre sus dientes.

—No estábamos perdiendo el tiempo, Tommy Tingwel —replicó Hela Nightwhisper con frialdad, cruzándose de brazos.

—Y, por cierto, ¿dónde te habías metido, amado mío?

—interrumpió Dove Windflier, con una sonrisa traviesa dibujada en su rostro.

Tommy era alto, con una constitución atlética que reflejaba disciplina y fuerza.

Una pequeña cicatriz adornaba su mejilla derecha, y su cabello rubio corto le daba un aire juvenil a pesar de sus 26 años.

Mantenía siempre ese mondadientes en la boca, como si fuera una extensión de su personalidad relajada pero letal.

—Pues, ¿qué crees, Dove?

Estaba peleando contra esas máquinas… Pero tienen una coraza resistente —respondió Tommy, señalando hacia donde había estado luchando.

—Al menos estoy peleando, no como tú, señorita asusta-personas —añadió Tommy, mirando a Hela con una ceja levantada.

—¡Ey!

Yo no estaba asustando a nadie.

Así hago mis entradas —se defendió Hela, señalando su báculo con orgullo.

En ese momento, Patrick Lightgreen interrumpió, señalando al cielo con urgencia.

—Pues es mejor que salten ahora.

¡Miren eso!

Una enorme mano metálica venía directamente hacia ellos, amenazando con aplastarlos.

Dove reaccionó al instante, envolviendo a Tommy con su poder de densidad y elevándolo en el aire mientras volaba velozmente.

Al mismo tiempo, Patrick activó un jetpack oculto en su espalda y elevó a Hela justo a tiempo.

—Eso estuvo cerca —murmuró Hela, observando cómo la gigantesca mano de huesos que había creado era reducida a polvo por el impacto.

Finalmente, aterrizaron sobre otro edificio cercano.

Desde allí, contemplaron el caos desatado: el edificio anterior había sido destruido, y frente a ellos se alzaba una criatura monstruosa.

Tenía tres cabezas feroces, cada una lanzando ataques distintos, y unas manos afiladas como cuchillas que destrozaban todo a su paso.

—Pero ¿quién creó esa cosa?

—preguntó Tommy, incrédulo.

—Ya puedes bajarme, cariño —pidió entonces, dirigiéndose a Dove.

—¡Oh!

Esta bein —respondió ella, liberándolo de su poder.

Tommy descendió al techo del edificio y, de su espalda, extrajo un rifle formado por sus propios huesos.

Apuntó hacia la bestia y disparó.

El proyectil golpeó una de las cabezas de la criatura, haciendo que rugiera de furia.

—Maldición… Creí que con eso bastaría, pero no —murmuró Tommy, frunciendo el ceño mientras recargaba su arma.

—¿Por qué no usas tu poder para hacerlo volar y levitar?

—sugirió Patrick, mirando a Dove.

—No puedo.

Es demasiada área que cubrir; me quedaría sin mana —respondió Dove, negando con la cabeza.

—Son un trío de inútiles —comentó Hela con desdén.

—¿Ah?, ¿sí?

¿Y qué vas a hacer tú?

¿Lanzarles a tus huesudos amigos?

—contraatacó Patrick, claramente irritado.

—¡No!

Tengo algo mucho mejor en mente —declaró Hela, plantando su báculo en el suelo con decisión.

Entonces, invocó: “BONE FIGHTER”.

De pronto, a su lado apareció un grupo de soldados esqueléticos armados con espadas brillantes, listos para el combate.

La criatura rugió con furia al verlos y, con sus garras afiladas, destrozó otro edificio cercano.

—Yo me encargo —anunció Dove, despegando hacia el cielo como un águila majestuosa.

Surcó los aires con velocidad y gracia, dirigiéndose hacia los civiles que aún flotaban en medio del caos.

Mientras tanto, Patrick utilizó sus nanomáquinas y su habilidad para manipular el hierro, creando estructuras metálicas en forma de toboganes para ayudar a aquellos que Dove no podía alcanzar.

