El sistema del perro agente - Capítulo 173
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173: Los Hermanos Rightyard 173: Los Hermanos Rightyard El tren ya estaba al borde del precipicio cuando tres figuras dentro del vagón movieron sus manos con rapidez y precisión.
Extrañamente, materiales como aluminio, cromo y plomo comenzaron a fluir desde sus palmas, fusionándose en el aire para formar un camino provisional justo a tiempo.
El convoy avanzó sin complicaciones, salvando a todos los pasajeros de una muerte segura.
Los viajeros, que momentos antes habían estado sumidos en el pánico, comenzaron a tranquilizarse.
Algunos se acercaron a los tres individuos para agradecerles, mientras otros no podían evitar preguntar cómo habían logrado semejante hazaña.
Sin embargo, uno de ellos, cuya sudadera gris azulada con capucha lo hacía destacar como el más bajo del grupo, levantó una mano para interrumpir las conversaciones.
—Es mejor que bajen del tren.
Algo no anda bien —indicó con seriedad, su voz firme pero calmada.
El segundo, más alto que él, vestía una sudadera plateada con detalles rojos brillantes.
Asintió con decisión antes de agregar: —Sí, es mejor que salgan del tren mientras revisamos la zona.
Aunque los pasajeros estaban impresionados por lo que acababan de presenciar, muchos aún dudaban.
La vía había sido restaurada milagrosamente gracias a estos tres misteriosos salvadores, así que ¿por qué preocuparse?
El tercero, el más alto del grupo, llevaba una sudadera plateada con negro y habló con urgencia: —¡Ya es tarde!
¡Muévanse, ya!
—gritó a los pasajeros, su tono dejando claro que no había tiempo para discusiones.
Sin embargo, algunos seguían renuentes a abandonar el tren.
—Pero si ya solucionaron el problema de la vía… Podemos seguir avanzando —argumentó un hombre con apuro, ajustando nerviosamente el maletín que llevaba consigo.
En ese preciso momento, el tren comenzó a tambalearse violentamente.
Los vagones se separaron entre sí, dejando a los pasajeros atrapados en medio de la confusión.
—¡Maldición!
—exclamó el de la sudadera plateada y negra, mirando hacia el frente con preocupación—.
No hay tiempo, D-10, D-11: ¡hagan lo suyo!
Los otros dos respondieron al unísono: —¡Sí, D-9!
Rápidamente, cada uno extrajo un fragmento de metal de sus manos y lo transformó en una esfera protectora que rodeó a los pasajeros.
Con movimientos coordinados, sacaron a todos del tren justo antes de que este se transformara en un terrorífico robot amenazador.
Su cuerpo metálico relucía bajo la luz tenue, y sus ojos brillaban con un resplandor rojo intenso mientras apuntaba hacia ellos con lo que parecía una pistola láser.
El hombre del maletín, quien anteriormente había insistido en quedarse, se mostró molesto al principio, pero su expresión cambió por completo al ver la escena.
Retrocedió con miedo y asintió rápidamente.
—S-sí, señor —balbuceó, dirigiéndose a los demás pasajeros—.
¡Háganle caso, rápido!
El público presente no necesitó más motivación.
Todos corrieron a refugiarse detrás de unas rocas cercanas, observando con horror cómo el robot comenzaba a moverse hacia los tres misteriosos individuos.
D-9, el líder aparente, sacó un dispositivo de su bolsillo y desplegó un escudo metálico reforzado con nanobots.
Los otros dos hicieron lo mismo, formando una barrera impenetrable frente al robot.
—Por favor, pónganse a salvo —indicó D-9 sin apartar la vista del gigantesco enemigo.
Una vez que todos estuvieron protegidos, D-9 se giró hacia sus compañeros con determinación.
—Bien, estamos listos para enfrentarnos a esta cosa —declaró, observando cómo el robot elevaba su brazo armado, preparándose para atacar.
—Ahora sí podemos decirnos por nuestros nombres —indicó el más pequeño mientras se quitaba la capucha, revelando su rostro juvenil.
Sus ojos verdes brillaban con curiosidad, y su cabello marrón ceniza estaba cortado a los costados como si lo hubieran hecho con una cortadora a cero, dejando solo un mechón en la parte superior que formaba un pequeño pico al centro.
Aparentaba unos 11 años, y su sudadera gris azulada combinaba con un pantalón jean rasgado que le daba un aire desenfadado.
—Claro, Max —respondió el agente D-10, también retirándose la capucha.
