El sistema del perro agente - Capítulo 180
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180: 50 Por Ciento Malo 180: 50 Por Ciento Malo La batalla entre Podbe y Zeus se reanudó con una intensidad que parecía sacudir el mismo tejido de la realidad.
Justo cuando Zeus declaró que usaría su 25 por ciento de poder, Melisa logró iniciar la transmisión en vivo.
A través de los restos destruidos y algunos robots desactivados de Maos —que ahora revelaban una función insospechada más allá de la guerra y la destrucción—, la pelea fue proyectada en hologramas que aparecieron en los escombros repartidos por todo el mundo.
Miles de personas, sobrevivientes tanto del ataque inicial de los controlados como de la devastación posterior de los robots sin control, comenzaron a salir lentamente de sus escondites.
Entre los escombros, pantallas holográficas emergían como luces fantasmagóricas, mostrando la colosal batalla que estaba teniendo lugar.
Pero no solo los civiles observaban: los agentes que habían estado ayudando en la resistencia también pudieron presenciar el enfrentamiento.
Algunos reconocieron caras familiares: Drake, Azulema, Ezequiel, Adía, Adrián y Rafael.
“¡Es la señora Azulema!” exclamó Margaret con asombro, su voz temblorosa pero llena de esperanza.
“Y también está tu jefe, Ezequiel”, le dijo a Ray, señalando la pantalla.
“Yo debería estar allá con la señora Adía”, murmuró Ramona, su tono cargado de culpa y determinación mientras observaba la escena.
“Vaya… ¿y ese sujeto quién será?”, pensó Abel en voz baja, mirando fascinado al perro transformado.
“Parece un perrito lindo.” “Vaya, hermana, y tus cosas…” comentó Caín con una sonrisa burlona, haciendo que Abel lo fulminara con la mirada.
“Parece poderoso”, dijeron los hermanos Rightyard casi al unísono, sus ojos fijos en la figura de Podbe mientras también distinguían a Adrián y Rafael en la batalla.
En el campo de batalla, Podbe se levantó con una calma inquietante, como si el enfrentamiento fuera poco más que un juego.
Con un movimiento fluido, se sacudió la mano de Zeus de la cabeza y se incorporó, lanzando un cabezazo directo a Zeus.
El supuesto dios del trueno y los cielos retrocedió unos pasos, con un hilillo de sangre brotando de su nariz.
Su rostro se contrajo en una mueca de furia, y sus manos comenzaron a brillar con el característico azul eléctrico de los truenos.
Con un rugido, Zeus lanzó un ataque relampagueante hacia Podbe, quien bloqueó el golpe con guantes que ahora se asemejaban a patas de lobo cubiertas de garras iluminadas.
No contento con solo detenerlo, Podbe clavó las afiladas garras en los nudillos de Zeus, arrancándole un grito de dolor.
Irritado, el dios respondió con un cabezazo cargado de una descarga eléctrica de mil voltios, enviando a Podbe varios metros hacia atrás.
“Patada de Furia Tormentosa”, anunció Zeus con arrogancia, mientras su pierna se iluminaba como un rayo deslumbrante.
Lanzó un golpe demoledor, pero Podbe lo esquivó con una precisión casi insultante.
Cada intento de Zeus por conectar un golpe era anticipado por Podbe, quien se movía con una agilidad que parecía burlarse de la velocidad del dios.
Finalmente, Podbe bostezó ostentosamente y dijo con una voz tranquila pero provocadora: “Me aburres.
Tus ataques son demasiado predecibles.” Zeus estalló en cólera.
“¡Te burlas de mí, maldito animal!
¡Tú, que pareces una quimera en esa forma mezclada de humano y bestia, me das asco!
¡Eres una abominación que oscurece mi reino!
¡Debes morir!” Mientras gritaba, Zeus intentó golpear nuevamente a Podbe, pero este se movía a una velocidad tan vertiginosa que ambos combatientes parecían invisibles para el ojo humano.
Zeus, furioso, pensó para sí mismo: Ni siquiera con mi 25 por ciento puedo hacerle daño a este animal.
Podbe aprovechó el momento de distracción de su enemigo.
Con un movimiento rápido e implacable, lanzó un rodillazo certero que envió a Zeus volando por los aires.
El cuerpo del dios chocó contra una pared de metal con un estruendo ensordecedor, dejando una profunda hendidura en el metal retorcido.
