El sistema del perro agente - Capítulo 171
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171: Tiburón, Anguila, Foca 171: Tiburón, Anguila, Foca —Es hora… o nunca —murmuró Tommy al ver que las tres cabezas del monstruo se alineaban perfectamente en posición.
Pero Patrick, observando la escena desde el aire, no pudo evitar dudar.
“Solo es una flecha… y son tres objetivos.
¿Cómo lo va a hacer?” pensó mientras detenía con sus guantes de hierro uno de los hocicos del monstruo mecánico.
La flecha fue lanzada con precisión letal hacia la bestia.
Sin embargo, justo antes de impactar, algo extraordinario ocurrió: la flecha se dividió en tres partes, cada una convirtiéndose en una flecha independiente.
Con una trayectoria perfecta, ingresaron simultáneamente en las cavidades bucales de las tres cabezas.
—¡Explota, asqueroso monstruo robótico!
—gritó Tommy, escupiendo su mondadientes con desdén.
Las flechas dentro de cada cabeza comenzaron a brillar intensamente antes de detonar en una explosión devastadora.
La bestia rugió furiosa, intentando lanzar un último ataque, pero finalmente cayó al suelo con un estruendo ensordecedor.
Sus tres cabezas estallaron en una lluvia de chispas y metal retorcido.
Con una sonrisa triunfante, Tommy murmuró para sí mismo: —Yo nunca fallo se los dije con una gran sonrisa de oreja a oreja.
—Qué bueno que lo lograron —susurró Hela, cuya voz era apenas audible debido al agotamiento.
Mantener el muro de huesos había consumido casi toda su energía.
Finalmente, sus piernas cedieron y cayó rendida al suelo.
El muro de huesos que había protegido a los ciudadanos comenzó a desmoronarse lentamente, revelando a los sobrevivientes sanos y salvos.
Patrick corrió hacia Hela para verificar su estado.
—Solo se desmayó —anunció el joven tras examinarla brevemente.
—Qué bueno —respondieron Dove y Tommy al unísono, mirándose con complicidad.
—Vaya, ya no voy a desconfiar de ti, amigo.
Era cierto: nunca fallas —comentó Patrick, dándole una palmada amistosa en la espalda a Tommy.
—Te lo dije: mi novio es el mejor —añadió Dove, rodeando a Tommy con los brazos y dándole un beso apasionado.
—Eso pueden hacerlo en otra parte —interrumpió Hela, incorporándose débilmente mientras se limpiaba el polvo de su ropa.
Los cuatro intercambiaron miradas cómplices antes de continuar ayudando a la población y enfrentando a los robots que aún quedaban en la zona.
Lago Ness, Escocia.
Una chica caminaba tranquilamente junto al lago, tomando fotografías con una cámara antigua.
Su atuendo llamaba la atención: llevaba un saco negro con terminaciones en forma de “V” que simulaban las alas de un murciélago, un vestido púrpura elegante y un sombrero pamela violeta que completaba su estilo extravagante.
—¿Por qué no sales, maldito animal?
Me dijeron que aquí encontraría al monstruo del Lago Ness, pero llevo horas y horas, y nada… Ya me está dando sueño —murmuró, frustrada, mientras ajustaba el ángulo de su cámara.
De pronto, una radio en su bolsillo comenzó a emitir una voz aguda e insistente: —¡Oye!
¡Sonia!
¿Estás ahí?
¡Eh!
Sonia… —La voz se volvió más seria después de un momento de silencio—.
Agente E-9, repórtate.
Es una orden.
La chica, Sonia, cogió la radio y se la llevó al oído, dejando entrever su cabello lavanda y sus ojos rojos brillantes.
—Tú no eres mi jefe —respondió con tono desafiante.
—¡Ey!
¿Dónde estás?
¡Te necesitamos!
Estamos bajo ataque por robots.
¡Responde!
—insistió la voz antes de que la transmisión se cortara abruptamente.
—Ese tonto de D-8… Se cree mi jefe solo porque tiene un número menos en su código de agente.
Qué ridículo —murmuró Sonia, guardando la radio en su bolso con gesto molesto—.
Y ahora, ¿por qué cortó?
Bueno, ya me estaba aburriendo aquí de todas formas.
Iré a su rescate.
Mientras regresaba por el camino, algo en el lago captó su atención.
El agua comenzó a moverse violentamente, formando olas que rompían la calma del lugar.