Este muchacho tenía una cabellera color capuchino, pero en lugar de estar rapado por completo en los costados, llevaba dos franjas de cabello que rodeaban su cabeza, culminando en un moño arriba.
Sus ojos verdes detrás de unos lentes le conferían un aire maduro, aunque en realidad tenía 16 años.
Vestía un pantalón jean negro que completaba su estilo.
—Bueno, sí Liam te dio permiso, puedes hacerlo —comentó el agente D-9, quien finalmente se descubrió.
Era evidente que era el mayor del grupo: un joven de 23 años aproximadamente, con el cabello muy pegado y oscuro, y ojos verdes que reflejaban calma y autoridad.
Su pantalón jean gris le daba un aspecto serio pero relajado.
—Gracias, Axel, por siempre respetar mis decisiones —dijo Liam con una sonrisa ligera.
Juntos, los tres hermanos Rightyard eran conocidos por sus habilidades únicas: Max podía crear plomo, Liam dominaba el cromo, y Axel controlaba el aluminio.
Juntos formaban un equipo imparable.
—Hermanos, es hora de enfrentarnos a esa cosa —declaró Axel, armando una serie de cuchillos metálicos que lanzó hacia el robot con precisión letal.
—¡Sí!
—respondió Max, comenzando a fabricar balas de plomo que disparó hacia el tren robótico.
Liam, por su parte, creó estrellas ninja extremadamente afiladas hechas de cromo.
Con movimientos rápidos y coordinados, las lanzó directamente hacia los puntos débiles del robot.
Los ataques conjuntos de los hermanos lograron desviar el láser del tren robótico y comenzaron a cortarlo en pedazos.
Finalmente, tras una explosión impresionante, el robot quedó completamente destruido.
—¡Nadie puede con los hermanos Rightyard!
—exclamó Max con orgullo mientras miraba los restos del enemigo.
—Bien, creo que es momento de avanzar y llevar a los pasajeros al siguiente destino —indicó Liam, siempre práctico.
—Parece ser que esta máquina estuvo destruyendo el riel como si jugara primero con su presa antes de atacar —analizó Liam, utilizando un dispositivo portátil para escanear los restos del robot.
Los tres sacaron sus nanomáquinas de unos guantes especiales y, con ayuda de sus metales, construyeron un conjunto de vagones improvisados.
Luego, indicaron a los ciudadanos que subieran.
Una vez todos a bordo, el tren improvisado comenzó a avanzar hacia el centro de la ciudad.
Sin embargo, al llegar, el caos reinaba por doquier.
Máquinas descontroladas atacaban sin distinción, sembrando el pánico entre los habitantes.
—Vayan a buscar un lugar seguro —indicó Axel a los ciudadanos que aún permanecían con ellos.
El hombre del maletín, William se llamaba por lo que antes les comento, intervino rápidamente.
—Creo que estamos más seguros con ustedes —dijo con firmeza.
—Sí, lo entiendo —respondió Axel con paciencia—, pero si nos acompañan, no podremos actuar con libertad para salvar la ciudad.
Liam se acercó al hombre y le preguntó: —Señor William, ¿podría usted, por favor, llevar a estas personas a un lugar seguro?
Se nota que conoce bien la zona.
Mientras tanto, nosotros, los agentes especiales, nos encargaremos de acabar con estos robots locos.
William asintió después de un momento de reflexión.
—De acuerdo —respondió con determinación—.
¡Gente, síganme!
Los llevaré a un refugio seguro.
Con eso, los ciudadanos comenzaron a seguirlo, dejando a los tres hermanos listos para enfrentarse al caos que los esperaba.
—¡Vaya, eso fue bueno!
—exclamó Max con entusiasmo mientras observaba cómo Liam convencía al grupo de ciudadanos para que los dejaran actuar—.
Tú siempre eres el hombre de la razón, ósea, el que convence.
Axel es el líder y da las órdenes, y yo soy… los puños.
—Sí, como sea no sueñes muy alto, hermanito —interrumpió Axel con una sonrisa ligera, aunque su tono era decidido—.
Es momento de actuar y salvar la mayor cantidad de civiles posible.
Los tres hermanos comenzaron a moverse rápidamente entre los escombros, buscando sobrevivientes mientras eliminaban a los robots que encontraban en su camino.
De pronto, una sombra gigantesca apareció sobre ellos.
Era una especie de aspiradora colosal, cuyas fauces metálicas absorbían todo a su paso: escombros, edificios y, lo más alarmante, personas.
