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El sistema del perro agente - Capítulo 177

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  3. Capítulo 177 - 177 Liquido Verde
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177: Liquido Verde 177: Liquido Verde Timmy, al ver que los aguijones metálicos se dirigían hacia él con rapidez implacable, supo que no había tiempo para dudar.

Con un grito desesperado, concentró toda su energía y, de repente, cuatro brazos adicionales emergieron de su camisa como si fueran tentáculos.

Los dedos de estos nuevos brazos brillaron con una luz verde intensa, y sin pensarlo dos veces, comenzaron a disparar chorros de líquido viscoso en todas direcciones.

—¡Pistola verde!

—gritó el muchacho mientras apuntaba hacia los proyectiles que amenazaban con destruirlo todo a su paso.

El líquido verde impactó contra los aguijones de acero, cubriéndolos completamente.

Antes de que pudieran tocar el suelo, Timmy pronunció con determinación: —¡ACID RAIN!

Al instante, el líquido comenzó a burbujear y corroer los proyectiles, disolviéndolos en una nube de vapor verdoso.

El robot, ahora furioso, cambió de color a un rojo carmesí vibrante.

De entre los restos de chatarra que lo rodeaban, empezó a formarse una nueva amenaza: una serpiente mecánica con forma de dragón, cuyas escamas relucían como metal fundido.

Con un rugido metálico, el dragón lanzó su inmensa boca hacia Timmy, dispuesto a devorarlo.

—Eso no creo que lo pueda detener con mi ácido…

—pensó el chico, retrocediendo instintivamente.

Justo antes de que las fauces del dragón lo alcanzaran, un enorme cubo apareció frente a él, girando sobre sí mismo con velocidad vertiginosa.

El impacto fue tremendo: el cubo partió al dragón mecánico en dos mitades perfectas.

Luego, lentamente, el cubo comenzó a desintegrarse hasta convertirse en una especie de balsa flotante.

De ella emergió Galea, sonriendo con calma mientras le decía: —Hola, hermanito.

Espero no haberte causado problemas por mi demora.

Timmy, con lágrimas en los ojos, corrió hacia ella y la abrazó con fuerza.

—¡Creí que habías muerto, hermana!

—Solo fue un contratiempo —respondió Galea, revolviéndole el cabello con ternura—.

Pero veo que defendiste a los civiles.

Te estuve observando con mi dron volador antes de caer.

Menos mal que pude soltar este cubo a tiempo y construirlo bajo el agua.

También traje a estas dos conmigo.

A su lado, Rayna y Arryn miraban sorprendidas cómo los civiles seguían vivos a pesar de haber estado tanto tiempo bajo el agua.

Ambas recordaron cómo un cubo mágico las había envuelto en las profundidades marinas, liberándolas de sus ataduras y trayéndolas de vuelta a la superficie.

—Les dije que mi hermanito podía hacerle frente a lo que sea —comentó Galea con orgullo, guiñándoles un ojo.

Las chicas intercambiaron una mirada de asombro al notar que Timmy aún tenía cuatro brazos adicionales saliendo de su camisa.

—Sí, sí nos dijiste mientras subíamos en tu cubo hecho de nano tecnología e iridio—dijeron ambas al unísono, todavía impresionadas.

—Gracias por rescatarnos, Galea —agradecieron las chicas, recordando cómo la joven las había liberado de las cadenas metálicas con una espada improvisada.

—¿Y cómo te liberaste, hermana?

—preguntó Timmy, curioso.

—Hice una espada y corté lo que me aprisionaba —explicó Galea con sencillez, como si fuera lo más natural del mundo.

Antes de que pudieran seguir charlando, Galea levantó una mano, interrumpiendo la conversación.

—Bueno, antes de seguir con esto, es hora de acabar con el robot.

Lo hiciste bien, Timmy —dijo, acariciándole la cabeza nuevamente con una sonrisa cálida—.

Chicas, es hora de que inmovilicemos al robot.

Sin perder tiempo, Rayna y Arryn lanzaron cadenas de oro y plata desde sus manos, respectivamente.

Las cadenas serpentearon por el aire como rayos y se enredaron alrededor del robot, tirando de él hacia lados opuestos.

El enemigo intentó resistir, pero la fuerza combinada de ambas chicas era demasiado para él.

Finalmente, quedó inmovilizado, incapaz de moverse.

Galea sonrió con determinación mientras decía: —Eso estuvo bien, pero ahora es mi turno.

De su mano emergieron varias balas pequeñas que flotaron a su alrededor como satélites orbitando un planeta.

Con un gesto preciso, las lanzó hacia el robot inmovilizado.

Cada proyectil se incrustó en el cuerpo metálico del enemigo, expandiéndose como bujías internas.

En cuestión de segundos, las balas comenzaron a vibrar y emitir destellos de luz antes de explotar simultáneamente, desintegrando al robot en una lluvia de fragmentos metálicos.