De repente, una enorme figura emergió lentamente del agua.
—Debe ser él —murmuró Sonia con emoción contenida.
El monstruo tenía un cuello largo y escamoso, como describían las leyendas.
Pero cuando estuvo completamente visible, Sonia frunció el ceño.
—Tú no eres el monstruo.
Eres un impostor, y pagarás por usurpar su lugar —declaró con firmeza.
El falso Ness abrió su hocico gigantesco, revelando filas de dientes metálicos afilados.
Con un rugido mecánico, avanzó hacia Sonia, listo para devorarla.
El monstruo se lanzó hacia Sonia con ferocidad, pero ella lo esquivó con un movimiento ágil, dejando un rastro de líquido rojo que emanaba de sus dedos.
—¡Prueben mi ataque de sangre: “BLOOD DRILL”!
—exclamó mientras formaba varias puntas de taladro hechas de sangre que giraban a una velocidad vertiginosa.
Las puntas perforaron el cuerpo metálico del robot Ness, desgarrando su estructura interna hasta que finalmente estalló en una explosión de chispas y fragmentos.
—Vaya… Si así son estos robots, qué débiles son.
Me pregunto si ese inútil de Renzo no se haya muerto antes de que llegue —murmuró Sonia con tono sarcástico, antes de echarse a correr como alma que lleva el viento, desapareciendo del lugar sin mirar atrás.
Sin embargo, justo después de que Sonia se marchara, el verdadero monstruo del Lago Ness emergió lentamente, observando el caos con curiosidad antes de sumergirse nuevamente en las profundidades del lago.
Inverness, Escocia, a unos kilómetros de distancia, el puente principal de Inverness estaba destruido.
En uno de los extremos, un joven vestido con un traje cobrizo lanzaba discos explosivos contra un grupo de robots con forma de focas mecánicas.
—¡Tomen esto, mendigos robots!
—gritó él era Renzo Freidelmel el agente D-8, ajustando su postura mientras preparaba otro disco.
Pero antes de que pudiera lanzarlo, varias anguilas robóticas emergieron del agua y lo rodearon, envolviéndolo con fuerza.
Renzo intentó liberarse, pero las anguilas comenzaron a electrificar su traje.
—¡No me puedo mover!
—gritó, sintiendo cómo la electricidad recorría su cuerpo.
En ese momento, otra voz resonó desde la distancia.
—¡Voy a salvarte!
—gritó un muchacho que se lanzó hacia las anguilas, intentando retirarlas con sus manos.
Sin embargo, también fue electrocutado y cayó al suelo.
—¿Estás bien, Claus?
Digo, agente B-9 —preguntó Renzo, preocupado.
—Sí, tranquilo.
Solo fue una copia mía —respondió otro chico idéntico al que había sido electrocutado.
Este llevaba un pantalón amarillo y una polera verde, con una expresión calmada en su rostro.
Claus Reedword era un chico delgado de unos 12 años, con ojos celestes y cabello marrón claro, peinado en un estilo undercut que destacaba por sus lados rapados y la parte superior más larga.
Su habilidad única era la capacidad de crear copias exactas de sí mismo que las podía hacer aparecer y desaparecer a su antojo.
Renzo, por su parte, se quitó el casco, revelando su cabellera oscura con un corte hongo y unos ojos naranjas brillantes.
A sus 18 años, tenía una actitud confiada y algo arrogante, aunque también mostraba preocupación por sus compañeros.
—Qué alivio —suspiró Renzo.
—Sí, pero pude sentir su dolor… o eso creo —respondió Claus, tocándose el brazo con gesto pensativo.
—No puedo mover mis brazos, sino eliminaría estas cosas por mi cuenta —dijo Renzo, frustrado.
—Bueno, usaría varios de mis clones, pero mejor no.
No es bueno gastar mana innecesariamente —añadió Claus, encogiéndose de hombros.
De repente, una chica de unos 14 años apareció a su lado, cruzada de brazos y con una expresión de fastidio.
—Al lado par de tontos… —murmuró.
—¡Ah, eres tú!
Niña gótica —le respondió Renzo con tono burlón.
—¡No soy gótica!
¿No ves que me visto colorido?
—protestó ella, señalando su atuendo vibrante.
Con un rápido movimiento, lanzó un chorro de sangre que formó una red, atrapando a las anguilas y liberando a Renzo.