Los espectadores que observaban la pelea desde sus respectivos rincones del mundo sentían un torrente de emociones encontradas.
Algunos murmuraban palabras de gratitud hacia aquel guerrero que estaba humillando al ser que se autoproclamaba un dios.
Josh, uno de los agentes, no podía apartar la mirada del sujeto que parecía un lobo.
Había algo en él que despertaba curiosidad, ganas de conocerlo, de entender qué clase de fuerza lo impulsaba.
Por otro lado, Diego observaba con una mezcla de asombro y desdén.
“Ese tipo con toga que dice ser Zeus es patético”, comentó en voz alta.
“Parece que el sujeto con adornos de lobo está limpiando el piso con él.” En el campo de batalla, Zeus, cubierto de sangre y frustración, se levantó con dificultad.
Su factor curativo comenzó a actuar, cerrando las heridas mientras su mente bullía de rabia.
“Ese maldito animal no puede ganarme.
¡Soy el ser más poderoso de este mundo!”, gritó, aunque su voz sonaba más como un intento desesperado de convencerse a sí mismo.
“No me va a humillar.
Ya había destruido a ese perro antes.
No puede haber ganado poder de la nada”, pensó, apretando los dientes mientras trataba de encontrar una explicación.
Pero justo cuando su frustración alcanzó su punto máximo, una voz familiar resonó en su mente: las voces de Gol y Eros.
“Vaya, eres un patético remedo de dios”, se burlaron ambos al unísono, sus figuras materializándose en un espacio oscuro dentro de la mente de Zeus.
Este lugar no era como el laberinto caótico de Podbe o el espacio mental puro de este; aquí, todo estaba inmerso en sombras densas y silenciosas, una representación tangible de la oscuridad que habitaba en el corazón de Zeus.
“Quizá tu padre hubiera utilizado mejor el poder que nos quitaste, inútil.
No puedes vencer ni a una forma ordinaria como un perro o lobo, lo que sea que sea ese sujeto frente a ti”, continuó Gol con una sonrisa burlona.
Eros, siempre más calculador, añadió con sorna: “Si tanto querías ser el rey de los cielos y crear tu nuevo mundo para gobernar, ¿por qué no lo haces?
Tonto.
Me das lástima.
Yo, como científico, lo haría mucho mejor si tomara el control de tu cuerpo.” Las palabras cortaron como dagas, pero Zeus no estaba dispuesto a tolerar más insultos.
En su mente, su figura se materializó frente a los dos.
Con furia en los ojos, se acercó a Eros, lo agarró del cuello y lo levantó en el aire.
“Tú, inútil científico, no eres nada.
Ustedes no son nada.
¡Yo los vencí a los dos, incluso cuando se unieron en esa cosa llamada Geros!” La cara de terror de Eros era genuina.
Sus ojos se abrieron desmesuradamente mientras intentaba articular una respuesta.
“Tú… tú no me controlas.
Yo los controlo a ambos.
Pero tú no me haces falta.
He escuchado muchas tonterías tuyas durante años, y ahora, en mi mente…” Zeus lo interrumpió con un gruñido gutural.
“Cierra ese tonto hocico tuyo, maldito científico de pacotilla”, rugió Zeus, apretando aún más su agarre.
Lentamente, comenzó a drenar la vida de Eros, absorbiendo su esencia como si fuera un parásito devorando a su anfitrión.
La energía fluyó hacia Zeus, llenándolo de una fuerza renovada.
Gol, testigo de la escena, se quedó paralizado.
El temor se apoderó de él, y tras unos instantes de silencio, bajó la cabeza y se arrodilló ante Zeus.
“Por ahora, con este inútil es suficiente”, dijo Zeus, soltando el cuerpo ahora inerte de Eros.
“Creo que bloqueaba mi poder y me desconcertaba.
Era muy chillón e insoportable su voz.” Una energía oscura y abrasadora comenzó a emanar de Zeus, vibrando con una intensidad que parecía distorsionar el espacio mental a su alrededor.
Miró a Gol con una expresión fría y amenazante.
“Será mejor que no me provoques y mantengas tu boca cerrada”, ordenó, mientras la recién adquirida energía lo consumía por completo.
Con una última mirada fulminante, Zeus se recargó, permitiéndose un momento para procesar lo que acababa de hacer.