—¡Eso fue asombroso, hermana!

—exclamó Timmy, con los ojos brillantes de admiración.

—Buen trabajo, chicos —dijo Galea, dirigiéndose a todos con una sonrisa orgullosa—.

Esto fue un esfuerzo de equipo.

Luego de la victoria, Galea se volvió hacia Rayna y Arryn , cruzándose de brazos con una expresión juguetona que contrastaba con la seriedad del momento.

Sus ojos brillaban con un destello travieso mientras observaba a las dos chicas, quienes intercambiaron una mirada incómoda al sentirse descubiertas.

—Y bien… ¿Qué le iban a decir a mi hermanito?

—preguntó Galea, arqueando una ceja con fingida inocencia.

Las mejillas de Rayna y Arryn se tiñeron de rojo mientras recordaban sus murmullos en el fondo del océano, justo antes de ser rescatadas.

Habían estado tan seguras de que no sobrevivirían que incluso habían planeado disculparse con Timmy si lograban salir con vida.

—Pues… —comenzó Rayna, titubeando mientras buscaba las palabras adecuadas—.

Cuando estábamos atrapadas bajo el agua… eh… bueno, ambas estábamos murmurando algo así como: “Si sobrevivimos, le pediremos disculpas al chico moco”.

El apodo brotó sin querer, y en cuanto lo dijo, Rayna se tapó la boca con una mano, arrepentida.

Arryn, por su parte, bajó la cabeza, tratando de ocultar su vergüenza.

Timmy, quien había estado escuchando todo con una mezcla de asombro y diversión, soltó una carcajada.

—¿Chico moco?

—repitió, señalándose a sí mismo con una sonrisa irónica—.

Bueno, al menos es un apodo creativo.

—¡No lo decíamos en serio!

—se apresuró a aclarar Arryn, levantando las manos en un gesto defensivo—.

Solo estábamos… nerviosas.

Y desesperadas.

Pero tienes razón, tus poderes son increíbles, Timmy.

Lo siento mucho.

Galea no pudo contener una risita ante la escena.

—Vaya, vaya… parece que mi hermanito tiene más admiradoras de las que pensaba —bromeó, dándole un codazo ligero a Timmy, quien respondió con un bufido fingido.

—Está bien —dijo Timmy finalmente, rascándose la nuca con una sonrisa tímida—No me importa cómo me llamen, siempre y cuando confíen en mí.

Aunque… preferiría algo más épico que “chico moco”, si no les molesta.

Todos rieron al unísono, rompiendo cualquier tensión residual.

El momento sirvió como un recordatorio de que, a pesar de las diferencias y los errores, todos estaban en el mismo equipo, listos para enfrentar lo que viniera juntos.

—Sí, vimos cómo defendiste a los civiles y derrotaste a esos aguijones —añadió Arryn , sonriendo tímidamente—.

Tus poderes son increíbles.

—Está bien —respondió Timmy, rascándose la nuca con una risita nerviosa—.

Sé que mis poderes no son del todo… “limpios”, pero son buenos.

Y funcionan cuando más los necesitamos.

Antes de que pudieran reunirse con los civiles, algo extraño ocurrió.

Los restos del robot comenzaron a levantarse del suelo, reorganizándose lentamente hasta formar una nueva estructura gigantesca.

El metal chirriaba mientras se fusionaba, y el robot reconstruido se alzó nuevamente frente a ellos, imponente y amenazante.

—¡Ay, no!

¡Otra vez esa cosa!

—gritaron las dos muchachas al unísono, retrocediendo instintivamente.

Pero justo cuando el robot estaba a punto de atacar, algo inesperado sucedió.

Sin que nadie lo tocara, el coloso comenzó a desmoronarse.

Fragmentos de metal caían como hojas secas arrastradas por el viento, tintineando al chocar contra el suelo.

En cuestión de segundos, el imponente enemigo se redujo a un montón de escombros inservibles, humeantes y retorcidos.

—Pero ¿qué diablos…?

—murmuró Timmy, boquiabierto ante la escena, con los ojos muy abiertos y una mezcla de asombro y desconcierto pintada en su rostro.

—Timmy, lenguaje —le reprendió Galea con suavidad, aunque una sonrisa apenas perceptible se dibujaba en sus labios.

—Lo siento, hermana —respondió el muchacho rápidamente, rascándose la nuca con gesto avergonzado.

Galea frunció el ceño mientras observaba los restos del robot, su expresión transformándose en una mezcla de curiosidad y preocupación.

Se acercó lentamente al montículo de chatarra, agachándose para examinar un fragmento aún humeante.

Su mirada analítica recorrió cada detalle, buscando alguna pista sobre lo que había ocurrido.

—No sé qué pudo ser esto —dijo finalmente, su voz cargada de incertidumbre—, pero algo está pasando.