Cada acción coordinada era un intento desesperado por salvar vidas en medio de la devastación.

Hela comandaba a sus tropas hacia el enemigo mientras los esqueletos guerreros avanzaban con valentía, aunque muchos eran destrozados o aplastados por las enormes garras de la bestia que se aferraba al edificio en ruinas.

Por su parte, Tommy cambió su rifle por un arco y comenzó a lanzar flechas hechas de hueso que explotaban al contacto, pero, aunque lograron impactar, no causaron daño significativo al gigantesco robot.

—¡Maldición!

No le hacemos nada —gritó Hela desde su posición, observando cómo sus soldados caían uno tras otro.

—Estoy de acuerdo contigo, pequeña —respondió Tommy con un tono medio burlón mientras esquivaba un gran pedazo del edificio que se desplomaba.

Al recuperarse, sacudió su sombrero, que había quedado atrapado entre unos cuantos rizos en la parte superior de su cabello rubio—.

¡Vaya!

Eso estuvo cerca.

Tommy ajustó su postura, mirando hacia la criatura con determinación.

—Debemos acercarnos más.

Si logramos que se enfoque en nosotros, los civiles estarán a salvo… Y también mi amada Dove —añadió, guiñando un ojo hacia ella.

—¡Oye, enamoradito!

¿Y yo estoy pintado o qué?

—intervino Patrick con aire indignado, cruzándose de brazos.

—Ah, claro, tú también —dijo Tommy, rascándose la nuca con una sonrisa torcida—.

Este, necro-maga, ¿no puedes lanzarle una maldición o algo así?

—Normalmente sí, pero esto es un robot.

No tiene alma ni nada de eso… ¿Entiendes?

Aunque puedo hacer esto: “BONES STORM” —respondió Hela, levantando su báculo.

De pronto, una tormenta de huesos emergió del suelo, golpeando al monstruo con fuerza.

La criatura se tambaleó durante unos segundos, pero rápidamente recuperó el equilibrio.

—Nada mal —comentó Tommy, asintiendo con aprobación—.

Pero si puedes hacerla más fuerte y grande, sería genial.

En ese momento, Patrick apareció junto a ellos, señalando hacia el horizonte.

—Ya terminamos con evacuar a los civiles.

Vamos a apoyarlos.

Patrick se posicionó frente a la bestia, creando rápidamente unos guantes metálicos con sus nanomáquinas y hierro.

—“Puños de Hierro” —declaró antes de lanzarse contra el pecho de la criatura con una fuerza devastadora.

El impacto fue tan poderoso que la bestia perdió el equilibrio y cayó desde lo que quedaba del edificio hacia el mar, levantando una enorme ola que amenazaba con convertirse en un tsunami.

—¡Es un tsunami, idiota!

—gritó Tommy, señalando la gigantesca masa de agua que avanzaba hacia los civiles.

—¡Maldición!

Mi error —reconoció Patrick, intentando crear una represa con sus nanomáquinas—.

Dove, ¿puedes ayudar?

Dove negó con la cabeza, volando a toda prisa hacia donde estaban los civiles.

—Son demasiados.

No podré salvarlos a todos a tiempo.

La ola ya estaba a punto de impactar contra los botes donde se encontraban los sobrevivientes.

En ese instante, Hela cerró los ojos y murmuró: —No hay otra opción… Pero esto me va a costar mucha mana.

“DEAD WALL”.

Un muro colosal hecho de huesos emergió del suelo, creciendo como un edificio y protegiendo a los pobladores del impacto.

Los civiles, atónitos, murmuraron palabras de gratitud, algunos llamándola “la muerte” y otros simplemente “la chica de negro”.

—Eso estuvo cerca —suspiró Dove, regresando junto al grupo.

—¿Tienes alguna idea más interesante, cerebrito?

—preguntó Tommy, mirando a Patrick con una ceja levantada.

—Lo siento… —respondió Patrick, bajando la cabeza.