Sabía que su poder había aumentado significativamente, pero también era consciente de que necesitaría más para enfrentarse al lobo que lo estaba humillando en el campo de batalla.
Afuera, Podbe permanecía en su sitio, inmóvil como una estatua vigilante, esperando a ver si Zeus regresaría o no.
Los espectadores alrededor del mundo estaban al borde de sus asientos, murmurando con asombro: “¡Guau!
¡Ese sujeto es increíble!
Le está dando una paliza al tal Zeus.” Sin embargo, claro estaba que Podbe no podía escucharlos; su atención estaba puesta únicamente en el campo de batalla.
En ese momento, Aiden y Reia intentaron acercarse a él, preocupados por su estado después de la intensa pelea.
Pero antes de que pudieran dar más de un par de pasos, Podbe levantó una mano, señalando hacia adelante.
Su gesto era claro: No se acerquen.
Luego añadió en voz baja, lo suficientemente audible para ellos: “Se está acercando de nuevo… y parece más furioso que antes.” Como si hubiera invocado su presencia, Zeus apareció de repente frente a Podbe, su figura irradiando una energía oscura y abrumadora.
“Maldito animal, te has burlado de mí por última vez”, gruñó Zeus con una voz cargada de odio.
“Ahora usaré mi 50 por ciento.” Sin previo aviso, Zeus lanzó una ráfaga de golpes que sorprendieron incluso a Podbe.
Esta vez, sus ataques eran mucho más rápidos y certeros, obligando al lobo a retroceder metro a metro.
Con cada impacto, el suelo bajo ellos temblaba como si estuviera a punto de colapsar.
Finalmente, Zeus logró alejarlo lo suficiente para preparar un ataque devastador.
Levantando ambas manos al cielo, convocó una lluvia de truenos que cayeron alrededor de Podbe como una cortina eléctrica.
“¡Retrocedan y busquen refugio!” gritó Podbe a los demás, su voz resonando con urgencia.
Los rayos no impactaron directamente sobre él, sino que formaron un espiral de truenos a su alrededor, creando una prisión brillante que parecía vibrar con vida propia.
“¡Toma esto, maldito animal!
‘Prisión de Rayos’”, rugió Zeus con una sonrisa triunfal.
Los rayos comenzaron a conectarse entre sí, formando cadenas invisibles que emanaban un brillo deslumbrante.
De pronto, una explosión ensordecedora iluminó el área, seguida de una onda expansiva que sacudió todo el lugar.
“¡Pronto, cúbranse!
Pónganse detrás de mí”, indicó Adía rápidamente, levantando un muro de protección justo a tiempo para evitar que la explosión dañara a los presentes.
El estruendo fue ensordecedor, y cuando el humo comenzó a disiparse, dejó a la vista un cráter enorme donde antes había estado Podbe.
El paisaje estaba irreconocible, marcado por la violencia del ataque.
Melisa y su equipo también sintieron la fuerza de la explosión, aunque lograron aferrarse a algo para mantener el equilibrio.
Greg, siempre profesional, continuó grabando mientras se sujetaba a una barra metálica, asegurándose de capturar cada segundo del caos.
Cuando el humo finalmente se despejó, todos miraron con horror el lugar donde Podbe había estado.
No había rastro de él.
“¡Te lo dije, tonto animal!
¡Nadie puede vencerme!
Además, me hiciste llegar hasta mi 50 por ciento.
Con esto fue suficiente para acabar contigo.
Y ahora… ¿quién ríe?” dijo Zeus, burlándose mientras miraba a su alrededor, buscando algún signo del lobo.
“¡No!” gritó Aiden, golpeando el suelo con frustración.
Sus ojos estaban llenos de lágrimas contenidas, pero también de una rabia creciente.
Había perdido a alguien importante, alguien que había demostrado ser mucho más que un aliado.
“Ahora les toca a ustedes”, anunció Zeus con una sonrisa macabra, dirigiendo su mirada hacia los demás presentes.
Su tono era amenazante, como el de un depredador jugando con su presa antes de dar el golpe final.
“¿Es que ese monstruo no puede ser detenido?” murmuró Melisa, observando la escena con incredulidad mientras transmitía la noticia al mundo.
Su voz temblaba, reflejando el miedo que comenzaba a apoderarse de todos los que veían la transmisión.
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