—¿En serio?
¿Una aspiradora gigante?
—gritó Max, incrédulo, mientras rápidamente fabricaba balas sónicas y las disparaba hacia la máquina.
Sin embargo, esta ni siquiera se inmutó.
—¿De qué estará hecha?
—se preguntó el joven, frunciendo el ceño mientras analizaba la situación.
—¡Ey!
¡Hermanos, esta cosa está empezando a absorberme!
—gritó Max cuando sintió cómo la fuerza de succión lo arrastraba hacia la boca del robot.
Liam reaccionó al instante, creando cadenas de cromo que lanzó hacia el estómago de su hermano para intentar jalarlo hacia ellos.
—¡Es muy fuerte esa cosa!
—exclamó Liam mientras sentía cómo la presión aumentaba.
La aspiradora comenzó a elevarse, arrastrando tanto a Max como a las cadenas.
Para contrarrestar, Liam creó otra cadena y la aferró al suelo, resistiendo con todas sus fuerzas.
—¡La presión es muy fuerte!
—gritó Liam, luchando por mantenerse firme.
En ese momento, sacó una pequeña botella de uno de sus guantes y la lanzó hacia el robot.
—¡Toma esto!
Espero que esto te dé jaqueca: es corrosión de cromo.
Ojalá te derrita —dijo Liam con determinación.
La botella impactó contra uno de los tubos extensores de la aspiradora, que comenzó a corroerse rápidamente.
Sin embargo, la máquina simplemente soltó ese tubo y lo reemplazó por otro, aunque el breve lapso le dio a Liam la oportunidad de recuperar a Max y sacarlo del peligro.
—¡Está bien, ya te tengo!
—gritó Liam mientras tiraba de su hermano hacia un lugar seguro.
Pero antes de que pudieran relajarse, la aspiradora reinició su proceso de succión con aún más fuerza.
Por su parte, Axel lanzó un proyectil de aluminio hacia la máquina, pero esta simplemente lo absorbió sin problemas.
—¡Maldición!
—murmuró Axel, frustrado, mientras se giraba hacia sus hermanos—.
¿Están bien?
—¡Sí!
—respondieron ambos al unísono.
—¿Qué podemos hacer?
—preguntó Axel, mirando a Liam con urgencia.
—Podemos combinar nuestros tres metales y crear un proyectil superpesado.
Lo lanzamos directamente por su entrada o lo que sea que tenga como boca.
Pero debemos hacerlo rápido, o no quedará ciudad que proteger —propuso Liam, pensando rápidamente.
—Sí, opino lo mismo —acotó Max, aunque con una sonrisa traviesa añadió—: Aunque soy de la idea de acabar a puño limpio con esa cosa.
—Puede que sí, pero cuando le lanzaste el corrosivo, paró por unos instantes.
Solo se recuperó porque cambió la pieza afectada —observó Axel, asintiendo—.
Bien, Liam, sigue lanzándole esas cosas para detener su avance mientras Max y yo preparamos el proyectil combinado.
Luego tú le das el toque final.
Los tres hermanos intercambiaron una mirada rápida, como si se comprendieran sin necesidad de palabras.
Actuaban como una unidad perfectamente sincronizada.
Liam comenzó a fabricar nano cápsulas con cromo corrosivo, lanzando rápidamente unas 20 botellas hacia la aspiradora.
Cada vez que una cápsula impactaba, la máquina detenía momentáneamente su succión para cambiar la pieza afectada, lo que les daba tiempo crucial.
—¡Oigan!
Pero seguro hay personas dentro de su bolsa.
¿No se olvidaron de eso?
—preguntó Max, preocupado.
—¡Vaya!
¿Quién diría que tienes cerebro?
—bromeó Axel con una sonrisa burlona.
—Tienes razón —admitió Axel rápidamente, volviendo a su tono serio—.
Probablemente tiene gente almacenada ahí dentro.
Así que será mejor hacer el ataque desde adentro.
—Bien, Liam, deja de lanzar.
Es hora de que nos absorba —declaró Axel con decisión.
Liam entendió lo que su hermano le había dicho y dejó de atacar a la aspiradora gigante, cuya expresión parecía reflejar destrucción y molestia hacia ellos.
—Max, crea rápido una esfera que nos proteja —indicó Axel con urgencia.
Max no perdió tiempo y creó una esfera protectora hecha de plomo, justo antes de que la máquina comenzara a succionarlos con fuerza descomunal.