—¡Dejen de pelear y venzan a esa cosa!

—exclamó Hela casi sin aliento, arrodillándose debido al agotamiento mágico.

La bestia de tres cabezas reapareció en el mar, con sus garras perforando los edificios cercanos mientras avanzaba inexorablemente.

Los gritos de pánico de la gente resonaban en el aire.

—¡Vayan, peleen contra ese monstruo y gánenle, muchachos!

—gritó Hela desde su posición—.

No sé por cuánto tiempo más podré mantener este muro.

—Bien, lo haremos —respondió Tommy con decisión.

—Pero que sea rápido —agregó Hela, tratando de incorporarse mientras luchaba contra el cansancio.

—Chicos, estuve revisando la estructura con mi escáner.

Debemos atacarla al mismo tiempo, directamente en sus hocicos —explicó Patrick, mostrando datos en una pantalla holográfica.

—Cada uno enfrente a una cabeza —ordenó Tommy, asumiendo el liderazgo—.

Yo me encargo de la derecha —anunció Patrick, elevándose en el aire.

—Yo de la izquierda —dijo Dove, preparándose para volar.

—Entonces solo me queda la del centro —concluyó Tommy—.

Solo asegúrense de que abran los hocicos a mi señal.

Yo me encargo del resto.

—¿Estás seguro de eso?

—preguntó Patrick, mirándolo con escepticismo.

—Si él lo dice, es cierto —intervino Dove con confianza—.

Él nunca falla.

—Está bien, está bien, bonita fe en tu novio… Pero podrían apurarse —presionó Hela, aún arrodillada mientras mantenía activo el muro de huesos.

Rápidamente, Dove extendió sus manos hacia Tommy, envolviéndolo con su poder para alterar su densidad.

Con un movimiento fluido, lo elevó en el aire y lo lanzó hacia uno de los escombros cercanos a la bestia.

—Ahora ve y haz tu parte —le dijo con firmeza antes de asentir con la cabeza y desaparecer en dirección a la cabeza izquierda del monstruo.

El equipo estaba listo para el ataque final.

Patrick, con sus guantes de hierro reluciendo bajo la luz tenue, se enfrentó a la cabeza derecha.

Con una fuerza impresionante, forzó el hocico de esa cabeza a abrirse mientras creaba una varilla metálica para repeler los ataques de las garras afiladas que intentaban despedazarlo.

Por su parte, Dove surcó el cielo como una exhalación, acercándose a la cabeza izquierda.

Esta bestia lanzaba ráfagas heladas que congelaban todo a su paso.

Sin embargo, Dove no se amedrentó.

Elevó varias piedras del suelo con su poder y las lanzó al hocico abierto de la criatura.

A primera vista, parecían livianas como hojas, pero al entrar en contacto con el interior del hocico, Dove cambió su densidad, haciéndolas increíblemente pesadas.

La bestia rugió de dolor, incapaz de cerrar su mandíbula.

La tercera cabeza, la central, era la más peligrosa.

Sus ojos brillaban con un resplandor rojo intenso mientras disparaba rayos láser que cortaban el aire como cuchillas ardientes.

Pero Tommy ya tenía un plan.

Sacó una flecha hecha de hueso y la lanzó directamente hacia los ojos del monstruo.

El impacto provocó una ceguera momentánea lo que aprovecharon los soldados de hueso de Hela para mantener el hocico de la bestia abierto.

El enorme monstruo trataba de zafarse de los ataques, lanzando fuego, hielo y rayos láser en todas direcciones.

Su furia era caótica, destrozando aún más los edificios circundantes.

Sin embargo, el equipo no retrocedió.

—Creo que es hora —anunció Tommy con determinación, ajustando su postura mientras preparaba una flecha especial.

Con precisión quirúrgica, colocó la flecha en su arco y tensó la cuerda hasta el límite.

Inspiró profundamente, murmurando para sí mismo: —Yo puedo… Yo nunca fallo, lanzando la flecha con toda su fuerza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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