Quizá el jefe logró desactivar estas cosas… Su tono dejaba entrever una pregunta más grande, una sospecha de que fuerzas mucho más poderosas estaban en juego.

Los demás intercambiaron miradas, sintiendo cómo el peso de lo desconocido comenzaba a envolverlos.

Los civiles, sin comprender del todo lo que había ocurrido, se acercaron al grupo para agradecerles profundamente por salvarlos.

Aunque confundidos por el final misterioso de la batalla, todos coincidían en una cosa: algo sobrenatural había intervenido.

En un lugar desconocido cerca del Pacífico, dos figuras en las sombras, una más alta y otra más baja, observaban un montón de escombros de robots a sus pies.

La luz de la luna iluminaba parcialmente sus rostros, dejando el resto sumido en sombras.

—Quizá sea lo que está pasando en ese punto luminoso —indicó una voz grave y calmada, señalando hacia el horizonte donde un resplandor extraño titilaba en la distancia.

De repente, una tercera voz irrumpió en la escena, sorprendiendo incluso al escritor.

—¡Ey!

—exclamó el escritor, girándose hacia la fuente de la interrupción—.

¿Quién está hablando?

¿Y por qué estás escribiendo esta línea?

La voz, serena pero firme, respondió: —Discúlpeme, señor escritor, pero creo que todo debe venir de ese punto por el cual esa luz se está disipando.

Ustedes dos, que están ocultos en las sombras, también deberían ir para allá.

El escritor, desconcertado, protestó: —¿Cómo?

¿Quién eres?

¿Y por qué estás escribiendo y hablando conmigo?

La voz, sin perder la calma, respondió: —Pronto haré acto de presencia.

Puede continuar con su historia.

Adiós.

El escritor se quedó paralizado, con miles de preguntas inundando su mente.

Sacudió la cabeza, tratando de recuperar el hilo de la narrativa.

—Bueno, después de esa interrupción tan anómala, continuemos con la historia —murmuró para sí mismo.

Ambas figuras en las sombras intercambiaron una mirada inquisitiva.

—¿Tú crees que sea él quien nos habló?

—preguntó la voz más joven, evidente en su tono juvenil.

—No lo sé —respondió la figura más alta, pensativa—, pero lo que sí creo es que esa voz tiene razón.

Esa luz que se ve a lo lejos parece sospechosa.

Será mejor que investiguemos.

Sin decir más, ambas figuras se desvanecieron en la oscuridad, dirigiéndose hacia el punto brillante que parecía flotar en el horizonte.

Desde la distancia, aquella luz pulsaba como un corazón, revelando una isla que parecía moverse lentamente sobre las aguas.

El fenómeno que había causado la desactivación repentina de los robots parecía tener una explicación más profunda: el Agente Sombra y su equipo habían logrado destruir el interruptor central que controlaba a los robots aniquiladores de Maos.

La luz que iluminó el horizonte no era otra cosa que el legendario Rayo de Zeus, lanzado desde las alturas con un poder inimaginable para aniquilar a sus enemigos.

Cuando el rayo cayó, todo se convirtió en un torbellino de luz y electricidad.

El cielo se partió en destellos blancos, y cada rincón del campo de batalla vibró con una energía que parecía capaz de desintegrar la existencia misma.

Por un momento, el mundo entero quedó suspendido en un limbo de caos y claridad absoluta.

—Todo está perdido… —murmuraron todos al unísono, incluidos el jefe Drake y Adía, quienes observaban con resignación cómo su destino llegaba a su fin al igual que los que estaban con ellos.

Sus cuerpos estaban paralizados, sus corazones latían con fuerza mientras esperaban lo inevitable.

Cerraron los ojos, preparándose para enfrentar su último instante.

Pero después de unos segundos, algo inesperado ocurrió.

No hubo dolor.

No hubo destrucción.

Lentamente, abrieron los ojos y se encontraron con una escena que los dejó atónitos: todo estaba exactamente igual que antes.

El paisaje seguía intacto, los escombros de los robots aún esparcidos por el suelo, y el aire cargado de electricidad residual.

Sin embargo, frente a ellos, había alguien más.

Una figura solitaria emergió de entre la luz desvanecida.

Su silueta era imponente pero misteriosa, envuelta en un destello azul resplandeciente.

Parecía flotar ligeramente sobre el suelo, como si la gravedad misma se inclinara ante su presencia.

Nadie podía distinguir claramente su rostro; solo se veía una sonrisa serena bajo la sombra de una capucha.

Todos, sin excepción, se quedaron boquiabiertos.

Incluso aquellos que se consideraban líderes o estrategas experimentados sintieron cómo las palabras se les escapaban.

Finalmente, rompieron el silencio al unísono, preguntando con asombro y confusión: —¿Y tú… quién eres?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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