—Espero que esto valga la pena, Axel, o nos quedaremos atrapados dentro de esta cosa —comentó Max mientras sentían cómo la esfera era arrastrada hacia el interior del robot.
Al llegar a la boquilla del robot aspiradora, Axel le pidió a Max que abriera una pequeña hendidura, como si fuera una ventana.
Aprovechando el momento, lanzó una serie de cargas explosivas de aluminio hacia el interior y le indicó rápidamente a su hermano que volviera a sellar la esfera.
Las explosiones resonaron en la entrada de la máquina, obligándola a detenerse momentáneamente mientras realizaba un diagnóstico interno.
—”Error detectado.
Consulte el manual o realice limpieza del sistema”—anunció una voz robótica desde el interior de la aspiradora.
Mientras tanto, gracias a unos pequeños propulsores que Liam instaló en la esfera, lograron llegar a la bolsa principal del robot.
Allí, se encontraron con los restos de la ciudad: escombros, objetos rotos y, para su alivio, personas atrapadas.
—¡Hola!
¿Hay alguien aquí?
—gritó Max con fuerza, su voz resonando en el espacio confinado.
Rápidamente escucharon voces respondiendo desde diferentes direcciones.
Personas comenzaron a aparecer entre los escombros, confundidas pero vivas.
Los hermanos empezaron el rescate de inmediato, guiando a los civiles hacia zonas seguras.
Sin embargo, la máquina pronto detectó su presencia.
—”Alerta: presencia de material no reconocido en el compartimento.
Se requiere eliminación de contenido”—anunció la voz robótica.
De repente, de la cabeza de la máquina comenzaron a emerger pequeños robots en forma de cepillos, similares a los cabezales de las aspiradoras comunes.
Actuaban como el “sistema inmunológico” del robot, dirigiéndose directamente hacia los hermanos con intención de eliminarlos.
Los hermanos Rightyard, ocupados rescatando a los últimos civiles, se vieron rodeados por los robots cepillo, que comenzaron a lanzar rayos láser hacia ellos.
—¡Son muchos!
—gritó Axel mientras creaba una pantalla de espejo de aluminio para repeler los ataques.
—¡Rápido, Max!
Crea esferas y protege a los civiles —ordenó Axel mientras mantenía la barrera activa.
Liam, por su parte, lanzaba estrellas ninja de cromo afiladas, destruyendo a varios de los robots cepillo.
Entre los dos hermanos lograron contener la situación… hasta que uno de los robots, más grande y avanzado, destruyó los espejos de Axel con un golpe certero, enviándolo al suelo.
—¡Liam!
¡Usa tus cadenas!
—gritó Axel mientras intentaba recuperarse.
Liam obedeció y lanzó sus cadenas de cromo hacia el robot, pero este comenzó a transformarse.
Sus extremidades se alargaron, ganando piernas y brazos, y su cabeza adoptó una apariencia diabólica, convirtiéndose en una amenaza aún mayor.
—Lo que faltaba… —murmuró Max mientras seguía agrupando a los civiles en esferas protectoras.
—Concéntrate —le indicó Axel mientras se levantaba del suelo con determinación.
Axel lanzó una lluvia de varillas de aluminio hacia el robot, rodeándolo y frenando temporalmente su avance.
—Eso lo frenará por un rato —dijo Axel mientras recuperaba el aliento.
—Sí, pero no por mucho —respondió Liam, mirando preocupado hacia el robot que ya comenzaba a liberarse.
—¿Cómo vas con eso?
—preguntó Liam a Max.
—¡Listo!
Ya están todos a salvo —respondió Max, asegurándose de que todos los civiles estuvieran protegidos dentro de las esferas.
—Es momento de usar nuestro poder unido antes de que esa cosa se libere y empiece a atacarnos —declaró Axel.
Rápidamente, los tres hermanos juntaron sus metales: plomo, cromo y aluminio, fusionándolos en un proyectil masivo.
—Espero que esto funcione —dijo Axel mientras observaba el arma improvisada.
—Funcionará —afirmó Liam con seguridad.
Con un movimiento coordinado, lanzaron el proyectil como si fuera un cohete hacia arriba.
—¡Proyectil de núcleo pesado!
—gritaron al unísono.
El proyectil impactó contra el techo de la aspiradora, pero el robot cepillo, ahora completamente libre, lanzó un disparo láser hacia él, causando una explosión devastadora que iluminó todo el compartimento.
—¡No!
—gritó Max, horrorizado inmerso en el rango de la explosión todo se puso blanco.
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