—Nada mal, amiga —comentó Claus, asintiendo con admiración.
—Y este igualado, ¿quién es?
—preguntó la chica, preguntándole a Renzo.
—Es un agente como nosotros —respondió Renzo, levantándose.
—Genial… Me tocó con los tontos —dijo ella, rodando los ojos.
—¡Oye!
¿A quién llamas tontos?
—interrumpió Renzo, levantando una ceja en señal de protesta.
—Pues a ustedes.
Yo no estoy aquí para ser su niñera —replicó la chica, cruzándose de brazos.
—Usaste sangre para pelear… Qué loco —comentó Claus, mirándola con curiosidad.
—Bueno, no es tiempo para conversar.
Aquí viene algo más grande —indicó la chica, señalando hacia el mar.
Un enorme tiburón peregrino emergió de las aguas.
¡Ah!
Es un tonto tiburón indico Sonia, pero antes de que pudieran reaccionar, el animal comenzó a transformarse.
Sus aletas se convirtieron en piernas, y su cuerpo adoptó una forma humanoide, erguido como un titán listo para devorarlos con su gigantesca boca.
—Tenías que fastidiar al animal robot, ¿no?
—le reprochó Renzo a la chica.
—Es mejor pelear —respondió ella, acercándose al tiburón sin mostrar preocupación.
Lanzó su técnica “BLOOD DRILL”, pero esta vez, las puntas de sangre no surtieron el efecto esperado.
El tiburón robot resistió el ataque, rugiendo con furia mientras avanzaba hacia ellos.
—¡Maldito pescado con patas!
Ya verás —exclamó Sonia, preparándose para atacar.
—¡Oye, espera!
—gritó Claus, empujándola justo a tiempo.
El tiburón robótico se había movido rápidamente hacia ella mientras estaba distraída alardeando.
—¡Ey!
¿Por qué hiciste eso?
¡Ahora ya te comieron!
—protestó Sonia, señalando al cuerpo del muchacho que había sido partido a la mitad por las fauces del tiburón.
—¡No!
¡Claus!
—gritó Renzo, horrorizado.
—Tranquilo, estoy bien —respondió otra voz detrás de ellos.
Era Claus, intacto y con una sonrisa tranquila.
—Pero ¿cómo?
Si vimos que te comió… Es más, ahí están regadas tus tripas.
¿Fue un truco?
—preguntó Sonia, escéptica, cruzándose de brazos.
—Bueno, lo que viste allá es un clon mío.
Pero yo estoy bien.
Puedo intercambiarme entre ellos y crear muchos —explicó el chico con orgullo.
—¡Bah!
Una fotocopia humana… Eso ya se ha visto en los cómics y el manga —comentó Sonia, fingiendo indiferencia, aunque sus ojos brillaban con curiosidad.
—Mi poder es genial, y tu rostro dice otra cosa —contraatacó Claus con una sonrisa burlona.
—¿Verdad que sí, Renzo?
—añadió, mirando al chico del traje cobrizo.
—¡Eh!
Sí, es bueno —respondió Renzo, asintiendo rápidamente.
—Bueno, entonces lo único que debemos hacer es vencer a este semejante tiburón con la boca que parece un cono —indicó Claus, señalando al robot.
—Sí, pero peor aún: esa clase de tiburón no suele tener dientes.
Sin embargo, parece ser que este tiene dientes sobre dientes.
Es algo muy raro, pero bueno, ¿qué esperas de un robot?
Algo antinatural —comentó Sonia con sarcasmo.
—Bien, entonces hay que acabar con este de una vez —declaró Renzo, sacando un par de hachas hechas de cobre.
Las utilizó para abrir la boca del animal mientras un clon de Claus se adentraba en su interior para destruir el chip central.
—Vaya, si es así, pan comido —comentó Renzo cuando vio a Claus salir de la boca del tiburón robótico con el chip en sus manos.
—Bueno, ya terminamos por aquí.
Creo que no me necesitaban —dijo Sonia, encogiéndose de hombros mientras se preparaba para marcharse.
Pero antes de que pudiera dar un paso, más robots tiburón comenzaron a emerger del agua, rodeándolos.
—Genial.
Ahora son más.
Tenías que abrir tu boca, Renzo —se quejó Sonia, fulminándolo con la mirada.
—Creo que esta va a ser una larga tarde —murmuró Claus, tragando saliva mientras observaba a los nuevos enemigos acercarse.
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